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Sobre los hombros invisibles

La pregunta sobre a quién debemos agradecer el mundo que habitamos parece sencilla, pero encierra un problema más profundo: nuestra necesidad de encontrar responsables visibles de aquello que es, en realidad, el resultado de innumerables causas invisibles.

Existe una inclinación humana a narrar la historia como una sucesión de protagonistas. Necesitamos nombres propios, fechas, fundadores, padres fundacionales, inventores. El relato se vuelve manejable cuando puede organizarse alrededor de figuras identificables. Sin embargo, esta comodidad narrativa tiene un costo: reduce procesos vastos y complejos a biografías individuales.

La historia, observada con cierta distancia, no se asemeja a una galería de héroes sino a una red de dependencias. Cada logro descansa sobre otros logros anteriores, y estos, a su vez, sobre condiciones que nadie diseñó deliberadamente. Ninguna civilización surge de la nada; ninguna religión aparece sin antecedentes; ningún descubrimiento inaugura un mundo completamente nuevo. Todo emerge dentro de una continuidad que precede y excede a sus protagonistas.

El lenguaje cotidiano contribuye a la simplificación. Decimos que alguien “inventó” algo, que una institución “fundó” determinada tradición, que una cultura “dio origen” a cierto orden social. Pero estos verbos sugieren una ruptura que rara vez existe. En realidad, lo que llamamos invención suele ser reorganización; lo que llamamos origen es transformación; lo que llamamos fundación es consolidación de procesos ya en marcha.

Atribuir el progreso a un grupo específico satisface una necesidad identitaria. Permite afirmar pertenencias, reclamar legitimidad histórica y consolidar narrativas colectivas. Pero esa apropiación simbólica del pasado pasa por alto un hecho fundamental: el conocimiento humano no reconoce fronteras definitivas. Se transmite, se traduce, se adapta, se mezcla. A menudo florece en un lugar distinto de aquel donde se gestó.

Desde una perspectiva filosófica, la noción de “agradecimiento histórico” resulta ambigua. Agradecer implica reconocer una intención dirigida hacia nosotros. Sin embargo, la mayoría de los actores del pasado no actuaron pensando en quienes vivirían siglos después. Sus motivaciones fueron contingentes, situadas, incluso contradictorias. El mundo actual es, en gran medida, una consecuencia no prevista de decisiones tomadas bajo circunstancias muy distintas.

Esto no implica negar el mérito individual ni diluir toda responsabilidad en una abstracción impersonal. Significa reconocer que el individuo actúa dentro de estructuras que lo preceden. La creatividad misma depende de un lenguaje heredado, de herramientas desarrolladas por otros, de problemas formulados con anterioridad. El genio no surge en el vacío; piensa con conceptos que no inventó.

La metáfora de “estar sobre los hombros de gigantes” suele emplearse para exaltar a los grandes pensadores. Pero esa imagen puede ampliarse: los gigantes también están sostenidos por otros gigantes, y estos por otros más. Si seguimos la cadena hacia atrás, lo que aparece no es una jerarquía clara sino una continuidad interminable.

Tal vez la lección más sobria que ofrece la historia es la interdependencia. Lo que somos no es propiedad exclusiva de una tradición, una nación o una religión. Es el resultado de cruces, intercambios, conflictos y transmisiones que exceden cualquier identidad particular. Reconocerlo no disminuye los logros; los sitúa en una perspectiva más amplia.

En última instancia, la tentación de idolatrar revela una dificultad para aceptar la complejidad. Es más sencillo señalar un origen que admitir una trama. Sin embargo, una mirada filosófica sobre el pasado sugiere que el progreso humano no pertenece a nadie en singular. Es una obra colectiva cuya autoría se diluye en el tiempo.

Aceptar esto no elimina la posibilidad de admirar, pero transforma la admiración en algo más sobrio: no en culto, sino en comprensión.




La noche triste medio milenio después


1520.

Cortés mantiene a Moctezuma preso. Tratando de calmar los ánimos de los mexicas, que comenzaba a levantarse en armas al ver a sus líderes prisioneras de los españoles, le pide al tlatoani que salga a tranquilizar a su pueblo. Moctezuma es asesinado por la multitud enfurecida; al salir al balcón, su propia gente desconfía de su lealtad. Hernán Cortés y sus soldados, acorralados, deciden que deben huir. Blas Botello, un astrólogo (adivino), convence a Cortes que la noche del 30 de Junio es el día que deben fugarse o de lo contrario todos morirán; Cortés lo escucha y planean la retirada.

