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Se callaron muchas bocas

 Desde hace varios años, cada vez que había la posibilidad de que Tigres y Rayados disputaran una final, las pláticas de sobremesa se enfocaban en el peligro de que esto sucediera. “La ciudad no está preparada para esto” decían burlándose de la fuerte rivalidad que existe entre los dos equipos. Después salía el comentario sobre la teoría de conspiración que indicaba que no era redituable que hubiera una final regia: las televisoras y los patrocinadores perderían mucho dinero, es mejor que un equipo de Monterrey se enfrente a otro de otra parte del país para que así más gente vea la final. Está acusación de que el futbol mexicano estaba arreglado no venía sin fundamentos. No pocas veces hemos visto cómo algunos partidos parecen estar amañados por los árbitros para favorecer algún equipo en particular; y este equipo, por lo general, es el América, de quien Televisa es dueño. Pero a pesar de la evidente ayuda que recibe ese equipo en algunas ocasiones, yo todavía me reservo de acusar robo sin que se haya disputado el partido. Si no hay faltas injustificadas, o expulsiones exageradas, si no hay marcas polémicas o minutos agregados sin fundamentos, entonces no incrimino a nadie, aunque gane quién normalmente haga trampa. Es muy fácil engañarnos para culpar a alguien de la derrota del equipo que apoyamos. 

Por eso, este año, cuando los Tigres y los Rayados pasaron a semifinales contra el America y el Morelia respectivamente, empecé a escuchar otra vez la teoría de que no iban a llegar a la final los dos equipos regiomontanos, a pesar de ser el numero 1 y el numero 2 en la tabla. La razón era “lógica”, es más redituable económicamente una final en la que jueguen las Águilas del América, que los Tigres de la Universidad Autónoma de Nuevo Leon, porque así involucrarías en el juego a muchísima más gente que no vería el partido si no juega su equipo favorito. Entonces estaba cantado, o los Rayados del Monterrey o los Tigres de la U.A.N.L. no pasarían a la final, todo era cuestión de negocios; el dinero manda. 

Pero como ya sabemos, eso no sucedió. Ambos equipos regiomontanos ganaron la semifinal, y se disputó por primera vez en la historia de la ciudad una final totalmente en casa. Los dos estadios estuvieron llenos, y los Tigres ganaron el partido de vuelta en el estadio de los Rayados. Por donde se le quiera ver, no hubo ninguna conspiración para favorecer a nadie. (O ¿será que las televisoras querían la final regia para obtener un rating menor?)

El otro mito que se derrumbó fue el de que sería una batalla campal al final del juego porque quien perdiera haría trifulcas y desmanes atacando a los ganadores. Afortunadamente hubo saldo blanco. Ni siquiera las burlas hacia el contrario fueron tan ofensivas como en otros clásicos del pasado. Los aficionados mostraron mucho respeto, los jugadores campeones no hicieron burla de nada, e incluso muchas declaraciones de estos últimos al final del partido fueron muy loables, alentando a la gente a no burlarse del contrario, pidiendo que se tome conciencia del problema de “bullying” y que se festejara que el título se quedó en Monterrey, que los equipos habían demostrado ser los mejores del país y que eso era más importante que la rivalidad entre ambos clubes. 

Solo puedo especular qué hubiera pasado si hubiera ganado los Rayados. Muy probablemente hubiera sido la misma historia, sin burlas exageradas ni pleitos por mofas, pero no podemos negar que lejos de ser el equipo más respetuoso de la liga, el Monterrey siempre se ha burlado de los Tigres cuando quedaban campeones incluso cuando ni siquiera habían jugado contra ellos. Por alguna extraña razón disfrutaban festejar sus triunfos burlándose de los Tigres. Y aunque siempre es lo mismo para un lado que para el otro (los Tigres tampoco son los más educados) cuando juegan el clásico, sí se nota (y se notó especialmente en esta final) la diferencia entre los festejos de los Tigres contra el de los Rayados. Tigres parecía más festejar su victoria que la derrota del otro, y eso se agradece. 


Quiero dejar claro que a mi el futbol me deja indiferente. Cuando comento algo que tiene que ver con este deporte es porque me interesan otros temas que se involucran. Es muy difícil ignorar un aspecto que está sumamente arraigado en la cultura de la ciudad y del país y que impacta la vida de tantas personas como lo es el futbol soccer. Por eso me da gusto poder reflexionar algo positivo de esta final que sin duda nos unió más como ciudad de lo que nos pudo haber dividido.  



