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Treinta y siete años, y un dia

Cumplir años ya da hueva. Nada más te haces más viejo y menos gente te da regalos. Cada año prefiero festejarme más modestamente. Ya no me agradan las fiestas llenas de gente en las que el objetivo final es alcoholizarse.

Cada año hay menos fiesta pero utilizo más mi cumpleaños para hacer un balance de lo que es mi vida, de lo que busco, de lo que he hecho y de lo que haré. Como nací muy cerca al fin de año, me queda bien para ese tipo de reflexiones.

Antes esperaba impaciente mi cumpleaños; el fin del semestre, las vacaciones, la peda, las posadas. Deseando que mis amigos se quedaran en Monterrey para que asistieran a mi fiesta. Cada año diferentes anécdotas, aunque al fin todas iguales. No es que me arrepienta, la verdad reflexiono y pienso qué buenos recuerdos me dejaron. Pero sospecho ya la edad me pegó un poco, la "madurez".

Ahora ya le pienso en cuanto voy a gastar en esos chistecitos. Ya busco no desvelarme tanto. Ya no busco el desmadre, la pachanga. El esfuerzo para hacerlo pesa más que la gratificación. Aparte ya no tengo vacaciones como antes. Ahora hay que trabajar sí o sí al siguiente día.

Pero así es la vida, supongo. Vamos dejando atrás costumbres que nos gustaban, y vamos adquiriendo nuevas. En mi caso fui invitando cada vez a menos gente, hasta que ahora solo busco algo tranquilo con unos cuantos amigos cercanos. Y si todo sale bien, el próximo cumpleaños será diferente a todos los anteriores, porque ya tendremos un bebé en casa a quien atender.

En esta edad se hace un parteaguas en mi vida, supongo. Aquí pongo una marca que se va a volver referencia en el futuro. A los 37 años empieza otra cuenta. Cumpliré 37 años más uno de papá. Ya se acabaron las reflexiones de mi vida como individual, ahora tendré una nueva evaluación.

En febrero (o enero) que llegue ya sea Lucas o Camila, dejo de ser solo yo.

Por lo pronto, sigo celebrando un año más. Un otoño más. Un cambio más.

Feliz cumpleaños... a mí.

17 y 34

Como hace dos años, hoy quiero hacer una reflexión de mi vida en el día de mi cumpleaños, comparándola con lo que era cuando tenía 17 años. A esa edad empecé a tomar. En mi fiesta de cumpleaños fue mi primera borrachera. Muchos de mis amigos se acuerdan de eso muy bien. Y también a esa edad fue cuando viajé a Irlanda, a Galway, para estudiar 6 meses. Esa fue una de las experiencias que más ha cambiado mi vida. No creo exagerar cuando digo que yo soy alguien antes de ese viaje y otro después. Conocí a gente muy diferente a mí, con ideas, valores y sentimientos que yo no compartía en absoluto y me cambió totalmente mi forma de ver el mundo. El cambio de milenio del que tanto se hablaba en aquel entonces fue como una premonición del cambio que venía en mi vida.
 
A esa edad fue la primera vez que viví lejos de mis papás y tuve responsabilidad completa de mis decisiones. Viajé con amigos a varios países de Europa y tuvimos que planear todo nosotros solos, cuidarnos entre nosotros, organizarnos, decidir. Cuando regresé a Monterrey, sentía que podía valerme por mí mismo. Me sentía más independiente. Ya no me asustaba hablar de tabúes. Me sentía más libre. Y creía que ya había alcanzado la sabiduría. Me volví más abierto de mente y creía que por eso era mejor que otras personas. Ya no era parte de la sociedad donde vivía, había visto a las personas que proyectaban las sombras al otro lado del muro. Pero obviamente seguir estando muy pendejo. 

Ahora, 17 años después de haberme ido puedo ver que a pesar de que me faltaban muchas cosas por aprender (y obviamente todavía me falta mucho más a los 34 años) creo que en esa edad comencé a despertar. Fue en ese viaje que poco a poco me fui convirtiendo en quien ahora soy. Solo un amigo que conocí en ese viaje me felicita en mis cumpleaños, pero todas las personas con las que conviví me forjaron de alguna manera. Sí puedo decir que hoy me parezco más al Chema de 17 años que al de 16. Pero aun así no me reconocería hubiera visto como soy hoy hace 17 años. Mis festejos cambiaron mucho de ese entonces a ahora, pero me digo juntando con amigos, solo que en menos cantidad, y en vez de empezar a tomar a las 11 de la noche, comenzamos más temprano. 


