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El problema no es la decisión sobre el aeropuerto

Una pregunta sesgada es una pregunta formulada de tal manera que favorece a una respuesta particular sobre otra. Desconfiamos de inmediato cuando identificamos una pregunta sesgada porque nos damos cuenta que nos quieren engañar. No importa si es importante o no el tema del que se nos pregunta, simplemente sospechamos que hay algo más allá de la respuesta que demos. Ya sea que se quiera favorecer una respuesta o que se pueda tergiversar lo que se conteste. 

La consulta famosa que AMLO mandó hacer es una de esas preguntas de las que vale la pena desconfiar. Todos estamos de acuerdo, incluso quienes la defienden, que la consulta tiene nula validez por diferentes razones, y sin embargo se va a tomar en cuenta para decidir un tema muy importante para el país. Quienes están a favor de la consulta (morenistas y votantes de AMLO) claman que por fin le están preguntando al pueblo lo que piensa y lo que quiere. Los que lo criticamos es porque no creemos que el pueblo, con menos de 25% de la población adulta con estudios superiores, pueda decidir sobre un tema tan complejo como la factibilidad de construcción de un aeropuerto. 

Pero también criticamos la falta de compromiso de un presidente electo. No lo elegimos para que nos preguntara qué pensamos de temas de economía, infraestructura, seguridad, inversión, etc.  y sobre eso basar sus decisiones. Se supone que su plan para el país ya lo explicó en su campaña y si ganó es porque la mayoría de la gente confió en él. Dicen que solo hace la consulta para el aeropuerto porque es un problema heredado de la administración que termina en diciembre de este año, sin embargo ha dicho en más de una ocasión que él piensa gobernar consultando al pueblo, por lo que no deja duda que no es solo para temas que decidió la administración saliente.

La población no puede educarse en todos los temas que interesan al país, es por eso que elegimos representantes para que las decisiones sean tomadas ágilmente. El trabajo de los políticos es justamente ese. No veo por qué tendrían que preguntarnos algo para lo que no estamos preparados y luego, seguramente, justificar cualquier falla diciendo que el pueblo fue quién decidió. Lo políticos deben asumir responsabilidad de sus acciones. El PRI decidió ser igual de corrupto de lo que ha sido siempre y pagó las consecuencias quedando en un humillante tercer lugar; pero no por eso vamos a poner a votación si se tira a la basura la totalidad del dinero invertido en el aeropuerto, eso lo debe de decidir el presidente entrante asesorando con expertos y evaluando si vale la pena continuar o no. 

Pero lo que más preocupa de esta consulta no es su legalidad ni lo que se decida con ella, sino que siente un precedente  que se pueden tomar decisiones de esta manera, lo que, dejemos claro, ¡no es correcto! Una consulta popular no puede ser la manera en que se resuelvan temas importantes en un país que no sobresale por su educación. Una medida necesaria que afecte a corto plazo a la mayoría de la población jamás ganará en una consulta democrática, sin embargo los políticos, como expertos en la materia, deben ser responsables y tomar medidas impopulares por el bien de la nación; ese es su trabajo, hacer lo mejor para todos. ¿Qué sería de los homosexuales si sus derechos se pusieran a consulta democrática? ¿Cuánto dinero tendría el gobierno si se pusiera a consideración del pueblo el pago de impuestos? (Pista: hay una razón por la que se les llama “impuestos”.)

Esta consulta lo que está presentando es una manera incorrecta de hacer las cosas. La cantidad de personas que pueden participar es menos de 1.5 millones, simplemente porque no hay más boletas. Esto representa menos de 2% de los votantes registrados en el padrón electoral. La gente que avala esta consulta, piensa que menos de 2% de la población puede decirdir sobre un tema tan importante como el destino de miles de millones de pesos. 

Para mí lo preocupante es que AMLO esté haciendo creer que la muestra es representativa y que vale la pena saber lo que piensa ese 1.6% de la población. Y con ese mismo argumento pueda llegar a consultar lo que quiera, incluso (cómo no) la reelección de su mandato. 

Ya escribí sobre cómo AMLO ha usado los mismos discursos que Hugo Chávez, diciendo que no se reelegirá y que inclusive someterá a consulta la revocación de su mandato cada dos años (bueno, primero aseguró que sería cada dos años, y ahora, cada tres). Ya sabemos que Hugo Chávez se reeligió hasta su muerte y encarceló a opositores políticos ¿que detendrá a AMLO de someter su reelección a una consulta con la votación del 2% de la población?

