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Divide y ¿vencerás?

Dicen que cada quien cosecha lo que siembra, y es por eso que debemos estar conscientes de cómo nuestras acciones puedan repercutirnos en el futuro. No mientas, porque las mentiras te persiguen, tarde o temprano vienes pagando la confianza que generas o desechas. Claro ejemplo de esto es nuestro actual presidente Andrés Manuel López Obrador, quien durante los últimos 18 años se ha dedicado a desprestigiar a sus oponentes y a generar discordia entre quienes lo apoyan a él y quienes lo critican. Siendo jefe de gobierno de la Ciudad de México no perdía oportunidad en criticar a Vicente Fox, entonces presidente de la República. Cada tropiezo (y vaya que Fox tuvo incontables errores) eran un deleite para AMLO que lo exhibía diariamente en sus conferencias matutinas achacándole todo lo malo del país al presidente. Y así, durante la campaña electoral del 2006, a diestra y siniestra en los sexenios de Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto acusó de vendida a la prensa, a Calderón de robar la elección (cosa que nunca probó ni denunció oficialmente), descalificó a las instituciones, llamó culpable de la desaparición de 43 estudiantes normalistas a Peña Nieto y fundó su propio partido por estar en desacuerdo con el partido que lo postuló dos veces a la presidencia, a quienes llamó corruptos. Incluso en 2006 vimos cómo una chica que fue observadora de casilla por parte del PRD (partido del que era candidato AMLO) fue acusada por el mismo López Obrador de haberse vendido por haber afirmado que en su casilla no habían hecho fraude. La chica, indignada, respondió que ella ni siquiera conocía a López Obrador y había participado como observadora para dar certeza a la elección, que la acusación era falsa y que exigía una disculpa de parte del candidato. Esta disculpa, como era de esperarse, nunca llegó, así como tampoco llegó la prueba de que la chica hubiera sido beneficiada por su declaración. 

Y el problema de desprestigiar a quien no esté de tu lado, de atacar a tus contrincantes polarizando a la población, y culpar a todos de tus propias fallas, es que cuando suceden accidentes que nada tiene que ver contigo, eres el principal sospechoso. Si has evidenciado tu obsesión por quitar el poder a gobernadores contrarios a tu movimiento, ¿qué puedes esperar que hagan tus enemigos cuando uno de estos muere en un accidente? Cuando promueves que la gente no crea en la versión oficial del gobierno, eres responsable de que no te crean cuando siendo gobierno ocurran eventualidades sospechosas.

No me gustan las teorías de conspiración, de hecho me molestan mucho. Una de las razones por las que me volví ateo fue porque no me gusta creer en cosas que no tienen fundamento. Creer en las conspiraciones me parece desgastante. Cuando he sido suspicaz con las explicaciones recibidas es por la falta de información, por la omisión de datos o por la poco clara evidencia mostrada. Mas no pretendo nunca saber una verdad que los demás no conocen y nunca presumo tener pruebas que los demás no tienen, que demostrarían que lo que nos dicen es mentira. Simplemente expongo mis dudas, preguntas y aclaraciones omitidas en explicaciones que nos dan. Y entre más evidentemente omitan información más crece mi suspicacia.

En el caso del accidente en el que murieron el senador Rafael Moreno Valle y su esposa, la gobernadora de Puebla Martha Érika Alonso, sobra decir que no creo ni tengo razón para creer que haya sido un asesinato orquestado por el gobierno (ni por nadie). Lo que creo es que fue un accidente como han sucedido otros en el pasado. No tengo ningún argumento para pensar que hubo un complot para eliminarlos ni por parte del gobierno ni por parte de alguien cercano a ellos que se pudiera beneficiar con su muerte. Y no creo que, de no tratarse de un accidente, haya sido AMLO quien ordenó el atentado. Así como tampoco creo que Peña Nieto haya ordenado la matanza de Ayotzinapa, ni que Felipe Calderón tuviera algo que ver con los dos accidentes aéreos donde perdieron la vida dos de sus secretarios de gobernación en funciones.

Hay muchas dudas que quedan en este tipo de accidentes y que la gente siempre va a aprovechar para señalar falsas culpas hacia personas que al final no pueden comprobar y por lo tanto quedan siempre en posibles causas. Por eso mismo insisto en el peligro de acusar sin probar confiando en la mala reputación de una persona. Se pueden suponer muchas malas acciones de los políticos, lo que no significa que sea cierto. No importa que AMLO sea capaz de asesinar a alguien, eso no es prueba de que lo hizo. No importa que Felipe Calderón fuera capaz de organizar un fraude electoral, eso no significa que lo hizo. No importa la reputación de los políticos, es muy peligroso acusarlos sin tener ni siquiera una prueba confiable. Y no quiero decir que si no hay una investigación formal y un juicio no se pueda determinar si algo es cierto o no, simplemente se trata de tener un criterio más educado antes de creer en cualquier cosa; sobre todo si sabemos que tenemos prejuicios de las personas.

