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Cicatriz abierta

Caminando sobre hojas secas desperté de mi sueño

Mi mano apretó el aire y mi pecho se hizo nieve

El cielo apenas se dejaba ver, no había ruido

Tal vez era octubre o tal vez mayo; tal vez llovía o solo era yo

¿De dónde vino ese espejismo? ¿No estaba ya lejos? ¿Seco? ¿Flaco?

Flotando fui al jardín, buscando alivio... descifrando memorias ¿de dónde llega acaso la nostalgia?

Me pareció ver su silueta; en el espejo, o en el balcón. 

Eran risas, seguramente. Pero tal vez no.

Eran rostros parecidos. Sí, hacía sentido. Las flores se asemejan entre sí.

Aun dudaba. 

¿Qué trae de vuelta a los retoños cada primavera? Hay cielos que solos llegan.

Hay mareos que te tumban, mas no por debilidad 

Es porque somos vulnerables, es inevitable, no se puede defender uno de todo

No se cura uno de todo

Ignoro qué me trajo de vuelta al camino ese, lleno de hojas, hojas secas

Pero eso ya no me importa; aquí sigo, desintegrándome en ceniza, pétalo por pétalo 

Sonó un eco; caí en cuenta:

Música, eso había sido; no me pude escapar (y tal vez no quería)



Vi el jazmín y tenía flores, sí, era Mayo




Reviviendo tu cumpleaños


Para lograr la paz con tu partida me dedico a recordar. Para no sufrir tanto, para lograr rescatar algo positivo de tu ausencia, repito en mi memoria lo que sentía cuando estaba contigo. No hay mejor manera de tenerte cerca que recordar los mejores momentos que pasamos juntos. Sobre todo me encanta recordar tu dulzura. La manera en que me decías cosas bonitas. Recuerdo varias frases que realmente adoro:

"Me gusta como bailas."
"Pintas muy bonito."
"Qué bueno que viniste."

Y tu risa. Siempre tu risa. Era tan agradable escuchar tus carcajadas. No había nada que no me atreviera a hacer para hacerte reír. No me importaba hacer el ridículo enfrente de todos, con tal de verte riendo. A veces pensaba que eso era lo mejor que sabía hacer.  

Cuando me concentro y realmente busco en mi memoria tu voz y tu pequeño rostro a veces me pongo a llorar. Ya sé, siempre digo que tu recuerdo me da felicidad, pero es difícil no derramar algunas lágrimas cuando sabes que jamás será otra cosa que un recuerdo, por más hermoso que sea este. Es más, entre más hermoso el recuerdo, más profundo me duele. Pero es un dolor que no me lastima, porque me confirma que sigues en mí, que no te has ido en realidad. 

Por eso te dedico estas palabras, que aunque nunca serán más reales que los sentimientos, me ayudan a dejar huella de lo mucho que te amo y de lo grande que fue tu impacto en todos los que te conocimos.

Hoy es tu fiesta. Hoy festejamos todos por ti. Feliz cumpleaños, hermosa Cons. 

Sigues aqui


Hace tiempo que no veo tu rostro. Hace tiempo que no escucho tu risa. Hace tiempo que no juego contigo. Y sin embargo te siento presente. Noto algo que no he dejado de sentir desde que te conocí.

Parece que no estás, parece que nos dejaste, pero no es así. Cuando partiste, no te fuiste. Te quedaste con nosotros. Porque lo que nos diste lo dejaste aquí. El amor puro que nos regalaste no se acaba de pronto. Porque nunca vamos a ser como éramos antes de conocerte. Porque nos enseñaste tanto.

Te siento conmigo. Porque estás tatuada en mi persona, te quedaste, cerca de mí, dentro de mi pecho, en las sonrisas de cada día, en los juegos simples que dan alegría. En el ejemplo que imitaste. En las canciones que cantabas.

Te quedaste con nosotros, conmigo. Porque alguien que llenaba los sábados con su presencia no se diluye en el aire así nada más. Esa huella sigue presente y me sigue llenando el corazón, con cada abrazo cálido, con cada memoria indeleble. En las risas simples. Con cada salto en el aire, con cada mirada alrededor. Sigues aquí. Cuando disfruto de la compañía de alguien; mientras tomo café en las mañanas de domingo. Entendiendo letras nuevas en melodías conocidas. Pensando en ti cada vez que estoy contento. Gozando hasta las cosas más simples de mi día común. Aprovechando cada momento para ser feliz. Aquí estás. En el halo que aparece a veces a medio día. En la lluvia que disfruto viendo la ventana. Cuando veo tu rostro en mi memoria sin razón alguna. 


