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Fin de año y temas pendientes

Cada año me quedo con muchas ideas que me gustaría desarrollar en entradas de este blog y que por diferentes razones se quedan truncas. Es un poco frustrante, sobre todo cuando las ideas no maduran y se quedan en la lista de "notas por publicar ". Este año dejé pendientes varios temas por desarrollar: desde el consumismo desde un punto de vista catastrófico, pasando por villanos empáticos y cómo se traducen en personajes reales que gente admira a pesar de ser criminales, hasta observaciones sobre si pedir disculpas realmente importa hoy en día ya que tanta gente quiere ver hundidas a celebridades que se expresan incorrectamente a pesar de exigir (y recibir) disculpas de parte de ellos.

Pero al final lo que más mal sabor de boca me dejó fue dejar pendiente una entrada sobre una reflexión de la mini serie Chernobyl, de HBO. Después de ver esta extraordinaria producción medité mucho sobre las mentiras colectivas; la manera en que el Estado engaña al pueblo, y cómo al pueblo le gusta estar engañado. La falta de responsabilidad que esto implica, y las catástrofes que pueden llegar a ocurrir debido a eso.

Después de ver la serie leí dos libros sobre el tema y vi varios documentales en internet. La tragedia de Chernóbil fue un evento de mucha importancia. No solo evidenció la corrupción en la Unión Soviética, sino que expuso los riesgos de manejar una planta nuclear sin las debidas precauciones. Los relatos de las personas que vivieron ese accidente son tristes, conmovedores, admirables y trágicos. Hay mucho que aprender de ese episodio de la Historia; sobre todo porque con mucha preocupación veo que estamos repitiendo los mismos errores que llevaron a la implosión de esa economía.

La manera de torcer la realidad por parte de las autoridades soviéticas era inigualable. El modo de mantener dormidos a sus habitantes y oprimirlos de manera que se acostumbraran a no pensar y obedecer instrucciones siempre, era deprimente, y entre más estudio este fenómeno me causa más repugnancia. Ningún sistema político es perfecto; ningún país tiene un gobierno idóneo; pero la Unión Soviética, no tengo dudas, fue uno de los peores experimentos.

Hay mucho qué decir sobre esto. Tal vez debería haber escrito varias entradas para lograr desglosar los diferentes ángulos desde los que se puede explorar este tema. Lamentablemente varios de estos ángulos resultan en comparaciones con el actual gobierno que tenemos en México. En especifico la manera de ignorar la ciencia y a los expertos que son acusados de fatalistas o traidores, y el aborrecible método de culpar a otros de las fallas propias. 

No quería dejar terminar el año sin recomendar esta serie, este tema, estas reflexiones. El final de un año y el inicio del siguiente son buenos momentos para hacer pausas, ver hacia el pasado para evaluar, y hacia el futuro para planear.  

Este año que comienza en algunas horas será muy importante para mí, pase lo que pase. Tendré muchas situaciones qué reflexionar, y poco tiempo para hacerlo. Pero espero poder por lo menos darme un espacio, de vez en cuando, para escribir mis pensamientos, y dejar evidencia de lo que me parece digno de recordarse. 

Feliz 2020. 

Mi de vez en cuando. 10 Años


Hace 10 años empecé a escribir mi blog. Me di cuenta este mes. En 2009 leía algunos blogs de gente conocida, y decidí abrir uno personal donde pudiera compartir ideas que hasta ese entonces solo escribía en mi libreta y que eran solo mías. Aunque siguen siendo solo para mí, claro que me enorgullece compartir lo que escribo y recibir mensajes de personas que les gusta leerme. 

Lo que escribo son ideas que me parecen dignas de recordarse. Por eso me pareció interesante escribir lo que he aprendido en diez años y cómo he cambiado mi forma de escribir y de ver las cosas. 

Primero escribía para dar continuidad a "mi de vez en cuando" que es mi libreta donde escribía mis pensamientos. Mis primeros posts son ideas breves desarrolladas en algunos párrafos, justo como escribía en mi libreta. La dificultad que representa escribir con papel y lápiz me invitaba a escribir ideas concretas y no ensayos de muchos párrafos. Me entretuve durante un tiempo escribiendo así, ideas concisas y sin prisa por llenar una entrada; si caía una idea, la escribía, si no, me quedaba con mis propios pensamientos. 

