El fin de los tiempos (o puede que no)






Recientemente me enviaron por WhatsApp una cita sobre un tal Almir Favarin, que se supone que es teólogo y psicoanalista. El pequeño ensayo, titulado “Esquizofrenia Social” dice esto:

Vivimos en una época donde quieren que los sacerdotes se casen y que los casados se divorcien.
Quieren que los heterosexuales tengan relaciones sin compromiso, pero que los gays se casen en la iglesia.
Que las mujeres tengan cuerpos masculinizados y se pongan como hombres y tomen papeles masculinos. Quieren que los hombres se conviertan en "frágiles" y delicados y como si fueran mujeres. Un niño con sólo cinco o seis años de vida tiene derecho a decidir si será hombre o mujer por el resto de su vida, pero un menor de dieciocho años no puede responder por sus crímenes.
No hay vacantes para los pacientes en los hospitales, pero está el incentivo y el patrocinio para quien quiere hacer cambio de sexo.
Hay un seguimiento psicológico gratuito para quien desea dejar la heterosexualidad y vivir la homosexualidad, pero no hay ningún apoyo de este mismo para quien desea salir de la homosexualidad y vivir su heterosexualidad, y si intentan hacerlo, es un crimen.
Estar a favor de la familia y la religión es una dictadura, pero orinar sobre los crucifijos, desbaratar iglesias es libertad de expresión.

Si no es el fin de los tiempos, debe ser el ensayo...

Al parecer esta idea se ha hecho viral. Pero como normalmente sucede cuando alguien quiere quejarse del mundo en el que vivimos por las ideologías que no van con sus creencias, los argumentos se vuelven muy simplistas y fáciles de tumbar, o por lo menos de hacer frágil su convicción. Para esto como siempre me gusta hacer preguntas y aclarar los comentarios:

El autor usa mucho la afirmación “quieren”. ¿Quieren? ¿Quién quiere? ¿A quién se refiere cuando dice eso? ¿Cuántas personas “quieren” lo que él sugiere que quieren? Para empezar por el principio, nadie “quiere” que los sacerdotes se casen, más bien existen personas que abogan por que los sacerdotes tengan la opción de casarse; o sea, que puedan escoger. Sobre todo cuando nos enteramos de los sacerdotes que abusan sexualmente de niños y menores de edad, o cuando nos enteramos que esos mismos sacerdotes que no dejaban la orden sacerdotal tenían familia. Entonces ¿quién es más incongruente? 

Lo mismo con el divorcio, nadie “quiere” que los casados se divorcien, lo que pedimos es que se reconozca que alguien pueda dejar un compromiso, sobre todo cuando este se quebranta por alguna de las partes. Personalmente me importa poco que alguien esté en contra del divorcio porque este ya es legal en nuestro país, lo que la iglesia decida es problema suyo; aunque sí me siento mal por la gente que en realidad cree en lo que les dice la religión y aun queriendo estar cerca, no puede porque cometió un error.

Nadie “quiere” que los heterosexuales “tengan” relaciones sin compromiso, más bien reconocen que tienen derecho a tenerlas y nadie los debe de criticar por eso. Y tampoco se excluye a nadie, "quieren que los heterosexuales no tengan compromiso pero los gays sí y aparte avalados por la iglesia" ¿con quién platicó esta persona? Todos, homosexuales y heterosexuales tienen derecho a tener relaciones sin compromiso, y también deberían de tener derecho por igual a casarse y a divorciarse. Ese es el argumento real.

Almir Favarin asume mucho en su corta queja; supone que hay quien quiere que las mujeres se masculinicen y los hombres se vuelvan frágiles. Como si hubiera una organización que busca los absolutos, que todos los hombres sean frágiles y que todas las mujeres tomen papeles masculinos; ¿a qué papeles se refiere? Al parecer sugiere que hay quien quiere cambiar a los hombres por las mujeres y viceversa. Si hay alguien que quiere exactamente eso, yo no tengo la menor idea de quién sea.

Y luego miente: un niño de seis años no puede decidir prácticamente nada por sí solo y los menores de 18 años responden por sus crímenes de igual manera que los adultos, por eso existen los reformatorios. También miente sobre el incentivo y patrocinio para el cambio de sexo: en donde quiera que haya este incentivo, no hay tampoco escasez de vacantes para pacientes. 

Y por último, estar a favor de la familia y la religión no es una dictadura, lo que es una dictadura es querer legislar conforme a las creencias religiosas de alguien. También valdría la pena cuestionar (ya que lo mencionó antes) ¿no debería ser ilegal instruir a niños en la religión desde pequeños, qué digo desde los 6 años, desde su primer año de vida, sin tener ninguna evidencia de que cualquiera de las religiones sea real? Y si yo compro un crucifijo y se me antoja orinar en él no estoy rompiendo ninguna ley, al igual que los religiosos que critican a los divorciados y homosexuales y a las mujeres que deciden abortar tampoco rompen ninguna ley. 


