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La nieve por un dia


Pasa cada ocho o nueve años. Nieva un día, amanece todo blanco. Sacamos nuestras ropas más calientes, las que nunca usamos en Monterrey, y salimos al lugar donde haya más nieve. Chipinque era nuestro lugar favorito de niños.

No vas a la escuela, juegas todo el día con la nieve, y luego, al día siguiente solo queda un poco de blanco en las montañas. Sobre alguno que otro techo se ve un poco de hielo, pero ya no hay nada con qué jugar. En el periódico aparecen las notas que nos avisan lo que acabamos de ver todos. Y un día después es como si nunca hubiera nevado; tienes que esperar otros ocho o nueve años para que vuelva a suceder. 

Por eso somos la burla de otros cuando salimos a tomar fotos en la nieve. Pero cuando algo sucede tan infrecuentemente, es obvio. De chico, si no sales de Monterrey a vacacionar en invierno, has visto nevar dos veces máximo antes de cumplir quince años.

Es bonito que nieve solo por un día. Nos divertimos, la aprovechamos y la extrañamos inmediatamente. Van marcando tu vida: todos nos acordamos qué hicimos los días que nevó en Monterrey. (En cambio es imposible recordar todos los días que estamos a 40 grados, sea primavera, verano u otoño).

Ayer nevó en Monterrey. Hoy ya no hay nieve ni en las montañas. Y a esperar ocho años. Tal vez nueve. 




Se callaron muchas bocas

 Desde hace varios años, cada vez que había la posibilidad de que Tigres y Rayados disputaran una final, las pláticas de sobremesa se enfocaban en el peligro de que esto sucediera. “La ciudad no está preparada para esto” decían burlándose de la fuerte rivalidad que existe entre los dos equipos. Después salía el comentario sobre la teoría de conspiración que indicaba que no era redituable que hubiera una final regia: las televisoras y los patrocinadores perderían mucho dinero, es mejor que un equipo de Monterrey se enfrente a otro de otra parte del país para que así más gente vea la final. Está acusación de que el futbol mexicano estaba arreglado no venía sin fundamentos. No pocas veces hemos visto cómo algunos partidos parecen estar amañados por los árbitros para favorecer algún equipo en particular; y este equipo, por lo general, es el América, de quien Televisa es dueño. Pero a pesar de la evidente ayuda que recibe ese equipo en algunas ocasiones, yo todavía me reservo de acusar robo sin que se haya disputado el partido. Si no hay faltas injustificadas, o expulsiones exageradas, si no hay marcas polémicas o minutos agregados sin fundamentos, entonces no incrimino a nadie, aunque gane quién normalmente haga trampa. Es muy fácil engañarnos para culpar a alguien de la derrota del equipo que apoyamos. 

Por eso, este año, cuando los Tigres y los Rayados pasaron a semifinales contra el America y el Morelia respectivamente, empecé a escuchar otra vez la teoría de que no iban a llegar a la final los dos equipos regiomontanos, a pesar de ser el numero 1 y el numero 2 en la tabla. La razón era “lógica”, es más redituable económicamente una final en la que jueguen las Águilas del América, que los Tigres de la Universidad Autónoma de Nuevo Leon, porque así involucrarías en el juego a muchísima más gente que no vería el partido si no juega su equipo favorito. Entonces estaba cantado, o los Rayados del Monterrey o los Tigres de la U.A.N.L. no pasarían a la final, todo era cuestión de negocios; el dinero manda. 

Pero como ya sabemos, eso no sucedió. Ambos equipos regiomontanos ganaron la semifinal, y se disputó por primera vez en la historia de la ciudad una final totalmente en casa. Los dos estadios estuvieron llenos, y los Tigres ganaron el partido de vuelta en el estadio de los Rayados. Por donde se le quiera ver, no hubo ninguna conspiración para favorecer a nadie. (O ¿será que las televisoras querían la final regia para obtener un rating menor?)

El otro mito que se derrumbó fue el de que sería una batalla campal al final del juego porque quien perdiera haría trifulcas y desmanes atacando a los ganadores. Afortunadamente hubo saldo blanco. Ni siquiera las burlas hacia el contrario fueron tan ofensivas como en otros clásicos del pasado. Los aficionados mostraron mucho respeto, los jugadores campeones no hicieron burla de nada, e incluso muchas declaraciones de estos últimos al final del partido fueron muy loables, alentando a la gente a no burlarse del contrario, pidiendo que se tome conciencia del problema de “bullying” y que se festejara que el título se quedó en Monterrey, que los equipos habían demostrado ser los mejores del país y que eso era más importante que la rivalidad entre ambos clubes. 