También tengo que decir que me molestan mucho las declaraciones de todos los twiteros a favor y en contra de la teoría de conspiración, y en especial las personas que están en contra de AMLO que lo acusan de asesino sin ninguna prueba. Pero también me queda claro que AMLO se benefició muchísimo de promover la desconfianza en el gobierno, y ahora mucha gente se lo está cobrando. Y el hecho de que haya peleado tan firmemente en contra de la elección en Puebla donde su candidato quedó en un cercano segundo lugar, y la acusación de fraude, no ayudan en nada a quien quiera defender su inocencia.

Las acusaciones sin pruebas y el ataque agresivo a las personas únicamente profundizan la polarización de la sociedad. Las personas reaccionan a sus sentimientos (o intereses) y no a las evidencias. Si está en contra de AMLO, no pierde tiempo en lanzar acusaciones, si es partidario del presidente, piden pruebas inobjetables y etiquetan de ridículos los señalamientos. Otros cuántos de estos últimos no pierden tiempo en señalar que, aunque no le desean la muerte a nadie, el senador y la gobernadora lo tenían bien merecido, o que fue el karma quien les cobró factura, o que simplemente no dejan de ser unos criminales corruptos. Y todo esto solo evidencia el bajo nivel del debate que estamos entablando.

Fue este año que volví a utilizar twitter activamente. A pesar de que ya sabía de los usuarios falsos, las personas que apoyan a quien sea por dinero o hueso, y de los fanáticos obsesionados que no escuchan razones lógicas, como quiera me sorprendí por la manera en que la gente se expresa por este medio. Como no conocía a muchos tuiteros, fui escogiendo las opiniones que me parecían más atinadas e imparciales; opiniones críticas y educadas. Evité seguir a personajes con opiniones unilaterales (fuera de políticos e informadores que sigo por estar enterado de lo que dicen) o que solo comparten información sin verificar si es real o no. Es muy frustrante darse cuenta que personas que parecían objetivas y serias sean exactamente iguales que las personas a las que critican. No hay diferencia entre la ceguera de los fans de AMLO y la ceguera de sus detractores. Parece que repiten mantras, adoctrinados por sus propios prejuicios, y buscan quién esté de acuerdo con ellos para sentir que tienen la razón. 

Repito, la razón por la que dejé de creer en dios y la religión es justamente que le temen a la confrontación de ideas: es pecado dudar, cuestionar, sospechar. La religión es lenta para identificar sus errores y aun más lenta para redimirlos. Mi decisión fue la de tratar de ser objetivo al buscar la verdad; cuestionar todo lo que me digan; aceptar que se puede estar equivocado y que más vale reconocer el error que tratar de defenderlo. Tener tendencias, ideologías y prejuicios no nos impide ser objetivos cuando recibimos información nueva. No importa cuánto queramos creer en AMLO, si lo que dice contradice a todas luces lo que hace ¿por qué defenderlo? Si no nos gustan las ideas de AMLO y creemos que lo que plantea está equivocado ¿qué nos impide aceptar sus aciertos? No tenemos que estar de acuerdo con él para aceptar que ha tomado buenas acciones que el anterior presidente no se atrevió ni a plantear como posibilidad. No tenemos que ser opositores para reclamar las tonterías que ha dicho y hecho. No tenemos que exagerar los aciertos ni los fracasos. Eso dejémoselo a los políticos, los únicos payasos que sí ganan dinero por apoyar o criticar a uno u otro gobernante. A nosotros eso no nos conviene, y cuando los políticos se dan cuenta que las personas no los apoyan incondicionalmente mejoran su desempeño. Mientras, solo utilizan para su beneficio a esos que incondicionalmente les dan su voto de confianza, y todos perdemos.





El cambio de AMLO

Ya estoy viendo los papeles invertidos. Los que antes criticaban al PRI por postular a Peña Nieto, por casarlo con La Gaviota para darle circo al pueblo, y por postular a candidatos tan limitados y ridículos como Carmen Salinas o Ivonne Álvarez, ahora salen a defender a los candidatos igual de ridículos y sin preparación que postuló MORENA. Su argumento, el más fácil de todos, “antes no te quejabas de aquellos, no exijas nada ahora”. El chiste se cuenta solo. 