Esto cambió cuando me entró la inquietud de escribir una novela. Ese proyecto consumía mi interés por la escritura y estancaba mis aspiraciones, no quería concentrarme en otra cosa, y junto con el trabajo, la lectura y mis otras actividades, no tenía tiempo para escribir nada más; pero tampoco avanzaba como quería. Entonces decidí escribir ensayos con los que pudiera practicar mi redacción y así no estar dependiendo del desarrollo de mi novela que no tenía muy claro si la iba a poder terminar. Así comencé a escribir sobre temas que surgían de las platicas del día a día: noticias que generaban polémica o que simplemente me parecía que merecían una explicación más amplia o diferentes puntos de vista desde dónde analizarse, reseñas de películas o libros, preguntas interesantes que me llegaban directamente o de rebote, situaciones personales, etc. Todo lo que ameritaba una reflexión se volvía interesante para mi blog. 

Siempre fui claro en que lo que quería lograr con este blog era simplemente desarrollar mis propias ideas del mundo. No intento otra cosa que dejar escrito lo que pienso. Si hay posts que parecen persuasivos no es porque quiera convencer a alguien más que a mí mismo. Es la manera que encontré de darme cuenta si lo que pienso es porque tengo razones para opinar así o porque estoy siendo influenciado por mis propios paradigmas, mi cultura o mi sociedad. Algunas veces he tenido que investigar temas que desconocía o que no tenía muy claros para poder formar una opinión o para constatar que las razones que exponía tenían fundamentos; más de una vez me llevé sorpresas al aprender que lo que yo creía estaba equivocado. Más de una vez dejé de escribir al darme cuenta que mi argumento no tenía sentido. 

Tampoco he podido escribir todo lo que quisiera. No son pocas las ideas que perdí en la almohada y que jamás logré incluir en mi blog. Y, frustrantemente, tengo más de 80 posts inconclusos que mantengo en una lista de "ideas para blog" en mi espacio de trabajo. Son ensayos truncos que no he logrado terminar o que perdieron relevancia entre el día que lo escribí y el día que debí publicarlos. Los mantengo ahí, porque siempre pienso que llegará el día en que madurarán lo suficiente para cambiar de espacio. Por lo menos algunos de ellos. Porque al final siguen siendo ideas que alguna vez me parecieron dignas de recordar. 

Al pasar el tiempo me propuse acanzar metas para no abandonar el blog. No es raro que me suceda que pierda el interés en algún proyecto por no darle seguimiento. Por eso, en su momento, me propuse escribir mínimo 2 veces al mes. No siempre he cumplido esta meta. Sobre todo si hablamos en sentido estricto. Desde que me lo propuse, en 2011, la mitad de los años he escrito 24 posts o más. Pero a veces no escribo ni siquiera un post al mes. En 2012 dejé de escribir durante 6 meses porque a mi mamá le detectaron cáncer de mama, y eso me mantuvo muy alejado de la redacción. Y el año pasado otra vez  escribí solo 17 posts, incluso menos que en 2012. No sé si al igual que en aquella ocasión, la tragedia familiar que vivimos el año pasado haya sido la razón de mi apatía para escribir. Pero hasta este post, tengo escritos 230 posts, en 10 años, lo que me da un promedio de 23 posts al año, o sea 1.91 posts por mes. No está tan mal, ¿cierto?

Aunque escribo sobre cualquier idea, los temas políticos abundan en mi blog, y sinceramente no estoy orgulloso de eso. A pesar de que he recibido comentarios positivos por mis ensayos sobre política, considero que los temas que más me gustan y que me parecen más interesantes son los que se enfocan en conocimiento, ya sea personal o científico. Me gusta enforcarme en temas positivos, o que invitan a cuestionarnos a nosotros mismos. Cuando hago introspecciones o análisis de temas históricos o culturales, siento que desarrollo mi mente mucho más que cuando hago criticas que a mi parecer son obvias y redundantes: un político no debe de robar, o mentir. ¿No debería de ser así desde un principio? Pero creo que esos temas políticos no solo son un análisis de la situación que vivimos, sino una manera de dejar control sobre lo que sucede. Los políticos desgraciadamente hacen carrera de vivir del dinero del pueblo, y es interesante evaluarlos a través de los años. Dejar registro de lo que dicen o hacen, ayuda mucho para exhibirlos en el futuro. Pero ciertamente es agobiante escribir tanto sobre López Obrador, particularmente (algo parecido a lo que sucede en Estados Unidos con Trump; es imposible no hablar de él).

Pero lo bueno es que no han faltado ideas sobre las cuales escribir. Libros, películas y sobre todo la vida, me dan mucho material para desarrollar mis pensamientos y escribirlos en este espacio, invitando siempre a la reflexión, a abrir la mente. Las pláticas se vuelven más interesantes cuando puedo compartir una idea a la que le dediqué tiempo para analizarla. Los conceptos se vuelven más claros, los recuerdos, más vívidos. Los sentimientos, más nítidos. 

