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El aire de mañana

Hoy quise abrazar el aire, pero se escapó de mis brazos. Pasaba entre mis dedos. Se escurría por mi cuerpo. Traté de encerrarlo en mi pecho, pero me quedaba exhausto, y se volvía a escapar.

Logré encerrarlo en esferas de jabón, que reflejaban mi cara, y mis ojos, y luego estallaban. Y otra vez escapaba. Y pasaba el tiempo; yo tenía miedo del día de mañana. 

Lo vi rozar las plantas, las ramas, las flores, y quise resguardarlo para que no se perdiera, y se quedara aquí. Las plantas, las ramas, las flores no iban a durar siempre, y el aire no iba a estar aquí el día de mañana.

Corrí y el aire se volvió viento y me golpeaba la cara, y me decía “detente, no hay prisa". Pero sí la había porque mañana ya no estaría ahí. 

Entonces me detuve, y respiré. El viento se calmó y música empezó a sonar. Me di cuenta que era el aire dándome vida y alegría. No podía detenerlo, pero podía disfrutarlo, el tiempo que estuviera ahí. 

Gocé la melodía, refresqué mi cara, percibí el jazmín. Vi el jardín bailar y las aves volar. Y una vez más traté de sujetar al aire para que se quedara conmigo. Y huía de mí, y me volteaba a ver, quizá con lástima de mí, de mi soledad al siguiente día. 

El tiempo pasaba, la noche cada vez más cerca. Luna, no despiertes. Nubes, no se vayan. Sombras, no se alarguen. Sol no te apagues, que mañana se va una flor, y el aire con su perfume.  

Ocaso. Estrellas y oscuridad. Y el aire se había ido. Ya no volvería. Al amanecer no estaría aquí, y otro aire tomaría su lugar para que yo extrañara al que se marchó. Yo, solo. 

Pero ese aire fue bueno, y estuvo aquí. Y lo disfruté, todo el día, y más. Y se diluyó en la montaña, quién sabe dónde. Lejos.

Me quedé triste, y melancólico. Viendo a la distancia, cuando caí en cuenta del tiempo; corto. Mañana yo también me iré, como brisa que pasa, sin que nadie sepa el destino, ni cuándo regresa o si regresará. Y estaré con el aire, siempre, mañana, tocando el cielo, creando olas de mar, escapando de la espuma. 


Ayer ya se fue. Pero el sol brilla hoy. Yo estoy aquí hoy. Recuerdo el aire hoy. Vendrá otro mañana, pero eso no me quita que respire hoy.


lógica de la felicidad



Fuimos concebidos en un relámpago de placer... no hay razón por la que alguien no deba ser feliz.





(No lo escribí yo pero no puedo encontrar quién lo dijo ni dónde lo leí.)

Sonriente y cantando




Acabo de leer la noticia de una mujer en Haití, que fue rescatada de entre las ruinas de un super mercado, después de siete días de permanecer sepultada. Esta joven de 25 años fue rescatada contra toda esperanza de encontrar a alguien vivo después de tantos días sin comida ni agua. Yo no me puedo imaginar la felicidad de Hoteline (la mujer salvada) pero tampoco de los rescatistas, al encontrar a alguien vivo en esas circunstancias.

Lo que más sorprende de la noticia es que salió sonriente, y cuando la transportaban a una ambulancia para ser atendida, la muchacha entonó una canción de agradecimiento para sus socorristas. Eso a mí me emociona muchísimo. Si yo hubiera sido uno de los socorristas, probablemente me hubiera puesto a llorar de alegría.

La verdad, esta haitiana se acaba de convertir en un ejemplo para mí. Espero yo poder ser de la misma manera ante alguna tragedia igual. Si en algún momento de mi vida me quedo encerrado entre piedras, sin comer y sin tomar absolutamente nada durante siete días seguidos, y cuando salga de ahí estoy sonriendo y cantando... entonces voy a haber demostrado que en verdad soy una persona feliz, positiva y agradecida con la vida.

Que nadie se aleje de ti sin ser mejor y más feliz

A veces no nos damos cuenta de que lo que decimos puede tener un impacto en otras personas. Puede ser un impacto positivo o negativo. Mi sobrina de dos años repite absolutamente todo lo que escucha; mi hermana le gritó 'estúpido' a un conductor cuando iba manejando en la calle, y mi sobrina inmediatamente lo repitió. Mi hermana se asustó y enseguida intentó enmendar su error. Con esto solo quiero dar un ejemplo de lo negativo que puede causar nuestros comentarios, si los decimos sin pensar. Pero prefiero enfocarme más en lo positivo.