Almir Favarin se confunde y piensa que las libertades de otras personas son impuestas por la fuerza en toda la población. Pero más grave aun, se le olvidan todas las atrocidades que han sucedido gracias a la obediencia dogmática de religiones y de costumbres. Se cree con derecho de criticar a otros por tener libertades, sin que nadie le imponga nada, pero no se le escucha criticar a quienes persiguen homosexuales incluso si también persiguen la libertad de expresión, o criticar a quienes encubren la pederastia, porque esos también están en contra del aborto. Al parecer mientras mantengan los valores que él piensa que deben ser universales no le importa que pisoteen los derechos de las personas.

Y termina sugiriendo que esto debe de ser el ensayo del fin del los tiempos, si acaso no es el mismo. A lo que  yo le contestaría, ¿cree de verdad que las libertades que tenemos hoy en día significan que estamos en decadencia? Si no fue el fin de los tiempos cuando la Iglesia torturaba y mataba personas por estudiar ciencia y quemaba libros en plazas públicas, si no fue el fin de los tiempos cuando estaba prohibido en la ley ser homosexual o cuando no dejaban a los negros casarse con blancos, si no fue el fin de los tiempos cuando se les prohibía a las mujeres divorciarse aunque su esposo las golpeara y maltratara, o cuando quemaban a gente viva solo por la acusación de brujería sin ninguna prueba... Si no fue el fin del mundo cuando humanos esclavizaban humanos sin ley alguna que los defendiera e incluso con "aval de Dios" o se podía vender a tus hijas por algunos bienes sin problema alguno, o cuando libraban guerras por pura costumbre… si no fue el fin de los tiempos entonces, creo que la generación de nuestro tiempo sale muy bien librada. 


las películas no son libros, las películas no son cómics

No sé cuántas veces he escuchado a alguien quejarse de una película basada en material existente, porque no es fiel a la fuente. Ya sean libros, cómics, películas o caricaturas. Y el mismo número de veces he escuchado a gente defender a una película porque se parece mucho a lo que sucede en el libro, o en los cómics o en las caricaturas. A mí no me parece justo calificar las películas con respecto a su parecido al material original (cuando es el caso). Mi argumento es este: las películas no son el material original, sino que están basadas en él, por lo tanto no debemos tratarlas como cómics, o novelas, o caricaturas. La forma de contar una historia varía dependiendo de las herramientas que se tengan para hacerlo. Por ejemplo, en una novela, puedes esconder la identidad de un personaje simplemente omitiendo su nombre; de esta manera puedes preparar un giro importante si haces pensar al lector que hay dos personajes diferentes cuando en realidad solo hay uno. También en las novelas se utiliza un narrador, que se omite casi en todas las películas para no hacerlas tediosas. El narrador juega un papel muy importante en las novelas, ya que te indica, o te esconde según sea el caso, detalles importantes de la historia; si en el libro dice 'había una figura tenebrosa detrás de ella' no necesitas poner atención al entorno, te están indicando lo que debes de “ver”. En una película puedes mostrar todo lo que viene en el libro pero no puedes asegurarte que el espectador lo observe, a menos que hagas un evidente acercamiento al objeto, pero si quieres ser sutil esto no funciona. 

De la misma manera los cómics y películas recurren a las imágenes para contar una historia. Hay muchas películas cortas que no contienen ni un solo dialogo; la historia se cuenta únicamente con imágenes, como muchas veces sucede en las historietas. Los cómics utilizan contraste de sombras y colores para darle profundidad a las reacciones de los personajes; juegan con el diseño de los cuadros donde sucede la acción para dar dinamismo a las escenas. La frecuencia en que se publican los cómics también ayuda a que la historia sea más ágil. Cada dos semanas o cada mes tienes un capitulo nuevo y hay muchas series que se cruzan entre sí; MARVEL imprime alrededor de 50 números mes con mes. Y las historias toman su tiempo para desarrollarse gracias a esta frecuencia con la que pueden ofrecer capítulos, más parecido a lo que sucede con las series de televisión y totalmente contrario a lo que logran con las películas que salen cada año. En fin, cada formato utiliza sus herramientas como mejor le parezca para exponer una narración y mantener al publico expectante. Y es por eso que no siempre se puede traducir fielmente una historia del papel a la pantalla. 

A veces el director de una película decide cambiar el inicio la historia con una exposición del ambiente en el que sitúan los personajes. Otras veces comienzan con una escena intermedia de una novela, y luego cuentan con escenas retrospectivas lo que sucedió anteriormente. A veces usan el formato blanco y negro en escenas especificas para resaltar hechos importantes. Hay muchos ejemplos de cómo un director decide cambiar ligeramente la historia para adaptarla al cine. Christopher Nolan, por ejemplo, decidió cambiar un detalle de la historia original de Bruce Wayne en su película Batman Begins. En el cómic, los papás de Batman son asesinados después de ir al cine a ver la película de El Zorro. Christopher Nolan cambió el cine por la ópera, y la razón que dio es muy interesante: no es lo mismo que dentro de un cómic los personajes vayan al cine, a  que en una película los personajes vayan al cine. 

