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"Olvidan quién los sacó de la pobreza"


Recuerdo haber escuchado a Yedickol Polevnsky decir que cuando el gobierno saca a la gente de la pobreza y esta llega a ser clase media se le olvida de dónde viene y quién los sacó de la pobreza. Este comentario por sí solo da para escribir tres ensayos por lo irónico, absurdo, hipócrita y soberbio. Pero lo que me llama la atención ahora es ver cómo ese comentario se revela como una línea dictada desde la cabeza del gobierno. Me queda claro ahora que el comentario de Yeidckol no fue espontáneo, sino que fue parte de conversaciones y discusiones durante mucho tiempo en las juntas de su partido y con el presidente y que tomaron decisiones basados en esa falacia. La prueba está en que AMLO está obsesionado con repartir dinero directamente a las personas que se benefician de él. No permite en absoluto que alguien más se lleve el crédito de la ayuda que recibe el pueblo. 

No solo son las estancias infantiles. El gobierno ha quitado el apoyo a todas las organizaciones sociales, civiles o ciudadanas para supuestamente evitar "discrecionalidad, opacidad y corrupción". Estas organizaciones brindan apoyos de diversos tipos que el gobierno no cubre; entre refugio para personas maltratadas, estancias infantiles para mujeres que trabajan, alimentación y ayuda médica. Todo para personas de bajos recursos que no pueden pagar estos servicios. 

El gobierno de Andrés Manuel claramente tiene sus prioridades equivocadas en lo que repartir el dinero respecta. En la educación quiere que no haya examen de admisión para que todos puedan acceder a la universidad (y colgarse la medalla de que busca la igualdad de oportunidades) y no se da cuenta que de esta manera los recursos se desperdician al no haber rendición de cuentas con los “estudiantes”: todos reciben el mismo apoyo, tanto los buenos estudiantes que quieren educarse para obtener mejores oportunidades, como los malos estudiantes que no tienen intención de salir de la escuela sino seguir obteniendo recursos del estado. En este caso en concreto, la ayuda debe de ser focalizada: solo ayudar a los alumnos que en realidad muestran interés por instruirse y tengan capacidad para hacerlo. 

Contrariamente, el apoyo a estancias infantiles y refugios para mujeres y niños en situación de violencia, la ayuda debe de ser a las organizaciones, no personalizada. Los recursos, utilizados eficientemente, ayudan a más personas.  De la misma manera que los impuestos, si cada quien aporta un poco, con lo que se junta se puede realizar algo para el beneficio de todos o de la mayoría. Si buscáramos hacer algo individualmente con nuestros impuestos, no lograríamos nada de relevancia. Lo mismo pasa con el apoyo a estas organizaciones: si en promedio hay 100 personas al día que necesitan apoyo para alimentarse, es mejor preparar alimentos para 100 personas, así si alguien no llega a comer un día cualquiera será porque consiguió alimentos en otro lugar, y si alguien nuevo necesita ayuda para comer solo ese día, puede pasar sin perder tiempo. 

Claro, dando el dinero a las organizaciones no se garantiza que no haya mal uso de éste o robo o corrupción, sin embargo, justo para eso está el gobierno, para auditar y vigilar que el dinero que se entrega sea bien utilizado. Lo ilógico es que el gobierno piense que repartiendo el dinero entre más individuos se garantice menos corrupción. Y no solo es que quién reciba el dinero lo utilice de mala manera; una mujer o un joven que llegue con dinero en efectivo a su casa es presa fácil de personas abusivas que pueda tener en su familia. Ya sea el esposo que malgasta el dinero o algún familiar que le pida dinero con una falsa necesidad y, esta persona, con buenas intenciones le dé el dinero y busque cómo resolver el problema de otra manera.

El colmo es que ahora hasta a las mujeres en situación de violencia quieren entregarles el dinero personalmente. Esto cae ya en lo absurdo. Los refugios para mujeres son eso, refugios. Se necesitan en momentos de emergencia, no se puede esperar que una mujer que necesita un refugio se registre y llene toda la papelería para esperar a que el gobierno le de dinero para... ¿para que? ¿para irse a un hotel una noche? ¿para esconderse en casa de sus papás? Es increíble lo que el gobierno está dispuesto a sacrificar con tal de ganarse todos los reflectores y que la gente los vea a ellos como sus únicos salvadores. 