Siempre aquí. Siempre con nosotros. En nosotros, y nosotros en ti. Ni siquiera tengo que poner mucha atención, porque te encuentro a donde voy, porque no te fuiste. Sigues viva, Constancita.  



Recordando con amor a
Constanza Laborín Hernández 
2011-2018




You are still here

It's been a while since I last saw your face. It's been a while since I last heard you laugh. It's been a while since I last played with you. And yet I feel you present. I feel something I haven't stopped feeling since I met you. 

It seems like you're not here; it seems like you left; but you didn't. When you left you didn't leave. You stayed with us. Because everything you gave us stayed here. Your pure love was a gift that doesn't end suddenly. Because we're never going to be as we were before we met you. You taught us so much. 

I feel you with me because you are printed in me; you stayed, near me, inside my chest, in the everyday smiles, in the games that give us joy. In the lessons you learned. In the songs that you sang. 

You stayed with us; with me. Because someone who filled my Saturdays with her presence does not fade in the wind just like that. Your mark is still present, filling up my heart, with every warm hug, with every indelible memory. In the simplest laugh. With every jump in the air, with every look around. You are still here. When I enjoy someone's company; when i drink coffee on Sunday mornings. Understanding new words in known melodies. Thinking of you every time I'm happy. Taking a delight even in the simplest things of an ordinary day. Seizing every moment to be joyful. You are here. In the halo I sometimes see at noon. In the rain I enjoy watching outside my window. When i see your face in my mind for no reason at all. 

Always here. With us. In us, and us in you. I don't even have to try hard, because I find you wherever I go, because you didn't leave. You are alive, Constancita.


In loving memory of
Constanza Laborín Hernández
2011 - 2018


Qué sería de nosotros

"En un solo momento tu vida puede cambiar completamente", dice una canción. Un momento pudiera parecer cuestión de segundos, o minutos. Pero si piensas que una vida entera son alrededor de 100 años, un año no es mucho tiempo; seis meses, la mitad de no mucho tiempo. Cuando tienes 21 años, seis meses parecen una eternidad, porque a esa edad muchas metas se llevan a cabo por semestres. Pero cuanta más edad tienes, te vas dando cuenta que el tiempo pasa más rápido de lo que crees, y que seis meses no te alcanzan para hacer muchas cosas. Las distancias en tiempo se acortan con la edad, y sin darte cuenta, empiezas a agrupar el tiempo en 5 años para referirte a anécdotas. Diez años se escucha como largo tiempo cuando tenemos que esperar a que sucedan, pero no parecen tantos viendo hacia atrás.


Hace diez años me fui a estudiar seis meses a Italia. Yo ya sabía que me la iba a pasar muy bien. Ya me había ido a estudiar antes, y sabía que me esperaba un cambio importante. Cuando llegué a Torino, todavía me refería a esa ciudad como Turín, no me sabía expresar en italiano, y al bajar del avión, solo sabía la dirección a la que tenía que ir. No me sabía mover en el autobús italiano, con sus líneas 8 y 8 (ocho tachado, aunque en la línea de autobuses la línea que tacha al 8 es una diagonal) “otto sbarrato” que son rutas iguales pero una de ellas con algunas desviaciones; preferí utilizar un taxi y aprender el transporte público después. No es que fuera muy acelerado, pero un viaje de 15 horas no te deja mucha paciencia en sus últimos 3 km de distancia a tu destino.


La ciudad no me hacía mucho ruido, era la experiencia en sí lo que me llamaba la atención. Y no me equivoqué. A pesar de que la ciudad de Torino es bonita, no es famosa por eso. Pero una vez que vives ahí te das cuenta que tiene mucha belleza particular, escondida. El río, los castillos, el parque Valentino. Todo se va poniendo más bonito en cuanto va llegando la primavera. Por eso me siento afortunado de haber llegado a finales de enero de 2004, porque todo se fue volviendo más bonito en cuanto avanzaban los meses. Incluso las fiestas, que al principio eran en antros grandes y techados, al final eran en la orilla del Rio Po, en lugares más pequeños, de los que podías pasar de uno a otro en la misma noche. Y después de tomar, no tenías que esperar hasta llegar a la casa si tenías hambre, porque en la calle había puestos de comida, como normalmente hay en México, y podías desayunar saliendo de la fiesta.


Pero lo que hizo que ese viaje valiera la pena fueron las personas que conocí allá. Todo lo que sucedió en esos seis meses de mi vida, significa mucho para mí especialmente por la gente con la que compartí esos momentos. Tardé unas cuantas semanas en darme cuenta quienes iban a ser mis amigos en Torino, porque como siempre pasa, al principio conoces a mucha gente, pero es cuando convives con cada uno que decides con quien prefieres estar.