La gente que nos rodea pone atención a lo que hacemos y decimos. Esto también aplica a uno mismo. Muchas veces me sorprendo por algún comentario que no esperaba escuchar de tal o cual persona, y me cambia la manera de pensar sobre ella. Pero pocas veces me entero de lo que yo he dicho y que tiene un impacto en alguien más. Hace algunos años fui de viaje con unos amigos a una playa; éramos ocho amigos pero yo solo conocía a 5 de ellos: cuatro eran de mis amigos con los que siempre me junto, y uno más lo conocía porque yo había sido su coach algunos años atrás, y ahora ya tenía edad para juntarse con nosotros y por coincidencias se empezó a juntar mucho con mis amigos. Estábamos todos en el departamento que rentamos y se me ocurrió hacer un comentario que a mucha gente le podría dar pena hacer, pero a mí hasta cierto punto me gusta hacerlos: les dije " cabr...es, los quiero un ching... a todos, bueno menos a ustedes dos (mencionando a los dos que no conocía) y solo los excluyo porque no los conozco". No pensé mucho en eso que dije, la verdad, pero mi amigo, del que había sido coach, me dijo algunos días después que le dio gusto escuchar que no lo había excluido de la gente que dije que quería mucho. Me dijo que me apreciaba mucho y me agradecía por tratarlo como un amigo a pesar de ser yo más grande que él y sobre todo a pesar de que yo había sido su coach años atrás. Sentí un poco de orgullo cuando mi amigo me dijo eso. Me sentí bien de haber hecho mi comentario, porque no mucha gente dice esas cosas, pero por alguna razón yo no reparo en eso; me dan ganas de decir cosas así, y las digo. Tengo que admitir que a raíz de eso, ese amigo en particular y yo nos hicimos más unidos.

Otra anécdota que recuerdo es una vez que llegué a la universidad. Siempre llegaba al lugar donde nos reuníamos, mis amigos y yo, y saludaba a todos en voz alta, les decía "buenos días" y les preguntaba cómo estaban, pero no solo lo decía sino que esperaba a que contestaran. Un día llegué a la universidad y sin razón aluna llegué sin sonreír y sin mi enjundia típica, pero un amigo mío me vio caminando hacía las bancas donde nos juntábamos y me saludo como yo los saludaba a todos. Me dijo "buenos días", me dio la mano y un abrazo, me preguntó que cómo estaba, y me dijo que a él le gustaba mucho mi manera alegre de saludar. No les miento que en ese momento entendí por qué la gente sonreía cuando llegaba yo gritando. Se siente muy bien que alguien te salude así. Esa alegría, con la que mi amigo me recibió, se contagia. Me puso de buen humor. No estaba ni triste ni alegre, simplemente estaba serio, normal; pero qué bonito se sintió pasar de ese estado de ánimo "x" al alegre. Y me dieron ganas de seguir siempre saludando a la gente así como lo hacía.

La última vez que me enteré que a alguien le había causado yo una impresión por algo que dije, fue este fin de año que acaba de pasar. Fui al antro (en mi ciudad llamamos "antro" a una disco normal, no es un bar de mala muerte ni nada por el estilo) a pasar el año nuevo con mis amigos y mi novia. Me encontré a una amiga que ya no frecuento mucho pero que hemos llegado a ser muy buenos amigos. Le dije que ya tenía novia porque ella sólo sabía que estaba saliendo con alguien, pero no que lo había formalizado. Ya era tarde, pero hubo un momento en el que ella me abrazó y me dijo que me quería mucho. Me dijo que le daba mucho gusto que yo hubiera encontrado alguien que me quisiera. Ya cuando me dicen eso yo me siento muy elogiado. Pero no paró ahí. Con ella yo me fui de misiones alguna vez, hace varios años, y esa noche del 31 (o madrugada del 1°) me dijo que se había ido de misiones hacía poco, y que cuando salió a las visitas se acordó de la canción que yo cantaba cuando salíamos juntos a hacer visitas (la de "On my way" de Phil Collins). Eso que me dijo me lleno de alegría. Ya ni siquiera me acordaba que yo cantaba esa canción cada mañana, cuando salíamos a visitar a la gente del pueblo. Me recordó aquellas caminatas que teníamos que hacer, y todo lo que platicábamos. La verdad me siento muy contento de saber que hay gente que vive los momentos igual que yo, con alegría, poniendo atención a lo que está pasando enfrente de sí. Que se preocupa por disfrutar su vida y escoge los recuerdos con los que se quiere quedar, porque le parece importante saber lo bueno que tiene este mundo.

Yo me considero uno de ellos. A mí me gusta apreciar a la gente. Me gusta disfrutar de las conversaciones con amigos. Si algo me llena de alegría, trato de repetirlo cuantas veces pueda. No me conformo con saber que estoy vivo, sino que quiero siempre abrazar la vida y comprobar que estoy viviendo el mejor momento de ella.


Saludos a quien me haga el honor de leer estas líneas. Les deseo que el 2010 esté lleno de éxito, y que lo disfruten al máximo.