Mostrando entradas con la etiqueta religión. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta religión. Mostrar todas las entradas

Ateo

Esta es la respuesta a un comentario que me llegó en la entrada de "El niño ateo"

No quise escribir el comentario en la entrada por la extensión de este, por eso decidí escribir un post entero para contestar. 

Agradezco de antemano a Rebeca, que escribió en mi blog. 



Hola! Me acordé de tu blog y dí con este texto porque en varios haces referencia a tu ahora ateísmo. Sentí cierta confusión de leerte, principalmente porque los argumentos que das son de la existencia de Dios ligados 100% a la fe y creo que ahí es donde hace falta mas estudio. Recientemente tuve una charla con una persona Ex-masona convertida al catolicismo, como me imagino sabrás, la masonería se creó en principio para atacar a la iglesia católica porque la iglesia no aceptaba los avances de la ciencia. Platicando con ella me dí cuenta de que cuestionar las prácticas de la iglesia, los mandamientos que “te hacen” seguir, juzgar a sus sacerdotes, etc. no tienen nada que ver con la existencia teológica de un Dios. Esta persona, después de mas de 5 años de estudios teológicos y filosóficos (obviamente no tenía nada que hacer mas que estudiar), encontró que Dios existe, un Dios personal, no un bien supremo como algunas religiones lo hacen ver. Pero lo que te convierte en alguien con o sin fe es precisamente eso: LA FE, la cual no es racional. 

Enseñarles o no a tus hijos sobre Dios es algo muy personal, y como bien lo explicas tomaste la decisión de ser ateo a los 26 años, pero muy seguramente hubo situaciones de las cuales te ayudó creer en algo. El papá Francisco hace poco dijo que no tiene nada de malo dudar, sino no ir mas allá para buscar una respuesta. Sé que nada de lo que diga va a hacerte cambiar de opinión, entiendo tu hartazgo y lamento mucho no hayas encontrado una mejor forma de vivir tu fe en su momento y que no hayas encontrado a alguien más preparado para contestar tus dudas. Definitivamente les faltó explicarte que Dios te creó libre, libre para dudar, para estudiar, para hacer bien o mal. Ojalá encuentres lo que busques y no te quedes con una posición ta mediocre como el no creer en nada. 

Saludos!



Hola Rebeca. Decidí escribir una entrada de blog para contestar a tu comentario. No estoy seguro de entender del todo lo que me quieres decir, pero algunos puntos me llamaron la atención y decidí que merecían una explicación amplia, que en un comentario puede ser tedioso, pero en una entrada de blog hace más sentido. Así que voy a tratar de contestarte lo más claro que pueda, tratando de hacer el mayor sentido posible. 

Creo que mi respuesta se resume en esta idea: mi ateísmo nace de lo absurdo de la idea de dios. No necesito creer en “algo”, como mucha gente me dice. Alguien una vez me dijo, igual que tú, que era mediocre no creer en nada; la frase que usaron, irónicamente, fue “¿no te parece que no creer en nada es como ser tibio?”. No, no me parece en absoluto mediocre no creer en nada. Sobre todo porque ser ateo no significa que no creo en nada, solo significa que no creo en dios. Yo creo en muchas cosas, y en muchas ideas. Principalmente creo en mí. ¿Dejo de ser ateo porque creo en algo? No. En realidad, es al contrario. A mí me parece muy mediocre creer en dios, en mayor o menor categoría dependiendo de cuánta responsabilidad se le otorga al dios en el que se cree. Pero sí, me parece mediocre creer en algo que no sabemos si existe o no. 

Yo hablo de mi ateísmo y de cómo dejé de creer en el dios judío, cristiano, católico, mas eso es solo porque YO era católico. Pero en realidad dejé de creer en todas las supersticiones e ideas ilógicas que existen en nuestra cultura. Como dije en la entrada que comentaste, dejé de creer en las ideas que no tenían sustento. En verdad te lo digo, creo que es de lo mejor que he hecho en mi vida. Dejé de creer en fake news: o me das una fuente confiable o pruebas que sustenten tus dichos, o no te creo lo que me digas. Me olvidé de ovnis, fantasmas, mala suerte, correos engañosos, pseudo ciencia, medicina alternativa, homeopatía y todo lo que no tuviera pruebas contundentes con las cuales sostener los argumentos. 

Esto no quiere decir que solo creo en aquello que puedo probar por mis propios medios. Por ejemplo, no puedo entender como funciona el aire acondicionado; tiene algo que ver con comprimir fluidos y reducir su temperatura con la bajada de presión, pero no lo entiendo completamente y jamás sería capaz de construir un aire acondicionado que funcionara. Sin embargo los uso, y les creo a los fabricantes cuando me dicen que funcionan, ¡porque funcionan! No creo que la tierra sea plana aunque nunca he ido al espacio a verificarlo. Pero cuando me hablas de dios y sus métodos funcionan al asar, con probabilidades que no demuestran la existencia de un dios, pues no creo en él. 

Me hablas de un dios personal, pero en realidad no entiendo lo que quieres decir. Dios existe o no existe, si cada quien tiene un dios personal, pues es casi como decir que cada quien tiene conciencia. Claro, la conciencia existe, pero si eso es dios, pues se queda muy cortito a lo que la gente piensa que es dios: cada quién decide qué es dios para cada uno, y por lo tanto pues dios puede ser todo o nada. Si la idea de “dios” es tan vaga como eso, no me interesa ni siquiera pensar en dios. Luego dices que me faltó hablar con gente más preparada que me explicara que “dios” me creo libre para dudar de él. Primero que nada tengo que decir que esas personas más preparadas no me faltaron en mi vida. Eso me lo explicaron muy bien cuando era joven. Pero lo que no entiendo de tu comentario es la diferencia entre un dios personal, lejano del dios católico, pero que al mismo tiempo me creó libre. ¿Quién es ese dios personal del que hablas? ¿Cómo sabes que te creó? Si es personal, pues es un dios diferente del de cualquier otra persona, ¿no?