A Jordi lo conocí en los primeros días del viaje, pero no fue sino hasta la segunda semana que llegué a reconocerlo si me lo topaba en la universidad, y es una de las personas más importantes de todo mi viaje. Rapha fue mi segundo amigo cercano, y fue hasta marzo que le sentí la suficiente confianza como para platicarle algo personal. Kuba, un arquitecto polaco, era muy amigo de Jordi desde el principio, pero me tardé un poco más en conocerlo y platicar con él: excelente amigo. Virgilio, que fue mi roomy durante 5 meses, y que a pesar de no esperar mucho de él en un inicio, también llegó a ser uno de mis mejores amigos y  me sentí afortunado de haber compartido un departamento con él. Nuno, que al principio no pensé que fuera a ser una persona tan divertida, pero bastaron cinco minutos de conocerlo para no parar de reír con todas las pendejadas que decía. Pablo, Leszek, Titi, Antonio, Roberto, Alvaro, Gonzalo: cada uno con su personalidad y sus tipos de compañía diferentes. Y por último, pero para nada menos importante, François. François fue el último de mis mejores amigos que conocí allá, y por alguna razón fue con quien más me identifiqué y con el que estreché más la amistad. Es muy difícil clasificar a los amigos para saber cuál es “más importante” por lo que no lo haré. Pero por alguna razón a François y a mí nos tocó convivir mucho los últimos meses del semestre. Y al final fuimos juntos a Genova a un concierto de The Streets: un cantante inglés que no conocía antes de conocer a François, y que decidimos ir a ver juntos porque a nadie más le interesaba. Su carta de despedida (que le pedí a todos mis amigos allá que me escribieran en  una libreta que compré) es algo que guardo con mucho cariño porque, como cualquiera que haya hecho un viaje de estudios sabe, puedes llegar a conocerte mucho, y abrir tu vida a personas que no conoces tanto y sentir que te conocen más que mucha gente en tu casa, y lo que me escribió François en esa libreta me da energía cada vez que la leo.

Y claro que no podían faltar las niñas, que igual que nosotros en su modo llegaron a unirse mucho entre ellas, y ellas con nosotros. El consejo de las cinco: Milena, Vero, Cata, Virginia y Cecilia. Las cinco niñas más especiales de mi Torino. ¿Qué hubiera sido de mi viaje de estudios sin ellas? Todas bellas, todas divertidas. Milena es desde entonces mi mejor amiga; platicábamos de todo y la llegué a querer tanto en ese viaje que no dejo de agradecer que escogiera ella el mismo lugar para estudiar que yo. Cata, la guapísima Cata, que me hizo toda la experiencia del viaje más bonita y especial. Vero, la más divertida y amable persona, que la adoro y que terminó casándose con Jordi después de conocerse en Torino. Virginia, la madrileña más hermosa que cocinaba riquísimo y con quien platicaba seguido muy amenamente porque vivíamos en el mismo edificio. Y Cecy, también de Monterrey, que era la más chica del grupo; con ella hice un viaje a Milán, nos llegamos a tener mucho cariño y de hecho fue la única que conocí allá fue a mi fiesta de bienvenida cuando regresé a Monterrey.

Luego estaban las inseparables Ana y Nere: españolas de Valencia que fueron y son de mis personas favoritas. Eran roomies de Roberto (y fue por ellas que lo conocimos), personas super interesantes, muy divertidas y auténticas. También conocí a Natalia, una griega guapísima con una voz y acento sexys que me recordaban a Ivanna Humpalot de Austin Powers 2 (pero guapa). Las españolas Jessica, Pilar y Leticia, que fueron roomies de Milena junto con María.

Fueron seis meses de viajes, fiestas, anécdotas, historias, pláticas, comida italiana, café, resacas, crudas morales y de mucho crecimiento personal. En este viaje decidí no visitar otros países, para enfocarme en Italia nada más. Fuimos a Aosta, en un viaje de ida y vuelta en coche; cuando todavía el frío estaba fuerte. Luego fuimos a esquiar a Bardonecchia, donde dos años después se llevaron a cabo competencias olímpicas. Visitamos Ibrea, donde se lleva a cabo la batalla de las naranjas.

