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lógica de la felicidad



Fuimos concebidos en un relámpago de placer... no hay razón por la que alguien no deba ser feliz.





(No lo escribí yo pero no puedo encontrar quién lo dijo ni dónde lo leí.)

Hoy me acordé que la vida es corta


Hace mucho que no escribo, y me rehuso a escribir sobre las elecciones en mi blog. Ya bastante corajes hago con el facebook, para venir a llenar mi espacio personal con más criticas que no escuchan quienes nos gobiernan.

Hoy me acordé que la vida es corta. Y me acordé de un cortometraje que me gustó muchísimo y lo quiero compartir. Me gusta acordarme que estamos aquí por un instante; como dice la canción: "si la vida se sostiene por instantes, y un instante es el momento de existir, y si tu vida es otro instante no comprendo, tantos siglos, tantos mundos, tanto espacio... y coincidir". Yo no sé qué va a pasar mañana, pero hoy estoy aquí, con mis amigos, con mi familia, pero primeramente conmigo. Voy a hacer lo que me gusta, lo que me hace feliz y aprovechar cada minuto (cada segundo) para lograr lo que quiero. Hace poco me di cuenta que lo que soy hoy es muy diferente de lo que pensaba años atrás; hay algunas cosas y objetivos en mi vida que quiero y no tengo, o no he cumplido; y me propuse fijarlos como metas para alcanzarlos. Este cortometraje me recordó lo que sucede muy a menudo cuando te propones algo, que la mayoría de lo que te propones lo logras con tu esfuerzo, pero otras cosas te llegan por azar. Tal vez por eso la gente cree en el destino, en Dios, y en las coincidencias. Es bonito creer eso, pero independientemente de que sean reales o no, nunca hay que dejar de ser felices, incluso si cuanto esperamos no nos llega. Leí también hace poco una frase que me gustó mucho: 'si no eres feliz con lo que tienes, no vas a ser feliz con lo que no tienes'. No es conformismo, es optimismo, es disfrutar tu vida, y no tomarse todo tan en serio.

Ánimo.


Que nadie se aleje de ti sin ser mejor y más feliz

A veces no nos damos cuenta de que lo que decimos puede tener un impacto en otras personas. Puede ser un impacto positivo o negativo. Mi sobrina de dos años repite absolutamente todo lo que escucha; mi hermana le gritó 'estúpido' a un conductor cuando iba manejando en la calle, y mi sobrina inmediatamente lo repitió. Mi hermana se asustó y enseguida intentó enmendar su error. Con esto solo quiero dar un ejemplo de lo negativo que puede causar nuestros comentarios, si los decimos sin pensar. Pero prefiero enfocarme más en lo positivo.

La gente que nos rodea pone atención a lo que hacemos y decimos. Esto también aplica a uno mismo. Muchas veces me sorprendo por algún comentario que no esperaba escuchar de tal o cual persona, y me cambia la manera de pensar sobre ella. Pero pocas veces me entero de lo que yo he dicho y que tiene un impacto en alguien más. Hace algunos años fui de viaje con unos amigos a una playa; éramos ocho amigos pero yo solo conocía a 5 de ellos: cuatro eran de mis amigos con los que siempre me junto, y uno más lo conocía porque yo había sido su coach algunos años atrás, y ahora ya tenía edad para juntarse con nosotros y por coincidencias se empezó a juntar mucho con mis amigos. Estábamos todos en el departamento que rentamos y se me ocurrió hacer un comentario que a mucha gente le podría dar pena hacer, pero a mí hasta cierto punto me gusta hacerlos: les dije " cabr...es, los quiero un ching... a todos, bueno menos a ustedes dos (mencionando a los dos que no conocía) y solo los excluyo porque no los conozco". No pensé mucho en eso que dije, la verdad, pero mi amigo, del que había sido coach, me dijo algunos días después que le dio gusto escuchar que no lo había excluido de la gente que dije que quería mucho. Me dijo que me apreciaba mucho y me agradecía por tratarlo como un amigo a pesar de ser yo más grande que él y sobre todo a pesar de que yo había sido su coach años atrás. Sentí un poco de orgullo cuando mi amigo me dijo eso. Me sentí bien de haber hecho mi comentario, porque no mucha gente dice esas cosas, pero por alguna razón yo no reparo en eso; me dan ganas de decir cosas así, y las digo. Tengo que admitir que a raíz de eso, ese amigo en particular y yo nos hicimos más unidos.