Niños hinchas

El domingo pasado se jugó la final del futbol mexicano entre dos equipos de la misma ciudad. Fue la primera vez que pasó aunque ya habíamos tenido el riesgo de que esto sucediera en el pasado. Cada vez que había peligro de que estos dos acérrimos rivales disputaran la final comenzaba el nervio de pensar que pudieran enfrentarse en un juego tan importante y lo que ocasionaría entre los aficionados de estos equipos que son muy apasionados. “No estamos preparados para tener una final regia” , decían. Afortunadamente el domingo pasado la razón pudo más que la pasión y no hubo ningún incidente qué lamentar. Los Tigres de la U.A.N.L. ganaron y la porra de los Rayados no golpearon a nadie; el día de hoy hubo muchos memes celebrando a los Tigres, pero muy pocos memes burlándose de los Rayados; hace algunos años cuando se enfrentaban en temporada regular llovían memes antes y sobre todo después del partido, cuando ya había un perdedor de quién burlarse. La gente incluso grababa videos de sí mismos burlándose del contrario. Está vez nos vimos muy civilizados como ciudad, lo que agradezco y celebro personalmente. 

Lo que no dejé de ver, como siempre y como en cualquier deporte, fueron las fotos de papás aficionados que visten a sus hijos con la camisa del equipo que apoyan. Siempre me ha parecido un poco egocéntrico y presuntuoso querer que tu hijo apoye al mismo equipo que tú porque es tu hijo. También me da lástima que mucha gente no escoge sus equipos, porque solo repiten lo que sus papás les enseñaron antes de que pudieran pensar por sí mismos (aunque, bueno, es justamente lo que nos hacen a todos con ideas más absurdas en cada una de las religiones del mundo). Pero lo que me preocupa en este caso no es que las personas escojan por sus hijos los equipos que van a apoyar acaloradamente, sino que no les importa inculcarles otros valores más importantes de la misma manera. Y estoy hablando justamente lo que tiene que ver con los deportes. 

Apoyando a su equipo incondicionalmente aprenden a no solo alegrarse por las victorias
de sus equipos, sino a alegrarse por las derrotas del equipo contrario también. A burlarse del otro si pierde, incluso si no jugo contra tu equipo. A defender a tu equipo como si fuera tu familia, pelear con otras personas si se burlan de tus colores o cuando te ganen; llora las derrotas incluso cuando tienes dos torneos al año y 17 partidos cada 6 meses, sin contar la liguilla y los otros torneos que también juegan ¡es ridículo! Enseñan a apoyar a su equipo ante todo, lo que está muy bien, pero luego no se preocupan por inculcarles el amor propio, a soportar las burlas de los compañeros: no te dejes de los Tigres, o de los Rayados, pero cómprate la ropa cara para que no te digan nada en la escuela. Regresa los insultos que le hagan a tu equipo, pero insúltalos y búrlate de ellos cuando pierdan, incluso si es en tu propia familia. Siente la satisfacción de hacerlos pasar corajes.

No digo que eso no debería de existir, el apoyo a los equipos es algo pasional que te hace pertenecer a algo, parte de una comunidad, pero solo cuando ya puedes usar la razón, cuando eres adulto; no creo que enseñar a niños a ser así y a educarlos en ese ambiente sea en absoluto algo positivo. Los niños no tienen la capacidad de discernir entre lo que es importante para ellos y lo que es solo un espectáculo. Creo que podemos enseñarles a apoyar a un equipo en las buenas y en las malas, pero que la familia es primero y se debe de respetar antes que al equipo. Que puedes festejar el triunfo de tu equipo en el clásico, e incluso burlarte del contrario, pero tendrás que aguantar las burlas cuando inevitablemente tu equipo pierda alguna vez. Y que jamás debes de llegar a los golpes por algo tan poco importante como un partido de futbol en el que tú ni siquiera participas. Que el mismo valor que nos inspira pintarnos la cara, gritar y vestirnos de cierta manera y no de otra para pertenecer a un grupo, es el mismo valor que debemos de tener para enfrentarnos a los que nos critican, y hacer oídos sordos y respetarte tal como eres. 