Algunas personas evidenciaron lo que ya todos sabíamos: que la consulta carecía de la mínima confiabilidad: las boletas no tienen candados, las urnas se resguardan en casa de alguno de los organizadores, y estos, todos, atienden a las necesidades del único partido político que organizó la consulta. Afuera de las casillas hay gente aleccionando en alta voces lo que se debe de votar. En sí la consulta es una burla. Y nadie que no tenga intereses de por medio la daría seriedad alguna. Sin embargo es preocupante que el presidente electo salga a menospreciar la vulnerabilidad de la consulta diciendo que ellos no son corruptos y por eso no deben de desconfiar de lo que están haciendo. Dice que nunca han hecho fraude y que nadie se atreve a alterar los resultados y nadie lo va a hacer porque el proceso es limpio y democrático. Debe de recordar el señor López Obrador que las cosas no suceden solo por decreto. Cabe mencionar que en septiembre los senadores de MORENA negociaron con el gobernador de Chiapas, miembro de uno de los partidos políticos más corruptos del país, 5 diputaciones a cambio de su licencia para que pudiera ser gobernador y senador al mismo tiempo, todo con el fin de tener mayoría absoluta en la cámara de diputados, ya que no pudieron lograr eso en las elecciones. Si eso no es corrupción y menosprecio a la democracia, no sé a qué se refiere entonces Andrés Manuel. 

Y más preocupante aún es que diga que así es como se va a llevar a cabo su gobierno, preguntándole a la gente. Es increíble que se atreva a decir eso al mismo tiempo que acepta que puede haber errores y falta de seguridad en la consulta pero que no importa porque el pueblo va a ser honesto. En ningún país que se respete se puede aceptar algo así. Que sea el partido en el poder quien organice y revise la consulta democrática es lo que llevó a México perder toda credibilidad en las elecciones presidenciales del siglo pasado. No entiendo cómo la gente que defiende esto no lo ve. Consultas sesgadas, sin observadores de ninguna institución, con pésimos métodos de conteo y verificación de los votantes. 

Lo que importa de esta consulta no es el resultado, es el hecho que se vuelva algo normal. No debemos confiar en esta consulta. No debemos aceptar que se tome una decisión de esta manera. Y no debemos acostumbrarnos a pensar que la mayoría siempre tiene la razón. 


Como dijo Benjamin Franklin, la democracia son dos lobos y una oveja votando cuál será la cena. Pero en el caso de México son millones de bueyes decidiendo si deben arar la tierra o seguir pastando.  



AMLO Fraude 2006


La estrategia de AMLO para engañar a la gente es mentir por adelantado. Lo hizo en el 2006 y le funcionó muy bien. Ahora lo está haciendo de nuevo. En 2006 salió a decir que de acuerdo a sus datos él había ganado la presidencia de la República por al menos quinientos mil votos (aquí el video de los dichos) , y que como él se había comprometido a aceptar la derrota, aunque fuera por un solo voto, exigía que respetaran su victoria. No habían pasado ni treinta minutos cuando salió a advertir que le querían “escamotear el resultado electoral”. También afirmó que iba a ser respetuoso del IFE y que iba a esperar a que hicieran el recuento, pero que iba a estar pendiente para que se respetara su triunfo. Quién pueda entender esto, que me lo explique. AMLO afirma que ganó según SUS datos. Luego dice que va a esperar a que el IFE dé los resultados, pero espera que le den el triunfo. ¿Cómo? Si los resultados no eran los que él decía tener, ¿tenían que ser fraudulentos?
Ya en campaña lo anunciaba a todas luces; decía que las encuestas que lo ponían justo por debajo de Felipe Calderón estaban amañadas, y que en las encuestas que él tenía llevaba al menos diez puntos de ventaja. Sin embargo, cuando le preguntaban quién había realizado esas encuestas se negaba a contestar. Con esto intentaba engañar a la gente que creía en él. Al decir que otros mentían y asegurar que él era honesto, se protegía de cualquier ataque: si yo no miento, quiere decir que los otros deben de mentir para poder acusarme. Una y otra vez le demostraron que faltaba a la verdad, y una y otra vez contestaba con la misma cantaleta: lo que más valoro yo es mi integridad, por lo tanto no miento y por lo tanto es falsa la acusación que me hacen. Y la gente que lo seguía le creía. Poco a poco se volvió un mesías poseedor de la verdad absoluta.

