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Otra vez 40+1

Este año, de nuevo, llegué a leer 41 libros, como el año pasado. Discutible eso de 41 libros ya que lei varias novelas gráficas y estas son difíciles de contar. Siendo estrictos, fueron 46 libros: El árabe del futuro, de Riad Satouff, se divide en 6 partes, y cada una es un libro. Y Escapar, Historia de un rehén, de Guy Delisle es una novela gráfica con minima cantidad de texto y lo lei completo en menos de dos horas, contando un receso de botana. Las seis partes de El árabe del futuro los conté como un solo libro, y al libro de Guy Delisle le di valor de un libro compensando los otros 5 que ignoré.

En fin, 41 libros este año, y 41 años cumplidos también. Y como ya casi no escribo en este blog, por lo menos quiero dejar el post anual de libros leídos este año que más recomiendo.

Factfulness - Hans Rosling
Ensayo sobre una perspectiva diferente de la historia reciente de la población mundial y cómo hay evidencia de que hemos mejorado muchísimo desde hace 100 años a la fecha, sobre todo después de la segunda guerra mundial. Este libro me hizo cambiar mi forma de ver las cosas con respecto a la propaganda política (a favor y en contra del gobierno). En términos reales, hemos progresado mucho como civilización en cuanto a pobreza y salud respecta. No quiere decir que no debemos exigir esfuerzos por acabar con el hambre y la pobreza, sino que debemos reconocer el camino recorrido.

Klara y el Sol - Kazuo Ishiguro
No sé ni cómo describir este libro. Es de lo mejor que he leído, no solo en el año, sino en mi vida. Me gusto mucho la manera en que el autor usa al androide con inteligencia artificial como narrador y único punto de vista para la historia. Las ideas que percibe dan mucho para reflexionar sobre la misma naturaleza humana; en muchos aspectos me hacia pensar sobre el inicio de la conciencia, sobre todo por la manera en que el androide imprime divinidad a sucesos que no son sobrenaturales. También envuelve la relación entre personas y maquinas, entre amigos y familiares, pero sobre todo entre relaciones personales que nos son utiles y luego dejan  de serlo.
Esta novela tiene muchas capas para deshojar y fue la que me hizo interesarme más en novelas 'sci fi' con tintes filosóficos, que en algunos títulos de esta lista se verá reflejado.

El murmullo de las abejas - Sofía Segovia
Grata sorpresa me llevé con esta excelente novela de una regiomontana que se atrevió a escribir sobre nuestro estado y nuestra ciudad. La novela en sí se lleva a cabo en un pueblo cerca de Monterrey, pero todo el ambiente es muy norteño (del norte de México, claro), algo muy poco común en la literatura.
La historia es muy bonita y conmovedora. Es original, tal vez por ser muy apegada a la historia de la región. Es muy entretenida, tiene ritmo y fluye de manera muy agradable hasta llegar al climax y una conclusión que no decepciona.

Solaris - Stanislaw Lem
Segunda novela de ciencia ficción con grandes temas filosóficos. Escrita a principios de la década de los 60's, el autor examina la naturaleza humana usando replicas humanas creadas por un océano consciente que usa las memorias de humanos para fabricarlos. El autor explora qué tan humanos son estas réplicas abriendo interesantes debates filosóficos.

Twelve angry men - Reginald Rose
Clásico de 1950; nunca he visto la obra ni la película, pero el guion me encantó, sobre todo el inicio, en donde explican que en un juicio, son 12 personas en las que recae la responsabilidad de hacer justicia. Todo el sistema de leyes termina en un jurado que toma la última decisión, y que esas personas no deben tomar esa responsabilidad a la ligera, ya que la vida o la libertad de una persona dependen totalmente de su integridad.

One flew over the cuckoo's nest - Ken Kesey
Otro clásico del que no conocía absolutamente nada, y sin lugar a dudas merece la fama que tiene. La historia es muy bonita, y la profundidad de los personajes, antiheroes y villanos, hacen que el lector se interese completamente en lo que va a pasar.

Jerusalem - Guy Delisle
Muy educativa novela gráfica sobre la vida en Jerusalén. El autor describe objetivamente la situación en esa región que es hogar de multiples religiones y tradiciones que hacen imposible la paz entre los pueblos que ahí habitan, mientras que al mismo tiempo inspira respeto entre creencias que llaman hogar a esa tierra.

Pyongyang - Guy Delisle
Otro acierto de Guy Delisle que cuanta su estancia en Corea del Norte, explicando la vida en ese país y el gobierno teocrático que mantiene a la población controlada. La perspectiva objetiva de Guy Delisle aporta mucho al interés de esta lectura. 