Creer en algo que no existe puede ser útil, sí estoy de acuerdo, así es justamente como funcionan los placebos. Pero yo creo que es mucho más peligroso que útil. Que me haya “ayudado” creer en dios en alguno de los 26 años que creí que existía, no lo dudo. Mas sin embargo creo que hubiera sido más útil encontrar otra alternativa que la fe ciega en algo inexistente. ¿Cómo puedo saber qué hubiera hecho en aquella circunstancia si no hubiera creído en dios? Tal vez hubiera encontrado alguna solución a mi problema en vez de aceptarlo porque "los planes de dios son perfectos y tiene algo mejor preparado para mí". 

Pudiéramos decir que creer en Santa Claus es algo bueno ¿cierto? ¿Por qué no seguimos creyendo en Santa Claus ahora? ¿Qué nos limita a creer en un personaje ficticio y no en otro? Y algunos dirán “a mí sí me gusta creer en Santa Claus” “me gusta creer en personajes fantásticos”, perfecto, muy bien, pero te aseguro que ninguna de esas personas toman decisiones serias basadas en Santa Claus. 

Creer en algo porque te puede ayudar en algunas circunstancias no me parece una razón suficiente para hacerlo. Mi argumento más fuerte es que gracias a que personas creen en algo que no existe y que no pueden comprobar, terminan creyendo que ese dios les pide estrellar aviones contra edificios, o estar seguros que los homosexuales son una aberración, o conformarse con su pobreza porque al fin y al cabo, cuando mueran tendrán un paraíso bellísimo para habitar en él eternamente. 

Creer en ideas ilógicas es muy peligroso, y no creo que pesen más los buenos sentimientos que “dios” provoca, a los infames crímenes que se cometen en su nombre y gracias a una plena confianza en que se realizan porque él así lo quiere. No hay persona más peligrosa que aquella que está convencida de que un ser de quien no tiene pruebas de su existencia le exige llevar a cabo una atrocidad. ¿Sabes por qué? Porque no hay manera de convencerlo de lo contrario. No pueden convencerlo de que es falso lo que piensa, porque sus creencias no están basadas en evidencia. 

A mí me gusta saber, no creer. Prefiero meditar mis decisiones y mis convicciones, a esperar que lo que esté haciendo sea lo correcto, confiando en lo que alguien más dice. Prefiero ser dueño de lo que hago, sin justificarme culpando a otros. Por eso no creo en dios. 

Pero para que no quede duda que ser ateo no es no creer en nada, aquí te dejo un credo que escribí, después de convertirme en ateo, cuando me pregunté a mí mismo en qué creía, ya que dios estaba fuera de la lista. Esto fue lo que resultó:




No es ataque, es información

Sam Miller
Recientemente me llegó en un mensaje de WhatsApp una carta escrita por un empresario estadounidense, Sam Miller, defendiendo a la iglesia católica de los “ataques” de la prensa en los últimos años (la carta se escribió en 2008). En ella menciona cifras de las que los católicos deberían  sentirse "orgullosos de pertenecer a la organización no gubernamental más grande de Estados Unidos”. No me queda duda que la Iglesia realice muy buenas obras para la comunidad, y sin duda los católicos pueden y deben sentirse orgullosos de eso, lo que no los limita a denunciar y enfurecerse por los muchos crímenes que cometen los miembros de esa organización. (Ya anteriormente publiqué mis razones para no estar tranquilos con lo que pasa dentro de la Iglesia desde hace muchos años.) 

Si bien me gustaría desmenuzar cada párrafo de la carta y poner en perspectiva todo lo que en ella se menciona (por ejemplo, comparar la cantidad de dinero que recibe la iglesia en donaciones con la cantidad que utiliza para buenas causas y la que se usa para satisfacer lujos innecesarios de los miembros de la iglesia), por falta de tiempo me limitaré a refutar los argumentos más obvios que mi lógica me permite; porque el empresario estadounidense no solo menciona datos imprecisos, sino que incluso, si estos fueran correctos, sería inconcebible utilizarlos de la manera que lo hace Sam Miller. 

Por ejemplo, su argumento principal es que la prensa inexplicablemente se enfoca en denunciar y exponer los casos de pederastia por parte de los sacerdotes. Pero el argumento que utiliza es que “únicamente” 1.7% del total de los sacerdotes ha sido encontrado culpable de pederastia. Solo ese argumento me parece tremendamente irrespetuoso. Minimizar los crímenes de sacerdotes solo porque es una minoría quienes los cometen es ofensivo. Podría escribir un ensayo completo enfocado en ese párrafo nada más. Sentirse ofendido porque denuncian estos casos es no entender la gravedad del problema. 

En primer lugar, el numero de agresores no es igual al numero de víctimas. El 1.7% de 400,000 sacerdotes es igual a 6,800 sacerdotes encontrados culpables de pederastia (según las mismas cifras de Sam Miller), sin embargo esto no quiere decir que existen únicamente 6,800 víctimas. La mayoría de los sacerdotes abusaron de más de un menor; de esta manera se dimensiona el verdadero problema y el verdadero crimen. Sam Miller ni siquiera menciona a las miles de víctimas de los sacerdotes, ¿esto no le ofende? Además, 1.7% son solo los que han sido encontrados culpables, faltan los que todavía no conocemos, porque es imposible pensar que son solo los que han sido denunciados los que incurren en esto, sobre todo después de saber que muchos de ellos llevaban décadas abusando de menores antes de que los casos salieran a la luz.

