Cuando uno termina
un proyecto que le ha costado tiempo y esfuerzo, es muy gratificante mostrarlo
a los demás. Yo recuerdo cuando terminé mi primer proyecto constructivo que
llevé a cabo totalmente independiente; verlo terminado fue un orgullo. Incluso
cuando escribo en este blog, y la gente me dice que lo leyó y les gustó, es una
satisfacción muy grande. Por eso me dio mucho gusto cuando mi amigo Efrén me
llamó para decirme que iba a presentar su primer libro en la Feria
Internacional del Libro de Monterrey y que me invitaba a esta presentación. Por
su puesto que no iba a faltar, y estuve con él en Cintermex el primer día de la
Feria del Libro de este año.
Efrén es amigo mío
desde la primaria y me sorprendió cuando hace algunos años me dijo que se
estaba dedicando a escribir. No recuerdo si él ya sabía que a mí me gusta
escribir pero desde ese momento empezamos a platicar mucho acerca de
literatura, redacción y el arte de contar historias. Cuando le pedí que me
compartiera algo de lo que estuviera escribiendo me llevé una grata sorpresa.
Me compartió un cuento (que esta incluido en el libro que acaba de publicar)
que me atrapó de principio a fin. Es justamente el tipo de lecturas que me
gusta leer: sin tratar al lector con condescendencia pueril, deja que el cuento
se desarrolle con huecos que el lector llena sin darse cuenta. En realidad me
gustaría tener esa calidad en las cosas que escribo y en los proyectos que
tengo por escribir, porque es exactamente así como quiero que se lean mis
textos y mis historias.
Hace algunos días
terminé de leer este libro, titulado Gris Infierno. Libro que es una
recopilación de cuentos que Efrén escribió durante varios años. Todos tratan de
alguna manera de la ciudad de Monterrey, y hay que decir que son un retrato muy
burdo de la ciudad. En cada historia puedes encontrar un rasgo que identifica
una pequeña parte de lo que caracteriza a la urbe: desde la forma de vivir, los tabúes, las
calles, hasta las tradiciones y las subculturas. Con una perspectiva de un matiz
oscuro de la forma de vivir en Monterrey, los cuentos nos llevan a desconocer
un poco lo que sabemos y lo que platicamos de la ciudad en la que vivimos.
Algunos cuentos son
muy secos e indefinidos, y con esos tuve algunos problemas para adentrarme e
interesarme en los sucesos, sin embargo en la mayoría, aunque son muy
diferentes entre si, me llegue a sumergir en lo que estaban viviendo los
personajes. Los finales son muy particulares; unos son una revelación de lo que
estaba pasando durante la historia, en otros es solo la conclusión del cuento,
y otros quedan muy abiertos. Mas es esa inconclusión lo que hace a estos
cuentos muy interesantes, y, para mi gusto personal, es de lo mejor que tiene.
Este libro me agradó
mucho. Es un libro con crudeza bien usada que no logra alejarte de la lectura.
Estoy seguro que a mucha gente le va a gustar.
Efrén acaba de ganar
el premio de literatura de Nuevo León por una novela que todavía no ha sido
publicada. Estoy seguro que es incluso mejor que los cuentos que leí, y ya no
me puedo esperar a que salga en Diciembre. Al parecer tiene una carrera
como escritor muy prometedora. Y yo me siento orgulloso de conocerlo desde que
estaba escribiendo sus primeros cuentos.
Felicito de nuevo a
mi amigo Efrén por este logro, y espero que siga escribiendo mucho durante los
próximos años. Se necesitan escritores como él en la ciudad y en México.