En la primera entrega de Iron Man explican de una manera coherente y moderna las 2 primeras versiones del traje de Tony Stark antes de que finalmente construya su traje típico. En la primera película de X-Men (2000), Rogue, quien en los cómics siempre ha tenido un mechón de pelo blanco, aparece al inicio de la película sin él, detalle que me llamó la atención pero que dejé pasar por alto de manera que pudiera disfrutar la película, sin embargo en el final los eventos resultan en la aparición de estos mechones blancos, dando una explicación a estos y mostrando al personaje finalmente como es en los cómics. Y así nos podemos ir con cada una de las películas exitosas que son adaptaciones del cómic enumerando las diferencias entre el trabajo original y su resultado en la pantalla. 

Por otro lado, existen películas (muy pocas, pero las hay) que superan al trabajo original, y aun en esas podemos escuchar a personas criticar a la película solo porque no se apegó a lo que sucedía en la historia que ellos conocían. También he escuchado personas defender a una mala película porque “así es como sucedía en la historia original”. ¡¿Y qué importa?! Si eso sucedía entonces la historia original también es mala. Personalmente, lo que me interesa a mí que sea fiel a la fuente son las personalidades de los personajes: que el personaje que conozco, independientemente de la situación en la que se encuentre, reaccione como esperaría que reaccionara. Si eso no sucede, los personajes se desvirtúan y ahí sí se pierde la esencia de lo que hizo al personaje o la historia famosa. Fuera de eso, los detalles de cómo suceden los eventos son poco importantes para mi gusto. 


Al parecer todavía hay gente que no logra entender que las películas no son los cómics, ni los libros, son adaptaciones para el cine, un formato que por lo general no admite más de 2 horas y media de exposición. Y el director tiene que tener el talento para encapsular la historia que sea en ese corto tiempo. Hay que tomar el material como es, y criticarlo si es malo o elogiarlo si es bueno. Pero querer que sean copias idénticas incluso les quita lo interesante al cine: si ya sabes exactamente lo que va a pasar, no te sorprende nada.  


la honestidad escasea

No sé si Trump es producto de nuestra realidad o viceversa. Pero de lo que estoy seguro es que mentir se ha vuelto una moda, y la honestidad se ha vuelto tan rara que llega a parecer obsoleta. ¿Para qué ser honesto si no nos van a creer? ¿Por qué creerle a alguien si siempre miente? ¿Por qué voy a ser honesto yo, si las autoridades, los presidentes, los policías, los maestros y todos los que deberían de promover la honestidad, todos mienten? 

Ser honesto es algo bueno y, aunque el engaño conlleve una ventaja para el mentiroso, la honestidad no deja de ser la mejor manera de vivir. El mentiroso tiene que sostener sus mentiras para que le sirva de algo mentir. Solo tiene ventaja si la gente le cree sus mentiras; pero a medida que estas son descubiertas menos gente le cree. Con esto quiero decir que el mentiroso quema cartuchos, mientras que el honesto no necesita dejar de ser honesto. El mentiroso tiene que recordar sus  mentiras, de otro modo es fácil que lo descubran, y cuando se equivoca tiene que inventar nuevas mentiras para poder cubrir las anteriores. El honesto no necesita tomar nota de lo que va a decir y a quién, solo necesita recordar lo sucedido. 

En estos tiempos en que la información fluye tan rápidamente que no tenemos tiempo de digerirla, la verdad es un bien muy preciado. Los honestos escasean. No puedes confiar en lo que te dicen sin verificarlo por ti mismo. Y quien conoce el verdadero valor de la honestidad, sabe que es algo caro que no se espera de cualquiera ni se vende barato. Muchos periodistas saben lo que cuesta ser honesto y el valor de esa cualidad; ellos ganan dinero por la cantidad de gente que les cree, y se ganan su prestigio con cada noticia que publican. Pero a pesar de que son muchos los periodistas honestos, hoy por hoy abundan las noticias falsas y engañosas que solo buscan lograr una venta rápido. A todo esto llega el dilema sobre la honestidad. ¿No es frustrante saber que el mentiroso gana dinero más rápido que el honesto? Y no es solo dinero, hablamos de fama, popularidad y poder. Y sin embargo no me queda duda que si queremos una vida más simple y más gratificante debemos escoger la honestidad. 

No soy ingenuo. No pido la completa honestidad el 100% del tiempo que vivimos. Me queda claro que las mentiras son necesarias e inevitables. Si mi sobrina de 3 años me pregunta si me gusta el dibujo que hizo, indudablemente voy a decir que sí, siempre. Si mi esposa me prepara de comer y no fue de mi total agrado, no se lo voy a hacer saber, aunque me lo pregunte. No vale la pena. Si llego con un cliente y tengo que mentir sobre mis gustos para poder iniciar una conversación, sin pensarlo dos veces voy a mentir. Sin embargo,  esas situaciones no justifican mentir en situaciones importantes; incluso en las no tan importantes. Esa es otra normalidad que no entiendo, la capacidad de decir mentiras casi todo el tiempo, solo por mentir, solo por exagerar las cosas aunque sea un poco (empezando por Facebook). 

En todos lados vemos a gente mentir, robar, esconder la verdad, hacer trampa; todo por el éxito inmediato. Pero también vemos, irónicamente, cómo la gente admira a las personas honestas por su honestidad, o más bien por su capacidad de triunfar sin recurrir al engaño. Pero si eso es digno de admirarse, ¿por qué no es la norma general? Lo es, pero solo en teoría. En la práctica es muy diferente, y lo que me asombra es la capacidad que tenemos para mentir incluso en eso. En vez de aceptar que todos mentimos y que no le damos valor a la veracidad, enseñamos a los menores que no deben de decir mentiras. 