Además, la critica más fuerte hacia la iglesia es que se comprobó que muchos de estos sacerdotes eran protegidos por la misma organización. Los pederastas no eran sometidos a juicios penales, y peor aun, únicamente los cambiaban de lugar cuando sus superiores se enteraba de esto. ¿No resulta indignante? ¿Saber que las autoridades de la iglesia sabían que tenían criminales en su organización y en vez de tomar acciones para proteger a las víctimas, preferían proteger a los criminales? ¿No es suficiente para señalarlos y ponerlos en evidencia? ¿O primero deberíamos enumerar las buenas acciones que hacían para saber si era suficiente abusar sexualmente de un niño para destituirlos de sus puestos y responsabilidades?

Sam Miller, en un esfuerzo por minimizar aun más el hecho de que sacerdotes abusen de menores, utiliza otra estadística, de la iglesia protestante, y la compara con los católicos. Dice que 10% de esos clérigos han sido hallados culpables de pedofilia. Increíblemente a muchos católicos esta comparación les parece digna de compartirse. Un dicho popular dice “mal de muchos, consuelo de tontos”; queda perfecto en esta situación. Y lo peor es que el dato ni siquiera es correcto. 

Para escribir este ensayo no me basé únicamente en el mensaje de WhatsApp que recibí, sino que fui a la fuente original, a leer al carta completa de Sam Miller y a verificar algunos de los datos que en ella menciona. Sin sorpresa encontré que Sam Miller cometió un error al citar un libro y decir que 10% de los clérigos protestantes habían sido encontrados culpables de pedófila. El autor del libro desmintió esta afirmación al explicar que lo que él había mencionado era un estudio de clérigos recibiendo tratamiento, de los cuales 10% eran pedófilos. Y aclara que esto no significa que hubieran abusado de niños, sino que tenían ese problema psiquiátrico. (Aquí la nota de la corrección de estos datos.)

¿Qué tendría que decir Sam Miller al escuchar esto? No solo es mentira que 10% de los clérigos protestantes sean pedófilos, sino que estaban recibiendo ayuda y tratamiento psicológico, cosa que no sucedía en la iglesia católica. Aparte de las otras estadísticas que menciona sobre encuentros sexuales, indebidos y consensuados, entre clérigos protestantes y miembros de la comunidad sin mencionar que pasa exactamente lo mismo en la iglesia católica. Incluso una investigación estima que 50% de los sacerdotes católicos incumplen el voto de castidad. Esto no quiere decir que son pederastas, simplemente que si Sam Miller se queja de la prensa, debería también reconocer que las quejas no son infundadas, y que son los peores casos los que hacen más ruido, pero no son los únicos. 

Lo que concluyo de este tipo de esfuerzos de minimizar crímenes es que simplemente la iglesia católica se siente ofendida por ser señalada por sus fallas. Sam Miller menciona que “la agonía que la Iglesia siente y sufre no es necesariamente culpa de la Iglesia”, pero no estoy de acuerdo. No son una minoría la que le da mala fama a la iglesia, es justamente gente como Sam Miller, que, en vez de indignarse y reclamar que existan este tipo de abusos, defienden los hechos tapándolos con “buenas obras", lo que le da mala fama a la Iglesia. Si no tuviéramos que enterarnos por medio de la prensa que estos sacerdotes abusaban de menores y hubiera sido la Iglesia Católica quien los entregara a las autoridades para que fueran juzgados y pagaran por esos delitos, el panorama sería muy diferente. 

Los casos de pederastia no son los únicos delitos de la Iglesia, solo son los peores. El hecho de que hagan cosas buenas no les resta culpa donde la hay. Defender a la Iglesia por sus buenas acciones es como defender a un político corrupto porque ayuda a los pobres con el dinero de los impuestos. No se justifica que delinca solo porque hace lo que debe de hacer con recursos que ni siquiera son suyos. 

Y por último, no es trabajo de la prensa exaltar las buenas obras de la Iglesia Católica o de cualquier otra organización, sino descubrir los delitos que se esfuerza por esconder. No es trabajo de la prensa hacer promoción de la Iglesia Católica, pero sí es su deber informar de las malas acciones de esta para evitar que se sigan llevando a cabo. ¿Acaso la Iglesia se la pasa reconociendo todo lo bueno que realizan las otras religiones y lo da a conocer a su comunidad? 

La Iglesia Católica no es peor que otras organizaciones, gubernamentales o no gubernamentales, pero sin duda se jacta de ser referencia moral para millones de personas y recibe beneficios gracias a eso. Claramente esa es la razón por la que esconden los crímenes que se comenten dentro de ella, pero no es razón para minimizarlo, y menos razón para sentirse ofendido porque alguien más lo expone al público. 




Addendum:

Aqui una lista de algunos de los reportajes sobre pederastia, que la prensa ha publicado, que no tienen nada que ver con la Iglesia Católica.



  • Michael Jackson
  • Cuarenta rabinos en Nueva York en 2017 acusados de pederastia
  • Médico de las gimnastas olímpicas de EEUU
  • Kevin Spacey, Bryan Singer y todos los casos de pederastia y abusos sexuales en Hollywood
  • Casos de pederastia en la Iglesia Mormona de Marstinburg, Virginia

Sacerdotes Pederastas

La pederastia en la Iglesia Católica es una realidad. Los casos de niños abusados desde los años  50’s salieron a la luz décadas después, y nuevos testimonios siguen apareciendo todos los años. 

Mucha gente intenta defender a la Iglesia alegando que se trata de una minoría, lo que en términos reales, es cierto. Pero que sea una minoría de sacerdotes que incurre en abusos a menores no quiere decir que son pocos los casos que suceden. Y lo que es peor, tratar de defender al sacerdocio alegando que hay más casos de pederastia fuera de la iglesia que dentro de ella, lo que es absolutamente lógico: si en el mundo hay solo 400,000 sacerdotes católicos, y solo en México hay 90 millones de personas mayores de 18 años, si se toma el porcentaje promedio de pedófilos en una población general (entre 1% y 4%, según algunos estudios) por estadística hay más pedófilos mexicanos que sacerdotes en el mundo. Sin embargo esto no es razón para sentir alivio por lo que sucede en la Iglesia. 