La causa principal por la que López Obrador logró engañar a tanta gente es por la reputación que tiene la gran mayoría de los políticos quienes se han dedicado a robar descaradamente durante décadas. Cualquiera que sea tan siquiera un poco menos corrupto que el político tradicional se puede jactar de no ser igual que ellos. Al no robar dinero directamente como lo hacen todos y, más aun, utilizarlo para mejorar la situación en que se encuentra una población, es lógico que mucha gente comience a confiar en él y a tenerlo en alta estima. Sin embargo, esto resultó en que las personas empezaran a verlo como una persona incorruptible, lo que muy pronto comenzó a comprobarse que no era así. 
Andrés Manuel, al sentirse moralmente superior a todos los demás, empezó a descalificar a quienes lo contradecían. Empezó a agrupar a las personas como “a favor” y “en contra” suyo. Quienes estaban con él eran quienes querían eliminar la corrupción, quienes estaban en contra debían estar a favor de la corrupción; y como mucha gente le creía (y le cree todavía) que este señor solo busca el bien para México, no cabía en sus cabezas que pudiera tener intenciones ocultas. Tal vez López Obrador no robe dinero, sin embargo eso no significa que no sea corrupto. Al descalificar a las instituciones cuando estas no le daban la razón, se veía a sí mismo como un revolucionario, pero no dudaba en estirar la mano para recibir recursos de esas mismas instituciones a quienes criticaba. Al no tener el respaldo del partido que lo postuló en dos ocasiones por la presidencia, salió de este para formar su propio partido, donde él tuviera el control absoluto, y poder obtener recursos de los impuestos que pagamos todos, igual que los partidos que él tanto criticaba. Aprovechar tu popularidad para engañar a la gente y salirte con la tuya también es corrupción. 
Cabe mencionar que los mayores culpables de que AMLO tenga tanta popularidad son justamente los otros partidos políticos, sobre todo el PRI y el PAN, quienes ganado la presidencia nunca combatieron la corrupción del estado ni de sus partidos. No hay excusa que puedan poner para justificar sus pésimas administraciones. Si bien el PAN fue considerablemente menos corrupto que el PRI, le sucede lo mismo que con AMLO, ser menos corrupto no significa ser buen gobernante, solo menos malo. Y a pesar de demostrar una y otra vez que los mismos problemas de corrupción que tienen el PRI y el PAN los tienen también los partidos que han representado a Andrés Manuel (PRD, PT, MORENA), la gente solo quiere saber que López Obrador está en contra del PRI y del PAN; para ellos eso es suficiente. 
Cuando en 2006 López Obrador perdió las elecciones no tuvo más que salir a decir que le robaron para que sus seguidores gritaran sin si quiera pedir argumentos que lo corroboraran. Todo lo que tenían que saber es que alguna vez hubo fraudes, eso es suficiente para creer en que esta vez también lo hubo. Cuando desmentían las pruebas que López Obrador había mostrado para demostrar el fraude, él decía que estaban corrompidos por la mafia del poder. Cuando acusó a una chica de su propio partido de traidora, esta salió a defenderse y a reclamarle la difamación, y tuvo que retractarse diciendo que ella no era la corrupta solo que había mucha corrupción; y nadie cuestionó el hecho. Acusaba sin fundamento porque sabía que eso es lo que importaba, la gente no iba a saber que mintió. Tenía a sus seguidores comiendo de la palma de su mano; todo lo que él decía, aunque contradijera lo que había dicho antes, era una verdad indiscutible. Lo peor de todo el episodio post electoral del 2006 es que a pesar de que AMLO gritó y juró que habían hecho fraude en su contra, nunca presentó una denuncia formal. Claro, para presentarla tenía que tener pruebas, y las únicas pruebas que había eran de inconsistencias, no de fraude. Impugnó actas, lo cual no es lo mismo que denunciar, y cuando se revisaron “no fueron determinantes para anular la elección”. Este tema es también importante: oficialmente, López Obrador no pedía que se le diera por ganador, y no afirmó que habían sido fraudulentas, lo que pedía era que se anulara la elección y se llevaran a cabo nuevas elecciones. Esto es algo que mucha gente no sabe, AMLO no aportó pruebas del supuesto fraude, solo señaló inconsistencias que a su parecer eran motivo suficiente para desechar la elección. 