Tenochtitlán no está conquistada, no está sometida. Los españoles que acompañan a Cortés tienen ya joyas y oro, pero no han logrado su objetivo. Por miedo a perder la riqueza de la que ya se habían hecho, huyen con ella, y es por ella que encuentran la muerte. Las joyas y las armaduras pesan demasiado y dificultan la huida. El terreno está rodeado de agua; el estrecho camino que recorren es una trampa mortal para los avaros. Los guerreros locales los persiguen, los alcanzan y los matan. Hernán Cortés logra escapar, pero al ver que pierde a la mitad de su ejercito, llora. 

Quinientos años después nos encontramos en un país dividido, tan dividido como el territorio en 1520. Españoles aliándose con enemigos de los mexicas para conquistar su gran ciudad. Mexicas desconfiando de su líder por salir a dialogar con ellos. El líder español escuchando al adivino sobre la mejor fecha para escapar de la furia del pueblo. Soldados prefiriendo la muerte antes que perder sus joyas robadas.

Hoy ya no somos un conjunto de pueblos en guerra. Somos un país buscando reconciliación entre sus habitantes. Desconfiamos del tlatoani. Linchamos a los contrarios. Preferimos la muerte antes de perder nuestras joyas (robadas o no). Atendemos a quienes nos dicen lo que queremos escuchar, aunque no tengan sustento sus palabras. Permanecemos divididos; casi queremos delimitar territorios y separarnos en pueblos independientes. 


La guerra y la sangre que nos hizo un solo pueblo, rico en cultura y tradiciones, parece no importarnos, porque no hay confianza en las intenciones del que tenemos a un lado. Y nos hundimos con nuestras armaduras. Cómo no llorar.

La lucha de las mujeres

Hay cosas en las que no pensamos mucho. Por ejemplo, no pensamos mucho en lo que sucedió antes de que naciéramos. Nos enseñan la historia en la escuela, pero es esta tan vasta que solamente podemos estudiar los hitos más importantes, y se dejan fuera muchos eventos que a pesar de ser importantes son opacados por otros aún más notorios.
 
Un evento del que nadie me habló cuando era chico fue el movimiento del sufragio de mujeres en Inglaterra al inicio del siglo XX, y me sorprende que no se le dé la importancia debida porque es una parte de la historia que explica mucho más de lo que parecería a primera vista. Si se entienden las razones de este movimiento, las leyes y costumbres de esa época, los abusos que se cometían y cómo un puñado de personas tenían a su merced a poblaciones enteras, se pueden entender muchos otros episodios del mismo siglo y cómo fue que llegamos a tener una sociedad mucho más justa de la que existía antes. Eso es lo que me parece importante entender, que lo que tenemos hoy no ha existido desde siempre. Que lo que damos por hecho costó sangre, sudor y lágrimas; y las vidas de muchas personas. 

Puede parecer que la discusión del matrimonio homosexual sea algo moderno, y que existen argumentos congruentes en contra de que dos personas del mismo sexo decidan casarse y compartir sus vidas; sin embargo cuando se conoce la historia de los movimientos a favor de los derechos de las personas, en cualquiera de sus etapas, podemos ver que esos militantes que lucharon por cambiar el status quo lo hicieron contra los mismos argumentos que escuchamos hoy. Con esto quiero decir que la lucha es la misma, solo que son diferentes las personas que defienden sus derechos. Conocer el movimiento de las mujeres por exigir su derecho al voto nos lleva a escuchar a hombres, que tenían todos los derechos, argumentar que las mujeres no necesitaban votar, porque sus hermanos, sus esposos y sus padres las representaban en los sufragios. Cuando buscamos los argumentos por los que los estadounidenses no querían permitir que personas de diferente color de piel se casaran antes de 1967, encontraremos las frases “ahora piden eso, después se van a querer casar con animales”; justo ese es uno de los argumentos que he escuchado en contra del matrimonio homosexual. Seguimos luchando por lo mismo, solo que con diferentes víctimas. 