El Arabe del Futuro (partes 1 - 6) - Riad Sattouf
Otra novela gráfica, esta de un autor francés que nos cuenta su vida desde que sus padres se conocen en los años 70's hasta la primavera árabe en 2011. Desde el primer libro la historia te engancha y quieres saber más. El final es muy bueno, y habiendo vivido esa época, se vuelve muy personal lo que nos cuenta Sattouf.

Frankenstein - Mary Shelley
Una de las primeras novelas de ciencia ficción que existen y no decepcionó en absoluto. Muy diferente a la idea de Frankenstein que yo tenía, y sobre todo una narrativa muy ágil que no aburre en ningún momento. Normalmente los clásicos antiguos no me gustan mucho por tener una manera diferente de narrar, pero este libro no es así. Sin duda lo volveré a leer para deshojar con más atención los temas que aborda. 

Confesiones - Kanae Minato
Por último una de las novelas que más me gustaron este año. Esta autora japonesa relata una historia intrigante que involucra a varios personajes y nos da el punto de vista de cada uno. Las decisiones que toman cada uno son dignas de discutirse en un salón de clases. A pesar de ser ficción, los personajes y las situaciones son muy aterrizadas en la realidad y hacen que esta novela nos deje pensando después de cerrar el libro. 


Esos son los libros que más me gustaron este año. Espero poder seguir leyendo esta misma cantidad o más el proximo año, y espero seguir encontrando tanta calidad en la lectura como lo hice este 2023. 
En Twitter (X) dejo una pequeña reseña de cada libro que leo, así como la calificación que les otorgo. 

Feliz 2024.

El reflejo en The Catcher in the Rye

Hace algunos años encontré en EBay una copia de la primera edición de The Catcher in the Rye de J.D. Salinger, de 1951, la compré de inmediato. Aparte de ser uno de mis libros favoritos, muy famoso desde que se publicó, se puede considerar un nuevo clásico. El personaje principal, Holden Caufiled, es reconocido por casi cualquier persona que sepa de literatura universal. Esa copia la guardo como un tesoro.

Leí la novela por primera vez en el 2010 sin esperar mucho. En ese entonces había comprado varios clásicos de la literatura para aumentar mi historial cultural. Uno identifica los clásicos más por lo que se dice de ellos que por lo que se conoce de primera mano, así que decidí arreglar eso e incluir de tanto en tanto un clásico en mi lista de lectura.

No resultó como yo esperaba, no por ser clásicos significa necesariamente que sean del gusto personal de todo mundo, aparte de que algunos eran muy antiguos y en la época en la que fueron escritos usaban estilos a los que yo no estaba acostumbrado, así que pronto me fui arrepintiendo de mi propio encargo y dejé de comprar ese genero. Pero me quedaban algunos, incluido The Catcher in the Rye, y eventualmente decidí darle una oportunidad.

Sabía muy poco de esta novela: el personaje principal era antihéroe, había sido a la vez uno de los libros más censurados y más asignados en escuelas de Estados Unidos, que era visto como un llamado a la rebelión, y que el asesino de John Lennon había leído algunos versos de esta novela en el momento del asesinato. Nada de eso aumentaba mi interés. Pero comencé a leer y no pude parar hasta terminarlo. Me gustó muchísimo; terminando fui a buscar ensayos que examinaran a profundidad la novela. Quería encontrar material que alargara mi experiencia con ese libro.


Lo que más me impresionaba era que la historia fuera tan sencilla: un muchacho recorre varios puntos de Nueva York después de ser expulsado de su escuela. El personaje principal, efectivamente un antihéroe, no solo era de lo más normal, sino que a veces se mostraba odioso, perdedor; incluso como un cretino. Pero al mismo tiempo, siendo también el narrador de la historia, vemos un lado comprensivo, autocritico y hasta altruista. En sí es un adolescente tan normal que cualquiera se puede identificar con su actitud.

Una ventaja mía, creo, es que tenía 27 años al momento de leerlo. Ya había pasado por esa etapa de inmadurez extrema (seguía sin madurar, claro), y pude evaluar mi comportamiento de ese entonces comparándolo con el de Holden Caufield. Tal vez si lo hubiera leído en prepa no me hubiera impactado tanto y hubiera negado tener algo que ver con ese personaje tan antipático. Pero con la distancia de la edad, mi experiencia fue de reconocimiento, aunque rechazo, de ese personaje si bien agrio, también incomprendido por la sociedad a la que pertenece.