En primer lugar, los sacerdotes son personajes con autoridad sobre la gente que confía en ellos. Al igual que maestros, entrenadores y familiares de las víctimas, estos utilizan su influencia sobre los menores para abusar de ellos. Obviamente todos los casos de pederastia son repugnantes, escandalosos y reprobables, pero se entiende que viniendo de sacerdotes católicos, sea más grave la falta. Ellos representan a Dios en el mundo. Ellos toman el papel de guías para los menores y sus padres. Ellos son quienes deberían de defender y cuidar a estos niños de los males del mundo. Esa es la razón por la que su falta es peor, y querer defenderlos es un insulto a las víctimas.

Más de una vez he escuchado que el porcentaje de sacerdotes pederastas es menor al 1%. Hace poco creo haber descubierto de dónde salió esa información. En un articulo publicado en catholic.net, la entonces directora de este portal, Lucrecia Rego de Planas, absurdamente intenta minimizar el escándalo que refiere que sacerdotes católicos sean capaces de pervertir a menores de edad y abusar de ellos (incluido un niño de 4 años). Toma como referencia una entrevista que le hicieron al fiscal del Vaticano en 2010 donde afirma que ha recibido 3,000 casos referentes a delitos de pederastia en los últimos 50 años, cometiendo el error de asumir que estos tres mil casos son los únicos que han sucedido en los últimos 50 años. En vez de salirse de su burbuja católica, toma como única referencia a la institución acusada de tener miembros criminales. Luego intenta otra vez minimizar la gravedad de los delitos diciendo que en el 60% de los casos se trató de abuso de adolescentes “mayorcitos" (y no de niños) que “ya son plenamente conscientes y están de acuerdo con lo que está sucediendo”. Leer esto me hace sentir una rabia por la falta de respeto y falta de empatía con personas cuyas vidas fueron totalmente destruidas por sacerdotes que no deberían de tener derecho de caminar libremente por la calle. No creo que sepa esta señora que un adolescente es muy manipulable, y que es por eso que la ley prohibe a adultos tener relaciones sexuales con menores de 18 años. Es increíble el fanatismo que puede tener una persona al punto de culpar a las víctimas por los delitos de sus agresores. 

Continua el articulo con más mentiras, ya que afirma que un 30% de los casos no fue de abusos homosexuales sino heterosexuales mayores de 18 años. De nuevo asume que las víctimas que acusaron a los sacerdotes eran mayores de edad, lo que no queda para nada claro en la entrevista que dio el fiscal. En ella el solo dice que el 30% fueron casos heterosexuales, no que no hayan sido menores de edad; ¿de dónde saca Lucrecia esta información? no queda claro. Después se atreve a decir que quitando el 90% de los casos (60%+30%) “solo quedan 300 casos de sacerdotes acusados de pederastia”. ¡¿Solo 300?! ¡Vaya! Habría que darles un premio a los sacerdotes por respetar a los niños, al parecer. 

Es indignante este tipo de comentarios, y me sorprende (aunque pensándolo bien, no) que la Iglesia siga aceptando a este tipo de personas como parte de su organización.

Concluye la autora que es menos del 0.1% de sacerdotes pederastas en 50 años. Y que en 180 de los casos ni siquiera se investigó a fondo porque los sacerdotes su avanzada edad, por lo que solo se les pidió que se retiraran de la vida sacerdotal. Me imagino a las víctimas sobrevivientes de estos depravados sexuales festejando en sus casas porque el sacerdote que les tiró la vida a la basura ya no va a poder oficiar misa. Es ridículo. Lo que merecían era que los metieran a la cárcel. Solo con sentir el miedo de ser violados ahí se hubiera resarcido un poco el daño. 

Para la mala fortuna de Lucrecia, en 2014 el papa Francisco aceptó que 1 de cada 50 sacerdotes ha incurrido en la pederastia. ¡¿Cómo?! ¿Al menos 2% de los sacerdotes y no menos de 0.1%?  Me pregunto qué dirá Lucrecia al conocer este dato. Porque algo que no menciona ella ni nadie que defiende a la Iglesia, es que los sacerdotes pederastas no son los únicos culpables de estos crímenes. La mayoría (si no es que todos) estuvieron protegidos por la misma Iglesia. Sus superiores sabían de los delitos que cometían y no hicieron nada para detenerlos. Cambiarlos de parroquia, su solución favorita,  no es proteger a la población, solo mover al criminal a un nuevo territorio donde nadie lo conocía y por lo tanto la gente era más vulnerable. Todo eso se debe de tomar en cuenta cuando se cuentan a los sacerdotes abusivos. No son solo los que realizan el acto sin quienes lo esconden. 

¿Por qué les importa tanto proteger la reputación de la Iglesia? ¿Por qué no se interesan más por el bienestar de los niños que por la investidura que representan? Dudo que sea por alcanzar la vida eterna, ya que de ser así harían exactamente lo contrario. Yo creo que buscan mantener su influencia y el poder que esta les otorga. Vamos, el hecho de que el numero de sacerdotes pedófilos esté de acuerdo al porcentaje de la población general, no normaliza el hecho, lo único que demuestra es que los sacerdotes católicos no tienen ninguna ayuda divina o especial que quienes llevan una vida alejada de Dios. Por lo tanto necesitan fingir que sí la tienen, de otra manera por qué alguien se acercaría a cualquiera de ellos. 