Personalmente yo prefiero ser honesto. ¿Soy honesto todo el tiempo? No. Pero intento serlo. Y lo más importante, no miento si la ocasión no lo amerita, y cada vez las situaciones que lo ameritan son más escasas. No son para obtener dinero, ni favores ni privilegios; son para salir de situaciones incómodas o para evitarlas. Miento para no ofender a alguien o para hacerlo sentir bien. Pero el hecho de no abusar de las mentiras me vale el respeto de mucha gente, y la confianza de mucha más. Y lo más importante: otorga autoridad moral. A nadie le gusta que le den sermones cuando quien los da dista de ser una persona integra. Y a pesar de que cargo con la reputación de la mayoría y me cuesta trabajo ganar la confianza de algunas personas, lo bueno de decir la verdad es que eventualmente la gente lo nota, lo reconoce y lo agradece.

En el episodio final de la séptima temporada de Game of Thrones (que salió ayer en la noche), escuché una frase que me gustó mucho; Jon Snow se rehusa a hacer una falsa promesa y sus aliados se lo recriminan, pero él les contesta con una muy buena frase:

“But when enough people make false promises, words stop meaning anything. And there are no more answers only better and better lies, and lies won’t help us in this fight.”

“Pero cuando suficiente gente hace falsas promesas, las palabras dejan de tener significado. Y entonces ya no hay respuestas, solo mejores y mejores mentiras, y las mentiras no nos van a ayudar a ganar esta batalla.”


A veces lo único que tenemos es nuestra palabra. Y cuando nuestra palabra no vale nada, nadie estaría dispuesto a ayudarnos. La honestidad se logra día con día, hasta en las situaciones más simples, pero sobre todo en las difíciles. A veces lo único que tenemos de alguien más es su palabra, y si no podemos confiar en ella, quizás sea por que sabemos que nosotros tampoco la cumpliríamos  si estuviéramos en su lugar. 


La presión social es cara

Estoy escribiendo esto mientras compramos la despensa. Estamos en el supermercado que nos queda cerca y como es domingo vemos a muchas familias comprando juntos. Una de ellas me llama la atención en particular. Tres niños de diferentes edades, cada uno con una bolsa de plástico inflada y con un nudo, jugando mientras sus papás escogen la fruta. Creo que es la primera vez en años que veo niños jugando como si no existieran juguetes ni tecnología, persiguiéndose, golpeando el globo hechizo para que le pegue en la cara a su hermano, aventado la bolsa lo más alto que puedan y tratando de cacharla. Jugando con bolsas sin que nadie se burle de ellos, o a expensas de eso. Es un alivio ver esto, parece que no existieran niños que no tuvieran incluido ya su iPad, que parece ser el único remedio contra el aburrimiento o contra la desobediencia. No es que no deban de tener un iPad, sino que deben de poder divertirse con bolsas de plástico infladas. Me pongo a pensar en la cantidad de dinero que gastan los papás para darles juguetes y iPads a los niños para hacerlos felices. También me pone a pensar si los papás de los niños que siempre traen su iPad les compran ese aparato para que sus hijos jueguen o para que los otros papás vean que pueden comprarlo. 

Desde niños aprendemos lo que es la convivencia, y aprendemos que hay personas que tienen cosas que otros no pueden tener. Desde chicos aprendemos las “categorías” que marca el dinero y aprendemos a darle más valor del que en realidad tiene. Educar a los niños sobre este tema es responsabilidad de los papás, pero al parecer no a muchos de ellos les importa. Al parecer mucha gente aprendió que importa más cómo te ven los demás, y qué opinión generas con tu parecer que lo que realmente piensas, haces y dices, y es eso lo que quieren que aprendan sus hijos. Y aunque lamentablemente vivimos en una sociedad en la que generalmente te juzgan por lo que llevas puesto y lo que usas en vez de tus habilidades y tus gestas, deberíamos de ser capaces de evitar creer en esta falacia y que esto es lo correcto. Los oficios de atención a clientes y ventas requieren una impecable presencia ya que lo que tratan de evitar es que el cliente cree un juicio negativo antes de entablar una conversación. Sin embargo vale la pena tener conciencia de que una cosa es el trabajo y otra nuestra vida personal y nuestra relación con otras personas, o evaluar qué beneficios nos trae las cosas que queremos. Vestir a la moda, por ejemplo. Lo hacemos por cómo nos sentimos nosotros o por cómo nos ven los demás. Comprar un coche caro: lo hacemos por los beneficios del coche en sí, o por la opinión de otras personas sobre eso. 