Uno de los motivos por los que me
gusta escribir es para dejar plasmados mis pensamientos y mis ideas en un “papel”
y poder recordarlos, releerlos, repensarlos o desarrollarlos en un futuro. Es
algo así como pasar las pláticas interesantesde café a un documento que me permite organizar los puntos más
importantes de esos temas y darles forma y estructura para poder verlos en
perspectiva. Es una forma de análisis que me permite reconocer mi forma de
pensar, mis valores, mis convicciones. Como ya lo he dicho antes, quien me lee,
puede conocerme un poco: conocer mis gustos y saber cómo pienso. Sin embargo, desde que empecé a
escribir este blog, he tenido la cautela de dejar fuera algunos temas y
opiniones de las que no es fácil expresarse. Por primera vez en mi vida siento
una clase de censura por mis propias opiniones. Una autocensura por miedo a que
todos sepan cómo pienso acerca de temas controversiales en los que no es fácil
mostrar una postura a favor o en contra de algo o alguien. No es que quiera
mantener contentos a los pocos lectores que tengo, sobre todo porque no vivo de
esto. Simplemente no me gusta ofender ni
crear polémica con temas que pueden ser sensibles para mucha gente. No es lo
mismo platicar con amigos o conocidos sobre algo, y dejarlo ahí, en la plática
de sobremesa, que escribirlo y dejarlo plasmado para que quien sea lo pueda
leer sin saber el porqué de cierta opinión. Cuando escribes algo, es difícil retractarse. Otro motivo por lo que no publico
todas las ideas que quisiera es por evitar dar una mala imagen de mí mismo; por
ejemplo, el uso de malas palabras es algo muy normal en mí, sin embargo no lo
hago todo el tiempo ni en cualquier lugar, las uso CASI todo el tiempo, pero me
limito con mi familia y con mis clientes. Hablar de sexo, de borracheras con
mis amigos, de situaciones incomodas en las que me he visto envuelto, son cosas
sobre las que me gustaría escribir, sobre todo cuando hay algún aprendizaje en
algún episodio, o cuando resulta divertido contar alguna anécdota, pero no es
algo de lo que me gustaría que se enterara cualquiera que entre a este blog. Pero creo que la razón más
importante por la que no escribo todo lo que pienso es porque, para mí,
escribir es dar una mera opinión educada. No pretendo convencer a nadie, ni informar,
ni dejar un manual de cómo se deben hacer las cosas; por lo tanto no me gusta
dejar una opinión por escrito cuando no tengo toda la información a la mano. No
me gusta tomar partido sobre algún tema controvertido si no he leído diferentes
fuentes de información sobre el tema. Si platico sobre algún libro, es porque
lo leí. Si critico alguna declaración, es porque estoy consciente de la
situación. Cuando me interesa algún tema sobre el que quiero hablar, busco
fuentes confiables de donde pueda recoger información que me ayude a
desarrollar una idea. Por lo tanto, escribir sobre algún tema del que no sé mucho,
se me dificulta, porque siempre quiero poner mis ideas en contexto para evitar
que se distorsione su sentido. Y por último puedo decir que he
aprendido algo de gente que no supo cuándo autocensurarse. Creer que todo lo
que se piensa es lo suficientemente importante para dejarlo a la vista de todos
cae en el egocentrismo. Cada cabeza es un mundo, y así como todos tenemos
derecho a expresarnos, también todos tenemos derecho de ser respetados.
Criticar a alguien o alguna situación puede verse como libertad de expresión,
sin embargo, hay una línea muy delgada que divide a la libertad del
libertinaje, y decir lo que sea de quien sea puede ser muy peligroso. La autocensura existe en todos
lados. No es solo el hecho de dejar de publicar algo por miedo a gobiernos
totalitarios o represiones violentas; se debe también al público al que está
dirigido lo que se trata de transmitir. El arte, la literatura, la música, los
discursos. Todo puede ser sujeto a la autocensura cuando el autor decide que lo
que crea puede no causar la impresión que busca.
Callar algunas ideas es un tipo
de respeto hacia otros. Yo prefiero no herir sentimientos a satisfacer mi deseo
pueril de criticar todo lo que me parece que esté mal. No quiere decir que no
exprese mis opiniones en otros lugares y momentos, pero no aquí, donde poco se
puede hacer una vez que dejas algo por escrito. Tal vez algún día publique esas
ideas controversiales, y entonces tal vez me lleguen todos los mensajes de
insultos y descalificaciones que estoy evitando por el momento (aunque ya me
llegan a este blog), pero por el momento prefiero evitar temas como:
Mónica Bellucci es una de mis actrices favoritas, por su talento pero sobre todo por su belleza. A pesar de su edad (y para nada gracias a las cirugías) sigue viéndose guapísima; pero aunque bromeo con lo de las cirugías, lo cierto es que Mónica Bellucci tiene mucho porte. Nació en el centro de Italia, y en un inicio quiso estudiar la carrera de Leyes, en la universidad de Perugia, pero trabajó como modelo para pagar sus estudios y ese ambiente la llevó a abandonar la escuela y dedicarse al modelaje; y después a la actuación.
Yo la vi por primera vez en
Matrix Reloaded, y me enamoré de ella. Después salió en La Pasión de Cristo, y
me sorprendió que la contrataran para el papel de Maria Magdalena, pero verla
con un rostro más al natural y guapa como siempre, hizo que me gustara aún más.
Después de eso la vi en otras películas, ya más por verla a ella que por la
película en sí; pero siempre la he admirado por su talento de actriz. Habla
tres idiomas fluidamente, italiano, francés e inglés, y un poco de español. Ha
hecho películas en los cuatro idiomas.
Tuvo su primera hija a los 39
años y su segunda hija a los 45 años, ambas con el actor Vincent Cassel con
quien estuvo casada 14 años (pinche suertudo). El día de hoy cumple 50 años una
de las mujeres más hermosas del Universo (y vaya que ya es decir algo).
En realidad el Palacio de las Bellas Artes de la Ciudad de México debería de tener más de 100 años de antigüedad. Pero su construcción se vio suspendida mas de 20 años, primero por falta de recursos, luego por la Revolución Mexicana. A pesar de que se intentó durante 30 años concluir su construcción, no fue sino hasta 1934 que se inauguró; un 29 de septiembre.