Quienes no conocen que hubo un tiempo en que las mujeres no tenían ni un solo derecho sobre sus hijos, o que no tenían derecho a votar, o un tiempo en que los trabajadores en las fábricas no eran protegidos en absoluto por la ley, o que los negros  (hombres o mujeres) no tenían derecho a votar, o que hubo un tiempo que era ilegal ser homosexual, y un tiempo en que las mujeres no podían asistir a las universidades; quien no conoce eso le parece que las discusiones de hoy son justas, incluso necesarias, porque se están permitiendo barbaridades que pueden llevar a la degeneración de la sociedad. Sin embargo ese argumento es el que se utilizó en cada una de las batallas por obtener equidad. Ahora vemos esos acontecimientos como heroicos, pero en su momento se vieron por los contemporáneos de ese tiempo como rebeldes y subversivos; en contra de las tradiciones. 

Creo que por eso existe el Día Internacional de la Mujer, para recordar lo que tuvieron que hacer las mujeres por tener lo que tienen hoy. Los hombres no les dimos nada, ellas lo tomaron por su propia mano. Conocer la historia es conocer que los hombres hemos tenido siempre propiedad sobre las cosas y las personas. Desde que inventamos a Dios nos dimos el derecho divino sobre las mujeres, sobre los animales y sobre el mundo. Escribimos la Biblia para hacerlo oficial, y luego escribimos las leyes para hacerlo legal. Las minorías y las mujeres han tenido que luchar por los privilegios con que nacieron los hombres en el poder. En México las mujeres no podían votar sino hasta hace 65 años: es de asombrarse, si se piensa por un momento, que hay muchas mujeres vivas hoy que no tenían derecho a ser escuchadas cuando eran jóvenes. No poder votar significa que a los políticos no les importe lo que tu quieras o lo que tu pienses, porque no les beneficia en nada ayudarte. 

La muerte de Emily Davison puso los reflectores de la prensa
mundial en el movimiento de las mujeres por el sufragio
Las mujeres en Inglaterra no fueron escuchadas durante mucho tiempo a pesar de sus esfuerzos. Recurrieron a la violencia, rompieron vidrios, hicieron estallar edificios, todo por llamar la atención de su justa exigencia. Trataron de hacerse notar pacíficamente también, asistiendo a eventos que acaparaban la atención de los medios, y nada funcionó, hasta que una de ellas dio su vida por el movimiento. Fue hasta entonces que se le dio la atención debida; lamentablemente es algo que sucedió en casi todos los movimientos que buscaban justicia. 


Y hoy, en el día de la mujer, no solo quiero hacer un homenaje a las mujeres, que han luchado mucho por lo que es suyo y siguen buscando igualdad con sus iguales masculinos, sino que también quiero recordarles el motivo de esta celebración, reconocer que los derechos que se tienen no fueron un regalo, fueron el resultado de una guerra contra las tradiciones absurdas que no tienen razón de ser más que la misma tradición; contra el régimen establecido; contra el status quo. Recordarles que lo que ellas tienen todavía le falta a mucha gente que ahora está luchando de la misma manera que ellas antes, y que para lograr entender por qué la gente reprimida lucha por sus derechos hay que ver lo que otras personas tuvieron que hacer para que ahora nosotros tengamos estas libertades que a veces no valoramos. Ese para mí es el motivo de esta celebración, abrir los ojos ante lo que todavía falta y tener una mente más abierta y una conciencia más empática hacia quienes únicamente quieren lo que otros tienen por default

Feliz Día Internacional de la Mujer

Investigación real, y novelas mentirosas


Hace dos semanas terminé un libro que se llama Crónica de la Eternidad, del francés Christian Duverger. El autor explica detalladamente razones para creer que Bernal Díaz del Castillo, nombrado autor de la obra Historia Verdadera de la Conquista de la Nueva España, en realidad no fue su autor original. Explica con muchos argumentos respaldados por documentos, que este personaje no pudo haber escrito tal obra; algunas de estas razones son: menciones de libros que no podía haber leído, discrepancias entre lo dicho en diferentes partes de la obra, suposiciones lógicas (el autor de la Historia Verdadera presume recordar, después de 40 años, el nombre de cada uno de los más de 300 soldados que participaron en la conquista, y aparte recuerda cómo murieron y sus características físicas). En fin el libro está muy interesante, está bien documentado, y el autor explica exactamente como llegó a cada una de sus conclusiones, pasando por los diferentes personajes que participaron en la creación e impresión del documento histórico. Obviamente no solo desacredita a Bernal Díaz del Castillo como autor real de la obra, sino que explica quién fue en realidad quien escribió dicho documento. Esa es la parte más interesante.