Yo creo que el deporte nos da muchas oportunidades para educar a nuestros hijos. Hay muchas situaciones en el deporte que nos ayudan a ser mejores personas, mucho aprendizaje. Sin embargo es muy fácil caer en el fanatismo, en la intolerancia, en el odio absurdo hacia otras personas. Podemos empezar con no obsesionarnos por que nuestros hijos sigan a nuestro equipo, y escoger mejor lo que queremos que copien de nosotros.  




a mí no me digas

Los mexicanos somos muy inmaduros. Nadie nos puede decir qué hacer y qué no hacer porque hacemos lo contrario. Nos molesta que nos prohiban hacer algo aunque sepamos que no está bien. Nos sentimos ofendidos cuando alguien nos aconseja evitar malas prácticas porque ¿qué autoridad tienes tú para decirme qué debo o no debo hacer? Incluso bajo advertencia de posibles consecuencias de nuestros actos nos rehusamos a escuchar a quien nos quiera ordenar. 

No logro entender la razón de este comportamiento. Será tal vez que nos sentimos todavía agredidos por nuestra larga historia de lucha para ser independientes, primero de España, después de Francia, luego de Estados Unidos, que ahora cualquiera que nos quiera educar o cambiar nuestros malos hábitos los tachamos de opresores. Será tal vez que nos gusta llevar la contra, o tal vez que nos gusta molestar a los demás y luego hacernos las víctimas cuando nos reclaman nuestra actitud. Cualquiera que sea el motivo, creo que nuestra necedad pueril nos mete en muchos problemas y nos quita mucha autoridad moral. Vemos las reglas como una imposición autoritaria en vez de verlas como lo que son, guías para la buena convivencia entre personas. 

Recuerdo una vez que mis amigos y yo fuimos de vacaciones a una playa y rentamos un departamento lujoso. Eramos nueve personas en un penthouse de dos niveles. Cuando llegamos a los condominios nos mostraron nuestro departamento y nos dieron una serie de limitaciones que debíamos respetar al aceptar el contrato: no podía entrar al condominio nadie que no estuviera registrado, no se podia fumar en el interior del departamento y no podíamos tener música con volumen alto después de cierta hora. Estuvimos de acuerdo, claro, para poder entrar al lugar. No hace falta decir que rompimos todas las reglas que nos pusieron y nos corrieron. Pero cuando nos fuimos, nos fuimos indignados. Cómo era posible que no nos dejaran fumar, ni invitar a gente ni tener música en la noche; eran nuestras vacaciones después de todo. Era increíble que nos trataran así. 

Por supuesto que lo que era increíble es que nos quejaremos por sufrir las consecuencias que nos dijeron que iban a suceder. Todavía me acuerdo de ese episodio y me da vergüenza. Nuestra actitud fue de niños tercos y chiflados. Lo bueno es que no había nada que hacer, nos corrieron y nos tuvimos que ir; no hubo ninguna injusticia, y para mí era importante que se aprendiera algo de esa situación. O aprendes a obedecer las reglas o no tienes derecho a participar.

Ahora sucede que desde hace varios años hemos estado utilizando un grito muy particular en los juegos de fútbol cuando el portero del equipo contrario despeja el balón desde la portería. El grito ya se hizo muy famoso y lo utilizamos en todos lados, especialmente cuando la selección mexicana juega contra la selección de otro país. Pero ya tomó acción la directiva de la FIFA para evitar que sigamos utilizando este insulto en cada partido. Y obviamente ya salimos los mexicanos a indignarnos por la opresión del sistema y a rebelarnos contra la autoridad. “No nos van a callar y no estamos insultando a nadie”.  Ya nos amenazó la FIFA con sanciones a la selección si esto continúa, pero a nosotros no nos importa, primero está la defensa de nuestra "libertad de expresión" y nuestras "derecho" a hacer lo que queramos, y luego ya nos quejaremos de la injusticia de la sanción que nos advirtieron que llegaría si seguíamos con nuestro grito célebre. Creemos que gritar ¡PUTO! en un estadio es parte de nuestra cultura, y la cultura hay que defenderla. 

Aquí es donde viene la poca inteligencia que tenemos como personas. ¿De verdad es

importante para nosotros gritar ‘puto’ en los partidos? Lo admito, es divertido y dan ganas de hacerlo, pero ¿de verdad no podemos aguantarnos las ganas aunque perdamos algo a consecuencia de esto? En lo personal a mí no me parece una falta tan grave este grito. Me parece más una porra que un insulto, y no creo que no haya delitos más graves que perseguir en la FIFA que este, pero ese no es el punto, el punto es que nos están diciendo que dejemos de hacer eso y nosotros no tenemos una razón lógica y coherente para seguir haciéndolo más que el hecho que nos fastidia que nos prohiban algo que nos gusta hacer. En realidad me sorprende la facilidad con la que logran que nos empecinemos por una razón tan ridícula. 