Me queda mucho por escribir, y espero nunca dejar de hacerlo. Siento todavía una barrera que necesito romper para sentirme satisfecho con la calidad, cantidad y variedad de mis ensayos. Y no pierdo la esperanza en que algún día llegue a sorprenderme a mí mismo.



El cuento en el cuento



Una de las habilidades que más admiro del famoso escritor Stephen King es la facilidad con la que te cuenta historias cortas que te dejan interesado en detalles simples. No es fácil contar historias que entretengan a la gente. Menos fácil es contar cuentos que, con tan pocos personajes y tan pocos eventos, logres que el lector entienda lo que sucede y el trasfondo y aparte se identifique con las situaciones o las personalidades que le muestran. 

En todos los libros de Stephen King que he leído, incluye pequeñas historias que te muestran alguna detalle de los personajes que hacen que los conozcas más. Ya sea como algún recuerdo o anécdota, o simplemente un hecho paralelo a la historia principal que descubre alguna capa del personaje y lo hace más humano, y lo acerca más a nosotros. 

En este aspecto no hay narración de este autor que me asombre más que The Body, novela corta incluida en el libro Different Seasons del año 1982. Este relato es muy corto comparado con otros libros de Stephen King que los triplican o cuadruplican en longitud. En él nos cuenta la historia de un escritor que cuenta sus remembranzas de cuando era chico; él y sus tres amigos deciden embarcarse en una aventura: ir ver el cuerpo de un niño del pueblo que había desaparecido. Estos niños que son casi adolescentes ya, atraviesan una serie de eventos que cambian al protagonista y lo llevan a enamorarse de su vocación: ser escritor. El autor nos lleva recorriendo las personalidades de los cuatro muchachos, contándonos de sus familias, sus historias de fondo, y explicando con eventos cómo es la amistad de estos cuatro personajes, mientras nos lleva del punto A al punto B en una linea que es el camino hasta el lugar donde está este niño muerto para después explicar el desenlace de lo que sucedió con cada uno. Todo esto en solo 250 páginas. Pero no es la brevedad de la historia siendo tan compleja lo que me llama la atención, lo que más me asombra es que dentro de esta novela corta el autor incluye dos cuentos independientes del relato principal e independientes entre sí. O sea que dentro de las 250 paginas hay otros dos relatos de entre 12 y 17 paginas cada uno que desarrollan eventos y personajes nuevos. Y aun más impresionante, estos relatos son entretenidos y roban tu atención en las breves paginas que abarcan. 

Es un reto importante lograr incluir dos relatos dentro de una narración compleja que haga más rica la historia y que aumente la profundidad del personaje principal. Es una de las razones por las que admiro tanto a Stephen King, y una cualidad que daría lo que fuera por tener; porque contar historias es una manera muy interesante de exponer nuestras ideas, nuestras pasiones, nuestras frustraciones, nuestras derrotas y nuestras aspiraciones. Poder hacerlo con tan pocas paginas es un don. 


La novela corta The Body es uno de mis cuentos favoritos. Esta lleno de aventuras de amistad que se pueden analizar en varios niveles. Lo recomiendo mucho hoy que se cumplen 31 años de que se estrenó la versión cinematográfica de este relato con la película Stand by Me, dirigida por Rob Reiner. Como pasa mucho, no es mejor que el libro, pero también es recomendable. Y una de las diferencias contra la versión escrita es que en el cine quitaron uno de los relatos independientes, supongo que para acortar la duración. 




Fin de año, año nuevo y una reflexión

A principio de año iba a escribir una entrada que llevaría por titulo “El año que comienza” como segunda parte de la entrada que había escrito justo al terminar el año titulada “El año que termina”. En esa entrada, la que hice a finales del 2015, hacía un recuento de cosas importantes que sucedieron en ese año, para poder compararlos con el 2016; poner en perspectiva lo que nos sucede creo que ayuda a identificar cómo va cambiando nuestra vida a través del tiempo: los compromisos de cada año nuevo, los sucesos importantes que marcaron ese año en particular y lo que esperamos ver en los siguientes años. Al volver a leer nuestras perspectivas, podemos sorprendernos con lo que pensábamos en ese entonces, recordar cómo veíamos ciertas cosas o revivir experiencias que nos marcaron y cambiaron nuestra forma de entender el mundo. Pero volviendo al inicio del 2016, esa entrada, la del año nuevo, nunca la escribí, porque el 2 de enero de este año nos cayó una noticia que cimbró nuestra familia. Mi sobrina, que se había sentido mal los meses anteriores, tuvo una crisis mientras estaban en San Antonio, donde habían pasado el año nuevo. La llevaron al hospital y después de varias horas de espera, le comunicaron, a mi hermana y mi cuñado, la terrible noticia de que mi sobrina tenía un tumor maligno incurable e inoperable. Nos quedamos pasmados. No lo podíamos creer. Nunca parece que una tragedia como estas va a llegar a tu familia, y sin embargo, ahi estaba. Mi sobrina de 4 años (en ese momento) tenía, según los doctores, menos de un año de vida. 