Esta actitud de López Obrador me recuerda una película del 2005, 'V de Venganza', donde un gobierno totalitario tiene la misma obsesión de ser la única opción de estabilidad para la gente, y utiliza todo su aparato mediático y económico para mantener al pueblo sometido con miedo. En una escena el canciller le dice a los miembros de su gabinete que quiere enviar un mensaje a través de todos los medios que controlan, la tv, la radio, los periódicos, y el mensaje es para recordarles por qué "ellos" necesitan al gobierno. Y la único que pretende el canciller en esa película es continuar en el poder. 


Un amigo me platicó en 2012 que la empleada doméstica de casa de sus papás, que era del Estado de México, iba a votar por el PRI porque estaba muy contenta con el gobierno, y esto era porque habían construido una carretera que les facilitaba el transporte de su casa a la ciudad. Sin embargo mi amigo le explicaba a la empleada que no era el gobierno del estado quien había construido esa carretera sino el gobierno federal o sea Felipe Calderón. Entonces, sí, claramente la gente no sabe de quién viene verdaderamente la ayuda, sin embargo es ridículo el esfuerzo del gobierno por tratar de llevarse el crédito de todo, más aún cuando en realidad no se lo merecen. Se supone que los escogemos para que sean eficientes, no para que se hagan promoción a cada oportunidad. Una estancia necesita apoyo económico del gobierno, pero todo el trabajo que representa lo pone la sociedad que se encarga de esa estancia. Sabemos que el dinero no es lo único que se necesita, sino gente competente que tenga compromiso. Y aparte, el dinero no lo genera el gobierno, sino los contribuyentes. Por lo que si a Yeidckol le preocupa que la gente recuerde quién los sacó de la pobreza, debería de mostrarles que es el pago de impuestos junto con una buena administración lo que otorga oportunidades para que la gente salga de la pobreza. Nadie "saca" de la pobreza a la población, y menos regalando dinero. 



Un soldado en cada hijo

No creí que sucedería. Desde que era candidato a la presidencia jamás tuve una razón para sentir aprecio hacia Enrique Peña Nieto. Y no era un desprecio gratis; todas las decisiones que tomaba gritaban corrupción, y sus declaraciones demostraban su ineptitud y su falsedad. En un inicio le di el beneficio de la duda, pero jamás le regalé ni un comentario positivo que no se mereciera. Hasta el jueves pasado, 26 de enero. Por fin sentí orgullo por alguna decisión que haya tomado, y esto para mí es muy importante. Ningún gobernante se merece el apoyo incondicional e incuestionable del pueblo que representa. Ni Felipe Calderón ni el Bronco, a quienes yo he apoyado mucho, están libres de criticas merecidas por malas decisiones; ni Obama, ni Merkel, ni Mandela ni nadie. Su trabajo no es ser populares, sino gobernar eficientemente; por mejorar al pueblo. Peña Nieto, por primera vez en 4 años dio una muestra de valentía y también de inteligencia. Todos sabemos que no es fácil enfrentarte a un bully, y menos al más poderoso de todos. Pero enfrentarte, delante de todos, y ganarle a un bully te merece respeto. 

El nuevo presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, trató de amedrentar al presidente mexicano Enrique Peña Nieto, y a todo México usando su cuenta de twitter, y expresando que si México no estaba dispuesto a pagar por el muro que quiere construir, entonces no tenía caso que se llevara a cabo la junta entre los dos mandatarios. Esto lo hizo con la intención de poner presión y de provocar al gobierno mexicano para que accediera a sus ridículas demandas. Pero el presidente Peña Nieto, en vez de dejarse intimidar, e incluso, adelantándose a los planes de Trump, contesta con un twit en el que cancela su reunión con el presidente. Y con esto levantó la dignidad de los mexicanos, nos represento con valentía y nos dio una razón para sentirnos orgullosos. Creo que nunca me había sentido así fuera de los partidos de futbol de la selección nacional, o las olimpiadas o los logros de connacionales de trascendencia mundial. Más sorprendentemente, nunca me había sentido ni en lo mínimo contento con Enrique Peña Nieto. Sus decisiones nunca me habían hecho sentir representado. 