Unos meses después, todavía en 2010, lo volví a leer. Quería saber si era tan bueno en una segunda leída, o había sido el factor sorpresa lo que le daba la ilusión de obra maestra. Pero mi gusto aumentó. Efectivamente era uno de las mejores novelas que había leído. Lo comentaba con quien estuviera dispuesto a escucharme y busqué mercancía relacionada con el título, algo que no me sucedía desde que le había agarrado cariño a El Principito. Años después encontré la edición original en EBay.

Después de 12 años de recomendárselo a quien me preguntara por un título qué leer, volví a tomar mi copia y lo leí por tercera ocasión el mes pasado. De nuevo disfruté la odisea del buen Holden, con la diferencia que en esta ocasión pude identificar por qué me gusta tanto esta novela.

No tiene qué ver con la rebeldía de Holden, con sus disparatadas ideas o con sus nobles intenciones. No son las citas citables que te hacen reflexionar, o la originalidad del relato. Lo que me atrae del libro es reconocerme en los sentimientos del personaje. No es la situación con lo que me identifico, sino la reacción del narrador. La repulsión que siente hacia algunos personajes (muchos) que le parecen hipócritas, o la perdida de interés por la chica que muestra interés por él. La frustración de sentirse estafado hasta romper en llanto, o el desconcierto cuando siente su privacidad violada por un adulto con intenciones dudosas. Durante toda la novela J.D. Salinger crea el ambiente justo para que sintamos lo que proyecta Holden. Su forma de ver el mundo puede ser absurda, tanto que cae en lo cómico, pero la manera en que se expresa de otras personas revela quién es por dentro, y creo que todos los que nos identificamos con el personaje, en algún momento de nuestras vidas (seguramente durante nuestra adolescencia), tuvimos esas sensaciones; quisimos ser importantes, evitar el ridículo, dejar todo e irnos a un lugar lejano donde nadie nos conociera para volver a empezar, creímos que no éramos falsos ni mojigatos aunque tal vez lo fuimos. Pero al final sabemos que teníamos buenas intenciones; que los errores que cometimos no fueron por mala voluntad. Simplemente éramos jóvenes inmaduros; más ecuánimes que otras personas, más tontos que muchas otras, pero al final tratando de descubrirnos.

Eso es lo que hallé en esta tercera visita a este apreciado libro. Pienso que por eso me costaba tanto explicar qué hacía tan especial a The Catcher in the Rye. Anteriormente, cuando me preguntaban, contestaba que eran los personajes y la manera en que el narrador se expresaba de ellos. Lo divertida que era la novela. El desenlace satisfactorio o la "redención" de Holden. Pero no era nada de eso. En realidad era la manera en que te hace caer en cuenta de quiénes fuimos; como ir excavando sin saber lo que encontrarías para luego encontrarte a ti mismo. Un espejo donde vi mis sentimientos. 




Magia mágica


En 2007 compré el DVD (no había BluRays todavía) de El Laberinto del Fauno, una de mis películas favoritas, y vi la versión con el comentario del director, Guillermo del Toro. En él habló de algo que me llamó la atención: en una escena, la protagonista de la historia huye de su padrastro, y en el laberinto, un muro de piedra se abre por sí solo para dejarla pasar al tiempo que se cierra de nuevo cuando llega su padrastro. En esa parte de la película Guillermo del Toro afirma que no hay una explicación para que eso sucediera fuera de la magia misma. En un mundo donde queremos que todo haga sentido y tenga una explicación, a veces nos olvidamos de disfrutar la fantasía.

Recientemente me enteré que J. K. Rolling, famosa escritora autora de Harry Potter, ha decidió explicar durante los últimos años las dudas que los fans tienen acerca del mundo de ficción de sus novelas. La obsesión es sorprendente; ha llegado a explicar como satisfacían los magos sus necesidades fisiológicas antes de que adoptaran los sanitarios en su vida cotidiana. Y las explicaciones obviamente no se limitan al universo de Harry Potter, en todas las sagas de ficción existen fans que quieren explicaciones a inconsistencias producto de circunstancias ajenas a la historia ficticia y piden respuestas a huecos en las tramas para las que los autores no tenían pensado profundizar.

Esto me lleva a reflexionar que a veces es válido y satisfactorio quedarnos con la explicación más simple: no hay explicación. Hay cosas que pasan “porque sí”. No es necesario saber absolutamente todos los mecanismos que hacen funcionar una historia de ficción, por la obvia razón que ese universo no existe. 