La razón por la que menciono todo esto es, en primer lugar, porque recomiendo ampliamente esta lectura. No es un libro largo, ni su lectura pesada. El autor te lleva parte por parte con una secuencia lógica y entretenida, por los varios pasajes de la Historia Verdadera en las que se encuentran las pruebas de sus afirmaciones. No aburre, no cansa y es muy pero muy interesante. Incluso dan ganas de leer la Historia Verdadera de la Conquista de la Nueva España. Pero aparte porque quiero poner como ejemplo a este autor, Christian Duverger, como un autor digno de leerse. Este es el tipo de lecturas que se deben realizar cuando se trata de querer aprender temas serios. No se debe de leer una novela (ni siquiera una biografía novelada) cuando se quiere aprender de Historia. Se vale leer ese tipo de libros cuando se quiere conocer superficialmente de algún episodio o algún personaje; cuando el motivo es interesarse en el tema. Mas no para aprender. Para eso se necesitan autores confiables; serios. ¿Cómo saber cuál es confiable, serio, y cuales no? Investigando la trayectoria de estos. Conociendo sus estudios. Y aún así, sabiendo esto, debemos tener cuidado y leer con ojo crítico, pero por lo menos son bases necesarias para tener un mínimo de certeza de que lo que se lee tiene filtros.

El viernes pasado escuché a Francisco Martín Moreno, novelista que usa episodios históricos en sus novelas y que tiene una sección en Imagen informativa. Lo escucho porque habla de pseudohistoria, ya he hablado de él antes, y dice muchas mentiras; esto a mí me preocupa porque tiene mucha audiencia y muchos lectores, y como sus libros son muy amenos y fáciles de leer, llegan a mucha gente y quienes son ingenuos, creen lo que leen en ellos. El viernes pasado dijo otra mentira (como normalmente hace) y quiero dejar claro en esta entrada qué tan fácil es desmentirlo. 

Mencionó que Porfirio Díaz había dejado el país con 85% de analfabetismo (y que era obvio que lo iban a quitar de la presidencia solo por este hecho). Este comentario yo lo interpreto así: en 1910, cuando Porfirio Díaz fue derrocado como presidente de México, en México el 85% de la población era analfabeta; y usa este argumento como prueba de que Porfirio Díaz fue un mal presidente al que no le importaba el país. Si alguien lo entiende de otra manera, que me lo haga saber. 

A esto respondo yo: 

revisando los datos del INEGI, tenemos varias pruebas que contradicen lo que menciona el señor Moreno:

1) En 1910, la población alfabeta en México era el 27.7% 

Esto quiere decir que la población analfabeta era de 72.3% (o sea 12.7% más baja de lo que dice Moreno)

pero aparte de esto hay más información.

2) En Mexico, en el año de 1895, la población alfabeta era de 17.9% (casi 10% menos que cuando Porfirio Díaz dejó la presidencia, o sea que hubo una mejoría). Pero aparte de eso, el numero de habitantes no era el mismo en esos dos años.

En 1895 había 12,632,425 mexicanos, de los cuales el 17.9% era alfabeta; pero en 1910, había  15 millones de mexicanos, de los cuales 27.7% era alfabeta. No solo aumentó el porcentaje sino el numero de personas. 

3) Podemos constatar el numero de estudiantes en 1878 y la misma cifra para 1910; también el numero de escuelas y el numero de bibliotecas. En todos los casos creció. 

En conclusión: 

Porfirio Díaz aumentó de 2.2 millones a 4.2 millones la población alfabeta en México, solo entre 1895 y 1910, porque no sabemos qué porcentaje de la población era alfabeta en 1877 que fue cuando entró Porfirio Díaz a la presidencia (pero estoy seguro que era mucho menor). Pero más importante de todo, para 1895 el analfabetismo era de 82.1% y para 1910 se redujo, por lo tanto, ¿de dónde saca el  Moreno que Porfirio Díaz dejó México con el 85% de analfabetismo? La realidad es que no hay respuesta, o bueno sí hay: de su imaginación y de su mala intención de desinformar. Moreno quiere engañar. Según él lee mucho, pero en cada ocasión comenta datos erróneos, por lo que no creo que se equivoque, sino que, con toda la intención de tergiversar la Historia, miente. 





Pido perdón por empezar con un tema y terminar con otro (conquista de México y Porfiriato), pero se me presentaron tan cerca en tiempo estas dos situaciones que no pude dejar de comentarlos. Ya sé que es la tercera vez que critico a Moreno, pero no pienso dejar de hacerlo mientras siga diciendo tonterías al aire.