Es curioso pensar cómo todos tus planes en ese momento pierden absolutamente toda relevancia. El dinero que gasté para ir a verla esa semana no importaron para nada. Los días de trabajo que pedí, los pendientes que dejé era lo que menos ocupaba mi cabeza. Fue como recibir un golpe en la cara que te deja aturdido durante unos instantes y que te inhibe la realidad que estas viviendo. Pero cuando te sacudes y vuelves a dirigir tu mirada hacia el frente te preguntas: ¿qué sigue? ¿Cómo llegamos a esto, y qué sigue?

Todos estábamos muy enojados con los hospitales mexicanos y con la medicina mexicana en general, porque ya había ido al hospital aquí en México en mas de dos ocasiones, y no le habían dado el diagnostico correcto. Estaban suponiendo que los síntomas que tenía estaban siendo causados por otro problema. Reprochábamos el hecho que tuvo que suceder una crisis en Estados Unidos para que el tumor fuera descubierto, y que de no haber estado allá, probablemente nunca hubiéramos sabido qué tenía hasta los últimos instantes. Pero después un amigo mío, que es medico, aquí en México me explicó cómo trabajan los médicos en México y en Estados Unidos y la razón por la que aquí en México no detectaron el tumor inmediatamente como sí sucedió en Estados Unidos. Existen dos enfoques para llegar a un diagnóstico: el enfoque europeo y el enfoque estadounidense. En el método europeo, el médico examina al paciente, observa los síntomas que tiene, identifica las causas más comunes de esos síntomas y los trata. Dependiendo de lo que el médico vea, decide si pedir estudios o no. Se tratan los síntomas y si el paciente se sigue sintiendo mal o cambian estos síntomas el médico descarta la causa más común y continua con la segunda causa más común para esos síntomas y así sucesivamente hasta que eventualmente trata el mal que aqueja al paciente. En Estados Unidos, cuando alguien llega al hospital con un malestar del que no se saben las causas, lo primero que hacen es realizar estudios del cuerpo completo, haciendo diversos análisis, realizando tomografías o resonancias para identificar de primera instancia qué puede estar ocasionando el malestar, sin suponer nada. Después se interpretan esos estudios, y se determina el problema. O sea que en el momento en que llegas con el doctor, este ya sabe exactamente qué tienes. Ya no te hace ni preguntas, solo te informa de tu situación y si se puede arreglar y cómo. Por eso en México no encontraban la razón real del problema: el tumor que afectaba a mi sobrina causaba síntomas que a simple vista nada tenían que ver con el problema real.

Pero ahora, para no descalificar ni satanizar al sistema mexicano de salud, tengo que reflexionar sobre la manera de trabajar en Estados Unidos contra lo que sucede en México. A mi sobrina la llevaron con 3 médicos diferentes en 3 ciudades diferentes de Estados Unidos. El diagnóstico fue el mismo: no hay nada que hacer, le queda menos de un año de vida, este tumor no tiene cura. Esto es porque en Estados Unidos, la medicina avanza a paso lento, pero seguro. Cuando descubren un mal, no se avientan a tratar de resolver cada caso individualmente, sino que toman a todos los pacientes con el mismo mal, y tratan de curarlos a todos de la misma manera, independientemente de que algunos pacientes mejoren o empeoren, tratan a todos de la misma manera hasta que se curan o se mueren. Si se mueren entonces descartan esa cura y continúan con otra, y vuelven a empezar, a tratar a todos los pacientes hasta que se curan o se mueren. Y así sucesivamente hasta que encuentran la causa que cura a todos o a la mayoría de los casos. Esto sin importar que haya pacientes que empeoren a pesar de que los demás estén mejorando. Tienen que continuar con el tratamiento experimental hasta el final, y esto es para poder realmente identificar si lo que se está utilizando está dando resultados o no, y tomar nota de absolutamente todos los casos y todos los resultados, sean los que sean. Si el tratamiento está todavía en fase experimental, no pierden recursos ni esfuerzo tratando de curar a pacientes individualmente, solo te dicen "lo siento mucho, este cáncer no es tratable".

Aquí en México, en cambio, les importa poco si se encuentra una cura general para el tumor. Contra todo pronóstico, mi sobrina fue sometida a diversas cirugías para intentar frenar el crecimiento del tumor y eventualmente disminuirlo hasta deshacerse de él. Pero el tratamiento es experimental. Le proporcionan diferentes medicamentos conforme avanza el tratamiento. Cuando se dan cuenta que no están teniendo resultados, cambian de medicamento. Incluso le han proporcionado otros tratamientos paralelamente, que al parecer han dado más y mejores resultados. Por consecuencia, no sabemos exactamente cuál ayuda más, o si es el resultado de los tratamientos combinados; y tienen que seguir utilizando todos los métodos por temor a quitarle el que en realidad la ayuda.

