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Cicatriz abierta

Caminando sobre hojas secas desperté de mi sueño

Mi mano apretó el aire y mi pecho se hizo nieve

El cielo apenas se dejaba ver, no había ruido

Tal vez era octubre o tal vez mayo; tal vez llovía o solo era yo

¿De dónde vino ese espejismo? ¿No estaba ya lejos? ¿Seco? ¿Flaco?

Flotando fui al jardín, buscando alivio... descifrando memorias ¿de dónde llega acaso la nostalgia?

Me pareció ver su silueta; en el espejo, o en el balcón. 

Eran risas, seguramente. Pero tal vez no.

Eran rostros parecidos. Sí, hacía sentido. Las flores se asemejan entre sí.

Aun dudaba. 

¿Qué trae de vuelta a los retoños cada primavera? Hay cielos que solos llegan.

Hay mareos que te tumban, mas no por debilidad 

Es porque somos vulnerables, es inevitable, no se puede defender uno de todo

No se cura uno de todo

Ignoro qué me trajo de vuelta al camino ese, lleno de hojas, hojas secas

Pero eso ya no me importa; aquí sigo, desintegrándome en ceniza, pétalo por pétalo 

Sonó un eco; caí en cuenta:

Música, eso había sido; no me pude escapar (y tal vez no quería)



Vi el jazmín y tenía flores, sí, era Mayo




Una vida plena

“Si alguien ama una flor de la que existe solo un ejemplar en millones y millones de estrellas, basta que las mire para ser dichoso.” - El Principito

Ya lo decía Séneca hace como dos mil años: No tenemos escaso tiempo, sino que perdemos mucho. No recibimos una vida corta, sino que nos la hacemos. Y así es. La vida no es corta, la vida es tan basta como nos alcanza nuestra propia razón. El tiempo se consume a pesar de nuestros mejores deseos. Ya sea que estemos durmiendo o trabajando, o corriendo o danzando, el tiempo pasa. Pero si ponemos atención, el tiempo rinde más. La misma flor que ayer estaba y hoy no está, para alguien fue perfume y color, y para otros ni siquiera fue. Si no disfrutamos y aprovechamos el tiempo que tenemos, bien pudiéramos no tenerlo y sería lo mismo.

No tiene caso guardar tiempo para después, como si pudiéramos congelarlo mientras se hace algo más; el tiempo no se recicla, se escapa entre las manos y nunca lo volvemos a ver. Nosotros no gastamos el tiempo, es el tiempo el que nos desgasta a nosotros. De nada sirve encender una vela para después salir del cuarto. Y tampoco nos sirve una vela nueva si nunca nos atrevemos a encenderla. En ambos casos, la vela se desperdicia. En ambos casos nos negamos la luz. 

Pasó un año ya desde que se apagó tu brillo. Y entre más pienso en ti, más me doy cuenta de que tu tiempo con nosotros bastó para que dejaras una hermosa marca que llevo a todos lados. La manera que viviste tu vida fue una lección que poca gente puede instruir. La fuerza que mostrabas, a pesar de tu delicado cuerpecito, me hacía sentir tan humilde que me obligaba a reflexionar si yo hubiera soportado eso, si yo hubiera aprovechado, como tú, cada segundo. 

Ahi es donde estás ahora. No hay momento de duda en el que no piense en ti y me hagas cambiar mi actitud. No hay alegría que no se acreciente al pensar en ti. Haces que cada momento tenga una energía especial, porque pienso en ti y me esfuerzo por disfrutar como tú lo hubieras hecho. Recuerdo tu risa, tu sencillez, tus palabras amorosas que me decías, los juegos que te gustaban, y mi vida se vuelve más hermosa. Mis segundos se vuelven más valiosos. Recuerdo que no estas conmigo y me nace el ánimo para gozar cada instante que estoy viviendo. Cada malestar que tengo que soportar se vuelve ligero, porque tú me enseñaste que no es tan grave; que no vale la pena desgastarse con pequeñeces, porque tengo tiempo, tengo vida. No hay manera de que no me duela un poco tu recuerdo, pero aprendí de ti a convertirlo en amor. 


Esa eres tú. El ejemplo de carácter, de valentía, de entusiasmo, hasta el final. Por ti aprendi a estar tranquilo con mi conciencia. Por ti tengo los brazos abiertos a la muerte. Por ti siento alegría de saber que si este fuera mi último momento, no sentiría pena de dejar la vida, porque la hice valer. Eres tú, Constancita, mi gran ejemplo de amor por la vida. Tengo la esperanza que sea lo que sea que me quede de vida, me alcance para que se parezca al menos un poco a la tuya, sin desperdicios, llena de amor, llena de pasión, plena. Desde hace un año ya no eres la niña hermosa que conocí; eres amor puro en mi corazón. 


El aire de mañana

Hoy quise abrazar el aire, pero se escapó de mis brazos. Pasaba entre mis dedos. Se escurría por mi cuerpo. Traté de encerrarlo en mi pecho, pero me quedaba exhausto, y se volvía a escapar.

Logré encerrarlo en esferas de jabón, que reflejaban mi cara, y mis ojos, y luego estallaban. Y otra vez escapaba. Y pasaba el tiempo; yo tenía miedo del día de mañana. 

Lo vi rozar las plantas, las ramas, las flores, y quise resguardarlo para que no se perdiera, y se quedara aquí. Las plantas, las ramas, las flores no iban a durar siempre, y el aire no iba a estar aquí el día de mañana.

Corrí y el aire se volvió viento y me golpeaba la cara, y me decía “detente, no hay prisa". Pero sí la había porque mañana ya no estaría ahí. 

Entonces me detuve, y respiré. El viento se calmó y música empezó a sonar. Me di cuenta que era el aire dándome vida y alegría. No podía detenerlo, pero podía disfrutarlo, el tiempo que estuviera ahí. 

Gocé la melodía, refresqué mi cara, percibí el jazmín. Vi el jardín bailar y las aves volar. Y una vez más traté de sujetar al aire para que se quedara conmigo. Y huía de mí, y me volteaba a ver, quizá con lástima de mí, de mi soledad al siguiente día. 

El tiempo pasaba, la noche cada vez más cerca. Luna, no despiertes. Nubes, no se vayan. Sombras, no se alarguen. Sol no te apagues, que mañana se va una flor, y el aire con su perfume.  

Ocaso. Estrellas y oscuridad. Y el aire se había ido. Ya no volvería. Al amanecer no estaría aquí, y otro aire tomaría su lugar para que yo extrañara al que se marchó. Yo, solo. 

Pero ese aire fue bueno, y estuvo aquí. Y lo disfruté, todo el día, y más. Y se diluyó en la montaña, quién sabe dónde. Lejos.

Me quedé triste, y melancólico. Viendo a la distancia, cuando caí en cuenta del tiempo; corto. Mañana yo también me iré, como brisa que pasa, sin que nadie sepa el destino, ni cuándo regresa o si regresará. Y estaré con el aire, siempre, mañana, tocando el cielo, creando olas de mar, escapando de la espuma. 


Ayer ya se fue. Pero el sol brilla hoy. Yo estoy aquí hoy. Recuerdo el aire hoy. Vendrá otro mañana, pero eso no me quita que respire hoy.