Cuidado con 'Arrebatos Carnales'




Hoy escuché que salió a la venta el tercer libro de Arrebatos Carnales de Francisco Martín Moreno. Como he escuchado a este señor antes y sé de lo que habla en sus libros, me preocupa mucho que sean tan populares. En México no se lee mucho, y me da mucha lástima que entre lo poco que se lee se cuenten los libros de este autor.

Hace algunos meses me topé con la revista Contenido; en esa edición, el director del Centro de Estudios de Historia de México Carso, Manuel Ramos Medina, criticaba el trabajo de FMM. La compré de inmediato. A pesar de que sé que hay gente que tiene presente que lo que dice Martín Moreno en sus libros son mentiras e invenciones, casi siempre morbosas, hay muchas otras personas que se creen lo que les digan, sobre todo si se les ensalzan lo que les cuentan con relatos polémicos o eróticos o cualquier otro recurso que se use para enganchar al lector. Por lo tanto me interesó mucho saber lo que decía un verdadero historiador acerca del trabajo de un novelista del más bajo nivel, ya que habemos muchos que a pesar de no ser historiadores sabemos que FMM miente en sus libros pero no tenemos tampoco mucha autoridad para desmentirlo. Voy a citar algunas partes del articulo que me interesaron. Quisiera escribirlo todo, pero sinceramente no tengo tiempo, pero algo de lo que más me llamó la atención fue esto:

Al proyectar su "investigación" afirma que en su obra Arrebatos Carnales, escribió lo que "platicó" con los grandes protagonistas de la Historia de México pero "en paños menores".

Un historiador medianamente serio escribe en función de las fuentes de información de primera mano, con el fin de comunicar a los demás lo que sucedió en un momento dado. La consulta de fuentes primarias, es decir de archivos, es estrictamente necesaria para recrear un momento histórico.
Se consultan los archivos para interpretar la historia, pero no para desvirtuarla y menos inventarla. No podemos "inventar" la historia porque no sería ético. El que inventa no solo no informa sino que daña y empaña de forma morbosa el acercamiento a la verdad.

La Historia no pretende ser un chisme. Menos una transmisión de la imaginación de un individuo que recrea "los hechos" pensando lo que un hombre o una mujer con toda su carga emocional pudo o no pudo vivir. En última instancia, con qué derecho nos entrometemos en la vida privada de un actor de la Historia que no se puede defender de lo que se le inventa. A los muertos se les respeta.

El señor Moreno afirma que los historiadores son mojigatos, mercenarios e hipócritas. ¿No se aplicarían estos términos en realidad al señor Moreno?

Si lo que quiere el señor Moreno es vender sus obras, podría ser más aventurado al decir que todo lo que interpreta a su manera es producto de su imaginación, al menos sus diálogos en "paños menores" y no afirmar que su trabajo es de investigación realizada en archivos.


El articulo es más extenso, y vale la pena leerlo todo. La edición de la revista Contenido donde encontré este articulo es la 573, de Marzo del 2011. Aquí dejo la liga por si les interesa leerlo: articulo de Manuel Ramos Medina 'Cuidado con Martín Moreno'.

Me parecía importante comentar esto porque quiero dejar claro que no es por nada que critico a Francisco Martín Moreno. Con solo escuchar lo que dice se puede uno dar cuenta de que se basa en mentiras para poder tener éxito con sus libros. Ya antes había compartido otro articulo que escribió Josefina Zoraida Vázquez en el que de igual manera desmiente que la bibliografia citada en uno de los libros de FMM haya sido usada para obtener información ya que con esa misma bibliografía se podían desmentir algunos datos que se cuentan en el libro.

Con esto lo único que pretendo es alertar a quienes leen a este autor para que no crean que están leyendo historia. Que sepan que sus libros son aceptables unicamente si lo que quieren es pasar un buen rato, pero para conocer la historia verdadera hace falta leer libros más serios y de autores más capacitados.

Las mentiras de Francisco Martín Moreno me parecen de muy mal gusto, y querer hacer pensar que en realidad investiga y se esmera en encontrar la verdadera historia "no la que nos cuentan en la escuela" me parece digno de un charlatán. Quisiera que nadie leyera esos libros, pero como sé que sí, espero que la gente sepa diferenciar entre la mentira (que es la mayor parte de esos libros) y los hechos históricos.