Ahora López Obrador utiliza los mismos métodos de propaganda que los peores países autoritarios; jamás aceptar la culpa, jamás aceptar errores, descalificar a quién los acuse o los cuestione llamándolos traidores, y alabar a quienes los apoyen, aunque esté demostrado que son delincuentes. La gente en su hartazgo por la situación actual está dispuesta a aceptar lo que sea sin cuestionar ni un ápice, y Andrés Manuel sabe esto. Aunque el gobierno haga algo bueno en favor de la sociedad, Andrés Manuel solo tiene que criticarlo para que la gente que le cree esté en contra del gobierno. Aunque haga pactos con políticos corruptos, solo basta con que los acepte en su partido para que la gente se convenza de que ya no son corruptos (si AMLO los acepta es prueba suficiente de su reformación). Y es esto lo más peligroso que veo en estas elecciones. Estamos en un momento en que los seguidores de López Obrador ni siquiera escuchan razones, no quieren saber que AMLO pueda ser una mala opción, solo quieren que sea presidente, para ver a “los malos” caer. No se dan cuenta que para que esos “malos” caigan, primero se va a caer en pedazos el país, y los menos beneficiados serán ellos. Quienes lo apoyan no quieren cuestionar a Andrés Manuel. La gente quiere creer que cuando él gane las elecciones México va a ser mejor; la corrupción se va a acabar; los delincuentes dejarán de delinquir; los políticos van a trabajar desinteresadamente por el pueblo. Y cuando esto no suceda, Andrés Manuel solo tiene que culpar a alguien para justificar el fracaso. Cuando la pobreza no termine, solo tiene que apuntar a Estados Unidos y a la clase alta de la sociedad mexicana para que la gente tenga un nuevo enemigo a quién responsabilizar de su situación y tengan una razón para apoyar las ideas más disparatadas del autoritario líder. No importa que los hijos de Andrés Manuel vivan en opulencia, la gente no lo cree: AMLO no lo permitiría. No importa que su familia tenga un salario que pagamos todos los mexicanos y no sepamos lo que hacen, Andrés Manuel sí sabe y él dice que está bien. No están dispuestos a reclamarle absolutamente nada, y por eso AMLO va a poder hacer todo lo que quiera. 

Al igual que en la Unión Soviética, la verdad absoluta va a ser propiedad del líder. Aunque todas las pruebas y el sentido común apunten hacia otro lado, cuestionar al mandatario es sinónimo de traición, y nadie quiere ser traidor al pueblo; nadie quiere cuestionar al que habla por nosotros; y si alguien lo cuestiona, dirán que se vendió a los represores del pueblo, a los oligarcas, al imperio. Esto no es una predicción del futuro, es un hecho hoy en día. Ninguno de sus simpatizantes cuestiona las incoherencias de Andrés Manuel. Son fieles seguidores, ciegos creyentes. Ese es el verdadero peligro para México.

AMLO en avioneta

Por fin tengo un ejemplo claro para explicar por qué pienso que Andrés Manuel Lopez Obrador no es el mesías por el que se quiere hacer pasar. El pasado lunes 16 de abril, pudimos ver en diferentes medios las fotos de AMLO bajando de una avioneta privada cuando realizaba un viaje de Mexicali, Baja California a Nogales, Sonora. Esto nunca debió de haber sido noticia, ya que Andrés Manuel se encuentra en campaña electoral; el problema es que hace algunas semanas el mismo Andrés Manuel aseguró que no utilizaría aviones privados ni helicópteros, según él, "porque no ofendería así al pueblo de México". Esta absurda promesa es fruto de una crítica que hizo hace varios años cuando se anunció que el gobierno iba a comprar un nuevo avión presidencial; según Andrés Manuel este avión costó 7 mil 500 millones de pesos (según la SEDENA el costo fue de 2 mil 169 millones de pesos, y otras fuentes lo valúan en 3 mil 600 millones de pesos), por lo que desde entonces lo utilizó como arma para exhibir el despilfarro del gobierno a expensas del pueblo. Si bien esto no es absurdo, el problema fue cuando para contrastarse con ese gobierno prometió que de llegar a ser presidente vendería ese avión, y a la pregunta expresa de cómo se transportaría para los viajes que necesita realizar un presidente, dijo que utilizaría aerolíneas comerciales. Hasta ahí todo bien, exceptuando que es absurdo pensar que el presidente de un país se atenga al horario de las aerolíneas comerciales. Los que lo criticamos jamás le creímos, pero la gente que lo sigue sí (o tal vez no, pero eso no evitó que usaran esa bandera para defender a AMLO). Entonces, volviendo al lunes pasado, AMLO fue captado bajando de una avioneta privada, y las criticas no se hicieron esperar. 

