Pasa cada ocho o nueve años. Nieva un día, amanece todo blanco. Sacamos nuestras ropas más calientes, las que nunca usamos en Monterrey, y salimos al lugar donde haya más nieve. Chipinque era nuestro lugar favorito de niños.
No vas a la escuela, juegas todo el día con la nieve, y luego, al día siguiente solo queda un poco de blanco en las montañas. Sobre alguno que otro techo se ve un poco de hielo, pero ya no hay nada con qué jugar. En el periódico aparecen las notas que nos avisan lo que acabamos de ver todos. Y un día después es como si nunca hubiera nevado; tienes que esperar otros ocho o nueve años para que vuelva a suceder.
Por eso somos la burla de otros cuando salimos a tomar fotos en la nieve. Pero cuando algo sucede tan infrecuentemente, es obvio. De chico, si no sales de Monterrey a vacacionar en invierno, has visto nevar dos veces máximo antes de cumplir quince años.
Es bonito que nieve solo por un día. Nos divertimos, la aprovechamos y la extrañamos inmediatamente. Van marcando tu vida: todos nos acordamos qué hicimos los días que nevó en Monterrey. (En cambio es imposible recordar todos los días que estamos a 40 grados, sea primavera, verano u otoño).
Ayer nevó en Monterrey. Hoy ya no hay nieve ni en las montañas. Y a esperar ocho años. Tal vez nueve.
Cuando tenemos tres meses y medio de gestación, dentro del vientre materno comenzamos a escuchar sonidos, y a medida que crecemos nuestro cerebro comienza a reconocer esos sonidos y comienza a interpretarlos. Desde el momento en que nacemos ya tenemos una experiencia previa con el mundo exterior; ya hemos escuchado a nuestra madre hablar, y si tuvimos suerte, escuchamos música antes de nacer. De la misma manera, podemos decir que la música es parte de la humanidad desde antes de que surgieran las civilizaciones. Sabemos que desde la prehistoria existían instrumentos que utilizaban nuestros antepasados para reproducir sonidos de la naturaleza; y eso derivó en el origen de la música, muchos años después.
La música, tan diversa como las culturas, llega a cada persona de manera diferente, y a diferentes personas la misma melodía puede suscitar sentimientos diferentes, pero al 98% de la población mundial, la música provoca algún tipo de emoción. La música es parte esencial de la civilización humana. La música crea empatía entre las personas y ayuda a crear vínculos sociales. Por eso la música es parte de las personas desde temprana edad; nos ayuda a aprender desde que somos chicos, y nos ayuda a recordar.
Es común que una canción o alguna melodía nos evoquen recuerdos. ¿Quién no ha recordado los bailes de la secundaria al escuchar una canción popular de esos tiempos? ¿Quién no recuerda las canciones que escuchaban nuestros abuelos o nuestros padres en el coche o en sus casas? ¿Quién no tenía una canción favorita con alguna ex novia o ex novio que los hace recordar esa relación pasada cuando la escuchamos? La música nos transporta a otros tiempos, muchas veces reviviendo recuerdos agudamente que no sabíamos que conservábamos. La música llega a una parte de nuestro cerebro difícil de alcanzar.
Acabo de terminar de ver el documental Alive Inside - a story of Music and Memory (Vivos por Dentro - una historia de Musica y Memoria). En este largometraje nos cuentan como Dan Cohen trabaja con ancianos con demencia estimulando sus recuerdos usando música. Este extraordinario documental muestra a personas que viven en casas-hogar y que reciben tratamientos de diferentes tipos. A la mayoría les dan medicamentos farmacéuticos para tratar de ayudarlos; sin embargo nada ha ayudado tanto a estos viejitos como la música. Asombrosamente vemos a hombres y mujeres, que no hablan o algunos que apenas se mueven, cobrar vida cuando escuchan canciones que les gustaban cuando eran jóvenes. Comienzan a hablar y a recordar lo que vivían cuando escuchaban esas canciones; algunos bailan, algunos cantan, pero todos mejoran su humor. Vemos a doctores hablar sobre cómo ninguna droga tiene el efecto que tiene la música en estas personas;las drogas pueden regular niveles de azúcar y presión arterial, más no hay medicamento que toque el alma de los pacientes. Los efectos de la música son verdaderamente sorprendentes.
Ni siquiera enfermedades tan terribles de demencia como el Alzheimer alcanzan a bloquear los recuerdos musicales de los ancianos. Es como si la parte del cerebro que registra la música fuera un lugar inalcanzable para los males, al que todos tenemos acceso con la reproducción de esos sonidos, y al estimular esa parte de nuestro interior se reconectaran otras partes de nuestra mente llevando a la superficie nuestras vivencias del momento en que disfrutábamos de esa música por primera vez. Como si los recuerdos fueran retratos en una habitación y la música fuera la luz que los ilumina para poderlos ver.
La música para mí es parte esencial en mi vida. Me da paz en momentos difíciles, me da alegría en días pesados, me relaja, me inspira, me emociona y me hace reflexionar. La música me ayuda a expresarme, como ya he escrito en este blog. La música le puede dar un sentido diferente a la situación por la que estoy pasando. Y ahora sé que la música llega a mi interior, a donde ningún mal puede llegar, y eso me emociona. En nuestro mundo, en estos días, es tan fácil tener acceso a la música, que me da la esperanza de saber siempre quien soy.
Haciendo un recuento de lo que me deja este año puedo enumerar algunas diferencias con otros años:
Primero que nada, fue el primer año en el que tengo realmente compromiso con alguien; con mi novia, Robin. El principal compromiso es el de casarnos el próximo año. Solo ese hecho hizo que este año fuera diferente desde el principio. Fue en el año nuevo pasado que decidimos tomar ese siguiente paso, y con eso ya el año que comenzó fue totalmente diferente a cualquier otro año. En verano hicimos un viaje al lago Ozarks, en Missouri, con la familia de Robin porque es un viaje que ellos hacen cada año. Conocí a su hermano y su cuñada, a sus tíos y a sus primos, a su abuela y a su tía abuela. Le di un anillo de compromiso unos días antes, y fue mi presentación oficial a la familia.
Unas semanas después de eso, cambié de trabajo. De la empresa que me dio la oportunidad cuando me cerraron varias puertas; donde llevaba ya 3 años y 4 meses, me salí a tomar una nueva oportunidad en una empresa pequeña pero en crecimiento. Con muchísimos retos y obstáculos que superar, comencé a trabajar con clientes nuevos, con políticas nuevas y con nuevos compañeros. No fue nueva la experiencia, pero sí los retos que conllevaba. Este nuevo trabajo fue como un botón de 'reset'; comenzar de nuevo.
Durante todo ese tiempo, comenzamos a planear la boda para el siguiente año, y esto si que fue algo totalmente nuevo para mí. Aprender a determinar exactamente qué quieres tú, pero no solo tú, porque ya no eres tú nada más. ¡Y comienza a ahorrar! Porque la boda no se paga sola.
Por último, pasar la Navidad en Illinois, con la familia de Robin. Otra vez es una parte del compromiso que ya tenía desde antes. Pero pasar la Navidad por primera vez sin mi familia fue algo para recordar. En realidad lo que sucedió es que pasé la Navidad con mi nueva familia. Fue algo nuevo para mí, y lo voy a recordar siempre.
En 2015 cumplí 33 años. Y en 2016 vienen muchas nuevas cosas para mí.