Dos arquitectos forman parte importante de este edificio. Primero, su diseñador original, Adamo Boari, de origen italiano. Cabe mencionar que aparte de arquitecto tenía también el título de ingeniero civil. Boari no vivió para ver su obra terminada, ya que volvió a Europa en 1916, y aunque seguía enviando aportaciones para la finalización del proyecto, este no fue concluido. Boari murió en 1928, 6 años antes de la conclusión de la obra. Por esta razón, en 1930 el presidente Pascual Ortiz Rubio le encargó al arquitecto Federico Ernesto Marsical que terminara el "Teatro Nacional", que era como iba a ser llamo originalmente, sin embargo, en 1932 la obra fue revitalizada con la instrucción de que el edificio fuera más que un teatro: debía ser "...asiento de una institución nacional de carácter artístico". Debía albergar varios museos, y fue por eso que se le cambió el nombre a Palacio de Bellas Artes.
El Palacio de Bellas Artes fue construido para sustituir el antiguo Teatro Nacional (de ahi que se pensara en que funcionara para exactamente lo mismo, y se le diera el mismo nombre en un inicio). La idea original era remodelar el aintuguo teatro, pero en aras de embellecer la ciudad, el presidente Porfirio Díaz ordenó que se demoliera el antiguo teatro y se construyera uno nuevo. El diseño se tenía listo en 1901, para comenzar su construcción en 1904 y terminarla 4 años después, para que estuviera listo en el centenario de la independencia de México, en 1910.
El edificio está hecho con estructura de acero, recubierto con fachadas de mármol blanco, lo que lo hacen sumamente pesado y por lo que se hunde más rápido que el resto de la ciudad. Hoy en día se tiene que descender más de un metro para entrar al recinto. La gran cúpula es un armazón de metal, recubierto con nervaduras de cobre, laminillas de ónix translúcido y cerámica. Su belleza es excepcional.
Dentro hay obras de diferentes artistas mexicanos, entre los cuales destacan Diego Rivera, Siqueiros, Rufino Tamayo y Jorge González Camarena. El telón, hecho de cristales opalescentes pesa 24 toneladas; fue diseñado por Harry Stoner, de la casa Tiffany de Nueva York, y muestra los volcanes nevados de Popocatépetl e Iztaccíhuatl vistos a traves de un ventanal.
En 1987, la Unesco declaró Monumento Artístico al Palacio de Bellas Artes.
El Palacio de Bellas Artes es un edificio digno de visitarse para admirar su belleza y lo que representa: todo un símbolo de la cultura y arte mexicano.
Se me pasó todo el mes de Agosto sin escribir nada. En parte fue porque no lograba inspirarme lo suficiente para escribir sobre algunos de las varias ideas que quiero desglosar y dejar aquí grabadas, pero también porque no he tenido mucho tiempo para sentarme y pensar. Me distraigo muy fácilmente y como tengo mucho trabajo últimamente, cuando por fin tengo tiempo de sentarme enfrente de la computadora, es para avanzar en los proyectos por los que me pagan.
Justo ahora debería de estar continuándolos, pero decidí detenerme tantito para escribir sobre la música que me gusta escuchar cuando necesito estar concentrado. Muchas veces me pongo los audífonos solo para evitar los ruidos de alrededor (sobre todo cuando estoy en la oficina), pero muchas otras veces escucho música para enfocarme mejor en lo que estoy haciendo sin distraerme. Por eso no puedo escuchar música que pueda cantar, porque yo no sirvo para escribir algo mientras digo otra cosa. Entonces muchas veces o pongo canciones que no conozco la letra, o simplemente pongo música instrumental.
Dependiendo del estado de ánimo en el que me encuentro escucho diferentes tipos de música, aunque casi siempre es clásica (para no batallar), porque desde que estoy chico me he dado cuenta que cuando escucho música clásica, me pongo a pensar. Pero también escojo otras melodías. A veces busco bandas sonoras de películas que me gustan, o también busco canciones que me gustan aunque tengan letra pero busco la versión instrumental. Esto último no lo hago tanto, porque si me sé la canción la empiezo a cantar en mi mente al ritmo de la música; pero funciona muy bien a veces. Otro tipo de música que me gusta escuchar es el 'new age', sobre todo cuando cantan en idiomas que no conozco como gaélico o el galés.
Y hoy que me estaba bañando con música empezó a sonar en mi teléfono una canción de hip hop instrumental que me gusta mucho; no es la típica canción que escucho para relajarme, porque no es tranquila, pero no tiene nada para cantar, y sucedió eso que pasa cuando escucho música sin letra, me puse a pensar en las actividades que tengo que hacer, y organicé mis ideas para ponerme a trabajar y adelantar todo lo que tengo que hacer. Y obviamente también decidí que me podía dar un tiempo para escribir un poquito, para relajarme y despejar mi mente del trabajo en el que he estado hundido desde la semana pasada.