Otra anécdota que recuerdo es una vez que llegué a la universidad. Siempre llegaba al lugar donde nos reuníamos, mis amigos y yo, y saludaba a todos en voz alta, les decía "buenos días" y les preguntaba cómo estaban, pero no solo lo decía sino que esperaba a que contestaran. Un día llegué a la universidad y sin razón aluna llegué sin sonreír y sin mi enjundia típica, pero un amigo mío me vio caminando hacía las bancas donde nos juntábamos y me saludo como yo los saludaba a todos. Me dijo "buenos días", me dio la mano y un abrazo, me preguntó que cómo estaba, y me dijo que a él le gustaba mucho mi manera alegre de saludar. No les miento que en ese momento entendí por qué la gente sonreía cuando llegaba yo gritando. Se siente muy bien que alguien te salude así. Esa alegría, con la que mi amigo me recibió, se contagia. Me puso de buen humor. No estaba ni triste ni alegre, simplemente estaba serio, normal; pero qué bonito se sintió pasar de ese estado de ánimo "x" al alegre. Y me dieron ganas de seguir siempre saludando a la gente así como lo hacía.

La última vez que me enteré que a alguien le había causado yo una impresión por algo que dije, fue este fin de año que acaba de pasar. Fui al antro (en mi ciudad llamamos "antro" a una disco normal, no es un bar de mala muerte ni nada por el estilo) a pasar el año nuevo con mis amigos y mi novia. Me encontré a una amiga que ya no frecuento mucho pero que hemos llegado a ser muy buenos amigos. Le dije que ya tenía novia porque ella sólo sabía que estaba saliendo con alguien, pero no que lo había formalizado. Ya era tarde, pero hubo un momento en el que ella me abrazó y me dijo que me quería mucho. Me dijo que le daba mucho gusto que yo hubiera encontrado alguien que me quisiera. Ya cuando me dicen eso yo me siento muy elogiado. Pero no paró ahí. Con ella yo me fui de misiones alguna vez, hace varios años, y esa noche del 31 (o madrugada del 1°) me dijo que se había ido de misiones hacía poco, y que cuando salió a las visitas se acordó de la canción que yo cantaba cuando salíamos juntos a hacer visitas (la de "On my way" de Phil Collins). Eso que me dijo me lleno de alegría. Ya ni siquiera me acordaba que yo cantaba esa canción cada mañana, cuando salíamos a visitar a la gente del pueblo. Me recordó aquellas caminatas que teníamos que hacer, y todo lo que platicábamos. La verdad me siento muy contento de saber que hay gente que vive los momentos igual que yo, con alegría, poniendo atención a lo que está pasando enfrente de sí. Que se preocupa por disfrutar su vida y escoge los recuerdos con los que se quiere quedar, porque le parece importante saber lo bueno que tiene este mundo.

Yo me considero uno de ellos. A mí me gusta apreciar a la gente. Me gusta disfrutar de las conversaciones con amigos. Si algo me llena de alegría, trato de repetirlo cuantas veces pueda. No me conformo con saber que estoy vivo, sino que quiero siempre abrazar la vida y comprobar que estoy viviendo el mejor momento de ella.


Saludos a quien me haga el honor de leer estas líneas. Les deseo que el 2010 esté lleno de éxito, y que lo disfruten al máximo.


Si miras bien, siempre hay luz.


En la televisión vi, hace algunos años, un comercial de Coca-Cola en el que salía un muchacho comprando uno de estos refrescos en una maquina de bebidas y por algún problema se iba la luz en todo el edificio. Mostraban algunos eventos que fueron resultado de este incidente; del único que me acuerdo era el de una pareja que se quedaba encerrada en un elevador y empezaba a besarse, pero el punto era que mostraban cómo la gente aprovechaba la situación para su beneficio. El slogan al final del anuncio era "si miras bien, siempre hay luz".

Desde la primera vez que lo vi, siempre me quedé pensando en el excelente mensaje que mostraba la publicidad. Cada vez que sucede algo malo (o aún en los buenos tiempos), siempre hay dos maneras de ver las cosas: de manera positiva o negativa; y la manera de ver las cosas afecta mucho nuestro estado de ánimo y nuestras decisiones (aunque muchas veces pienso que es nuestro estado de ánimo lo que nos lleva a ver las cosas de manera diferente y a tomar tal o cual decisión). Algo de lo que sí estoy seguro es que siendo, o tratando de ser, positivos en cada momento nos lleva a ser más felices y a generar oportunidades que nos ayuden para nuestro bienestar.