Por eso escribo esto. Estoy contento de poder sentir empatía con mi presidente. Aunque
mucha gente no me crea, no me gusta sentirme avergonzado de tener un presidente como Peña Nieto. Quiero sentirme parte de un país unido, donde defendemos lo nuestro y “saltamos” cuando ofenden a nuestros representantes. Y esta es la primera vez que siento que quiero estar detrás de mi presidente señalando al enemigo y amenazando con atacar si se atreve a ofendernos. 

Y algo que todavía me da más gusto es ver como nos unimos. Por fin. Nunca había visto tanta unidad entre los mexicanos fuera de desastres naturales y partidos de fútbol. Nunca había visto a políticos de diferentes partidos apoyarse en contra de un enemigo común. Eso me da orgullo y esperanza. 

Tal vez la elección de Trump haya sido algo bueno para nosotros. Después de todo, si nos ayuda a olvidarnos de nuestras ideologías para pensar en el bien común del país, y nos devuelve el patriotismo tan necesario en México, pues le agradezco a Estados Unidos por elegir a un presidente tan estúpido.


Espero todavía que este sentimiento se permee y nos haga querer ser mejores. Que nos haga pensar en nosotros como país y no como individuales. Escuchar con atención nuestro himno, y sentir hacia nuestra nación que “si osare un extraño enemigo profanar con su planta tu suelo, piensa ¡oh, patria querida! que el cielo, un soldado en cada hijo te dio”. Que nos haga querer combatir juntos a los esos enemigos, que casi todos están entre nosotros: corruptos que no nos dejan avanzar; y por fin empezar a trabajar como equipo, como país.  