Si yo fuera Dios,
les quitaría a los humanos la noción de mi existencia. ¿De qué sirve creer en
Dios si no se va a cumplir el mandamiento más básico que se supone que nos
enseña? ¿De qué sirve que nos dé libertad si nos vamos a matar unos a otros? Si
yo fuera Dios, limitaría la libertad de los humanos para que no pudieran
escoger el mal, de la misma manera que los padres educan a sus hijos
restringiéndoles libertades; por su propio bien. Porque los humanos somos como
los niños pequeños: no sabemos lo que nos conviene, y nos peleamos entre
nosotros porque lo único que nos interesa es la satisfacción inmediata.
Egoístas, envidiosos, resentidos.
¿Cómo es posible que
después de miles de años sigan matándose entre personas por un pedazo de tierra
que a nadie le corresponde? Buscando y rebuscando en la Historia la razón que
legitime el odio hacia las otras personas, y la razón por la que hay que pelear
y matar a gente; los protagonistas de las guerras se merecen el calificativo de
chiflados. La Historia se debe de conocer para no repetir los errores de
nuestros antepasados, no para vengar a estos; y mucho menos para justificar el
ataque a otro pueblo porque en un pasado remoto, los antepasados de unos residían en donde
ahora están estos otros.
Hace cien años (el día de mañana)
inició una de las peores guerras de la historia. Sin pensar en las terribles
consecuencias que conllevaría el conflicto, dos países decidieron iniciar una
guerra para expandir sus territorios y poder gobernar a otros pueblos que no
querían ser gobernados. Se remontaron a siglos atrás para adjudicarse la
pertenencia de territorios que lo único que satisfaría sería la ambición
y el orgullo de someter a otro pueblo; satisfacción que solo duraría el tiempo
que les tomara decidir qué más pudieran obtener por la fuerza. Sin contar que
el pueblo sometido buscaría la venganza y tarde o temprano acabaría
obteniéndola; porque esa es la historia de las guerras.
Hoy me doy cuenta
que la guerra nunca terminó. A pesar de que nos digan los libros que esa primer
gran guerra terminó algunos años después de estallar, bien sabemos que después de esa hubo otras guerras entre otros países e incluso dentro de los mismos países,
siempre por poder y control, y, después de menos de dos décadas, inició otra
gran guerra, por las mismas razones que la primera: territorio, poder, control,
y desprecio hacia otros pueblos.
Me entero que
seguimos peleándonos entre nosotros. Personas matando personas, y los
espectadores defendiendo a unos y a otros, cuando en realidad ninguno es
justificable. Por más que queramos defender a uno, siempre tendrá este una razón
‘legitima’ para atacar al otro. Y como dijo Benjamin Franklin: “jamás hubo una
guerra buena, ni una paz mala.” Solo
para aquellos que no tienen que pelear una guerra es para quienes parece
justificable hacerla. Solo los políticos que jamás serán afectados
personalmente por el bombardeo al enemigo, son quienes defienden una guerra
necesaria, o noble, o incluso... buena. Y quienes buscan ser más imparciales
dirán que es un ataque unilateral, o que uno de los lados solo se defiende, sin
embargo ningún asesinato es justificable. Si hablamos de injusticia porque de
un lado matan a 500 personas por cada un habitante asesinado en el otro bando,
estamos muy equivocados. La justicia y la verdad son las primeras bajas en
cualquier guerra. Y lo peor es que esta guerra es por culpa de Dios. Ambos
bandos creyendo que es voluntad de Dios habitar esas tierras; si es así, para
mí ese es un Dios al que se debe de pensar dos veces antes de seguirlo.
Hoy en día los pueblos siguen justificando los asesinatos que cometen
contra otros pueblos. Seguimos siendo los mismos de hace 100 años. Nadie ganó.
Y nadie gana nunca en una guerra. El filosofo Immanuel Kant dijo algo muy
cierto: “la guerra es mala porque hace más hombres malos de los que mata”.
Basta informarse sobre las guerras del último siglo. Se destina más
dinero a las armas, las bombas, los ejércitos y las guerras, que a la ciencia,
el conocimiento, la educación y la alimentación de los pueblos.
Seguimos
siendo ignorantes y tontos. Para mí, la guerra es solo la manifestación de la
estupidez humana.
Vivir es existir. Sentir que
pertenecemos a un lugar. Desear que algo suceda, trabajar para obtener algo, y
esperar que la suerte nos ayude porque sabemos que no todo depende de nosotros.
Vivir es vibrar a cada instante y disfrutar cada momento. Emocionarse con las
victorias y sufrir con las derrotas sin perder la esperanza y confiando siempre
en que podemos ser mejores. El fútbol hace que muchas personas se sientan vivas, disfrutando la emoción de cada partido. Con cada jugada, esperando que esa
sea la que termine en gol. Sintiendo la presión del tiempo que resta para
terminar con un marcador en contra o a favor. El fútbol, sobre todo en un
mundial, nos pone a la orilla de nuestro asiento, esperando que nuestro equipo
venza al contrario.