Recuerdo una muy buena amiga a la que alguna vez le mencioné que era muy bueno ser positivo. Ella me decía que era negativa en la manera de ver las cosas, pero que así era ella, y que aunque a veces sus amigas le reprochaban eso, ella seguía siendo así y hasta prefería ser así. Decía que no le gustaba el sentimiento de estar entusiasmada y que luego le tumbaran sus planes. Entonces mejor se esperaba lo peor y así muchas veces le daban una grata sorpresa o al fin no le afectaba mucho lo que sucediera porque ya se lo esperaba. A mí de verdad me sorprendía (y me sorprende aún) como era posible que gente pensara de esa manera. Traté de hacerle ver de diferentes maneras que es mucho mejor ser positivo, pero ella seguía firme. Se me ocurrió una metáfora muy tonta, le dije: eso que me dices es como si prefirieras comer pura comida que sepa muy mal, para así evitar tener un mal momento en el caso de que algún día llegaras a comer algo que no te gustara, porque como quiera ya estarías acostumbrada, en vez de comer siempre comida rica y "sufrir" en el momento que te den de comer algo desagradable. En ese momento mi amiga se empezó a reír, y reflexionó un poco. Después me dijo, pues sí, tienes razón, es mejor ser positivo y ver las cosas con buena cara, pero la verdad es que no creo que pueda cambiar. Yo en ese instante me reí muchísimo. Le dije que en verdad no tenía remedio. Ella se dio cuenta inmediatamente de su postura, se rió también y luego dijo, ok déjame decirlo otra vez: sí es cierto que es mejor ser positivo, y voy a intentar ser asi de ahora en adelante. Bueno, pensé yo, ese es el primer paso.

En la copa mundial de fútbol del 2006 México jugó contra Argentina en octavos de final. Perdimos 2-1 en tiempos extra. Todos estábamos muy tristes, sobretodo porque íbamos ganando 1 por 0 en algún momento del partido. Pero a mí no me molestaba tanto el haber perdido, sino los comentarios de amigos y conocidos míos, desde días antes de que se jugara el partido, de que era obvio que íbamos a perder. Yo no soporto a la gente que piensa así. Les decía que por lo menos tuvieran la esperanza, que hay que tener un poquito de fe y llegar con ánimos a ver el juego. La mayoría de la gente me decía que no fuera iluso. Pero lo peor que escuché (y no fue sólo una persona, sino tres o cuatro) que dijeran fue "hay que ser realistas". ¡¿Cómo?! No lo podía creer. ¿Ser realistas? ¡Pero si el juego todavía no se jugaba! Podrían decir que Argentina tenía un mejor equipo (y yo aún eso lo dudaría) o que era difícil ganar, eso sí sería ser realista, pero decir que íbamos a perder, ¿cómo podía ser eso realista? ¿Cuántas veces se ha visto que en un partido gana el equipo con menos posibilidades de ganar? La realidad es algo que es un hecho, y no era un hecho que íbamos a perder. Es un hecho hoy, pero no entonces (antes de que se jugara el partido).

¿Por qué somos así los mexicanos? Siento que tenemos un complejo de inferioridad muy pronunciado que no nos deja creer que podemos hacer muchas cosas de las que somos capaces. No hablo de ser positivo en le sentido de estar siempre riendo, o tomar los problemas a la ligera o de tomar las tragedias como si fueran comedias. Hablo simplemente de ver el futuro con más ánimo, sobre todo cuando no sabemos qué puede pasar. Hablo de ser optimistas, no dejar de intentar algo por pensar que es difícil realizarlo. Siempre estoy discutiendo con esas personas que les gusta decir que las cosas van a salir mal. Lo peor es que se burlan de uno cuando sí salen mal. Yo me defiendo diciendo que por lo menos no estuve lamentándome antes de que el evento sucediera, y que para ellos nunca estuvo la posibilidad de algo bueno. Les digo y les repito que el miedo atrae lo malo. Que no es solo ser positivo para tener fe e ilusión, sino porque en verdad ser negativo afecta el ánimo, y el alma. Pero obviamente la mentalidad de esas personas no la logro cambiar.

Cuánta gente creyó que Michael Phelps no iba a poder ganar las 8 medallas que se propuso a ganar. Él mismo lo dice en su libro: aquellos que dudan me están ayudando, porque más me esfuerzo en demostrar que sí puedo. Creer que uno mismo no logrará algo puede ser causa del realismo del que hablaba la gente que mencioné más arriba, pero pensar que alguien más no podrá realizar algo sólo porque nosotros mismos no podemos o porque nadie antes lo ha hecho, eso lo catalogo mucho más bajo. Cuántas historias hay de gente que logra hazañas llamadas, erróneamente, imposibles. ¿Por qué no podemos ser nosotros más optimistas y creer que sí es posible aquello que deseamos? ¿Por qué nos cuesta tanto trabajo tener fe en que puedan salir nuestros proyectos y nuestros deseos como queremos? Yo creo que si pensáramos más en que algo bueno puede suceder, en vez de las en posibles razones por las que aquello no pudiera suceder (mas las razones inexistentes que nos inventamos), podríamos no solo lograr muchas más cosas sino vivir la vida mas a gusto.