Solo puedo especular qué hubiera pasado si hubiera ganado los Rayados. Muy probablemente hubiera sido la misma historia, sin burlas exageradas ni pleitos por mofas, pero no podemos negar que lejos de ser el equipo más respetuoso de la liga, el Monterrey siempre se ha burlado de los Tigres cuando quedaban campeones incluso cuando ni siquiera habían jugado contra ellos. Por alguna extraña razón disfrutaban festejar sus triunfos burlándose de los Tigres. Y aunque siempre es lo mismo para un lado que para el otro (los Tigres tampoco son los más educados) cuando juegan el clásico, sí se nota (y se notó especialmente en esta final) la diferencia entre los festejos de los Tigres contra el de los Rayados. Tigres parecía más festejar su victoria que la derrota del otro, y eso se agradece. 


Quiero dejar claro que a mi el futbol me deja indiferente. Cuando comento algo que tiene que ver con este deporte es porque me interesan otros temas que se involucran. Es muy difícil ignorar un aspecto que está sumamente arraigado en la cultura de la ciudad y del país y que impacta la vida de tantas personas como lo es el futbol soccer. Por eso me da gusto poder reflexionar algo positivo de esta final que sin duda nos unió más como ciudad de lo que nos pudo haber dividido.  



Niños hinchas

El domingo pasado se jugó la final del futbol mexicano entre dos equipos de la misma ciudad. Fue la primera vez que pasó aunque ya habíamos tenido el riesgo de que esto sucediera en el pasado. Cada vez que había peligro de que estos dos acérrimos rivales disputaran la final comenzaba el nervio de pensar que pudieran enfrentarse en un juego tan importante y lo que ocasionaría entre los aficionados de estos equipos que son muy apasionados. “No estamos preparados para tener una final regia” , decían. Afortunadamente el domingo pasado la razón pudo más que la pasión y no hubo ningún incidente qué lamentar. Los Tigres de la U.A.N.L. ganaron y la porra de los Rayados no golpearon a nadie; el día de hoy hubo muchos memes celebrando a los Tigres, pero muy pocos memes burlándose de los Rayados; hace algunos años cuando se enfrentaban en temporada regular llovían memes antes y sobre todo después del partido, cuando ya había un perdedor de quién burlarse. La gente incluso grababa videos de sí mismos burlándose del contrario. Está vez nos vimos muy civilizados como ciudad, lo que agradezco y celebro personalmente. 

Lo que no dejé de ver, como siempre y como en cualquier deporte, fueron las fotos de papás aficionados que visten a sus hijos con la camisa del equipo que apoyan. Siempre me ha parecido un poco egocéntrico y presuntuoso querer que tu hijo apoye al mismo equipo que tú porque es tu hijo. También me da lástima que mucha gente no escoge sus equipos, porque solo repiten lo que sus papás les enseñaron antes de que pudieran pensar por sí mismos (aunque, bueno, es justamente lo que nos hacen a todos con ideas más absurdas en cada una de las religiones del mundo). Pero lo que me preocupa en este caso no es que las personas escojan por sus hijos los equipos que van a apoyar acaloradamente, sino que no les importa inculcarles otros valores más importantes de la misma manera. Y estoy hablando justamente lo que tiene que ver con los deportes. 

Apoyando a su equipo incondicionalmente aprenden a no solo alegrarse por las victorias
de sus equipos, sino a alegrarse por las derrotas del equipo contrario también. A burlarse del otro si pierde, incluso si no jugo contra tu equipo. A defender a tu equipo como si fuera tu familia, pelear con otras personas si se burlan de tus colores o cuando te ganen; llora las derrotas incluso cuando tienes dos torneos al año y 17 partidos cada 6 meses, sin contar la liguilla y los otros torneos que también juegan ¡es ridículo! Enseñan a apoyar a su equipo ante todo, lo que está muy bien, pero luego no se preocupan por inculcarles el amor propio, a soportar las burlas de los compañeros: no te dejes de los Tigres, o de los Rayados, pero cómprate la ropa cara para que no te digan nada en la escuela. Regresa los insultos que le hagan a tu equipo, pero insúltalos y búrlate de ellos cuando pierdan, incluso si es en tu propia familia. Siente la satisfacción de hacerlos pasar corajes.