Orgulloso de mi seleccion nacional de futbol


Vivir es existir. Sentir que pertenecemos a un lugar. Desear que algo suceda, trabajar para obtener algo, y esperar que la suerte nos ayude porque sabemos que no todo depende de nosotros. Vivir es vibrar a cada instante y disfrutar cada momento. Emocionarse con las victorias y sufrir con las derrotas sin perder la esperanza y confiando siempre en que podemos ser mejores. El fútbol hace que muchas personas se sientan vivas, disfrutando la emoción de cada partido. Con cada jugada, esperando que esa sea la que termine en gol. Sintiendo la presión del tiempo que resta para terminar con un marcador en contra o a favor. El fútbol, sobre todo en un mundial, nos pone a la orilla de nuestro asiento, esperando que nuestro equipo venza al contrario.
Desde que estoy chico he escuchado críticas a la selección; me acostumbré a que los llamaran mediocres, faltos de hambre de triunfo; y que cuando ganaran todos estuvieran contentos y los llenaran de halagos, pero cuando perdían, despotricaban contra ellos  con severas críticas y un pesimismo que poco coincidían con el apoyo que se mostraba en los juegos en que se obtenía un buen resultado. Así crecí, escuchando burlas y quejas, y hasta malos deseos hacia la selección mexicana, y después gritos de ‘gol’ y porras a México que no parecían venir de las mismas personas, más sin embargo así era. ¿Cómo no íbamos a reclamar lo mal que jugaba un equipo al que cada jugador recibía un salario ridículamente alto? ¿Cómo no íbamos a burlarnos de las 11 personas que salían al campo y nos dejaban en ridículo frente a otros países? Y aunque me parecían legítimas esas preguntas, también me comenzaron a molestar. Yo quería estar orgulloso de mi país y de mi equipo. También empecé a notar que otros países estaban siempre orgullosos de sus equipos, incluso cuando no tenían una buena actuación, y empecé a cuestionar el pesimismo que vivíamos en este país.
Cuando crecí, me empezaron a molestar los comentarios donde se daba por hecho que no podíamos aspirar a más. ‘No van a ganar, no te ilusiones’, ‘no importa si ganamos, contra el siguiente vamos a perder’, ‘ojalá que no clasifiquen al mundial’, ‘ojalá que pierdan’. ¿Por qué? Era mi pregunta a todos esos comentarios. Llegó un momento en que decidí no tomar esa actitud que tenía la mayoría de las personas y empezar a apoyar siempre a mi selección. Criticar no tiene nada de malo, cuando no se hacen las cosas bien o no se ve compromiso en el equipo, pero ¿desear el fracaso de nuestro equipo? ¿perder la esperanza de que se puede ganar contra rivales importantes antes de competir contra ellos? Eso no. Eso lo eliminé de mi personalidad. Cada partido lo empecé a vivir de manera diferente, siempre confiando en que la selección mexicana iba a ganar. Y defenderlos cuando alguien cuestionaba su capacidad.
Y luego empezamos a ganar. Primero el mundial sub17, del que no mucha gente se enteró hasta que ya había ganado México. Luego otro mundial sub17 del que todos nos enteramos, y del que aun mucha gente dudaba. Al momento en que Alemania aventajaba por un gol a México, supe de mucha gente que dejó de ver el juego, en el que México ganó 3 a 2. Aun se escuchaban los comentarios que cuestionaban a los muchachos en caso de que se hubiera definido en penales el encuentro. Y a mí me seguía molestando todo eso que escuchaba. Luego ganamos la medalla de oro en las olimpiadas, contra un excelente equipo, de primera. Y aun así, la mentalidad de mucha gente sigue siendo derrotista. Pesimista.
Me rehúso a volver a tomar esa actitud. No me importa cuántas veces vea a mi país ser vencido. Nunca voy a ver un partido pensando que no pueden ganar. Aun si clasifican gracias a combinación de resultados, pensar que alguien más debía de ir no es opción para mí, si México hizo más puntos que otro equipo entonces no me parece que el otro tenga más derecho de clasificar.
Cuando supimos que íbamos contra Brasil nunca pensé que ya estaba perdido el partido. Reconocer que el partido es complicado y muy difícil de ganar es diferente a ‘saber’ que ya se perdió. Cada triunfo, cada punto que se logra, es una razón para estar contento. Conformarse, no, pero tampoco menospreciar lo que se logra.
El día de ayer viví intensamente un partido que, aunque me dejó triste por el resultado e insatisfecho por lo logrado, me dejó contento y esperanzado a que cosas mejores pueden venir. Lo que noté en los jugadores mexicanos, la entrega que dieron, el valor que mostraron durante los 4 juegos que disputaron, me dejó muy contento. Nunca dudé que pudieran ganar. Me dan pena ajena y un poco de lástima todos los que apostaron en contra de México siendo mexicanos. Incluso después de que nos eliminaron del mundial, leer comentarios que dicen ‘ya sabíamos’, ‘siempre es lo mismo’, ‘jugamos como nunca y perdimos como siempre’ es lo que me hace pensar que en realidad nos falta mucho camino por recorrer; y no solamente en fútbol, sino en orgullo de nuestro país, en patriotismo. Sentirnos como se sienten muchos otros países. ¿Cuándo vas a saber de un inglés que apostó en contra de Inglaterra? ¿O a un argentino hablando pestes de su selección? ¿O a un alemán, o a un brasileño? Nos falta creer que podemos.
Ayer grité, me emocioné, y en realidad pensé que íbamos a ganar, porque podíamos ganar. Y también sufrí por la derrota de México; pero estoy orgulloso del buen juego que demostramos; orgulloso de que nos pusimos a la altura de una de las mejores (si acaso no es la mejor) selecciones de este mundial. Nos tuvieron miedo, los pusimos nerviosos. Es un paso. Es bueno. Tal vez si fuéramos más fieles a nuestra selección y demostráramos eso a los más jóvenes para que crezcan sin prejuicios, y sabiendo que podemos, tal vez en un futuro sí podamos ganarle a cualquier selección.

Yo estoy muy orgulloso de mi selección nacional de fútbol. Y sigo confiando en que podemos ganar, y en cada juego que vea voy a creer que vamos a ganar.






La 'sub' más grande de México


México ganó la copa mundial en la categoría sub 17 del fútbol.  México campeón del mundo. Lo quiero escribir otra vez... ¡México campeón mundial!

Qué ejemplo. Qué muchachos tan valientes, tan entregados, tan llenos de coraje, y de hambre de triunfo.

No puedo dejar de admirarlos. Quisiera que todos los mexicanos volteáramos a ver a ese equipo y aprender. No sé ni por donde empezar a explicar por qué los admiro tanto.

Ya desde el miércoles pasado quería escribir acerca de la sub 17 por su triunfo ante Alemania: un partido cardiaco, digno de una final de copa del mundo (aunque fuera semi final); de ir ganando 1-0 a ir perdiendo 2-1, sacar la garra y no dejar de pelear para empatar quince minutos antes de terminar el tiempo regular; una entrega indescriptible con el jugador Julio Gómez, lesionado pero que no dejó de jugar  y entró de nuevo para anotar el gol de la victoria. Pero no es solo eso; son muchos factores que me hacen querer hablar de estos niños. 