Primero quiero exponer los argumentos de quienes lo defienden: “cómo esperan que llegue a comunidades alejadas donde solo se puede llegar en avioneta”, “critican a AMLO por el uso de una avioneta vieja, y no critican al presidente por el uso de aviones privados”, “no es una avioneta privada, es un taxi aéreo”, “ahora resulta que AMLO no puede usar avioneta privada pero los otros candidatos sí”, “él nunca dijo que no iba a utilizar avionetas privadas, solo que iba a vender el avión presidencial”. Los que lo defiendan jamás van a aceptar que AMLO les mintió, y los argumentos que usaron para defenderlo son falsos. Quienes criticamos a AMLO no es por usar una avioneta privada, sino porque dijo que no lo haría y utilizaría aerolíneas comerciales. Ni Mexicali ni Nogales son comunidades alejadas, pero aunque lo fueran, eso no lo exculpa de hacer promesas que no puede cumplir. Quienes lo criticamos ya sabemos que el presidente es peor que AMLO (o eso pensamos) pero eso no justifica que rompa sus promesas sin que se le critique. La avioneta no era un taxi aéreo, era privada y costó al menos 13,200 pesos por pasajero utilizarla, y AMLO explícitamente dijo que no iba a utilizar aviones privados o helicópteros. Y por último: efectivamente, AMLO no debería utilizar avionetas privadas porque así lo prometió, y si otros candidatos hacen lo mismo sin ser blanco de ataques es porque ellos no prometieron algo que no podían cumplir (de momento). Y ese es el detalle, AMLO desde un inicio no podía cumplir esa promesa de no utilizar transporte privado, jamás, lo que me dice que solo prometió para engañar a la gente. 

Anteriormente en este blog critiqué a Andrés Manuel porque no cumplía su palabra. Decía una cosa y hacía otra, cada vez. Y por otro lado le apuntaba a su falta de estrategia, hace promesas absurdas, como la de acabar con la corrupción siendo íntegro, siendo honrado “si el presidente no es corrupto, el pueblo no va a ser corrupto”, lo que es totalmente ilógico. Ahora con esta noticia de la avioneta puedo poner el ejemplo claro de cómo Andrés Manuel será igual o peor (y me inclino más por “peor”) que los otros presidentes. Sus ideas no tienen manera de llevarse a cabo.Yo no lo culpo por haber utilizado una avioneta privada, lo culpo por haber hecho una promesa tonta. Es lógico que no puede contar únicamente con aerolíneas comerciales, estas no tienen vuelos para todos los lugares; estas dependen de otros vuelos, y sobre todo por la seguridad que debe de tener el presidente de un país. Es ridículo pensar que el presidente de México no tenga un avión privado que esté a su disposición para realizar viajes importantes. Esa es la critica real, no el uso de una avioneta.

En lo que fallan sus seguidores es en aceptar lo que diga AMLO sin cuestionarlo. Ese es un verdadero peligro. Cuando diga que no va a utilizar aviones privados, hay que exigir respuestas a la pregunta ¿entonces cómo va a viajar? Cuando diga que va a regalar dinero a los jóvenes, que diga de dónde va a sacar ese dinero, y si se van a pedir cuentas de cómo se gasta. Cuando dice que extraer petróleo no tiene ciencia y que es como sacar agua, hay que criticarlo y exigir que se eduque en la materia. 