Hablar de porcentajes y estadísticas nos puede hacer perder el enfoque. El hecho de que niños, ¡niños! fueran abusados por sacerdotes que deberían estar enseñándoles lo que está bien y lo que no, deja mucho que pensar sobre Dios. Un informe de la BBC de 2004 afirma que fueron 4000 sacerdotes quienes abusaron de niños y adolescentes, ¡solo en Estados Unidos! Pero las víctimas no son 1 cada 1, no, cada sacerdote abusaba  de más de un menor, algunos de decenas de jóvenes. Y esos son solo los casos que se denuncian. Faltan muchos más, ya sea porque el agresor murió o porque la víctima murió o porque la Iglesia amedrentó al joven o porque compró su silencio. Tratemos de visualizar el numero de vidas destruidas gracias a que la Iglesia prefirió no manchar su nombre. Y ahora sí podemos preguntarnos si la prensa exagera, cuando habla de los sacerdotes pederastas. 



El niño ateo



Normalmente cuando alguien me pregunta desde cuando soy ateo contesto que desde los 26 años. Esto es en parte cierto, pero en realidad es una respuesta muy simplificada. Fui católico  creyente durante muchos años, siempre tratando de entender más sobre Dios, la religión, los mandamientos de la Iglesia Católica, el pecado, el cielo y el infierno. Traté de entender la Biblia y tenía una filosofía personal muy amplia, y cada duda que me venía la resolvía meditando en ella o preguntando a algún sacerdote o seminarista. Para la edad de 18 años yo estaba convencido al 100% de la existencia de Dios y de lo que me habían enseñado desde chico. ¿Cómo fue, pues, que la duda le ganó a la fe?

En primer lugar tengo que decir que el proceso fue gradual. No me desperté un día sabiendo que Dios no existía. No tuve una revelación inmediata ni hubo algún evento que derrumbara por completo mis convicciones. Gradualmente fui cuestionando más y más temas (como siempre había hecho) hasta que llegó un día en el que decidí dudar. Hubo muchas preguntas cuyas respuestas jamás me dejaron satisfecho. Cuando tenía 24 o 25 años tuve una plática muy interesante con un sacerdote sobre la razón de que las relaciones premaritales fueran pecado. Discutimos y discutimos con argumentos razonables y al final me dijo "creo que desde ese punto de vista, no es pecado tener relaciones antes del matrimonio". Tengo que agradecer a ese sacerdote, de quien no recuerdo el nombre, por haberme escuchado, por haberme entendido y por haber cambiado su opinión aceptando que aquello que yo decía hacía sentido y tenía todo el derecho de creerlo. Esa discusión abrió una pequeña puerta para continuar cuestionando y dudando. Pronto me di cuenta de que muchas enseñanzas en la religión eran ilógicas, y me rehusaba a creerlas porque me parecían igual de ridículas que las creencias de otras religiones que le parecen ridículas a los católicos. Por ejemplo la creencia de que Dios es uno y tres a la vez. O la creencia de que Dios sabe todo, puede todo, pero permite tanto mal en el mundo. Que Dios existe desde toda la eternidad. Que un pedazo de pan se convierte en tu dios y lo consumes cada domingo, solo si estás confesado porque si no es un pecado aún mayor (lo que quiere decir que antes de consumir al Dios todopoderoso en el que crees, que es el bien supremo y que es la vida eterna, tienes que decirle a otra persona, calificada, las cosas malas que has hecho para que te conceda el perdón de Dios todopoderoso y eterno, y ahora si puedes ir a comer el pan que es Dios todopoderoso y eterno). Cuando le dices a alguien que no conoce la religión católica lo que crees, suena muy tonto.  

Entonces cuando vi que había muchos huecos y contradicciones en la misma religión que un Dios todopoderoso y eterno nos había enseñado, dejé de creer que Dios realmente era todopoderoso. Y así permití que la razón fuera la que predominara al momento de escoger las creencias que influenciaran las decisiones de mi vida. Dejé de justificar acciones incoherentes por darle gusto a un Dios que predicaba diferentes posturas a diferentes poblaciones. 

En un inicio no fui abiertamente ateo. Comencé dejando de darle importancia a lo
que no  me convencía dentro de la religión. En el año 2000 estuve de vacaciones en Roma, y en la Basílica de San Pedro en el Vaticano habían abierto la puerta santa, que se abre cada 25 años, y te decían que si estabas confesado y pasabas por esa puerta obtenías automáticamente indulgencia plenaria. La indulgencia plenaria, según me explicaron en el catecismo, es la eliminación absoluta de la penitencia adquirida por cometer un pecado; para ejemplificarlo, te decían que cometer un pecado era como clavar un clavo en una tabla de madera, y la confesión era como quitar el clavo de esa tabla, pero al quitar el clavo queda un agujero que no se puede eliminar, la indulgencia plenaria quita ese agujero. Así que yo, por haber pasado por esa puerta física en un templo, había librado muchas penas que había adquirido por mis pecados. Eso justamente fue lo primero que dejé de creer; así como concederle al papa sabiduría únicamente por ser el papa. La Iglesia y sus enseñanzas fueron las primeras víctimas de mi escepticismo. Las ridículas reglas que te exigen seguir para ser parte de su comunidad me dejaron de importar. Y así empecé a cuestionar no solo la religión sino todo aquello que no tenía sustento. Si no me podían explicar sus razones de manera lógica, no les creería nada. Se acabó eso de “Dios trabaja de maneras misteriosas”, o dejaba Dios de ser misterioso o le quitaba sus títulos de grandeza. 