No digo que eso no debería de existir, el apoyo a los equipos es algo pasional que te hace pertenecer a algo, parte de una comunidad, pero solo cuando ya puedes usar la razón, cuando eres adulto; no creo que enseñar a niños a ser así y a educarlos en ese ambiente sea en absoluto algo positivo. Los niños no tienen la capacidad de discernir entre lo que es importante para ellos y lo que es solo un espectáculo. Creo que podemos enseñarles a apoyar a un equipo en las buenas y en las malas, pero que la familia es primero y se debe de respetar antes que al equipo. Que puedes festejar el triunfo de tu equipo en el clásico, e incluso burlarte del contrario, pero tendrás que aguantar las burlas cuando inevitablemente tu equipo pierda alguna vez. Y que jamás debes de llegar a los golpes por algo tan poco importante como un partido de futbol en el que tú ni siquiera participas. Que el mismo valor que nos inspira pintarnos la cara, gritar y vestirnos de cierta manera y no de otra para pertenecer a un grupo, es el mismo valor que debemos de tener para enfrentarnos a los que nos critican, y hacer oídos sordos y respetarte tal como eres. 


Yo creo que el deporte nos da muchas oportunidades para educar a nuestros hijos. Hay muchas situaciones en el deporte que nos ayudan a ser mejores personas, mucho aprendizaje. Sin embargo es muy fácil caer en el fanatismo, en la intolerancia, en el odio absurdo hacia otras personas. Podemos empezar con no obsesionarnos por que nuestros hijos sigan a nuestro equipo, y escoger mejor lo que queremos que copien de nosotros.  




La ventana rota y el video viral

Hoy nos despertamos con la terrible noticia del muchacho que disparó contra sus compañeros y su maestra en una escuela de Monterrey. La escuela está cerca de mi casa, por lo que antes de escuchar las noticias sabíamos que algo había pasado porque la calle estaba cerrada al tránsito. Pronto las noticias empezaron a hablar de lo sucedido e inmediatamente los chats de whatsapp explotaron con información. En un inicio se dijo que había muertos, pero después se desmintió esto para decir que había heridos de gravedad, lo que detonó un debate porque existían fotos de los sucesos. Alguien comentó que estaba claro que había habido muertos y que si queríamos nos enviaba las fotos que tenía. Varios participantes, incluido yo, nos negamos a recibir fotos y exigimos que no lo hiciera, pero más tarde otro miembro del chat envió las fotos sin avisar; y ahí empezó el verdadero debate. 

Inmediatamente 3 personas se salieron del chat en forma de protesta. Otros reclamaron al que envío las fotos, y otros dijeron que si no las queríamos ver, que simplemente no las viéramos, pero que no reprocháramos nada. Yo estoy en contra de que se compartan esas imágenes y el vídeo y no creo que deba de ser cuestión de criterio personal si se quiere compartir o no ese tipo de información. De hecho me alarma mucho que haya personas que piensen que no nos debemos de quejar: "si no quieres verlo, no lo veas". Porque el hecho es que no se queda simplemente en eso. Compartir ese tipo de imágenes afecta no solo a los familiares, que se ven afectados por ver la tragedia de sus hijos mostrada como espectáculo, sino que no sabemos a quién le pueden llegar las fotografías: pensemos que si le llega a 1000 personas, y de esas mil, novecientas noventa y nueve son personas sanas y normales, puede ser que solo se sientan indignadas, sorprendidas o asustadas y no pase a más. Pero si hay una persona que tenga alguna tendencia a realizar estos actos de violencia, puede llegar a ser un catalizador para realizar algo que si no tuviera un antecedente tal vez no lo haría nunca. 

Existen una teoría, en el campo de la psicología, que indica que cuando una persona se siente acompañada es más fácil que se comporte de una manera que estando sola no se atrevería. La teoría de la psicología de masas analiza el comportamiento de grupos colectivos, donde los individuos se dejan influenciar por el comportamiento de los demás. De esta manera, si hay alguien que tuviera tendencias a realizar un acto violento pero no ha tenido el valor, pudiera encontrarlo si sabe que alguien más ya ha realizado un acto parecido. Por eso es tan importante que no compartamos indiscriminadamente las fotografías y el vídeo de la masacre del día de hoy, porque no sabemos si pudiera detonar una idea en alguien peligroso. 

Ya sé que es muy ingenuo de mi parte pedir que el vídeo no se viralice, ya que esto es inevitable, pero sí podemos poner de nuestra parte para evitar que jóvenes y niños tengan acceso a él, ya que estos son los más vulnerables en casos como este. En 1982 se publicó un articulo donde se explicaba un experimento realizado en la ciudad de Nueva York, el famoso experimento de los vidrios rotos, que analiza la tendencia de la sociedad a continuar un acto vandálico una vez que este comienza: si se rompe el vidrio de un edificio y no se repara, los vándalos tienden a romper más vidrios. O el ejemplo de no recoger basura de la banqueta: la gente tiende a tirar más basura; por lo tanto es importante reparar los daños lo más rápido posible, o en este caso,  evitar que las personas se familiaricen con una masacre en una escuela.

