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Cicatriz abierta

Caminando sobre hojas secas desperté de mi sueño

Mi mano apretó el aire y mi pecho se hizo nieve

El cielo apenas se dejaba ver, no había ruido

Tal vez era octubre o tal vez mayo; tal vez llovía o solo era yo

¿De dónde vino ese espejismo? ¿No estaba ya lejos? ¿Seco? ¿Flaco?

Flotando fui al jardín, buscando alivio... descifrando memorias ¿de dónde llega acaso la nostalgia?

Me pareció ver su silueta; en el espejo, o en el balcón. 

Eran risas, seguramente. Pero tal vez no.

Eran rostros parecidos. Sí, hacía sentido. Las flores se asemejan entre sí.

Aun dudaba. 

¿Qué trae de vuelta a los retoños cada primavera? Hay cielos que solos llegan.

Hay mareos que te tumban, mas no por debilidad 

Es porque somos vulnerables, es inevitable, no se puede defender uno de todo

No se cura uno de todo

Ignoro qué me trajo de vuelta al camino ese, lleno de hojas, hojas secas

Pero eso ya no me importa; aquí sigo, desintegrándome en ceniza, pétalo por pétalo 

Sonó un eco; caí en cuenta:

Música, eso había sido; no me pude escapar (y tal vez no quería)



Vi el jazmín y tenía flores, sí, era Mayo




El aire de mañana

Hoy quise abrazar el aire, pero se escapó de mis brazos. Pasaba entre mis dedos. Se escurría por mi cuerpo. Traté de encerrarlo en mi pecho, pero me quedaba exhausto, y se volvía a escapar.

Logré encerrarlo en esferas de jabón, que reflejaban mi cara, y mis ojos, y luego estallaban. Y otra vez escapaba. Y pasaba el tiempo; yo tenía miedo del día de mañana. 

Lo vi rozar las plantas, las ramas, las flores, y quise resguardarlo para que no se perdiera, y se quedara aquí. Las plantas, las ramas, las flores no iban a durar siempre, y el aire no iba a estar aquí el día de mañana.

Corrí y el aire se volvió viento y me golpeaba la cara, y me decía “detente, no hay prisa". Pero sí la había porque mañana ya no estaría ahí. 

Entonces me detuve, y respiré. El viento se calmó y música empezó a sonar. Me di cuenta que era el aire dándome vida y alegría. No podía detenerlo, pero podía disfrutarlo, el tiempo que estuviera ahí. 

Gocé la melodía, refresqué mi cara, percibí el jazmín. Vi el jardín bailar y las aves volar. Y una vez más traté de sujetar al aire para que se quedara conmigo. Y huía de mí, y me volteaba a ver, quizá con lástima de mí, de mi soledad al siguiente día. 

El tiempo pasaba, la noche cada vez más cerca. Luna, no despiertes. Nubes, no se vayan. Sombras, no se alarguen. Sol no te apagues, que mañana se va una flor, y el aire con su perfume.  

Ocaso. Estrellas y oscuridad. Y el aire se había ido. Ya no volvería. Al amanecer no estaría aquí, y otro aire tomaría su lugar para que yo extrañara al que se marchó. Yo, solo. 

Pero ese aire fue bueno, y estuvo aquí. Y lo disfruté, todo el día, y más. Y se diluyó en la montaña, quién sabe dónde. Lejos.

Me quedé triste, y melancólico. Viendo a la distancia, cuando caí en cuenta del tiempo; corto. Mañana yo también me iré, como brisa que pasa, sin que nadie sepa el destino, ni cuándo regresa o si regresará. Y estaré con el aire, siempre, mañana, tocando el cielo, creando olas de mar, escapando de la espuma. 


Ayer ya se fue. Pero el sol brilla hoy. Yo estoy aquí hoy. Recuerdo el aire hoy. Vendrá otro mañana, pero eso no me quita que respire hoy.