Para no extenderme mucho. Mi sobrina sigue viva. Y mejor aún, está mejorando. No solo sobrevivió al año que le dieron de expectativa, sino que está ganando la lucha contra el tumor que se creo en su cabecita. En México la están curando. En Estados Unidos la dieron por muerta. ¿Qué método es mejor? No estoy en posición de opinar. Yo lo que quiero es que mi sobrina siga con nosotros y siga viva, pero no solo eso, sino que se pueda desarrollar de manera normal. En México tenemos una muy real esperanza de que esto sucederá, y me duele pensar que si viviera en Estados Unidos, esta Navidad la hubiéramos pasado sin ella.

Esta desgracia ocupó buena parte de mi tiempo el año pasado. Estar con mi sobrina, apoyar a mi hermana y mi cuñado, estar al pendiente de todo lo que pasaba e incluso investigar por nuestra cuenta, a ver qué podíamos aprender del tumor para buscar opciones. Fue una experiencia muy fuerte que no nos ha dejado tranquilos todavía, pero que vamos superando poco a poco, y creo que es algo esencial que tenía que escribir para dejar registro de lo que pasamos y como lo sobrellevamos; porque no estamos exentos de que vuelva a suceder algo parecido.

Pensando en esto, recordé una anécdota de Sergio de Regules que compartió en su blog. Rescato esa anécdota para esta entrada porque me parece que muestra muy bien los beneficios de registrar eventos (aunque es un ejemplo totalmente diferente):

"...Norman Cole era experto en espejos de telescopio. Los espejos de telescopio se pulen a partir de un tejo de vidrio al que se le va quitando lo que le sobra para ser una parábola por la parte superior, un poco como esculpía Miguel Ángel: tomaba una piedra y le quitaba todo lo que no era la escultura. Los telescopios profesionales requieren espejos grandes -desde un metro hasta ocho de diámetro- y se pulen a partir de tejos muy pesados y frágiles pese a lo flexibles que son las pastillas de vidrio de esos tamaños. Hay que escoger muy bien el material con que se hacen: tiene que ser un vidrio muy especial y una de las características más buscadas es que no se rompa fácilmente.

Norman Cole estaba de visita en una fábrica de tejos de vidrio para espejos de telescopio (creo que Owens Illinois). En la fábrica tenían la costumbre de echar a la intemperie los tejos fallidos y dejar que las inclemencias del tiempo (y especialmente el vaivén del calor al intenso frío del invierno illinoisiano) los fueran fragmentando para luego recoger los pedazos y volverlos a usar en otra colada. Cole salió al solar de los tejos muertos y lo encontró sembrado de cadáveres vítreos. Pero había un tejo que no se había roto. "Tenía un error de composición y lo tiramos", le dijeron. "Pero no se ha roto", observó Cole. "No, no se ha roto", le dijeron. Entonces Cole volvió a decir con más énfasis: "¡Pero no se ha roto!"

Norman Cole pidió todos los registros de esa colada. "Y como allá no se ocultan los errores como en México, sino que se escriben...", me contó Pepe de la Herrán.

Se probó la composición que se había considerado errónea y dio espejos mucho más resistentes. Desde entonces y durante mucho tiempo se usó ese tipo de vidrio para fabricar espejos de telescopio."

La importancia de registrar eventos se evidencia en muchos ámbitos. Yo no soy un científico, pero escribir mis propias ideas me ha ayudado más de una vez, pasado el tiempo. Y este año quería dejar otra vez escrito parte de lo que sucedió que marcó mi vida.


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*Nota: Esta entrada la escribí el 30 de diciembre del 2016, pero al modificarla cambió la fecha al 5 de enero del 2017.


Propósitos del 2015

Como cada principio de año, este enero empiezo a ver los propósitos de personas que quieren mejorar algo en su vida o quitarse algún vicio. Quien haya visto la película de Volver al Futuro II estará muy ansioso de ver si este año podemos tener todo lo que imaginaron que iba a pasar justo en 2015, hace 30 años. Yo nunca hago propósitos de año nuevo. Una vez un amigo me pregunto por qué, y le dije que nunca me espero a que termine el año para comprometerme a hacer algo que sé que necesito hacer o a dejar de hacer algo que me perjudique; y que creo que si lo puedes hacer a principio de año, también lo puedes hacer al principio de la semana, o al siguiente día de cuando se te ocurrió. 