Fuimos a Pinerolo, un pueblo más chico que el parque Valentino, pero con un castillo en una colina que lo hacía parecer una aldea sacada de un cuento de hadas. Hicimos un “road trip” a Trieste, y otro a Venecia, y en ese viaje pasamos por Bologna y Rimini. En semana santa viajé a Roma, Assisi, Napoles y Capri. Pero yo creo que el mejor viaje que hicimos fue al Lago di Garda; fue un viaje de retiro. Era al final del semestre y varios miembros del grupo de amigos se habían ido ya a sus casas. Fue un momento en el que sentimos que estaba cerca el final de nuestro Erasmus y cualquier lado al que íbamos nos ponía tristes porque nos recordaba que ya no estábamos completos. Por lo tanto decidimos irnos de Torino, al menos por algunos días, y hacer recuerdos en un lugar nuevo; y ese lugar fue el Lago di Garda. Un lago precioso donde recorrimos en bicicleta buena parte de la orilla. Eramos Jordi, Vero, Rapha, Virgilio, Cecy y yo.  Ya no quedábamos muchos. Pero pasar un tiempo fuera de la ciudad nos sirvió demasiado.

No puedo olvidar cuando Vero dentro del lago, con el agua en las rodillas y extendiendo los brazos, dijo: ‘¡estoy feliz!’; se me quedó grabada esa imagen, porque así nos sentíamos todos. Ya era el final del viaje, nuestro tiempo juntos se acababa, pero ese último esfuerzo para aprovechar cada minuto funcionó perfectamente. Todos regresamos a Torino con ganas de seguir disfrutando lo que quedaba de nuestro viaje allá. Los últimos días antes de partir y probablemente, no volver a vernos. Ser conscientes que nuestra compañía era efímera ayuda a hacer valer cada segundo de esta.  Poco a poco nos despedíamos de cada uno de los miembros de nuestra "familia". El 26 de julio, me despidieron a mí.



Y de eso ya pasaron diez años. Cuando estábamos allá vimos una película italiana en la que el personaje principal se preguntaba cómo sería su vida en diez años, a la edad de 30. Yo tenía 21 años entonces, y claro que me preguntaba cómo sería mi vida diez años después; y ahora lo sé. A pesar de que disfruto cada momento, no puedo evitar sentir nostalgia viendo hacia atrás, teniendo solo la memoria de seis meses que marcaron mi vida. En ese entonces me preguntaba que iba a ser de nosotros en 10 años, y ahora me pregunto, qué hubiera sido de nosotros sin esos seis meses en Torino. Sin esa gente de otros países, que no frecuento, y que hace mucho tiempo que no veo, pero que siguen presentes en mi persona, y sus recuerdos todavía me hacen pasar un buen rato. 

Regresé a Monterrey de ese viaje con muchas palabras nuevas. Muchas anécdotas qué contar. Con muchos más amigos de los que tenía, y con muchas casas en diferentes partes del mundo a las cuales llegar de visita. Regresé con una mente mucho más abierta, con una personalidad mucho más madura (que comoquiera no es mucho decir), y con una visión muy diferente de mi vida. Y en un solo momento, crecí muchísimo.

“Vorrei svegliarmi domattina e avere trent'anni, e anche Manuel, e anche Paolo, per vedere... che ne sarà di noi."

Miss Nelly


Hoy fui a comer al Casino de Monterrey, y de repente mi mamá saludo a alguien que iba pasando a otra mesa y esa persona la saludó. Mi mamá me dijo 'mira es tu maestra', entonces volteé a ver quién era y vi a mi maestra de maternal, miss Nelly. La última vez que la vi tenía 4 años. Ella tampoco me reconoció de inmediato (obviamente). Mi maestra había visto a mis papás hace algunos meses ahí mismo en el Casino de Monterrey. Aquel día yo me fui antes que mis papás y después me dijeron que la había regado en irme temprano porque habían visto a miss Nelly; ella los había reconocido y les dijo que me mandaba saludos. En ese entonces me dio coraje no haberme quedado.

Volviendo a hoy, mis Nelly estaba saludando a mi mamá sin darse cuenta que yo estaba ahí. Cuando me dijo mi mamá que era mi maestra y la vi, tardé en reconocerla pero dos segundos después de que nos vimos, los dos nos emocionamos de vernos. Yo le llevaba flores al colegio, cuando me dio clases. Estaba enamorado de ella a los 3 años, que fue cuando la conocí. Encontrarme con ella ahorita fue muy bonito. Me dio un abrazo fuertísimo que duró varios segundos, me llamó 'mi vida' 'mi amor' y 'precioso'. Me dijo que le daba mucho gusto verme y había sido su mejor alumno.

Independientemente de que sea verdad o simples cumplidos para quedar bien, haberla visto después de tanto tiempo me dejó muy contento. Le dije 'hola mis Nelly' y se puso muy contenta de que la llamara así. La verdad es que para mí no hay otra manera de llamarla, siempre va a ser 'miss Nelly' aunque yo tenga 60 años.

Me volvió a abrazar dos veces más y luego se despidió para irse a sentar a su mesa.

Y así fue como hoy, después de 25 años de haber conocido a mi maestra, mi primer amor, la volví a ver y me llenó de alegría.