Hay batallas que no vale la pena combatir. ¿Qué ganamos gritando ‘puto’ en el estadio? Nadie piensa que es una ventaja hacer eso. En nuestro vocabulario sigue siendo una mala palabra, un insulto. ¿No nos importa quién escuche esa palabra, aunque sean niños, niñas, señoras mayores? Si somos objetivos, es mejor no gritar esa palabra que hacerlo. ¿Por qué nos encaprichamos en seguir gritándolo? Ya ni siquiera es por decencia, por buena conducta o por educación. No. Ya es por evitar que nos sancionen. ¿Aun así creemos que es más importante eso que la sanción? De verdad que me da vergüenza ver cómo algo tan estúpido nos toca fibras sensibles. 

Pero que no fuera otro país gritándonos algo similar a nosotros porque ahí sí, nos indignamos y ponemos el grito en el cielo. Que no sea un cantante diciendo que las mexicanas son feas; que no sean unos conductores de televisión (con su altísima respetabilidad) diciendo que los mexicanos somos flojos. Que no sea el jugador más nefasto de fútbol diciendo que prefiere besar a un perro antes que a una mexicana, porque ahí sí agarramos nuestros palos y sartenes y nos vamos a la guerra. ¿Cómo creen que nos vemos ante otras naciones con esta actitud tan infantil? Nos vemos ridículos, esa es la respuesta. ¿Será que queremos sobresalir a como de lugar? ¿Y como no podemos en ámbitos importantes aprovechamos lo que sea para llamar la atención? Ya desde hace varias Copas del Mundo nos enteramos de algún mexicano que quiso sobresalir por romper alguna regla del lugar, y se metió en problemas ¿no les parece deplorable? 


Tenemos tantas tradiciones hermosas en nuestra cultura que me sorprende que defendamos la peor. Tenemos un día de muertos que ha perdido tanto contra el halloween y contra ese no veo el nivel de indignación que se ve cuando defendemos el ‘puto’. Tenemos artesanía de altísima calidad que compramos barato porque no creemos que los indigenas se merezcan nuestro dinero, pero compramos caro, al precio que nos digan, la moda de Estados Unidos y Europa, hecha en Mexico y Asia. Tenemos café delicioso en los pueblos más humildes, pero compramos “café”, preparado y endulzado con los peores productos, a un precio tan alto que da risa ver a la gente formada ansiosa por tirar dinero. Pero eso sí, que nos dejen gritar PUTO en el estadio, o nos vamos a enojar.  

berrinche
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Orgulloso de mi seleccion nacional de futbol