Puede sonar presuntuoso, pero la verdad es que me di cuenta que cuando cumplo algún propósito es porque no lo pienso demasiado, lo tomo en serio y me dedico a cumplirlo. Dejé de fumar por completo un día que me lo propuse. Empecé el programa de ejercicio Instanity al siguiente día de que mi hermana me lo propuso; y no paré hasta terminarlo. El año pasado empecé a hacer crossfit en febrero, cuando me di cuenta que me urgía hacer ejercicio. En fin, la verdad es que no recuerdo haber cumplido nunca algún propósito de año nuevo, cuando de joven los escribía (y siempre perdía el papel).

Pero igual que la tecnología en la película de Volver al Futuro II, muchas veces para hacer realidad algo se necesita visión (y tiempo, obviamente). No es difícil creer que la esta película inspiró a personas a inventar lo que veían. Es una manera de forzar que la película se cumpliera. Tenían ya la meta y querían hacerla realidad. Es lo mismo con los propósitos de año nuevo. Imaginar cómo nos queremos ver en un año ayuda a definirlos y hacer que sucedan.

Este año vi en Facebook una imagen de propósitos de lectura (publicado por Novelistik), y me dieron ganas de cumplirlo. Son solo 20 libros con diferentes características que escoges para leer durante el año. Se me antoja mucho ir tachando cada uno de los retos al cumplir la meta. Y por lo mismo, decidí hacer más propósitos para lograr un cambio tangente a un año de distancia.

Uno de esos propósitos es referente a este blog. Entré a ver algunos blogs, y me di cuenta que hace mas de dos años que no cambio la apariencia del mío. Por eso me voy a proponer actualizarlo y darle una imagen nueva. Ya me había propuesto escribir mínimo 24 entradas al año, pero como no siempre puedo cumplirlo, seguirá siendo esa mi meta.

Y en el trabajo, que siempre he batallado para hacer las cosas en excelente tiempo, forma y calidad, me propongo ser más eficiente mi tiempo (no distraerme y trabajar duro en horas de trabajo), y mejorar mi servicio de alguna manera.

Por lo tanto, mis propósitos quedan así:

1) Leer los 20 libros que propone Novelistik (más dos escritos por Sergio de Regules, que me escribió en el Facebook para poner presión).

2) Escribir en este blog mínimo 2 entradas al mes, o un total de 24 entradas en el año.

3) Cambiar la imagen del blog, incluyendo agregar una imagen interesante en el título.

4) Trabajar más eficientemente y dar mejores resultados a los clientes y a la empresa en la que trabajo.

No son muchos, sobre todo porque yo creo en que es mejor atacar ciertos puntos y no querer cambiar el mundo de la noche a la mañana. Pero espero poder escribir orgullosamente en enero del 2016 que cumplí todos estos propósitos, y que estoy listo para proponerme más.

Feliz 2015.

Guardar silencio muchas veces ayuda


Uno de los motivos por los que me gusta escribir es para dejar plasmados mis pensamientos y mis ideas en un “papel” y poder recordarlos, releerlos, repensarlos o desarrollarlos en un futuro. Es algo así como pasar las pláticas interesantes  de café a un documento que me permite organizar los puntos más importantes de esos temas y darles forma y estructura para poder verlos en perspectiva. Es una forma de análisis que me permite reconocer mi forma de pensar, mis valores, mis convicciones. Como ya lo he dicho antes, quien me lee, puede conocerme un poco: conocer mis gustos y saber cómo pienso.

Sin embargo, desde que empecé a escribir este blog, he tenido la cautela de dejar fuera algunos temas y opiniones de las que no es fácil expresarse. Por primera vez en mi vida siento una clase de censura por mis propias opiniones. Una autocensura por miedo a que todos sepan cómo pienso acerca de temas controversiales en los que no es fácil mostrar una postura a favor o en contra de algo o alguien. No es que quiera mantener contentos a los pocos lectores que tengo, sobre todo porque no vivo de esto. Simplemente no me gusta ofender  ni crear polémica con temas que pueden ser sensibles para mucha gente. No es lo mismo platicar con amigos o conocidos sobre algo, y dejarlo ahí, en la plática de sobremesa, que escribirlo y dejarlo plasmado para que quien sea lo pueda leer sin saber el porqué de cierta opinión. Cuando escribes algo, es difícil retractarse.

Otro motivo por lo que no publico todas las ideas que quisiera es por evitar dar una mala imagen de mí mismo; por ejemplo, el uso de malas palabras es algo muy normal en mí, sin embargo no lo hago todo el tiempo ni en cualquier lugar, las uso CASI todo el tiempo, pero me limito con mi familia y con mis clientes. Hablar de sexo, de borracheras con mis amigos, de situaciones incomodas en las que me he visto envuelto, son cosas sobre las que me gustaría escribir, sobre todo cuando hay algún aprendizaje en algún episodio, o cuando resulta divertido contar alguna anécdota, pero no es algo de lo que me gustaría que se enterara cualquiera que entre a este blog.