Hace poco releí un artículo que recibí en mi correo hace mucho que hablaba sobre un
supervisor de restaurantes que usaba un teléfono celular fuera de moda y que no lo cambiaba porque le daba buen servicio, sin embargo era ridiculizado. Terminó cambiándolo por las criticas y burlas de sus colegas. Y hablaba sobre la inseguridad de las personas y el gran costo monetario que les representa. Razón no le falta a este articulo, poca gente usa ropa de marca por la comodidad de esta, y en muchos casos la satisfacción de cambiar un coche, comprar un celular, comprar una casa, etc, viene más por la aceptación de las demás personas que por el beneficio que trae lo comprado (y por eso Facebook tiene tanto éxito). Entender que el vacío que sentimos cuando no tenemos algo no va a ser llenado con ese algo que queremos (por lo menos no permanentemente), nos quita un problema de encima, porque estar al día con la tecnología y la moda es el negocio de quienes lo crean, mantenerte insatisfecho es su manera de sobrevivir, por lo tanto tenemos que seguir gastando dinero en algo que vamos a desechar en poco tiempo. 

Saber que no eres lo que tienes o lo que te pones encima te ayuda a evitar estrés. Siempre va a haber alguien que tenga algo que tu no puedes tener; aceptar eso te libera de la presión social. Creer que eres más porque tienes algo que el otro no tiene, te ayuda a sentirte más importante, pero solo momentáneamente. Tener una buena impresión de nosotros mismos no cuesta nada, aparentarla ante los demás sí. 

Querer algo porque te gusta, porque lo necesitas o porque eres mejor con eso, está bien, solo que hay que trabajar para obtenerlo. Pero querer algo para evitar criticas de los amigos o generar impresiones en ellos, eso es una fuente de insatisfacción. Conviene más cambiar de amigos que cambiar nuestra mentalidad. 


Eso que los niños del supermercado están aprendiendo les va a ayudar mucho cuando sus amigos se burlen de sus preferencias. Van a ser ellos mismos con o sin un iPhone; y si llegan a tener uno, no van a sufrir si se los quitan. Tener la capacidad de disfrutar las cosas simples, evita la necesidad de gastar dinero para distraerse. Eso es algo raro en este tiempo. Y por eso mismo vale mucho. 

Hasta pronto Opus 102

Ayer vi en Facebook muchas quejas porque el gobierno del estado decidió cambiar la estación de radio Opus 102 FM a una frecuencia en AM. Vi varios comentarios como “la cultura se quedó sin casa” o “la cultura pasó a segundo plano”, lo que me hizo reflexionar por qué tanta gente se indigna y se queja sin antes hacer preguntas. 

Hay que explicar que la estación Opus 102 FM ofrecía música clásica, jazz, ópera, música contemporánea y estilos de música menos populares y más culturales. Había programas interesantes donde hablaban de libros, poemas y otros temas de ese estilo. Es una de las pocas estaciones de radio culturales que tenemos en la ciudad, por lo que no es de sorprenderse que a la gente no le haya gustado que cambien de programación.

Tengo muchas razones para estar tranquilo ante este cambio, y me sorprende que haya tanto rechazo a una idea que no conocen. Creo que hay mucho prejuicio e intolerancia ante una nueva idea que puede ser buena. La desinformación de algunos medios como Milenio y Proceso que publicaron que la estación Opus desaparece, también ayuda a que el sentimiento de rechazo y enojo crezca. Hay que aclarar que la estación no desaparece, solo cambia de banda. 

Yo necesito información que desconozco para poder emitir un juicio más educado sobre esta decisión: 
¿cuántas personas escuchan la estación Opus, y con qué frecuencia? Yo escucho normalmente esa estación, pero no frecuentemente. En una semana regular no sintonizo la estación en más de una ocasión, y casi siempre es porque no hay nada que me interese en las otras estaciones de radio. Sí conozco un programa que transmitían en la tarde (Adagio) que me gusta mucho y que probablemente escucharía más si tuviera oportunidad, pero como solo escucho la radio cuando voy manejando en mi coche, no siempre coincido con el horario.
¿Por qué medio se escucha la estación más frecuentemente? Como dije arriba, yo casi nunca escucho la radio si no es en mi coche cuando manejo, a veces ni en ese tiempo, últimamente he traído de moda escuchar podcasts (hay varios muy interesantes) pero yo sé que mucha gente escucha su radio todos los días. Mi pregunta va en el sentido de que la gente que escucha Opus, ¿cómo lo hace? ¿En su coche como yo? ¿En su casa? ¿En el trabajo? Y esto me interesa porque, fuera del lo que sucede en el carro, donde vas en movimiento, la banda AM no se escucha mal, e incluso en el coche se escucha bien, pero acepto que tiene mejor calidad la banda FM. Pero, ¿de verdad vale la pena quejarse tanto solo porque en vez de escuchar FM ahora habrá que cambiar a AM para escuchar lo que queremos?
¿A quién afecta directamente que eliminen esa estación? Y estoy hablando de quién realmente resulta afectado. Una incomodidad no es una afectación seria. Tener que cambiar a AM en vez de solo cambiar de frecuencia no es una afectación seria. Estoy preguntando ¿quién va a perder su estación favorita? 