Vivir es existir. Sentir que pertenecemos a un lugar. Desear que algo suceda, trabajar para obtener algo, y esperar que la suerte nos ayude porque sabemos que no todo depende de nosotros. Vivir es vibrar a cada instante y disfrutar cada momento. Emocionarse con las victorias y sufrir con las derrotas sin perder la esperanza y confiando siempre en que podemos ser mejores. El fútbol hace que muchas personas se sientan vivas, disfrutando la emoción de cada partido. Con cada jugada, esperando que esa sea la que termine en gol. Sintiendo la presión del tiempo que resta para terminar con un marcador en contra o a favor. El fútbol, sobre todo en un mundial, nos pone a la orilla de nuestro asiento, esperando que nuestro equipo venza al contrario.
Desde que estoy chico he escuchado críticas a la selección; me acostumbré a que los llamaran mediocres, faltos de hambre de triunfo; y que cuando ganaran todos estuvieran contentos y los llenaran de halagos, pero cuando perdían, despotricaban contra ellos  con severas críticas y un pesimismo que poco coincidían con el apoyo que se mostraba en los juegos en que se obtenía un buen resultado. Así crecí, escuchando burlas y quejas, y hasta malos deseos hacia la selección mexicana, y después gritos de ‘gol’ y porras a México que no parecían venir de las mismas personas, más sin embargo así era. ¿Cómo no íbamos a reclamar lo mal que jugaba un equipo al que cada jugador recibía un salario ridículamente alto? ¿Cómo no íbamos a burlarnos de las 11 personas que salían al campo y nos dejaban en ridículo frente a otros países? Y aunque me parecían legítimas esas preguntas, también me comenzaron a molestar. Yo quería estar orgulloso de mi país y de mi equipo. También empecé a notar que otros países estaban siempre orgullosos de sus equipos, incluso cuando no tenían una buena actuación, y empecé a cuestionar el pesimismo que vivíamos en este país.
Cuando crecí, me empezaron a molestar los comentarios donde se daba por hecho que no podíamos aspirar a más. ‘No van a ganar, no te ilusiones’, ‘no importa si ganamos, contra el siguiente vamos a perder’, ‘ojalá que no clasifiquen al mundial’, ‘ojalá que pierdan’. ¿Por qué? Era mi pregunta a todos esos comentarios. Llegó un momento en que decidí no tomar esa actitud que tenía la mayoría de las personas y empezar a apoyar siempre a mi selección. Criticar no tiene nada de malo, cuando no se hacen las cosas bien o no se ve compromiso en el equipo, pero ¿desear el fracaso de nuestro equipo? ¿perder la esperanza de que se puede ganar contra rivales importantes antes de competir contra ellos? Eso no. Eso lo eliminé de mi personalidad. Cada partido lo empecé a vivir de manera diferente, siempre confiando en que la selección mexicana iba a ganar. Y defenderlos cuando alguien cuestionaba su capacidad.
Y luego empezamos a ganar. Primero el mundial sub17, del que no mucha gente se enteró hasta que ya había ganado México. Luego otro mundial sub17 del que todos nos enteramos, y del que aun mucha gente dudaba. Al momento en que Alemania aventajaba por un gol a México, supe de mucha gente que dejó de ver el juego, en el que México ganó 3 a 2. Aun se escuchaban los comentarios que cuestionaban a los muchachos en caso de que se hubiera definido en penales el encuentro. Y a mí me seguía molestando todo eso que escuchaba. Luego ganamos la medalla de oro en las olimpiadas, contra un excelente equipo, de primera. Y aun así, la mentalidad de mucha gente sigue siendo derrotista. Pesimista.
Me rehúso a volver a tomar esa actitud. No me importa cuántas veces vea a mi país ser vencido. Nunca voy a ver un partido pensando que no pueden ganar. Aun si clasifican gracias a combinación de resultados, pensar que alguien más debía de ir no es opción para mí, si México hizo más puntos que otro equipo entonces no me parece que el otro tenga más derecho de clasificar.
Cuando supimos que íbamos contra Brasil nunca pensé que ya estaba perdido el partido. Reconocer que el partido es complicado y muy difícil de ganar es diferente a ‘saber’ que ya se perdió. Cada triunfo, cada punto que se logra, es una razón para estar contento. Conformarse, no, pero tampoco menospreciar lo que se logra.
El día de ayer viví intensamente un partido que, aunque me dejó triste por el resultado e insatisfecho por lo logrado, me dejó contento y esperanzado a que cosas mejores pueden venir. Lo que noté en los jugadores mexicanos, la entrega que dieron, el valor que mostraron durante los 4 juegos que disputaron, me dejó muy contento. Nunca dudé que pudieran ganar. Me dan pena ajena y un poco de lástima todos los que apostaron en contra de México siendo mexicanos. Incluso después de que nos eliminaron del mundial, leer comentarios que dicen ‘ya sabíamos’, ‘siempre es lo mismo’, ‘jugamos como nunca y perdimos como siempre’ es lo que me hace pensar que en realidad nos falta mucho camino por recorrer; y no solamente en fútbol, sino en orgullo de nuestro país, en patriotismo. Sentirnos como se sienten muchos otros países. ¿Cuándo vas a saber de un inglés que apostó en contra de Inglaterra? ¿O a un argentino hablando pestes de su selección? ¿O a un alemán, o a un brasileño? Nos falta creer que podemos.
Ayer grité, me emocioné, y en realidad pensé que íbamos a ganar, porque podíamos ganar. Y también sufrí por la derrota de México; pero estoy orgulloso del buen juego que demostramos; orgulloso de que nos pusimos a la altura de una de las mejores (si acaso no es la mejor) selecciones de este mundial. Nos tuvieron miedo, los pusimos nerviosos. Es un paso. Es bueno. Tal vez si fuéramos más fieles a nuestra selección y demostráramos eso a los más jóvenes para que crezcan sin prejuicios, y sabiendo que podemos, tal vez en un futuro sí podamos ganarle a cualquier selección.