Desde que estoy chico he
escuchado críticas a la selección; me acostumbré a que los llamaran mediocres,
faltos de hambre de triunfo; y que cuando ganaran todos estuvieran contentos y
los llenaran de halagos, pero cuando perdían, despotricaban contra ellos con severas críticas y un pesimismo que poco coincidían
con el apoyo que se mostraba en los juegos en que se obtenía un buen resultado.
Así crecí, escuchando burlas y quejas, y hasta malos deseos hacia la selección
mexicana, y después gritos de ‘gol’ y porras a México que no parecían venir de
las mismas personas, más sin embargo así era. ¿Cómo no íbamos a reclamar lo mal
que jugaba un equipo al que cada jugador recibía un salario ridículamente
alto? ¿Cómo no íbamos a burlarnos de las 11 personas que salían al campo y nos
dejaban en ridículo frente a otros países? Y aunque me parecían legítimas esas
preguntas, también me comenzaron a molestar. Yo quería estar orgulloso de mi
país y de mi equipo. También empecé a notar que otros países estaban siempre
orgullosos de sus equipos, incluso cuando no tenían una buena actuación, y
empecé a cuestionar el pesimismo que vivíamos en este país.
Cuando crecí, me empezaron a molestar los
comentarios donde se daba por hecho que no podíamos aspirar a más. ‘No van a
ganar, no te ilusiones’, ‘no importa si ganamos, contra el siguiente vamos a
perder’, ‘ojalá que no clasifiquen al mundial’, ‘ojalá que pierdan’. ¿Por qué? Era
mi pregunta a todos esos comentarios. Llegó un momento en que decidí no tomar
esa actitud que tenía la mayoría de las personas y empezar a apoyar siempre a
mi selección. Criticar no tiene nada de malo, cuando no se hacen las cosas bien
o no se ve compromiso en el equipo, pero ¿desear el fracaso de nuestro equipo?
¿perder la esperanza de que se puede ganar contra rivales importantes antes de competir contra ellos? Eso no.
Eso lo eliminé de mi personalidad. Cada partido lo empecé a vivir de manera
diferente, siempre confiando en que la selección mexicana iba a ganar. Y
defenderlos cuando alguien cuestionaba su capacidad.
Y luego empezamos a ganar.
Primero el mundial sub17, del que no mucha gente se enteró hasta que ya había
ganado México. Luego otro mundial sub17 del que todos nos enteramos, y del que
aun mucha gente dudaba. Al momento en que Alemania aventajaba por un gol a
México, supe de mucha gente que dejó de ver el juego, en el que México ganó 3 a
2. Aun se escuchaban los comentarios que cuestionaban a los muchachos en caso
de que se hubiera definido en penales el encuentro. Y a mí me seguía molestando
todo eso que escuchaba. Luego ganamos la medalla de oro en las olimpiadas,
contra un excelente equipo, de primera. Y aun así, la mentalidad de mucha gente
sigue siendo derrotista. Pesimista.
Me rehúso a volver a
tomar esa actitud. No me importa cuántas veces vea a mi país ser vencido. Nunca
voy a ver un partido pensando que no pueden ganar. Aun si clasifican gracias a
combinación de resultados, pensar que alguien más debía de ir no es opción para
mí, si México hizo más puntos que otro equipo entonces no me parece que el otro
tenga más derecho de clasificar.
Cuando supimos que íbamos contra
Brasil nunca pensé que ya estaba perdido el partido. Reconocer que el partido
es complicado y muy difícil de ganar es diferente a ‘saber’ que ya se perdió.
Cada triunfo, cada punto que se logra, es una razón para estar contento.
Conformarse, no, pero tampoco menospreciar lo que se logra.
El día de ayer viví intensamente
un partido que, aunque me dejó triste por el resultado e insatisfecho por lo
logrado, me dejó contento y esperanzado a que cosas mejores pueden venir. Lo
que noté en los jugadores mexicanos, la entrega que dieron, el valor que
mostraron durante los 4 juegos que disputaron, me dejó muy contento. Nunca dudé
que pudieran ganar. Me dan pena ajena y un poco de lástima todos los que
apostaron en contra de México siendo mexicanos. Incluso después de que nos
eliminaron del mundial, leer comentarios que dicen ‘ya sabíamos’, ‘siempre es
lo mismo’, ‘jugamos como nunca y perdimos como siempre’ es lo que me hace
pensar que en realidad nos falta mucho camino por recorrer; y no solamente en fútbol, sino en orgullo de nuestro país, en patriotismo. Sentirnos como se
sienten muchos otros países. ¿Cuándo vas a saber de un inglés que apostó en
contra de Inglaterra? ¿O a un argentino hablando pestes de su selección? ¿O a
un alemán, o a un brasileño? Nos falta creer que podemos.