Esas preguntas me sirven porque yo no entiendo quién puede quejarse de que tenga que escuchar la estación en la banda AM. Y estas son las razones: en primer lugar, solo las personas que no tengan radio AM se perderán de la programación. Nadie más. Si lo que les molesta es que la calidad del sonido es más baja es el único argumento que puede ser considerado, pero hay otras opciones para escuchar la misma música con buena calidad; prácticamente todos los programas de radio ya se pueden encontrar por internet; y si hay gente que no tenga acceso a internet por falta de recursos: hago esta pregunta seriamente ¿cuántas personas que no tengan acceso a internet les interesa escuchar Opus 102? No estoy criticando ni asumiendo nada, la pregunta realmente es seria y por eso fue que aclaré que necesito esta información para hacer un juicio educado; pero realmente creo que no mucha gente que no tenga acceso a internet le interese escuchar música clásica o jazz; y antes de que se me acuse de esnob repito que la estación no desaparece; incluso si no se tiene internet se sigue teniendo acceso a la cultura. Yo conocí muchas comunidades de muy escasos recursos en Nuevo León, en Hidalgo, en Coahuila, en el Estado de Mexico y en Chihuahua. En todas ellas la mayoría de la gente escuchaba la radio AM. La razón era obvia, la frecuencia FM no llega tan lejos como la AM, y en los ejidos y comunidades que están lejos de absolutamente todo, la opción era esa. Entonces si la preocupación es que existen muchas personas interesadas en escuchar música clásica pero que no tienen acceso a internet, deberían agradecer que ahora es más fácil para ellos escuchar esta estación. 

Otra razón por la que no entiendo tanta queja es la falta de argumentos. Decir que por transmitirse en AM la estación va a tener menos audiencia me lleva a preguntarme por qué no comenzar a escuchar la radio AM. ¿Alguna vez hemos escuchado esa banda? Yo sí, sobre todo para escuchar narraciones de partidos de futbol. Pero también he escuchado noticias y programas que para mi grata sorpresa me llaman la atención. ¿Por qué en vez de quejarnos no nos interesamos en conocer más lo que se transmite? A mí me llamaron “fresa” por sugerir que si queríamos escuchar música cultural lo podíamos hacer en Spotify o Jango. Pero no escuché a nadie quejarse de los “fresas” que no quieren escuchar AM en vez de FM. 

Y por último y más importante: ¿alguien sabe qué se va a transmitir ahora en vez de lo que se escuchaba antes? ¿Dan por hecho que la programación nueva no va a ser cultural? Porque lo que decían en Facebook es que la cultura era la afectada. ¿Tienen certeza de eso? El gobernador aclaró que cambia la programación para dar gusto a más personas, pero va a seguir siendo cultural; incluso seguirán transmitiendo jazz y trova en ciertos horarios. ¿Cómo saben que no les va a gustar más la nueva propuesta?


A todo esto quiero decir que estar abiertos al cambio no quiere decir estar de acuerdo con ellos, pero lo que no he visto en Facebook es alguien aportando ideas, reflexionando, cuestionando. Solo quejas, y más quejas.  

Estar solo


Imagina que vivieras en 1960, cuando no existían los teléfonos celulares. Si estabas en la calle y querías llamar a alguien tenias que buscar un teléfono público, pagar por la llamada y esperar que la otra persona estuviera en el lugar al que estabas llamando. Te separabas del teléfono y ya no estabas en contacto con nadie que no estuviera físicamente cerca de ti. Si tenias que tomar el metro para ir a trabajar, o si tenías que caminar por la calle para llegar a otro lado ibas solo durante el trayecto. Podías llevar un libro para leer. O tal vez el periódico. Pero si no, ibas pensando para ti mismo. 

En esos tiempos en los que los recorridos eran más largos había mucho tiempo para pensar. Pero ahora, todos tenemos un aparato con el que estamos conectados con nuestros amigos todo el tiempo sin importar dónde estén. Quien quiera nos puede contactar cuando sea, compartirnos una historia, una noticia, un chiste, o exigirnos más trabajo. Mientras esperamos en el banco podemos estar jugando Angry Birds o contestando un correo electrónico o viendo algún video en YouTube. Si en los 60's se empezaron a preocupar porque la gente se informaba con la televisión y ya no quedaba tiempo para platicar y leer en casa ¿qué pensarían esas personas si vieran que ahora ya no tenemos tiempo ni para platicar con nosotros mismos? Día y noche estamos conectados con el mundo, y lo que hacemos justo antes de cerrar los ojos e intentar dormir es revisar las últimas publicaciones en Facebook. 

Ya no tenemos tiempo para meditar. No tenemos espacio para pensar nuestros propios pensamientos. Desde que se inventaron los grupos de chat nos aburrimos si no tenemos con quien platicar mientras esperamos un elevador. Es posible que solo cuando nos bañamos es que podemos estar totalmente solos. Hemos perdido independencia. Y no estoy criticando la tecnología ni a las "nuevas generaciones”, simplemente estoy señalando algo que hemos perdido y que vale la pena recuperar: nuestro espacio personal. Estar solos. Estar con nosotros mismos. Pensar en lo que hicimos durante el día. Idear lo que queremos para nuestras próximas vacaciones. Reflexionar sobre el libro que leímos o el último capítulo de la serie que estamos viendo. Platicarnos.