Hay tantas frases que me gustan con respecto a este tema, que no sabría con cuál terminar: "como no sabían que era imposible, lo hicieron", "no te des por vencido, ni aun vencido", "no hay peor lucha que la que no se hace", "si lo intentas, puede que fracases, si no lo intentas ya fracasaste". Me quedo con una frase que escuché alguna vez: cuesta exactamente lo mismo ser optimista que ser pesimista.


Mi deseo desperdiciado


“Ten cuidado con lo que deseas” dicen por ahí. “Hay más lágrimas derramadas por los deseos cumplidos que por los no cumplidos”. Creo que tienen razón.

Hay muchas historias donde el poder de hacer cambiar la realidad a voluntad sólo trae problemas. Y eso es porque no podemos ver más allá de nosotros. Sólo queremos cambiar a nuestro antojo y beneficio algo que no nos parece para hacernos la vida más fácil. Pero se nos olvida que existe un balance, y se nos olvida que existen consecuencias para cada acto. No se puede obtener todo sin un costo, y para que alguien se beneficie sin nada de esfuerzo, alguien más tiene que ser perjudicado. No somos capaces de ver que lo que tanto queremos puede afectarnos.

El ejemplo de este tipo de relatos que más recuerdo es una donde un genio concedía, como siempre, tres deseos. Hay tres personajes dentro de la historia a los que el genio les concede lo que deseen. Los personajes terminaban desperdiciando sus oportunidades, y dos de ellos morían por los deseos concedidos. El último de los tres se da cuenta que las personas fallan en sus intentos porque son muy egoístas. Concluye que para no afectarse a sí mismo, lo que tiene que hacer el usar sus deseos para beneficiar a los demás. Por lo tanto para su primer su primer deseo pide que haya paz en la Tierra, y el genio desaparece a todos los humanos del planeta. El hombre se enoja, ya que él no quería eso, pero el genio le contesta que no fue especifico, y por lo tanto el segundo deseo del personaje es no haber realizado el primer deseo.

Para su último deseo comienza a escribir una lista para que no se le pase ningún detalle y poder realizar el deseo perfecto y que toda la humanidad se beneficie. Se decía a sí mismo: si soy cuidadoso podría acabar con las guerras, el hambre en el mundo, el sufrimiento y lograría un mundo mejor.

Al contarle la situación a su compañera, esta no  se muestra escéptica, pero él insiste insiste en que su deseo mejorara el mundo y acabará con los males. Al ver su cara de desaprobación le pregunta cuál es el problema, y ella le contesta que tal vez sea ese el propósito de nuestras vidas aquí en la Tierra, que tal vez eso que quiere es algo que debemos de alcanzar nosotros mismos, y no algo que pueda alguien arreglar por arte de magia. El hombre reflexiona sobre eso y al final decide no hacer su deseo.


Después de meditar mucho tiempo esta historia, me puse a imaginar qué pediría yo si tuviera tres deseos. Pensando en fama, dinero, trabajo, amor, bienestar, etc., también pensaba en los errores que pudiera cometer deseando cada una de esas cosas y las consecuencias que traerían. Supuse que muy probablemente mi primer deseo saldría muy mal y tendría que utilizar mi segundo deseo para enmendar el primero, por lo que sólo me quedaría un deseo. Medité y medité qué podría pedir yo sin afectarme a mí mismo o a los demás, y llegué a la conclusión de que únicamente había un deseo que pudiera realizar y aún así lograr eso: ser feliz.

Por lo tanto decidí que si sólo tuviera un deseo, mi deseo sería ser feliz. Esa respuesta me satisfizo y quedé muy contento con mi decisión. Apenas pensé en aquello y se dibujo una sonrisa en mi cara. No, no era mi deseo volviéndose realidad. Simplemente me di cuenta que acababa de desperdiciar mi deseo, igual que todas las personas de los cuentos. Desperdicié mi deseo porque me di cuenta que ya soy feliz, sin necesidad de un genio. Y la prueba de eso es que, si pudiera, no cambiaría nada en mi vida.