Ayer grité, me emocioné, y en
realidad pensé que íbamos a ganar, porque podíamos ganar. Y también sufrí por
la derrota de México; pero estoy orgulloso del buen juego que demostramos;
orgulloso de que nos pusimos a la altura de una de las mejores (si acaso no es
la mejor) selecciones de este mundial. Nos tuvieron miedo, los pusimos
nerviosos. Es un paso. Es bueno. Tal vez si fuéramos más fieles a nuestra
selección y demostráramos eso a los más jóvenes para que crezcan sin
prejuicios, y sabiendo que podemos, tal vez en un futuro sí podamos ganarle a
cualquier selección. Yo estoy muy orgulloso de mi selección nacional de fútbol. Y sigo confiando en que podemos ganar, y en cada juego que vea voy a creer que vamos a ganar.
Hace
poco menos de un año vine a Saltillo a trabajar en un proyecto. Desde Mayo
estuve yendo y viniendo de Monterrey a Saltillo, y a finales de Junio renté un
departamento y me vine a vivir por el tiempo que durara la construcción de dos
naves industriales en Ramos Arizpe.
En
un principio la idea me disgustó mucho. ¿Qué iba a hacer yo en Saltillo toda la
semana? Claro, Saltillo está a solo 40 minutos en carro de Monterrey, pero aun
así,vivir en lo que yo consideraba un
pueblo no me agradó demasiado. El primer obstáculo fue encontrar un
departamento; no parece, pero encontrar un lugar para rentar puede ser muy
difícil y desgastante. La empresa me iba a pagar la renta por lo que era
necesario que facturaran el pago; aparte debía estar amueblado, que fuera para
una sola persona, que no rebasara el presupuesto que me dieron, y que estuviera
en una zona suficientemente segura para no tener que preocuparme de que la
gente se diera cuenta que el lugar se quedaba solo los fines de semana (porque
obviamente me iba a regresar cada fin de semana). Por fin encontré un departamento en renta que
cumplía con todos los requisitos y el 27 de Junio me traje parte de mi ropa, mi
computadora, mi televisión y mi Xbox a mi “nuevo hogar” por los próximos meses.
Estoy
acostumbrado a llegar a lugares nuevos sin conocer a nadie. Desde hace mucho
tiempo que no me da miedo conocer gente nueva y empezar de cero en cuestión de
vida social. Sin embargo nunca pensé que iba a batallar tanto para hacer amigos
en Saltillo. De hecho nunca pensé que fuera a batallar en absoluto. Pero las
primeras semanas que estuve aquí me sentía más solo que Robert Deniro en Taxi
Driver. Llegaba a la oficina, que a diferencia de la de Monterrey donde hay mas
de 60 personas con quien comer todos los días, en Saltillo solo había 10, y con
nadie podía ir a comer porque todos llevaban su comida a la oficina. Ni
siquiera los viernes, que en Monterrey la oficina se queda vacía porque todos
salen a comer a algún lugar, había alguien que quisiera acompañarme para ir a
algún restaurante. Entonces empecé a invitar a quien fuera a tomar cerveza
después del trabajo… nadie nunca quiso.Por eso empecé a regresarme a Monterrey no solo los viernes, sino los
miércoles también. Estaba aburridísimo. Y claro, la idea que tenía de Saltillo
no solo se confirmó, sino que empeoró.
Pero sucedió que mi hermana me dijo que el novio de una amiga suya vivía aquí,
y que si me parecía me podía pasar su Facebook para que tuviera alguien con
quien salir por cerveza. Y así fue como conocí a Gary, un gringo que llevaba 2
años en Saltillo, y que se juntaba todos los jueves en un restaurante de tacos
y mariscos que se llama Don Tiburcio a tomar cerveza con sus amigos, ingleses y
canadienses. Yo era el único que hablaba español, pero como quiera me aceptaron
en su grupo. Y entonces por fin tenía algo que hacer por lo menos los jueves
después del trabajo,y cada semana iba a
Don Tiburcio a tomar con los angloparlantes. American Gary, Chris, John (el papá
de Chris), Dave, John del norte de Inglaterra, British Gary, Nate, Joe (the
bison), Kevin, fueron las primeras personas que me ayudaron a distraerme un
poco y socializar mientras estaba en esta ciudad. Me invitaron a un viaje de
pesca, y a las fiestas que organizaban; incluso salí con ellos al viaje que
hicieron a Monterrey por el cumpleaños de Irlanda, la esposa de Gary (ya
después de que se casaron).Me
sorprendió que las primeras personas con las que hice amistad en Saltillo
fueran extranjeros; pero la verdad es que así me sentía yo cuando llegue aquí.