Hoy, durante el partido de la final, un amigo me dijo 'qué bueno que anotó Gómez el tercer gol, porque si no nos hubiéramos ido directo a penales, y ahí nos hubieran ganado'. No podía creer ese comentario. Mi respuesta fue: tú sigues pensando como típico mexicano del pasado, vencido antes de intentar: ¿no entiendes que estos muchachos son ganadores? yo no sé que hubiera pasado si nos hubiéramos ido a penales contra Alemania, pero lo que sí sé es que no puedes pensar como si fuera un partido al que estás acostumbrado, simplemente porque no es una selección a la que estamos acostumbrados. Estos muchachos no son lo que uno esperaría después de haber seguido 6 copas mundiales de fútbol. ¿Cómo es posible que pensara mi amigo que en penales nos iban a ganar los alemanes cuando contra Holanda, aquí en Monterrey, el portero mexicano Richard González paró un penalty?

La selección sub 17 de México demostró que hay buenos deportistas en nuestro país y que podemos llegar muy lejos. 

Tengo que decir que todos los competidores tienen mucho mérito. Sin ser un experto, puedo decir que vimos muy buen fútbol en este torneo. Las ganas que le echaron, y el coraje que vimos es incomparable con el del fútbol profesional, al menos en nuestro país. Estos muchachos no dan un solo balón por perdido; pelean en todas las jugadas. Sin importar que les metan algún faul ellos siguen peleando en lugar de tirarse al suelo esperando que el arbitro marque a su favor. Sin importar el peligro en la jugada, entran con todo lo que tienen a pelear, no el balón, sino un gol que les de la ventaja. Pero no solo le echan ganas sino que juegan con una calidad que supera a la selección mexicana actual. Con un juego bonito, coordinado, de grandes jugadores, lograron victorias que pocos mexicanos hemos visto. 

Respeto muchísimo a los equipos contra los que jugó la sub 17 de México: Uruguay, Alemania, Francia, Holanda, etc. Todos dieron un muy buen espectáculo, y menciono estos equipos porque fueron los partidos más emocionantes para mi gusto. No dejaron de pelear el balón a la orilla del campo, incluso cuando aprecia que el balón iba  hacia afuera la jugada continuaba y de repente salía un jugador corriendo con la posesión del balón, siempre intentando terminar la jugada en algo grande. Eso es algo que se agradece como espectador. 

Pero lo mejor es que, aquí en México, podemos ver un ejemplo de que sí se pueden hacer las cosas bien. No es necesario hacer trampa, ser corruptos, ser abusivos. Aquí está el ejemplo de lo que se puede lograr cuando no somos indiferentes. Cuando pensamos más allá de nosotros mismos. A pesar de tener una excusa para no seguir, entrar y dar todo por el país. A pesar de creer que no importa lo que hagamos porque alguien más lo va a hacer mal, hacer el esfuerzo sin importar el resultado. Creer en nosotros mismos hasta el final. Saber que, como país somos un equipo: si nos va bien a algunos, nos va bien a todos, si perdemos, perdemos todos juntos. Esos niños no buscaron el uno a uno, o el cero a cero, jugaron siempre a ganar. Eso es lo que debemos aprender todos como mexicanos. Quitarnos esa pesada losa de pensar que todo siempre tiene que ser como antes; que nada puede cambiar. Que somos mexicanos y por eso todo lo hacemos mediocremente. Cambiar ese significado del termino 'a la mexicana'. Los mexicanos estamos a la altura de lo mejor del mundo. Ya lo demostramos en el 2005, ya lo demostramos en el 2011, en el fútbol, en el golf, en el atletismo, en el tae kwon do, en el box; ¿cuántas más pruebas necesitamos? 


Ya es hora de acostumbrarnos a los triunfos, de siempre esperar la victoria, de dejar de preocuparnos por los penales. Ya es hora de crecer.

Hay que querernos. Hay que darnos nuestro lugar. Hay que valorarnos. 

Felicidades a los chamacos. ¡Qué orgullo! ¡Qué ejemplo! ¡Hay que festejar! Somos campeones del mundo.