Pero creo que la razón más importante por la que no escribo todo lo que pienso es porque, para mí, escribir es dar una mera opinión educada. No pretendo convencer a nadie, ni informar, ni dejar un manual de cómo se deben hacer las cosas; por lo tanto no me gusta dejar una opinión por escrito cuando no tengo toda la información a la mano. No me gusta tomar partido sobre algún tema controvertido si no he leído diferentes fuentes de información sobre el tema. Si platico sobre algún libro, es porque lo leí. Si critico alguna declaración, es porque estoy consciente de la situación. Cuando me interesa algún tema sobre el que quiero hablar, busco fuentes confiables de donde pueda recoger información que me ayude a desarrollar una idea. Por lo tanto, escribir sobre algún tema del que no sé mucho, se me dificulta, porque siempre quiero poner mis ideas en contexto para evitar que se distorsione su sentido.

Y por último puedo decir que he aprendido algo de gente que no supo cuándo autocensurarse. Creer que todo lo que se piensa es lo suficientemente importante para dejarlo a la vista de todos cae en el egocentrismo. Cada cabeza es un mundo, y así como todos tenemos derecho a expresarnos, también todos tenemos derecho de ser respetados. Criticar a alguien o alguna situación puede verse como libertad de expresión, sin embargo, hay una línea muy delgada que divide a la libertad del libertinaje, y decir lo que sea de quien sea puede ser muy peligroso.

La autocensura existe en todos lados. No es solo el hecho de dejar de publicar algo por miedo a gobiernos totalitarios o represiones violentas; se debe también al público al que está dirigido lo que se trata de transmitir. El arte, la literatura, la música, los discursos. Todo puede ser sujeto a la autocensura cuando el autor decide que lo que crea puede no causar la impresión que busca.

Callar algunas ideas es un tipo de respeto hacia otros. Yo prefiero no herir sentimientos a satisfacer mi deseo pueril de criticar todo lo que me parece que esté mal. No quiere decir que no exprese mis opiniones en otros lugares y momentos, pero no aquí, donde poco se puede hacer una vez que dejas algo por escrito. Tal vez algún día publique esas ideas controversiales, y entonces tal vez me lleguen todos los mensajes de insultos y descalificaciones que estoy evitando por el momento (aunque ya me llegan a este blog), pero por el momento prefiero evitar temas como:

  • Religión y Dios
  • El holocausto y los judíos
  • Sexo premarital
  • Derechos humanos para delincuentes
  • Políticas de países poderosos
  • Manifestaciones en México
  • Sociedades conservadores

y por último, la razón que inspiró esta entrada

  • El 2 de Octubre (Tlatelolco)

Sentirse como turista



Justo leía, en un blog que frecuento, una entrada en la que la autora platicaba un poco su estado de ánimo. Un poco de no saber qué es lo que viene, ni estar contento con lo que uno hace o donde se está. Justo leía eso cuando en mi iPod empezó una canción que me gusta mucho: You are a tourist, de Dead Cab for Cutie. 

No sé si fue la canción, o el sentimiento similar que me está atacando estos últimos días, con todo lo malo que sucede en mi ciudad, en mi país. Pero me dieron muchas ganas de escribir de esto; acerca de cómo me siento ahorita. Estamos (yo y mucha gente) de luto por los eventos terroristas de los narcos hace algunos días, hablando siempre de la guerra contra la delincuencia organizada, del presidente, de la corrupción, de la crisis en Europa y en Estados Unidos, de las cosas malas, y yo con ganas de escribir algo positivo, de ver algo bueno, pero sin lograrlo. Hace mucho tiempo que no escribía en el blog, y cuando por fin pude concentrarme para armar una entrada, lo único sobre lo que podía escribir era sobre algo negativo. No estoy deprimido ni nada, y cuando platico con alguien de cualquier cosa que no tiene nada que ver con los temas que acabo de mencionar, se siente un alivio muy grande. Pero lo malo es que esas platicas y esos momentos son lo raro ahora. La mayor parte del día lo llevo estresado con el trabajo, con pendientes y con preocupación. 

¿Qué se hace cuando te sientes así? ¿Esperas a que se te pase? Eso es lo que yo hago normalmente. La canción de You are a tourist dice que hay que cambiar de aire, volver a empezar: cuando te sientes como un turista en la ciudad en que naciste, es tiempo de irse.  Y definir tu destino final, con tantos lugares a los que puedes llamar hogar. Porque cuando te ves como un villano en la historia que escribiste es fácil ver, que a veces las mejores intenciones necesitan ser rescatadas.