Hoy me voy a dormir un año más viejo, pensando que llevo la mitad de mi vida viendo el mundo de otra manera de la que lo veía antes. Y pensando que las decisiones que tomo hoy, siguen moldeando lo que voy a ser, años en el futuro. 


16 y 32

Hace 16 años cumplí 16 años de edad. Tengo muchos recuerdos de ese año; ya había formado una identidad propia y ya sabía más o menos lo que quería. Esto no quiere decir que no haya cambiado eso que entonces quería durante los años; de hecho puedo decir que soy alguien muy diferente al mocoso que creía que sabía lo que quería. Pero me parece muy interesante compararme hoy a aquel adolescente que ya tenía un criterio propio. 

En ese entonces yo no creía que mis amigos iban a ser otros que los que tenía entonces, casi todos del equipo de football americano; creía que nuestra amistad era tan fuerte que no iba a conocer a otros amigos que fueran tan importantes para mí. En parte no me equivoqué, porque la mayoría de ellos nos seguimos hablando por whatsapp y nos juntamos al menos una vez al año.  Pero mi grupo cercano de amigos sí cambió. 

A esa edad me despedí del equipo de football americano infantil en el que jugué desde chico, y yo había decidido no volver a jugar. Ahora sé que seguí jugando durante 4 años más. Pero los cambios más importantes fueron durante los siguientes 5 años, cuando me fui a estudiar a Irlanda, a los 17 años, y a Italia a los 21. 

No puedo decir que sigo siendo el mismo porque de verdad soy una persona con ideas y compromisos muy diferentes. Pero sí puedo decir que sigo siendo tan feliz como antes, y que a pesar de que no hubiera creido si me hubieran dicho a los 16 años que sería como soy ahora, 16 años después, estoy seguro que si estuviera enfrente de ese muchacho le diría: "no te preocupes, vato, no sabes lo que te espera, y te la vas a pasar chingón, tú disfruta."

Y pensando al futuro, espero que a los 64 sea un viejo alegre, que siga tomando con mis amigos de vez en cuando, avergonzando a mis hijos (si llego a tener) por hacer el ridículo con mis bailes en las fiestas, y sobre todo siendo muy feliz; disfrutando cada etapa como llega; y ojalá el futuro Chema también pueda darme un high five y decirme, "no sabes lo que te espera, pero te la vas a pasar chingón". Por lo pronto voy a trabajar para que eso suceda, y desde aquí le mando un saludo a esa persona que llegará en 32 años.



1982

El día que nací no era el que estaba programado para que yo naciera. El día que nací mi abuela estaba en el hospital porque una vena en el cerebro se le había inflamado y la iban a operar. Mi mamá se puso muy nerviosa y le empezaron a dar dolores de parto. A pesar de que los doctores le dieron medicamentos para que se relajara y evitar la dilatación, nací ese mismo día sin que estuvieran preparados mis papás.

Esto que sucedió trajo varias consecuencias que hicieron que yo no sea quien estaba planeado ser. Me explico. Mis papás habían decidido que yo iba a nacer en Laredo, Texas. O sea, yo iba a ser gringo. También me adelanté un mes. Debí ser de Enero de 1983. Y así fue como por un incidente que le tocó sufrir a mi abuela, tuve la oportunidad de ser mexicano de nacimiento, de signo Sagitario, de Diciembre de 1982. Cambié el día, el mes, el año y el lugar de mi nacimiento.

El signo zodiacal es lo que menos me importa, pero cuando veía los Caballeros del Zodiaco, cuando era niño, siempre me gustó mucho ser el caballero que salvó a Atenea.

En 1990 jugué mi primera temporada de football americano que no era de exhibición. Llegamos a la final, después de pasar en 4to lugar, para jugar contra un equipo que nos había humillado en la temporada regular. El día de la final fue el 8 de Diciembre, el día en que yo cumplía 8 años. Fui el capitán del equipo ese juego, y ganamos el partido después de remontar el marcador. En la escuela mi numero de lista era el 8. Y desde entonces definí mi numero de la suerte como el 8. Ese es uno de muchos ejemplos que tengo para creer que mi cumpleaños es especial.

Me cuesta trabajo pensar que no debía nacer en ese día. A veces bromeo diciendo que yo no estaba de acuerdo con lo que mis papás habían planeado para mí, y tuve que tomar acciones para definir mi propia vida. "Querían que fuera gringo" suelo decir "y pues ni modo, me tuve que adelantar para nacer aquí."

Desde aquel 8 de Diciembre, dos años después del asesinato de John Lennon, el día que en 1854 se proclamó el dogma de la inmaculada concepción de la virgen María, yo festejo el día en que le doy la vuelta al sol.
Feliz cumpleaños a mí.