Todos los candidatos, siempre, hacen promesas que no piensan cumplir, pero nunca he visto uno que antes de ser electo haga evidente que sus ideas son disparatadas. No importa a quién apoyemos, deberíamos de tratar a todos por igual. Corruptos ya sabemos que son; mentirosos, rateros y cínicos, pero defender a cualquiera evita que identifiquemos cuando nos engañan.  


Se les olvidó otra vez

Enrique Peña Nieto está pasando por sus peores momentos como presidente. No parece dar pie con bola. Si bien cualquier cosa que haga es motivo de critica por quienes se oponen a él, ha tenido una serie de desafortunadas decisiones que lo dejan muy mal parado y expuesto a una gran cantidad acusaciones. Cierto es que no todo lo que hace lo hace mal, pero ha dejado mucho que desear, y creo que el problema principal radica en el partido que lo puso en el poder. El PRI durante muchas décadas se acostumbró a que la sociedad mexicana, a quienes gobernaban, era completamente pasiva y sumisa. No se quejaban de nada y si se quejaban sabían cómo lidiar con el problema: desaparécelos, mételos a la cárcel, cómpralos, distráelos con algún espectáculo.  Esa era la manera de gobernar durante los 70 años que duró el PRI en el gobierno. Y lo peor del caso es que lo hicieron una cultura. Los partidos políticos que se oponían a estas prácticas terminaban siendo iguales. La forma absolutamente corrupta de ganar elecciones la inventó el PRI. 

En el año 2000 perdieron por primera vez las elecciones presidenciales, y no volvieron a ver la casa de Los Pinos sino hasta después de 12 años. Regresaron con la mercadotecnia de “el nuevo PRI”, que de nuevo solo tenía el adjetivo, y ganaron la presidencia con la más descarada corrupción que se puede ver. Ayudados por la televisora más importante del país y comprando votos como nunca se había visto. Les resultó de tal manera que creyeron que de la misma manera iban a poder gobernar. Creyeron que habían vuelto a los 70’s. Esa niña gorda que estuvo a dieta por 12 años no podía esperar a tener de nuevo el pastel enfrente para acabar con él. Y vaya que no se midieron. Pero se les olvidó que el país ya cambió. Poco. Algo. Pero ya no es el mismo país al que le daban atole con el dedo. 

El PRI se parece a las personas de avanzada edad que no saben usar el internet. Están aferrados a no cambiar sus practicas ni sus métodos; no aprenden a usar la tecnología y creen que no existen ventajas de usar computadoras entonces siguen haciendo todo a mano. El PRI no se da cuenta que ya no pueden esconder sus cochinadas tan fácilmente; la gente se entera de todo, y existen periodistas que se dedican a asegurarse de que la gente se entere de todo. En un mundo tan globalizado ya no puedes matar a 43 personas y esperar a que a la gente se le pase la conmoción como si fuera nada. Ya no puedes comprar casas de 86 millones de pesos y esperar que la gente lo comprenda y no cuestione el origen de ese dinero. Siguen saliéndose con la suya y robando cuanto pueden, pero ya no se van limpios. Y Enrique Peña Nieto en su cuarto año de gobierno no ha entendido en qué época está gobernando. 

Mientras sigan creyendo que la sociedad les cree todas sus mentiras no van a cambiar sus formas, y menos credibilidad van a tener. El presidente piensa que pidiendo perdón por el escándalo de la casa blanca basta para tener una mejor imagen. El muy torpe provoca su propia burla invitando a Donald Trump al país y tratándolo como huésped de honor en vez de reclamarle las ofensas que de él recibimos, y luego se defiende diciendo que solo está pensando en el bienestar del país. Si eso fuera, metería a la cárcel a la bola de corruptos que están en su gabinete. Hubiera exigido la renuncia del titular de la CONADE. Habría ya enfrentado al sindicato de PEMEX y a los gobernadores ineptos de su partido. 

La sociedad no perdona por el puro hecho de que le pidan perdón. Necesita ver hechos. Y aunque se tarden en aceptarlos, porque nadie le va a dar el beneficio de la duda así sin nada más, y lo van a seguir criticando aunque haga cosas buenas, eventualmente ganará adeptos que le crean y su imagen mejorará. Dicen que la burra no era arisca, y así somos los mexicanos. Por más que haya críticos, que siempre va a haber, la realidad prevalecerá. Si el presidente hace más cosas buenas que malas, aunque lo critiquen, su imagen va a ser aceptada; pero si la corrupción del presidente es más desastrosa que su buena administración, no hay manera de defenderlo en absoluto. 