Después de romper esa barrera que me había sometido durante tantos años a base de miedo y conformismo, seguí buscando razones para creer en lo que quedaba de mi fe. Esto lo digo sinceramente, yo quería seguir creyendo en Dios, pero me rehusaba a depositar mi confianza en ideas sin sustento. Pronto me di cuenta que no era posible comprobar nada que tuviera que ver con la religión, y pasé a ser un agnóstico. Caí en cuenta que no importaba si Dios existía realmente o no, porque no tenía injerencia en absoluto sobre mi vida. Dios no brindaba la ayuda que le pedía, ni me castigaba por los pecados que cometía. A Dios, de existir, yo no le importaba nada. Y aunque todavía quería creer en la vida después de la muerte, poco a poco esa idea también fue perdiendo color. 

Me convertí en ateo cuando, obligándome a exigir pruebas para cualquier idea que estuviera dispuesto a creer, vi que otras personas aceptaban razones ridículas para aceptar sus situaciones. Vi cómo gente pobre aceptaba injusticias en el nombre de Dios. Vi cómo sacerdotes corruptos justificaban sus acciones por ser cercanos a Dios. Vi cómo personas normales y, en casi todos los sentidos, racionales, justificaban su odio hacia otras personas por lo que decía la “sagrada” Biblia. Fue una revelación; se me abrieron los ojos y no podía dejar de verlo. Era abrumador entender lo absurdo de la religión. Todos tenían su propia idea, y todos estaban seguros de que su idea era la correcta. Ya no podía ignorarlo. Dios no podía existir. 

No puedo mentir, fue muy liberador quitarme esa benda de los ojos. Todo me hacía muchísimo más sentido. Cuando quité a Dios de la ecuación, todo cuadraba perfectamente. El mundo me parecía más hermoso justamente porque ya no había un creador cruel, ni un juez injusto. Ya no esperaba la solución a mis problemas, sino que la buscaba. Ya no me conformaba con las malas situaciones, sino que las resolvía, o las evitaba, no había razón para aceptarlas. 

Los más importante fue darme cuenta de que cuando era chico, era ateo. Lo veo ahora. Mis sobrinos, por lo menos los más chicos, son ateos. Ellos no conocen a Dios, y cuando tienen dudas existenciales (qué pasa cuando te mueres, por ejemplo), les parecen absurdas las explicaciones que les damos los adultos. Son más inteligentes de lo que les damos crédito. Y yo sé que yo también era así. Hacía las preguntas correctas, y las respuestas me parecían absurdas. Fue después que me convertí al catolicismo por adoctrinamiento de mis padres y de la escuela donde estudié, pero la duda estaba ahí. Fue a base de repetición y reproche por desobediencia que terminé por creer realmente lo que me decían. Para finalmente volver a ser ateo después de muchos años. Por fin el último personaje ficticio que me quedaba fue agregado a la lista de “mitología”. 

Por eso ahora, cuando me preguntan (normalmente con preocupación) si no voy a educar a mis hijos en la religión, la respuesta es simple: no. Un amigo mío me hizo una pregunta que me sacó carcajadas: “¿les vas a enseñar a tus hijos que el infierno no existe?” No sabia ni cómo contestar. Obviamente no. No les voy a enseñar nada que no exista. Así como tampoco les voy a enseñar que la tetera que orbita en el sistema solar no existe, ni que los osos no comen lasaña. Si mis hijos me llegan a preguntar qué es el infierno (suponiendo que lo escuchan en algún lugar), entonces sí les explicaré que es algo que no existe, y que es una idea que muchas personas creen que es real, pero que jamás han podido demostrar y que no tiene caso pensar en eso. 

A mis hijos les voy a hablar del dios católico de la misma manera que les voy a hablar del dios hindú, o de Rá, o de Thor. Y les voy a mostrar el mundo como es, así de difícil y bello. Como dijo Douglas Adams: “¿no es suficiente ver que un jardín es hermoso sin tener que creer que hay hadas en el fondo de éste?” No les voy a negar a mis hijos el lujo de vivir sin prejuicios ni miedos; de buscar respuestas, y de ver con claridad.


El fin de los tiempos (o puede que no)






Recientemente me enviaron por WhatsApp una cita sobre un tal Almir Favarin, que se supone que es teólogo y psicoanalista. El pequeño ensayo, titulado “Esquizofrenia Social” dice esto:

Vivimos en una época donde quieren que los sacerdotes se casen y que los casados se divorcien.
Quieren que los heterosexuales tengan relaciones sin compromiso, pero que los gays se casen en la iglesia.
Que las mujeres tengan cuerpos masculinizados y se pongan como hombres y tomen papeles masculinos. Quieren que los hombres se conviertan en "frágiles" y delicados y como si fueran mujeres. Un niño con sólo cinco o seis años de vida tiene derecho a decidir si será hombre o mujer por el resto de su vida, pero un menor de dieciocho años no puede responder por sus crímenes.
No hay vacantes para los pacientes en los hospitales, pero está el incentivo y el patrocinio para quien quiere hacer cambio de sexo.
Hay un seguimiento psicológico gratuito para quien desea dejar la heterosexualidad y vivir la homosexualidad, pero no hay ningún apoyo de este mismo para quien desea salir de la homosexualidad y vivir su heterosexualidad, y si intentan hacerlo, es un crimen.
Estar a favor de la familia y la religión es una dictadura, pero orinar sobre los crucifijos, desbaratar iglesias es libertad de expresión.

Si no es el fin de los tiempos, debe ser el ensayo...

Al parecer esta idea se ha hecho viral. Pero como normalmente sucede cuando alguien quiere quejarse del mundo en el que vivimos por las ideologías que no van con sus creencias, los argumentos se vuelven muy simplistas y fáciles de tumbar, o por lo menos de hacer frágil su convicción. Para esto como siempre me gusta hacer preguntas y aclarar los comentarios:

El autor usa mucho la afirmación “quieren”. ¿Quieren? ¿Quién quiere? ¿A quién se refiere cuando dice eso? ¿Cuántas personas “quieren” lo que él sugiere que quieren? Para empezar por el principio, nadie “quiere” que los sacerdotes se casen, más bien existen personas que abogan por que los sacerdotes tengan la opción de casarse; o sea, que puedan escoger. Sobre todo cuando nos enteramos de los sacerdotes que abusan sexualmente de niños y menores de edad, o cuando nos enteramos que esos mismos sacerdotes que no dejaban la orden sacerdotal tenían familia. Entonces ¿quién es más incongruente? 