En Estados Unidos, solo el año pasado hubo 15 tiroteos en escuelas. Es fácil entender que los jóvenes se sientan alentados a recrear estas masacres, porque quieren ser parte de ese grupo de personas. Esto que sucedió hoy en Monterrey me preocupa muchísimo, porque puede ser el evento que detone más eventos trágicos de este tipo. Ya tenemos un antecedente. Ahora los chicos tienen alguien a quien copiar, o peor aun, superar; y esto es muy muy grave.

En estos tiempos no acostumbramos darnos el tiempo para analizar las consecuencias de nuestros actos en las redes sociales. Compartir una foto polémica o una noticia sin verificar si es verdad o no puede parecer que no afecta en nada, pero se nos olvida que vivimos en una sociedad y que lo que hacemos nos afecta a todos. Tenemos muy poco sentimiento de responsabilidad por la información (verdadera o falsa) que mostramos a los demás. Creemos que no tiene consecuencias inventar una mentira. Pero no nos damos cuenta que es como dejar rota una ventana e invitar a que otros rompan más vidrios. 

Gris Monterrey

Cuando uno termina un proyecto que le ha costado tiempo y esfuerzo, es muy gratificante mostrarlo a los demás. Yo recuerdo cuando terminé mi primer proyecto constructivo que llevé a cabo totalmente independiente; verlo terminado fue un orgullo. Incluso cuando escribo en este blog, y la gente me dice que lo leyó y les gustó, es una satisfacción muy grande. Por eso me dio mucho gusto cuando mi amigo Efrén me llamó para decirme que iba a presentar su primer libro en la Feria Internacional del Libro de Monterrey y que me invitaba a esta presentación. Por su puesto que no iba a faltar, y estuve con él en Cintermex el primer día de la Feria del Libro de este año.

Efrén es amigo mío desde la primaria y me sorprendió cuando hace algunos años me dijo que se estaba dedicando a escribir. No recuerdo si él ya sabía que a mí me gusta escribir pero desde ese momento empezamos a platicar mucho acerca de literatura, redacción y el arte de contar historias. Cuando le pedí que me compartiera algo de lo que estuviera escribiendo me llevé una grata sorpresa. Me compartió un cuento (que esta incluido en el libro que acaba de publicar) que me atrapó de principio a fin. Es justamente el tipo de lecturas que me gusta leer: sin tratar al lector con condescendencia pueril, deja que el cuento se desarrolle con huecos que el lector llena sin darse cuenta. En realidad me gustaría tener esa calidad en las cosas que escribo y en los proyectos que tengo por escribir, porque es exactamente así como quiero que se lean mis textos y mis historias.

Hace algunos días terminé de leer este libro, titulado Gris Infierno. Libro que es una recopilación de cuentos que Efrén escribió durante varios años. Todos tratan de alguna manera de la ciudad de Monterrey, y hay que decir que son un retrato muy burdo de la ciudad. En cada historia puedes encontrar un rasgo que identifica una pequeña parte de lo que caracteriza a la urbe: desde la forma de vivir, los tabúes, las calles, hasta las tradiciones y las subculturas. Con una perspectiva de un matiz oscuro de la forma de vivir en Monterrey, los cuentos nos llevan a desconocer un poco lo que sabemos y lo que platicamos de la ciudad en la que vivimos.

Algunos cuentos son muy secos e indefinidos, y con esos tuve algunos problemas para adentrarme e interesarme en los sucesos, sin embargo en la mayoría, aunque son muy diferentes entre si, me llegue a sumergir en lo que estaban viviendo los personajes. Los finales son muy particulares; unos son una revelación de lo que estaba pasando durante la historia, en otros es solo la conclusión del cuento, y otros quedan muy abiertos. Mas es esa inconclusión lo que hace a estos cuentos muy interesantes, y, para mi gusto personal, es de lo mejor que tiene.

Este libro me agradó mucho. Es un libro con crudeza bien usada que no logra alejarte de la lectura. Estoy seguro que a mucha gente le va a gustar. 

Efrén acaba de ganar el premio de literatura de Nuevo León por una novela que todavía no ha sido publicada. Estoy seguro que es incluso mejor que los cuentos que leí, y ya no me puedo esperar a que salga en Diciembre. Al parecer tiene una carrera como escritor muy prometedora. Y yo me siento orgulloso de conocerlo desde que estaba escribiendo sus primeros cuentos.

Felicito de nuevo a mi amigo Efrén por este logro, y espero que siga escribiendo mucho durante los próximos años. Se necesitan escritores como él en la ciudad y en México.