Yo estoy muy orgulloso de mi selección nacional de fútbol. Y sigo confiando en que podemos ganar, y en cada juego que vea voy a creer que vamos a ganar.






¡VIVA ESPAÑA!



Ahora sí, después de desahogar mis corajes por todo lo malo que pueda tener el fútbol, quiero felicitar enormemente a los españoles por su campeonato mundial. Qué emoción y qué envidia. España ha sido un país que en los últimos años ha tenido mucha presencia en el deporte internacional. Han tenido triunfos importantes en varios deportes: tenis, ciclismo, automovilismo, básquetbol y ahora futbol.

En los Juegos Olímpicos son realmente un ejemplo a seguir. Únicamente en los Juegos Olímpicos de 1900 y de 1928 España había ganado alguna medalla de oro, una en cada celebración. Para el año 1992 hasta México tenía ya 9 medallas de oro, cuando fueron las olimpiadas en Barcelona. En ese entonces España tenía 5 medallas de oro en total. Y a partir de ese año de 1992, que para mi gusto han sido de los mejores Juegos Olímpicos que se han visto (en cuestión de organización e innovación), España ha ganado al menos tres medallas de oro en cada una de las justas olímpicas. En 1992 ganaron 13 medallas de oro y otras nueve medallas más. Hasta ahora, España ha ganado 34 medallas de oro en los Juegos Olímpicos. ¡Qué ejemplo! Eso es saber meter buen dinero en donde se debe y haciendo las cosas bien.

A mí me da mucho gusto porque están demostrando que se puede superarse si se propone. Se sabía que en España se juega buen futbol, ya que tienen muchísimos campeones de la liga de campeones, pero nunca lo habían demostrado como país, en donde sus propios habitantes sobresalieran, y no por sus 'importados' en clubes. Pero ahora ya lo dejaron claro.

Me da gusto por ellos. A mis amigos españoles les mando un abrazo gigante, ¡cómo me gustaría estar allá!

¡Que viva España, joder!

El fúbol se queda atrás


Acaba de terminar el partido de la final de la copa del mundo. Ganó España. Les envío una felicitación a mis amigos españoles, Jordi, Pablo, Virginia, Nere y Ana. Enhorabuena. Méndigo pulpo tenía razón.

Ahora, después de toda felicitación, bien merecida, yo lo que quiero reclamar es la pésima actitud que tienen los dirigentes del futbol mundial, los jugadores y los árbitros. No recuerdo haber visto un mundial con tantas faltas de parte de los jugadores y con tantos errores de los árbitros. Desde el primer partido hasta el último. El fútbol para mi gusto está demostrando ser un deporte injusto, corrupto y primitivo.