Lo mismo con el divorcio, nadie “quiere” que los casados se divorcien, lo que pedimos es que se reconozca que alguien pueda dejar un compromiso, sobre todo cuando este se quebranta por alguna de las partes. Personalmente me importa poco que alguien esté en contra del divorcio porque este ya es legal en nuestro país, lo que la iglesia decida es problema suyo; aunque sí me siento mal por la gente que en realidad cree en lo que les dice la religión y aun queriendo estar cerca, no puede porque cometió un error.

Nadie “quiere” que los heterosexuales “tengan” relaciones sin compromiso, más bien reconocen que tienen derecho a tenerlas y nadie los debe de criticar por eso. Y tampoco se excluye a nadie, "quieren que los heterosexuales no tengan compromiso pero los gays sí y aparte avalados por la iglesia" ¿con quién platicó esta persona? Todos, homosexuales y heterosexuales tienen derecho a tener relaciones sin compromiso, y también deberían de tener derecho por igual a casarse y a divorciarse. Ese es el argumento real.

Almir Favarin asume mucho en su corta queja; supone que hay quien quiere que las mujeres se masculinicen y los hombres se vuelvan frágiles. Como si hubiera una organización que busca los absolutos, que todos los hombres sean frágiles y que todas las mujeres tomen papeles masculinos; ¿a qué papeles se refiere? Al parecer sugiere que hay quien quiere cambiar a los hombres por las mujeres y viceversa. Si hay alguien que quiere exactamente eso, yo no tengo la menor idea de quién sea.

Y luego miente: un niño de seis años no puede decidir prácticamente nada por sí solo y los menores de 18 años responden por sus crímenes de igual manera que los adultos, por eso existen los reformatorios. También miente sobre el incentivo y patrocinio para el cambio de sexo: en donde quiera que haya este incentivo, no hay tampoco escasez de vacantes para pacientes. 

Y por último, estar a favor de la familia y la religión no es una dictadura, lo que es una dictadura es querer legislar conforme a las creencias religiosas de alguien. También valdría la pena cuestionar (ya que lo mencionó antes) ¿no debería ser ilegal instruir a niños en la religión desde pequeños, qué digo desde los 6 años, desde su primer año de vida, sin tener ninguna evidencia de que cualquiera de las religiones sea real? Y si yo compro un crucifijo y se me antoja orinar en él no estoy rompiendo ninguna ley, al igual que los religiosos que critican a los divorciados y homosexuales y a las mujeres que deciden abortar tampoco rompen ninguna ley. 


Almir Favarin se confunde y piensa que las libertades de otras personas son impuestas por la fuerza en toda la población. Pero más grave aun, se le olvidan todas las atrocidades que han sucedido gracias a la obediencia dogmática de religiones y de costumbres. Se cree con derecho de criticar a otros por tener libertades, sin que nadie le imponga nada, pero no se le escucha criticar a quienes persiguen homosexuales incluso si también persiguen la libertad de expresión, o criticar a quienes encubren la pederastia, porque esos también están en contra del aborto. Al parecer mientras mantengan los valores que él piensa que deben ser universales no le importa que pisoteen los derechos de las personas.

Y termina sugiriendo que esto debe de ser el ensayo del fin del los tiempos, si acaso no es el mismo. A lo que  yo le contestaría, ¿cree de verdad que las libertades que tenemos hoy en día significan que estamos en decadencia? Si no fue el fin de los tiempos cuando la Iglesia torturaba y mataba personas por estudiar ciencia y quemaba libros en plazas públicas, si no fue el fin de los tiempos cuando estaba prohibido en la ley ser homosexual o cuando no dejaban a los negros casarse con blancos, si no fue el fin de los tiempos cuando se les prohibía a las mujeres divorciarse aunque su esposo las golpeara y maltratara, o cuando quemaban a gente viva solo por la acusación de brujería sin ninguna prueba... Si no fue el fin del mundo cuando humanos esclavizaban humanos sin ley alguna que los defendiera e incluso con "aval de Dios" o se podía vender a tus hijas por algunos bienes sin problema alguno, o cuando libraban guerras por pura costumbre… si no fue el fin de los tiempos entonces, creo que la generación de nuestro tiempo sale muy bien librada. 


La serpiente no mentía


"Mediante la razón natural, el hombre puede conocer a Dios con certeza a partir de sus obras. Pero existe otro orden de conocimiento que el hombre no puede de ningún modo alcanzar por sus propias fuerzas, el de la Revelación divina."

"Obedecer (ob-audire) en la fe es someterse libremente a la palabra escuchada, porque su verdad está garantizada por Dios, la Verdad misma."
Catecismo de la Iglesia Católica

¿A qué le tiene miedo Dios? Dios, explicado por los creyentes cristianos y judíos, es un ser omnipotente, omnipresente, el bien verdadero y el origen de todo. Sin embargo, si ponemos atención a las sagradas escrituras en las que fielmente creen, veremos a un Dios muy humano, en quien podemos identificar miedo. Pero ¿miedo a qué? No es una pregunta común, sin embargo la respuesta parece estar en el primer libro de la Biblia, el Génesis. Dios le tiene miedo a la posibilidad de que el hombre sea como él. Si no lo creen pueden leer los versículos 22 al 24 del tercer capítulo del Génesis, que trata de la reacción de Dios ante la desobediencia de los humanos al haber comido el fruto del árbol de la ciencia. Todos conocemos la historia y cómo termina, con la expulsión de Adán y Eva del Edén, pero poco se nos dice de la razón por la que fueron expulsados:

Después el Señor Dios pensó: ‘Ahora que el hombre es como uno de nosotros, conocedor del bien y el mal, solo le falta echar mano al árbol de la vida, comer su fruto y vivir para siempre’.
[…] Expulsó al hombre y, en la parte oriental del huerto del Edén, puso a los querubines y la espada de fuego para custodiar el camino que lleva al árbol de la vida.