Newton reflexionó sobre la gravedad en un momento de ocio. Arquímedes obtuvo sus ideas para determinar el volumen en sus ratos dentro de la bañera.Tal vez valga la pena darnos un tiempo para nosotros. Podemos apagar el teléfono 1 hora antes de dormirnos. Escoger un libro para leer cada mes y esforzarnos en hacerlo. Meditar 15 minutos cada día, en la mañana antes de comenzar nuestra rutina. Escuchar música sin letra mientras manejamos. Hacer ejercicio sin compañía. Hacer lo que nuestra especie sabe hacer mejor que ninguna otra: pensar. 


El plagio del plagio

Cuando pensamos en originalidad, ¿qué queremos decir? ¿Qué esperamos de algo original? ¿Algo nunca antes visto? Es muy común escuchar quejas por el parecido de construcciones emblemáticas con las de otras partes cuando se conocen muchos lugares del mundo (y ahora con internet, se pueden hacer comparaciones sin necesidad de viajar). La razón puede ser que tenemos una idea de que copiar algo es malo o desleal. Sin embargo parece que solo aplicamos ese criterio para las creaciones que nos son propias; parece que somos más tolerantes con el talento extranjero. 

En el año 2003 se terminó de construir en mi ciudad, Monterrey, el 'Puente La Unidad’ que conecta los municipios de San Pedro y Monterrey. Aparte de las quejas, que nunca faltan, sobre el enorme costo del proyecto, vino una critica también típica en este tipo de creaciones: el puente era una copia de uno que existía en España. Más allá, decían que lo habían plagiado y que el diseñador de que puente de Sevilla debería de demandar a los constructores y diseñadores. La demanda obviamente nunca procedió, y dudo que lo hayan intentado. Sin embargo, el arquitecto Santiago Calatrava, quien inició con este tipo de puentes, sí llegó a comentar su descontento, lo que resulta ridículo cuando se observa lo que ha diseñado alrededor del mundo. 

Pocas obras, sean las que sean, son totalmente originales. Estamos acostumbrados a considerar algo original si no lo hemos visto antes; pero esto no quiere decir que sea original. Si somos exigentes, nadie se salva, ya sean obras arquitectónicas, de ingeniería, historias, películas, canciones, pinturas, etc. Busquemos algo que nos parezca bello y original, y lo más seguro es que encontremos algo que se hizo antes que se le parezca de algún modo. Incluso a Santiago Calatrava se le puede criticar que el tipo de puente por el que se le conoce, es solo una variación de otro tipo de puente; sin embargo yo nunca he escuchado a nadie que lo critique por esa razón, o por que sus puentes de arco atirantado se parezcan a todos los que hay por todo el mundo desde hace mucho tiempo; incluso aquí en Monterrey, el Puente del Papa se puede considerar como inspiración de Calatrava para su Puente Lusitania. Y no debería de criticársele. ¿Acaso alguien se queja de que el puente Golden Gate tenga tanto parecido con el puente de Brooklyn? ¿O que cualquier edificio cilíndrico tenga el obvio parecido con la torre de Pisa? He escuchado muchas veces cómo la gente despotrica contra cualquier cosa que se presente como hecho en México si tiene algún parecido con algo que se haya hecho en otro lugar. Pero me sorprende que jamás he escuchado a alguien que se queje de lo mismo en otros países, sin embargo, los casos son incontables:

- el arco del triunfo en Paris; copia de muchos arcos que se pueden encontrar en el foro romano

- el Museo de Liverpool; copia del Museo Nacional de Arte del Siglo XXI de Roma




- la Torre Agbar en España; muy parecida a el Gherkin de Londres


- el centro de Arte Contemporaneo en Ohio; su muy parecido y más antiguo Museo Ulster en Belfast, Irlanda del Norte


- el palacio de la cultura y la ciencia en Varsovia; copia de la torre Big Ben, en Londres






- el capitolio de Washington (y muchos edificios de gobierno de Estados Unidos); basados en el diseño del Partenón en Grecia
 

- el monumento a Washington, el obelisco en Buenos Aires; basados en el diseño egipcio de hace 4500 años

- Jansen Campus en Suiza; muy parecido al Museo de Arte de Denver












- el Monumento a la Independencia en la Ciudad de México; diseño muy parecido (aunque mucho más bonito) al del Angel Dorado en Berlín




Y así nos podemos ir, ciudad por ciudad, país por país, en todos lados, copias o más copias de algo que se hizo antes. Y sin embargo no son plagios. Comúnmente los diseños varían en algo, se diferencian de alguna manera, y siguen siendo bonitos.

Me acabo de enterar este año que la famosísima saga de Star Wars, de la que soy fan desde hace muchos años, no es tan original como yo pensaba. Justo este año por primera vez comencé a leer la novela Dune, de Frank Herbert; desde el inicio comencé a notar las similitudes. Luego me enteré de otra saga de historietas llamada Valerian es otra obra a la que debemos agradecer que Star Wars exista como lo conocemos. Pero aun así, me sigue gustando Star Wars, sigo disfrutando lo que se creo a partir de otras obras. Y lo más importante, nadie está demandando a nadie por derechos de autoría. ¿Por qué creemos que nadie puede crear nada sin basarse en algo que existe? 