Aceptar algo imposible como posible no tiene nada de malo si entendemos que la ficción en sí es imposible. Por ejemplo, querer que James Bond reaccione como una persona normal cuando cae en un lago de agua congelada es desperdiciar el momento de disfrutar de una película. ¿Por qué querríamos que James Bond sufriera una hipotermia que lo dejaría inmovilizado por horas al menos, si eso arruinaría el clímax de la escena? Casi siempre se necesitan libertades literarias para escribir una buena historia. Incluso las películas basadas en hechos reales distorsionan un poco la verdad para hacerla más atractiva al público.

Hay una línea delgada y borrosa entre la ficción ridícula y la medida adecuada de fantasía en una historia que hace que las inconsistencias pasen a un segundo plano y no nos interese si se apega estrictamente a la realidad o no. Aprender a dejar la fantasía en el mundo fantástico ayuda a disfrutar más ese momento en que no vivimos en el mundo real.



quien sabe ver, ve más

Ir a ver una película al cine en estos tiempos es un volado. Hay tanta basura importada de Estados Unidos y de los grandes estudios, y tanta urgencia por hacer dinero con esas películas que sacrifican los elementos que realmente hacen que valga la pena pagar para ver una película. El problema es que las personas comunes y corrientes no podemos distinguir entre una buena historia y una mala porque los productores se enfocan en impresionar al espectador con costosos efectos visuales que inhiben el buen gusto del consumidor. Desde que somos chicos aprendemos a ver películas en la forma de caricaturas en carne y hueso. Generamos un gusto al ver efectos visuales o maquillajes impresionantes que solo podemos ver en los filmes, cuando en realidad el buen cine se enfoca primordialmente en la historia que nos narra y la manera en que nos la narra. Al perder enfoque en esos dos aspectos dejamos de notar los detalles que hacen que ver una película sea realmente una experiencia. 

Un comercial publicitario de una cadena de cines en México (muchos sabrán a cuál me refiero) que aparece antes de cada película, muestra una secuencia en la que aparecen referencias a muchas películas recreadas en la escena. Durante el movimiento de la cámara alcanzamos reconocer diferentes personajes o escenas de películas, pero solo si conocemos las películas. Aparecen alrededor de 30 referencias en el minuto y medio que dura el comercial, pero estoy seguro que mis papás no reconocerían ni 15; y el slogan del comercial dice “donde los que saben ver, ven más”. Esto es muy cierto, y no solo aplica al cine a donde vayamos a ver alguna película, sino en general. Tener conocimientos previos nos ayuda a apreciar mejor lo que observamos. 

El conocimiento es poder. Esta es una frase que nos alienta a educarnos. El conocimiento sobre algo nos ofrece alternativas para sacar provecho de situaciones que se puedan presentar, y también nos ayuda a disfrutar de las experiencias. Discernir entre buena música y mala música puede ser muy subjetivo si no sabemos nada sobre ritmo, armonía y melodía.  Lo mismo sucede con filmes, literatura, arquitectura, teatro, pintura, etc. Si no se tiene conocimiento, aunque sea básico, cualquier cosa que nos presenten nos puede impresionar, o también podemos quedarnos indiferentes ante una obra maestra. La diferencia entre un critico y un  aficionado es justamente el conocimiento que uno tiene sobre el otro. Al ir a un museo podemos pasar por alto un gran numero de obras maestras, porque no sabemos identificar lo que las hace especiales. Es solo cuando nos explican que nos damos cuenta lo valiosas que son. 

El conocimiento se puede obtener de dos maneras: por el estudio o por la experiencia. Es difícil que una persona promedio tenga el tiempo para estudiar cada tema que le interese, pero es por eso que es importante leer, informarse y buscar experimentar cuanto más se pueda acerca de aquello que disfrutamos. Incluso existen videos en youtube que intentan ayudarnos a ser más perceptivos del arte en diferentes versiones. Pero la experiencia ayuda mucho. Entre más películas vemos podemos comparar lo que nos gusta y lo que no de cada una, y es más fácil identificar cuando un trabajo es mejor que otro. La propia experiencia puede ayudarnos a discernir entre una buena película y una que no vale la pena volver a ver. Lo mismo pasa con los libros. Entre mas leemos, creamos un criterio para evaluar lo que nos gusta, y si encima leemos sobre lo que hace que una obra tenga elegancia y cautive a los lectores, podemos identificar este tipo de cualidades en los ejemplares que llegan a nosotros. Apreciar el arte únicamente se alcanza conociendo de arte; y aunque el arte es muy subjetivo, entre más conocemos mejor podemos explicar por qué nos gusta algo y otras cosas no. Ser experto en arte no es para todos, pero teniendo un mínimo de conocimiento podemos disfrutar mucho más lo que vemos cotidianamente.