A pesar de que nos repiten hasta el cansancio que Dios nos creo porque nos ama y aparte de eso nos hizo libres para que lo escogiéramos a él o no, la evidencia en la Biblia apunta a otra razón muy diferente. Dios les da todo a Adán y a Eva, pero les prohibe comer de un árbol en particular, el del conocimiento y les dice que si lo desobedecen morirán irremediablemente. Curioso, porque después el relato cuenta que desobedecieron y comieron de ese árbol prohibido, pero no murieron, sino que se les abrieron los ojos, y se dieron cuenta de que estaban desnudos. Al parecer Dios nos quería tener como mascotas, ahí, para vernos y que moviéramos la cola cuando se acercara a nosotros. Según la Biblia, Dios mintió para asustar a Adán y Eva para que no comieran del fruto que les daría conocimiento. Pero si Adán y Eva no sabían nada y eran tan manipulables, ¿por qué comieron? Esto es lo que dice literalmente la Biblia:


La serpiente era el más astuto de todos los animales del campo que el Señor Dios había hecho, y dijo a la mujer: "¿Así que Dios les ordenó que no comieran de ningún árbol del jardín?".
La mujer le respondió: "Podemos comer los frutos de todos los árboles del jardín.
Pero respecto del árbol que está en medio del jardín, Dios nos ha dicho: ‘No coman de él ni lo toquen, porque de lo contrario quedarán sujetos a la muerte’".

La serpiente dijo a la mujer: "No, no morirán.

Dios sabe muy bien que cuando ustedes coman de ese árbol, se les abrirán los ojos y serán como dioses, conocedores del bien y del mal".

Cuando la mujer vio que el árbol era apetitoso para comer, agradable a la vista y deseable para adquirir discernimiento, tomó de su fruto y comió; luego se lo dio a su marido, que estaba con ella, y él también comió.

Génesis 3: 1-6


No sé a ustedes, pero a mí me enseñaron que la serpiente engañó a Eva; pero la serpiente no la engañó, de hecho decía la verdad. Y también dice que cuando Eva la escuchó se dio cuenta de que el árbol era bueno. No dice que haya creído erróneamente que el árbol fuera bueno, sino que el árbol era bueno pero ella no se había dado cuenta.  Y por alguna razón también me dijeron que la serpiente era el demonio, más eso no lo especifican en la Biblia, no sé de dónde lo sacaron. Lo que sí dice la Biblia es que Dios maldijo a la serpiente ¡y la castigó! ¡Por decirle la verdad a los hombres! Me recuerda mucho a Prometeo quien también fue castigado por ayudar a los humanos.

Volviendo a la sagrada escritura, Dios se da cuenta que los hombres son como él y que solo les falta ser inmortales para ser idénticos, por lo que los expulsa y les niega la entrada, para asegurar que no puedan comer del árbol de la vida y alcanzar la inmortalidad y que sean como “ellos”. ¿A quién se refiere Dios cuando dice que "ahora son como nosotros"? Ciertamente debe de ser otro Dios o Dioses, pero no conocemos otro Dios. ¿Será que se refiere al demonio? Vamos, no sabemos nada del demonio hasta muchos libros después del Genesis, y en realidad casi todo lo que sabemos de él está en el Nuevo Testamento. Por lo tanto, ¿cabe cuestionar si Dios y el demonio son iguales? Sabemos que Dios nos puede mentir sin que le pese la conciencia;  ¿puede ser que también mienta sobre las intenciones de Lucifer? Tal vez no es un ángel caído, simplemente es lo que nos contó Dios para deshacerse de la competencia, como lo hizo con Adán y Eva. A Dios no le gusta que reten su autoridad; ya vimos qué pasó cuando los hombres quisieron construir una torre en Senaar. Literalmente la Biblia dice esto en el relato de la torre de Babel:


Yahveh descendió para ver la ciudad y la torre que los hombres estaban edificando y dijo: “He aquí que todos forman un solo pueblo y todos hablan una misma lengua; siendo este el principio de sus empresas, nada les impedirá que lleven a cabo todo lo que se propongan. Pues bien, descendamos y allí mismo confundamos su lenguaje de modo que no se entiendan los unos con los otros.”

Genesis 11:1-9


¿Así o más claro?

El fruto prohibido, si es que tiene algún simbolismo, representa la sabiduría, que Dios no quiere que tengas, porque en el momento que la pruebas empiezas a cuestionar todo, lo cual no es bueno para quien te quiere controlar. Comiendo del fruto no íbamos a morir, simplemente íbamos a saber más; y nos íbamos a acercar a ser como Dios. ¿Nos sorprende que Dios aborrezca que duden de él? La consigna de Dios es no cuestionar nada, ni su autoridad, ni sus razones, ni su divinidad. A Abraham le pidió que matara a su hijo sin preguntar nada para saber si lo obedecía ciegamente, a Moisés lo regañó por cuestionar su poder. Esa es una ventaja para Dios, le da poder. Es la táctica de los tiranos, intimidar a los que cuestionan.

Y por eso el conocimiento es un arma tan poderosa. Cultivarnos, conocer, leer, entender nuestro alrededor es lo que nos da el poder que solo tiene Dios. Entre más conocimiento tenemos Dios se hace más chiquito y eventualmente desaparece, ante nuestros propios ojos.