Empezando con la actitud de los futbolistas que faulean sin deshonra en todo momento. Cuando el jugador oponente los venció, rebaso o fintó y quedan solos para hacer una buena jugada, el contrario no duda en faulearlo para evitar el ataque. Esto claramente queda penalizado, pero no hay penalización tan fuerte que pueda darle la ventaja de un gol que pudo haber metido el jugador. Sí, no se sabe si iba a meter gol o no, pero pregúntale al que cometió el faul por qué recurrió a eso, sin duda es porque tuvo mucho miedo de dejar al jugador solo contra el portero o alguna situación en la que fácilmente hubiera anotado un gol. Háganme el favor de contar cuantos fauls hay en un partido de futbol; y cuenten no solo los que marca el árbitro, vean bien como los futbolistas recurren al faul a cada oportunidad. El jugador uruguayo Luis Alberto Suarez detuvo el gol que le daba la victoria a Ghana ¡con las manos! Sí, le sacaron tarjeta roja y marcaron el penal, que falló el jugador ghanés, pero la pelota iba inevitablemente adentro de la portería, y esa trampa les quitó la victoria; lo peor es que al final del partido, que se decidió en penales, los jugadores uruguayos ¡levantan en hombros a Suarez! festejando su trampa por que les dio la el triunfo; vergüenza les debería de dar, ganar de esa manera. Hasta los brasileños fueron favorecidos al no haber sido marcadas dos manos clarísimas de Robinho que culminaron en gol, y que incluso el árbitro descaradamente comentó con el jugador después de la jugada. Así de descarada es la trampa en este juego. Después viene la otra parte de esa corrupción. No es solo que el futbolista fauls al contrincante, sino que los propios jugadores se dejan caer a cada oportunidad esperando que el árbitro marque un faul inexistente. O sea que no solo son los fauls que cometen los jugadores sino los que no cometen pero que finge y que hay veces que el árbitro cree (un claro ejemplo de esto sucedió justamente en este partido de la final, donde Iniesta pisó a un jugador holandés que quería quitarle el balón, pero Iniesta se dejó caer y parecía que lo hubieran pateado, y el faul fue marcado a favor de España). Tratar de engañar, o peor, engañar fingiendo un faul, que de por sí se cometen por montones, es una actitud totalmente antideportiva que no va para nada con el espíritu de competencia que se debe de tener en un torneo con tanta categoría como lo es la copa del mundo. Por si no fuera poco, los árbitros, sobre todo en este mundial, han estado dando una pésima actuación en los partidos. Ha habido errores garrafales que han influido fuertemente en el resultado de los partidos. A Inglaterra no le marcaron el gol del empate contra Alemania. A México le metieron un gol que había sido fuera de lugar indiscutiblemente, pero que el árbitro no marcó. A Italia no le marcaron un gol contra Eslovaquia donde un jugador paró el balón de entrar al fondo de la portería pero que tenia la rodilla adentro de marco, y fue ahí donde rebotó el balón. Hubo muchísimos fauls que no marcaron y que tuvieron lugar en jugada de gol. Sacaron tarjetas amarillas (más adelante hablaré de esto) en fauls no tan fuertes, y no la sacaron en otros fauls que ameritaban tarjeta roja.

No les echó la culpa totalmente a los árbitros, ya que es impensable que no puedan cometer errores; pero sí les echo la culpa a los dirigentes del fútbol mundial. Los acuso de corruptos e impertinentes al no querer incluir tecnología en un deporte que es de afición mundial y que crea tanta pasión. ¿Por qué no quieren utilizar las herramientas para hacer más justa la toma de decisiones? ¿Por qué se reúsan a revisar las jugadas para rectificar que el fallo del árbitro sea el correcto? No es de sorprenderse que el árbitro a veces no marque correctamente, ya que algunas jugadas incluso con la repetición de cámara lenta son muy dudosas, pero por qué se empeñan en dejar las cosas como están después de tan irrefutable evidencia de la carencia de justicia. A mí no me cabe en la cabeza otra razón que la de la corrupción del fútbol. Sin esas evidencias se puede controlar más los resultados de los partidos.

¿Cuántas veces más vamos a hablar de una 'mano de dios', que hasta parece que lo dicen con orgullo los argentinos? ¿Cuántas veces vamos a dudar de la real victoria del campeón del mundo? ¿Cuántas veces vamos a culpar la derrota a la nacionalidad del árbitro? La mayoría de los deportes mundiales recurre a la tecnología para minimizar la posibilidad de error en la marcación.

Lo que yo propondría, si pesara mi opinión dentro de este debate sería, en primer lugar, usar absolutamente toda la tecnología posible para detectar los errores humanos que se puedan cometer: le pondría el famoso chip al balón con el que se detecta si la pelota entró o no en la portería y usaría las repeticiones en cámara lenta con un equipo de árbitros que estuviera revisando únicamente eso y que apoyara al árbitro central en la toma de decisiones. Aparte de esto, cambiaría una regla: no sería decisión del árbitro si se saca una tarjeta amarilla o no, cada faul cometido sería acreedor a una tarjeta amarilla, dejando todavía a discreción del árbitro si amerita la tarjeta roja. Tal vez cambiaria de dos a tres el número de tarjetas amarillas que ameritan la expulsión, pero no creo que sea suficiente penalización el tiro libre para un faul que pueda terminar en gol. Si se exige el cumplimiento del reglamento con tal rigor, estoy seguro que bajaría en un importante porcentaje el número de fauls que se cometen en el partido, y se respetaría más este bello deporte del que todos los países son fanáticos.


Me da pena decir que creo que el futbol es un cochinero, que está lleno de jugadores con bajo espíritu deportista, y que con cada partido que se juegue sin intentar minimizar los errores arbitrales, se desprestigia más. Me quedo con un muy mal sabor de boca después de ver y analizar este mundial.