El presidente que tenemos no es muy brillante, no inspira orgullo y es blanco de burlas constantes. Carece de carácter firme, lo que lo hace ver muy débil; solo sobresale cuando tiene escenarios arreglados. No sabe que hacer ante situaciones que le sean adversas o cuando no cuente con el apoyo de su equipo, cuando no haya practicado antes. Un presidente así no puede darse el lujo de ser un ratero. Si tuviera tantita decencia, empezaría a comportarse mas coherentemente, acorde con sus discursos, y se preocuparía por su imagen real ante la sociedad. Si recordara cuanto cambió el país probablemente tomaría mejores decisiones. Si fuera más inteligente… Pero bueno, soñar no cuesta.  


Lo dijo Jacobo


Claro que lo conozco. Crecí viéndolo dar noticias en la noche, en 24 horas. También en ECO, y muchas veces en la televisión dando entrevistas o reportajes. Ya estaba viejillo en ese entonces, y yo no sabía mucho, creía que era (y en realidad lo era) un hombre respetable. Pero después crecí y empecé a conocer la terrible historia de mi país y cómo el gobierno corrupto quería y lograba tener al pueblo controlado. Cómo engañaban a las personas para ocultar los peores crímenes. Y cómo la televisión era su principal arma, y ahí estaba Televisa, los noticieros y Jacobo Zabludovsky.

No, a mí no me tocó vivir Tlatelolco en 1968. No me tocó vivir las elecciones presidenciales donde ganó Luis Echeverría, ni José Lopez Portillo; ni siquiera la de Miguel de la Madrid. Nací después de todo eso y me tocó vivir el cambio cuando por fin pensaba por mí mismo, pero no gracias a Jacobo Zabludosvsky. Él fue parte del sistema y fue instrumento de los tiranos que gobernaban (y gobiernan) este país. Se ganó la credibilidad de la gente y usó ese poder en contra de ellos. Hoy escuché cómo lo elogiaban en la radio por su trayectoria periodística, y recordaban lo que las señoras decían cuando platicaban de noticias que más bien serían chismes: "lo dijo Jacobo". Como si por decirlo él tuviera que ser verdad por fuerza. Y ¿era su culpa? No. Era la culpa de todos los que creían a ciegas, pero que no puedo culpar mucho porque en ese entonces no tenían al alcance la información como la tenemos ahora. Sin embargo el legado de Jacobo todavía sigue. Dile a los periodistas que digan una mentira hasta que la gente lo crea. Adela Micha decía hoy que Jacobo Zabludosvky inventó el periodismo en televisión; me parece una exageración, pero incluso si en realidad fuera el inventor, mucha más razón tendríamos para recriminarle que gracias a su forma de hacer periodismo por televisión la gente vivió sumida en el control del gobierno durante tanto tiempo.


Lo defienden los periodistas, dicen que fue víctima de la época que le tocó vivir. No lo dudo, sin embargo a los héroes no se les recuerda si no se sublevaron contra el tirano, incluso si no triunfaron. Al artista no se le recuerda por sus vicios sino por su arte, pero si su arte era producto de la violación de derechos, nadie lo considera un artista digno de ser recordado. No dudo que Jacobo fuera muy bueno haciendo lo que hacía, pero el hecho de ser un sirviente de los políticos que se dedicaban a tirar al barranco a este país no se le debe de perdonar, por grandes que hayan sido sus reportajes. Muchos soldados nazis también seguían ordenes de sus superiores y nadie los defiende por hacer lo que hicieron. Escuchar a todos los periodistas, reporteros, radiolocutores y conductores de noticieros alabarlo y decirle maestro y recordar de anécdotas que vivieron con él, solo me recuerda a los políticos corruptos que cuando mueren solo son elogiados por otros políticos corruptos.


Por eso me da mucho gusto que se le negó el Doctorado Honoris Causa que le iba a otorgar la Universidad Veracruzana. La gente lo impidió. No se le da reconocimiento a la trayectoria de alguien que perjudicó a su país. Lo repito, no dudo que fue un gran reportero, pero no veo razón por la cuál hablar bien de él, cuando ayudó a mantener la dictadura perfecta porque la gente creía lo que decía solo porque él lo decía.