Hay diferencias importantes entre el plagio e influencia. J. K. Rowling tuvo muchas influencias de El Señor de los Anillos para escribir Harry Potter. El Rey Leon, inspirado en la caricatura japonesa Kimba el león blanco y Hamlet. Cuántas obras no conoceríamos si fuéramos estrictamente críticos de la copia de ideas. 


Podemos detectar muchísimas similitudes en todo lo que vemos, y normalmente nunca cuestionamos la autoría intelectual. No todo lo original es mejor que lo copiado, y no todo lo copiado resulta en plagio. Podemos reconocer originalidad en obras parecidas; pero querer criticar lo nuestro nos impide apreciar lo que tenemos.  


Las improbabilidades infinitas

Cuando pensamos en las probabilidades de que cada uno de nosotros esté aquí en este momento podemos llegar a calcular uno entre miles de millones. En la escuela (católica) me enseñaron una vez las miles de posibilidades de que yo no existiera si mis padres no se hubieran conocido, si mis abuelos no se hubieran conocido, si mis bisabuelos no se hubieran conocido, si cualquier otro espermatozoide de los miles de millones que pudieron haber fecundado a aquel óvulo hubiera hecho la tarea en vez del que me creo a mí, yo no estaría aquí. Y por lo tanto, si estás aquí debes de agradecer y buscar tu cometido en la Tierra. 

En un vídeo que vi en Facebook, un muchacho calculaba esa pequeñísima probabilidad de que cada uno de nosotros estuviera aquí, supongo que recibió la misma plática que yo. Y determinaba que esa probabilidad es igual a 1 entre 10 a la 2,650,000 potencia; y ese numero es prácticamente 0. Sin embargo, a pesar de que es cierto lo que dicen también es cierto que sólo podemos hacer ese cálculo justamente porque estamos aquí, si no estuviéramos aquí alguien más que hubiera nacido sería quien estaría sorprendido por la pequeñísima probabilidad de que nació. ¿Es para sorprenderse que algo pase cuando eventualmente iba a pasar?

Lo mismo podemos decir de la vida en la tierra: escuché alguna vez el dato curioso de que una pequeñísima variación en la gravedad de este planeta hubiera sido suficiente para que no existiera la vida tal y como la conocemos hoy. Pero es lógico pensar que esto sea así. La vida de este planeta está adaptada a la gravedad que hay en este planeta. Si la gravedad fuera diferente la vida estaría adaptada a esa gravedad. Cuántas especies de animales no se han extinguido porque no se adaptaron a su entorno, ¿eso no lo cuestionamos? ¿Qué pensarían los dinosaurios, cuando el cometa golpeó el planeta, en una situación que acontece una vez cada 100 millones de años? ¿Mala suerte? No es nada milagroso que la vida exista en un planeta donde puede existir la vida. No es nada milagroso que hayamos nacido cuando alguien tenía que nacer; nunca pensamos en la cantidad de personas que no nacieron y que no pueden estar frustradas por ese hecho porque simplemente no existen. Justamente el inverso del número de posibilidades de que yo no hubiera nacido es el número de personas que no nacieron porque yo nací y ¿quién le está preguntando a ellos qué planes tenían si hubieran nacido? Si el sol no estuviera a la distancia exacta donde está seríamos muy diferentes, pero el sol no cambió su distancia por nosotros, sino que nosotros nos adaptamos a la distancia del Sol. Es tan lógico que me parece imposible de reconocer.

Entiendo que nos gusta pensar que somos únicos, queremos ser especiales. Nos gusta pensar que estamos aquí por algo y que tenemos una misión importante en la vida. Por eso también nos gusta pensar en las pocas probabilidades que había de que estuviéramos aquí. Pero ¿sirve de algo esto? ¿sirve de algo engañarnos? Querer encontrar algo nos ayuda a ver figuras en las nubes. Querer buscar algún culpable nos ayuda a sospechar de todos. Seamos objetivos y veamos la realidad, es tan milagroso que cada uno de nosotros esté aquí, como el hecho que personas mejores que nosotros no hayan existido y hayan hecho un mundo mejor. De hecho la misma probabilidad de que nacieras tú o que naciera yo es tan pequeña como la probabilidad de que naciera Hitler y sin embargo nació Hitler y ocasionó la muerte de millones de personas. No pensamos en lo fácil que hubiera sido evitar que Hitler naciera, o cualquiera de las personas que causaron desgracias, para tal caso. Sólo nos enfocamos en el milagro de nuestra vida, la única que podemos constatar que sucedió. 


Darnos más importancia de la que tenemos, a mi parecer, es más perjudicial que benéfico. La historia nos enseña que sentirnos superiores ayuda a que nos importen menos los demás y nos preocupemos menos por nuestro entorno. A mí me gusta pensar que solo tenemos una vida y es irrepetible, pero no eres el único que está vivo, y para que todos podamos vivir mejor hay que tratar de ser la mejor versión de nosotros mismos y aprender de las personas que están y estuvieron en este planeta. Este “milagro” de estar vivos y presentes le sucedió a 2,787,327,622 de personas durante los 8,000 años de historia que podemos recapitular. Conocemos a muchas personas que fueron muy buenas y a muchas personas que fueron muy malas. ¿Qué tipo de personas queremos ser? Eso es lo que personalmente da valor a mi vida.