La importancia de esta idea que me interesé en escribir radica en la calidad de productos que estamos recibiendo como consumidores. Vivimos en una época en la que los XV años de Rubi genera más ganancias a los medios que noticias sobre éxitos de jóvenes mexicanos en eventos mundiales. Películas de la talla de Pixels, que tiene pésimas reseñas de críticos y público en general, genera mucho más dinero que Birdman, una película en la que podemos apreciar muchísimo arte bien hecho. En nuestra realidad existe mucha ignorancia que limita nuestra capacidad de apreciación. Algo de lo que disfruto mucho es escuchar a alguien que me cuente temas sobre los que no sé tanto. Aprender nos ayuda a poner atención de nuestro alrededor.  Si podemos ver la belleza en las cosas, despertamos el interés en ellas. Entre más cultos somos, más apreciamos el mundo. Creo que esa es la mejor manera de incentivar a alguien a leer, a aprender, a conocer más.




 

Gris Monterrey

Cuando uno termina un proyecto que le ha costado tiempo y esfuerzo, es muy gratificante mostrarlo a los demás. Yo recuerdo cuando terminé mi primer proyecto constructivo que llevé a cabo totalmente independiente; verlo terminado fue un orgullo. Incluso cuando escribo en este blog, y la gente me dice que lo leyó y les gustó, es una satisfacción muy grande. Por eso me dio mucho gusto cuando mi amigo Efrén me llamó para decirme que iba a presentar su primer libro en la Feria Internacional del Libro de Monterrey y que me invitaba a esta presentación. Por su puesto que no iba a faltar, y estuve con él en Cintermex el primer día de la Feria del Libro de este año.

Efrén es amigo mío desde la primaria y me sorprendió cuando hace algunos años me dijo que se estaba dedicando a escribir. No recuerdo si él ya sabía que a mí me gusta escribir pero desde ese momento empezamos a platicar mucho acerca de literatura, redacción y el arte de contar historias. Cuando le pedí que me compartiera algo de lo que estuviera escribiendo me llevé una grata sorpresa. Me compartió un cuento (que esta incluido en el libro que acaba de publicar) que me atrapó de principio a fin. Es justamente el tipo de lecturas que me gusta leer: sin tratar al lector con condescendencia pueril, deja que el cuento se desarrolle con huecos que el lector llena sin darse cuenta. En realidad me gustaría tener esa calidad en las cosas que escribo y en los proyectos que tengo por escribir, porque es exactamente así como quiero que se lean mis textos y mis historias.

Hace algunos días terminé de leer este libro, titulado Gris Infierno. Libro que es una recopilación de cuentos que Efrén escribió durante varios años. Todos tratan de alguna manera de la ciudad de Monterrey, y hay que decir que son un retrato muy burdo de la ciudad. En cada historia puedes encontrar un rasgo que identifica una pequeña parte de lo que caracteriza a la urbe: desde la forma de vivir, los tabúes, las calles, hasta las tradiciones y las subculturas. Con una perspectiva de un matiz oscuro de la forma de vivir en Monterrey, los cuentos nos llevan a desconocer un poco lo que sabemos y lo que platicamos de la ciudad en la que vivimos.

Algunos cuentos son muy secos e indefinidos, y con esos tuve algunos problemas para adentrarme e interesarme en los sucesos, sin embargo en la mayoría, aunque son muy diferentes entre si, me llegue a sumergir en lo que estaban viviendo los personajes. Los finales son muy particulares; unos son una revelación de lo que estaba pasando durante la historia, en otros es solo la conclusión del cuento, y otros quedan muy abiertos. Mas es esa inconclusión lo que hace a estos cuentos muy interesantes, y, para mi gusto personal, es de lo mejor que tiene.

Este libro me agradó mucho. Es un libro con crudeza bien usada que no logra alejarte de la lectura. Estoy seguro que a mucha gente le va a gustar. 

Efrén acaba de ganar el premio de literatura de Nuevo León por una novela que todavía no ha sido publicada. Estoy seguro que es incluso mejor que los cuentos que leí, y ya no me puedo esperar a que salga en Diciembre. Al parecer tiene una carrera como escritor muy prometedora. Y yo me siento orgulloso de conocerlo desde que estaba escribiendo sus primeros cuentos.

Felicito de nuevo a mi amigo Efrén por este logro, y espero que siga escribiendo mucho durante los próximos años. Se necesitan escritores como él en la ciudad y en México.