De
todas formas yo seguía tratando de convencer a los de la oficina que saliéramos
una tarde por cerveza; no los pude convencer, pero un día escuché decir a una
chava que se llama Angie, que tenía boletos para la premier de Pacific Rim, y
como no
iba a tener oportunidad de ir a Mty para ir al cine, sin pena me acerqué a
preguntarle si le sobraba algún boleto para mí.Me dijo que sí, y esa fue la primera vez que salí con los de la oficina
a hacer algo diferente. Y de ahí salieron los eventos de ir al cine con boletos
que le regalaban a Angie. Ya por fin tenía de qué platicar en la oficina con
mis compañeros. Vimos The Wolverine, The Conjuring, Gravity y otras películas. Era lo más cercano a las relaciones de trabajo que tenía en Monterrey. No me quejo de esas salidas para nada, pero fuera de eso, no era requerido en ningún otro lugar. Pero
luego conocí a Rulo, que trabajaba en una de las plantas que estábamos
construyendo y aunque ya no esperaba que nadie me siguiera la onda, un día
pregunté (por no dejar) si alguien quería ir por cheve después del jale, y Rulo
luego luego dijo ‘¡vamos!’. Me sorprendí gratamente por su actitud, por fin alguien me tomaba la palabra. Fuimos esa
vez a un restaurante de pizza donde tocaban música en vivo, platicamos de muchas cosas y nos comprometimos a repetirlo pronto. Y días después llegó a Saltillo Juvenal, un amigo que ya conocía de Monterrey,
pero que no me llevaba mucho con él. Se animó a salir con nosotros y así hice
el segundo grupo de bebedores. Rulo, Juvenal y yo, salíamos los miércoles en la noche a cenar y tomar cerveza.
Una vez que logré que la gente de acá se
abriera conmigo ya fue mucho más fácil agarrarle el gusto a Saltillo; porque
en realidad la gente de aquí me cae muy bien. Hay muchísima gente que vale la
pena. Las pláticas con la gente de la oficina: Emi, Kike, Angie, Fay, Lariza,
Adriana, siempre eran muy divertidas, y otras muy interesantes, y le empecé a
agarrar mucho cariño a la personas que llegué a conocer. Tomar un descanso en la oficina para salir a fumar y platicar un rato se hizo una costumbre muy padre. Empecé a conocer mejor a cada uno de mis compañeros e incluso la amistad se comenzó intimar.
Por
último, conocí a un amigo con quien también hice buena relación. A Alejandro lo
conocí en Mty en la fiesta de cumpleaños de mi amiga Marcela a las pocas
semanas de cambiarme a acá.Le dije que
vivía en Saltillo y que no conocía a mucha gente; salimos a tomar una vez, y
luego no lo volví a ver durante 6 meses, y en diciembre me mandó un mensaje
para ir a un restaurante-bar a tomar cerveza con unos amigos suyos. Me
sorprendió que me invitara porque pensé que solo había ido aquella vez para
cumplir y salir del compromiso, pero pues acepté ir ese día y ahí conocí a su
amigo Homero, que también se volvió mi amigo.
Todo
esto me llevó a ya no solo dejar de ir a Mty los miércoles, sino que a veces me
quedaba el fin de semana en Saltillo, y no volvía a Monterrey sino hasta
después de tres semanas. Sobretodo porque cuando volvía a Monterrey me quedaba
en casa de mis papás, porque ya no estaba rentando casa ahí, y no estuve muy a
gusto de volver a vivir bajo las reglas de su casa. Me di cuenta que mi casa
estaba en Saltillo ya.
El
proyecto que debía de terminar en enero se alargó, y a principios de este año
empecé a salir con mi novia, quién vive en Monterrey, y por esa razón empecé a
pasar los fines de semana allá. También por esa razón me puse a buscar un lugar
donde hacer ejercicio, y Alejandro me convenció de entrar al crossfit a donde
él iba. Homero también entrenaba ahí, y a principios de marzo comencé a ir a un
gimnasio a 10 minutos de mi departamento. El ejercicio me gustó desde el
principio, y como no sabía nada de eso y no conocía a nadie, me presenté con el
coach, para que supiera que era nuevo y me cambiara ejercicios para los que
necesitara más experiencia. Y en los próximos tres meses conocí a varias
personas del crossfit y me integré muy bien. Hacer ejercicio con otras personas es mucho más entretenido que estar solo. Homero, Alex y yo, que casi siempre entrenamos juntos, nos poníamos metas cada día para esforzarnos más. Bromeábamos mucho en el entrenamiento y el ambiente se hizo muy ameno. Poco a poco fuimos acostumbrándonos a entrenar juntos todos los días, y por lo menos una vez a la semana salir a cenar y tomar cerveza después de entrenar. Todo esto fue lo que me llevó a sentirme parte de esa ciudad. No es solo vivir ahi, es convivir con la gente, conocerlos, conocer lugar donde pasar a comer, a tomar. Invitar a alguien a tu casa, que te inviten a la suya, y poder decir que pasaste un buen rato.