A mí me gusta releer mis libros favoritos. Escuchar música. Escribir. Y ahorita me dieron muchas muchas muchas ganas de escribir. Sin decir nada más que esto, lo que estoy escribiendo. Leer a Cy en su blog me hizo acordarme por qué escribo; como dije antes, escribo para mí, para desahogarme, porque no puedo no escribir. Es un alivio, una válvula de escape.

Y cuando pasa este momento, y estoy de vuelta en mi estado de ánimo favorito, contento, alegre, con entusiasmo, me gusta regresar y leer lo que escribí en estos momentos cuando uno no se siente del todo bien. Regresar y recordar que no siempre se está del todo feliz, por eso hay que aprovechar siempre y disfrutar al máximo cuando se está en una racha buena. Por que al final todo pasa, lo bueno y lo malo. Cuando se está de subida, hay que recordar esto para aprovechar al máximo el momento, y cuando se está de bajada, hay que recordar como le hicimos antes para sobrellevar estas etapas.

Y no les miento, sólo de escribir esto, me empiezo a sentir mejor.

Saludos, Cy. Te mando un abrazo cariñoso.

Mi de vez en cuando




Cuando tenía 17 años fui a estudiar a Irlanda siete meses. Estando allá llevé un diario por primera vez en mi vida; quería recordar todo mi viaje de estudios, y me funcionó muy bien. Me gusta recordar los momentos especiales, sobre todo las experiencias que me marcan, en las que aprendo.

Cuando regresé a Monterrey, en verano del año 2000, tuve que conectar mi vuelo en Paris y estuve esperando en el aeropuerto mucho tiempo, entonces decidí pasear por las tiendas. Había una tienda con puros accesorios de El Principito (mi libro favorito) y me quedé ahí un buen rato escogiendo qué comprar. Al final escogí solo una libreta de pasta dura que en la portada tenia un dibujo de El Principito, y decidí que ahí iba a escribir mi diario de ahora en adelante. Ese mismo día escribí que estaba en el aeropuerto a punto de abordar un avión que me llevaría de regreso a mi continente, y luego a mi país, después de siete meses de estar fuera. Pensé que era una buena manera de empezar mi diario.

Cuando llegué a Monterrey me di cuenta que no era lo mismo escribir lo que pasaba en casa a lo que pasaba en Irlanda, que todos los días había algo que contar. Me di cuenta que mi diario sería aburrido si escribía, valga la redundancia, diario. Y aparte cuando quisiera releer mis anécdotas, serian tantas las hojas escritas que no encontraría una en especifico (eso sucedió con mi diario de Irlanda). Por lo tanto, me propuse sólo escribir ideas o aprendizajes importantes. Escribiría mi forma de pensar, y algunas anécdotas que me marcaran, para poder tener registro de los eventos que me hacen pensar como pienso.

Por esa razón no escribiría todos los días. Y si no escribía todos los días, no podía llamar diario a mi libreta. O más bien no lo quería llamar diario, ya que no hacía honor a su nombre. Pero ¿qué nombre ponerle a una libreta? Nunca me ha gustado personificar objetos llamándolos por un nombre humano. No me gusta llamar a mi carro “Beto” o a mi laptop “Robotina”. Mi carro es mi carro y mi lap top es mi lap top (aunque mis amigos llaman a mi camioneta “la Raviosa” por ser una Rav-4; ese nombre sí lo tolero). Por un momento pensé en llamar a mi libreta simplemente “mi libreta del Principito”, y describirla como la libreta en la que escribo de vez en cuando; y fue ahí donde escogí el nombre para mi libreta: “de vez en cuando”.

Desde entonces cuando le explico a la gente que me gusta escribir, me refiero a mi libretita de notas como mi “de vez en cuando”. Me preguntan que porque la llamo así, y yo explico: bueno, hay gente tiene un diario, y escribe en él a diario, pero yo no, yo escribo de vez en cuando, por lo tanto es mi “de vez en cuando”.

Y es eso, lo que escribo en mi de vez en cuando, lo que estaré escribiendo aquí. Son sólo pensamientos míos (algunos no son tan originales) que me gusta recordar. Los temas son variados, y pueden no interesarle a mucha gente. La verdad es que esto lo hago para mí. Si a alguien le gusta, qué bueno, es una satisfacción también, pero no espero nada con esto.

Espero que quien lo lea pueda identificarse en algo, y ojalá dejen comentarios para decirme si les gusta o no, o qué le falta o qué le sobra. Y así como en mi libreta de El Principito, sólo estaré escribiendo aquí de vez en cuando.