Somos muchas las personas que jamás apoyamos las candidaturas absurdas de los partidos políticos; ni falta hace decir que tampoco les dimos el voto. Es absurdo defender a un actor de telenovela como diputado, o a un exfutbolista como gobernador, o a un ex boxeador para cualquier puesto de política. ¿Por qué si se quejaban de Carmen Salinas no se quejan de Sergio Mayer? ¿No es un cambio lo que querían? ¿Por qué ahora sí se conforman con basura?

El argumento más razonable sería “votamos por quien mejor va a combatir la corrupción, aunque no sea lo mejor, aunque tenga muchas fallas”; si esa fuera la respuesta, se entendería. Pero no, la respuesta es la defensa de la decisión absurda: no te quejes, ustedes votan por sus ineptos, y nosotros por los nuestros. Ante esta situación dan ganas de llorar de frustración. ¿No somos capaces de exigir lo correcto? ¿Tenemos que conformarnos con miserias? ¿Cómo esperamos realmente salir adelante cuando el empleado al que le pagamos hace un mal trabajo y en vez de reclamarle, lo protegemos ante las críticas, solo porque nosotros lo escogimos? 

Si somos tan miopes para reconocer lo malo solo cuando no es de nuestro equipo, no podemos aspirar a triunfar. En las elecciones pareciera que los ciudadanos nos dividimos en equipos según por qué partido votemos, sin entender que los verdaderos equipos son los políticos contra los ciudadanos. Nosotros los escogemos, nosotros les pagamos, nosotros les exigimos que hagan bien su trabajo. Si no nos atrevemos a criticarlos, que no nos sorprenda que nos sigan metiendo goles.

La razón por la que el PRI postuló a un candidato “ciudadano” y con mucha preparación, en lugar de un chango salido de su camada, fue por un intento desesperado de ganar confianza ante la sociedad. Sabían que los odiamos, sabían que si no hacían eso no tenían ni un ápice de oportunidad de ganar votos. Conocían el descontento de la ciudadanía y trataron de engañarnos mostrando una fachada limpia. Afortunadamente la menor parte del electorado les creyó.  Parece que no nos damos cuenta del enorme poder que tenemos como votantes. Gracias al desastroso trabajo del PRI fue que MORENA no tuvo que hacer más que el mínimo esfuerzo para arrasar en las elecciones. El PRI y el PAN no aprendieron del ejemplo de Nuevo León, donde el Bronco arrasó con 48% de las preferencias. Los ciudadanos estamos completamente hartos de los políticos que tienen secuestrado el poder y no hacen nada para mejorar las cosas. Y sin embargo, AMLO tampoco parece estar preocupado por la imagen de su partido. Al postular a personajes mediáticos en vez de personas preparadas no muestra el mismo interés que tenía en presentar a un gabinete destacado. Al no lanzar ni una crítica a Layda Sansores ni delinearse de ella, parece no importarle que se manche la imagen de MORENA. Siempre que la gente siga descontenta con el PRI y el PAN, él no tiene necesidad de hacer grandes cambios a la clase política actual.

Dicen que chango viejo no aprende maroma nueva. Si MORENA no aprende de lo que hundió al PRI a un lejano tercer lugar,  no puede aspirar a seguir triunfando como lo hizo el domingo. AMLO se supone que representa el cambio, pero todavía falta que lo demuestre con los hechos, si no, lo único que logró fue cambiar el nombre del partido en el poder. 


Pero ¿y los ciudadanos? ¿Aprenderemos maromas nuevas? ¿Aprenderemos a defendernos de nuestras propias decisiones? Si no nos atrevemos a exigir buenos candidatos, sin importar qué tan malo sea el del partido opositor, nunca podremos aspirar a deshacernos de la corrupción, sin importar qué redentor nos prometa venir a salvarnos.  