A
pesar de que la gente en Saltillo no es muy incluyente con gente nueva que
llegue a su ciudad, tengo que decir que una vez que pude entrar en su ambiente,
me trataron muy bien, y me gustó mucho vivir aquí. Y ahora puedo decir que hay muchas cosas que me gustan de Saltillo. Primero que nada: la diferencia
en el tráfico. En Monterrey puedo pasar 40 minutos en la calle solo para llegar
de la oficina a mi casa; aquí en Saltillo en 15 minutos llego al lugar más
lejano donde quiera ir. El clima también es una gran ventaja porque a pesar de
ser muy extremo los días de frío, no se compara con los calores de 45 grados en
Monterrey. Y por varias razones, siento que la vida en Saltillo es mucho menos estresante y más cómoda que en Monterrey.
Ahora
ya me regreso a mi ciudad, y sorprendentemente no tengo muchas ganas de volver.
Tener tan cerca a Monterrey y poder estar ahí en 40 minutos, me hace preferir
vivir tranquilo en una ciudad más chica y menos agitada, y regresar a divertirme allá los fines de semana. Pero ya terminó mi trabajo aquí,
y ahora que regrese, ciertamente voy a extrañar Saltillo. Sobre todo a las personas. Me acostumbre a compartir platicas todos los días y sobretodo, siento que todavía tengo mucho que aprender aquí. Aunque creo que la razón principal es que me encariñé con la gente de esta ciudad.
La
semana pasada me empecé a despedir de todos, y me dio mucho gusto saber que no
solo yo voy a extrañar a mis amigos de aquí. En cada lugar me ofrecieron hacer
una pequeña despedida. Incluso en el crossfit, el viernes los coaches pusieron
un ejercicio extra por mi regreso a Mty, que es lo más cercano que tienen a hacer una fiesta de
despedida. Se despidieron afectuosamente y me pidieron volver a visitarlos. También
de parte de los angloparlantes, Chris me regaló una camiseta de Superman, de despedida. Y así
con la gente con la que conviví, me propuse pasar un rato este último fin de
semana, y con orgullo digo que todos se despidieron con mucho cariño de mí.
No
esperaba extrañar tanto Saltillo cuando me regresara. Pero este año que estuve
aquí, es una experiencia que se me queda tatuada en mi personalidad. Con gusto
voy a visitar Saltillo de ahora en adelante, y al igual que presumo de tener amigos en otros países,
ahora sé que puedo venir aquí y encontrar amigos que vale la pena visitar. Un poco de mí se queda aqui y un poco de Saltillo se va conmigo a Monterrey. Y entre carnes asadas, cervezas, ejercicio, trabajo, pláticas y bromas, voy vaciando el departamento en el que viví un año, y por alguna razón, no siento que estoy dejando Saltillo, sino que me doy cuenta que ahora pertenezco también a este lugar.
A las madres siempre se les identifica con la vida. Llamamos Madre
Tierra a nuestro planeta, ya que es quien nos da vida; llamamos madre a la
naturaleza. Todo lo que tenga que ver con lo que da vida u origen lo llamamos
madre. Madre patria. Alma mater en el caso de las escuelas por hacernos quienes
somos (en cuestión de educación). No cabe duda que celebrar a nuestras madres
tiene mucho sentido.
A las mamás de cada uno de quienes vivimos en México se les
festeja el 10 de Mayo. Pero esto no fue oficial sino desde hace menos de 100
años. Esta fecha fue en la que por primera vez se festejó el día de las madres
en Estados Unidos, por Anna Jarvis, quien escogió el segundo domingo del mes de
Mayo, y coincidió con el 10 de Mayo en ese año, 1908.Después en México se estableció esta fecha la
primera vez que se festejó, en 1911. No está claro quién sugirió esta fecha en
específico sin ajustarse cada año, lo que sí sabemos es que en 1922 el
periodista Rafael Alducín encabezó una iniciativa para que se dedicara un día a
la madre. A pesar de que tiene como objetivo reforzar los vínculos familiares,
originalmente se pretendía reducir la influencia de grupos feministas de
utilizar métodos anticonceptivos, lo cual no le quita ninguna relevancia por
honrar a quien nos dio la vida.
El día de las madres es un festejo que se remonta a la época de
los griegos quienes hacían ofrendas a la diosa Rea, madre de los dioses. Luego
los romanos adoptaron este festejo y se festejaban a Cibeles o Magna Mater (la
gran Madre) quien era la diosa de la Madre Tierra. El festejo era en Marzo, y
se dedicaban tres días de ofrenda en el templo de esta diosa.
El día de las madres se festeja en todo el mundo, y no es de
sorprenderse, ya que las madres son pilar fundamental de las familias, y son la
primera persona a quien aprendemos a llamar. El término en casi todos los
idiomas es prácticamente el mismo: mamá, mamma, amma, mãe o mamã, mam, mami,
aami, aama.