AMLO Fraude 2006


La estrategia de AMLO para engañar a la gente es mentir por adelantado. Lo hizo en el 2006 y le funcionó muy bien. Ahora lo está haciendo de nuevo. En 2006 salió a decir que de acuerdo a sus datos él había ganado la presidencia de la República por al menos quinientos mil votos (aquí el video de los dichos) , y que como él se había comprometido a aceptar la derrota, aunque fuera por un solo voto, exigía que respetaran su victoria. No habían pasado ni treinta minutos cuando salió a advertir que le querían “escamotear el resultado electoral”. También afirmó que iba a ser respetuoso del IFE y que iba a esperar a que hicieran el recuento, pero que iba a estar pendiente para que se respetara su triunfo. Quién pueda entender esto, que me lo explique. AMLO afirma que ganó según SUS datos. Luego dice que va a esperar a que el IFE dé los resultados, pero espera que le den el triunfo. ¿Cómo? Si los resultados no eran los que él decía tener, ¿tenían que ser fraudulentos?
Ya en campaña lo anunciaba a todas luces; decía que las encuestas que lo ponían justo por debajo de Felipe Calderón estaban amañadas, y que en las encuestas que él tenía llevaba al menos diez puntos de ventaja. Sin embargo, cuando le preguntaban quién había realizado esas encuestas se negaba a contestar. Con esto intentaba engañar a la gente que creía en él. Al decir que otros mentían y asegurar que él era honesto, se protegía de cualquier ataque: si yo no miento, quiere decir que los otros deben de mentir para poder acusarme. Una y otra vez le demostraron que faltaba a la verdad, y una y otra vez contestaba con la misma cantaleta: lo que más valoro yo es mi integridad, por lo tanto no miento y por lo tanto es falsa la acusación que me hacen. Y la gente que lo seguía le creía. Poco a poco se volvió un mesías poseedor de la verdad absoluta.

La causa principal por la que López Obrador logró engañar a tanta gente es por la reputación que tiene la gran mayoría de los políticos quienes se han dedicado a robar descaradamente durante décadas. Cualquiera que sea tan siquiera un poco menos corrupto que el político tradicional se puede jactar de no ser igual que ellos. Al no robar dinero directamente como lo hacen todos y, más aun, utilizarlo para mejorar la situación en que se encuentra una población, es lógico que mucha gente comience a confiar en él y a tenerlo en alta estima. Sin embargo, esto resultó en que las personas empezaran a verlo como una persona incorruptible, lo que muy pronto comenzó a comprobarse que no era así. 
Andrés Manuel, al sentirse moralmente superior a todos los demás, empezó a descalificar a quienes lo contradecían. Empezó a agrupar a las personas como “a favor” y “en contra” suyo. Quienes estaban con él eran quienes querían eliminar la corrupción, quienes estaban en contra debían estar a favor de la corrupción; y como mucha gente le creía (y le cree todavía) que este señor solo busca el bien para México, no cabía en sus cabezas que pudiera tener intenciones ocultas. Tal vez López Obrador no robe dinero, sin embargo eso no significa que no sea corrupto. Al descalificar a las instituciones cuando estas no le daban la razón, se veía a sí mismo como un revolucionario, pero no dudaba en estirar la mano para recibir recursos de esas mismas instituciones a quienes criticaba. Al no tener el respaldo del partido que lo postuló en dos ocasiones por la presidencia, salió de este para formar su propio partido, donde él tuviera el control absoluto, y poder obtener recursos de los impuestos que pagamos todos, igual que los partidos que él tanto criticaba. Aprovechar tu popularidad para engañar a la gente y salirte con la tuya también es corrupción. 
Cabe mencionar que los mayores culpables de que AMLO tenga tanta popularidad son justamente los otros partidos políticos, sobre todo el PRI y el PAN, quienes ganado la presidencia nunca combatieron la corrupción del estado ni de sus partidos. No hay excusa que puedan poner para justificar sus pésimas administraciones. Si bien el PAN fue considerablemente menos corrupto que el PRI, le sucede lo mismo que con AMLO, ser menos corrupto no significa ser buen gobernante, solo menos malo. Y a pesar de demostrar una y otra vez que los mismos problemas de corrupción que tienen el PRI y el PAN los tienen también los partidos que han representado a Andrés Manuel (PRD, PT, MORENA), la gente solo quiere saber que López Obrador está en contra del PRI y del PAN; para ellos eso es suficiente. 
Cuando en 2006 López Obrador perdió las elecciones no tuvo más que salir a decir que le robaron para que sus seguidores gritaran sin si quiera pedir argumentos que lo corroboraran. Todo lo que tenían que saber es que alguna vez hubo fraudes, eso es suficiente para creer en que esta vez también lo hubo. Cuando desmentían las pruebas que López Obrador había mostrado para demostrar el fraude, él decía que estaban corrompidos por la mafia del poder. Cuando acusó a una chica de su propio partido de traidora, esta salió a defenderse y a reclamarle la difamación, y tuvo que retractarse diciendo que ella no era la corrupta solo que había mucha corrupción; y nadie cuestionó el hecho. Acusaba sin fundamento porque sabía que eso es lo que importaba, la gente no iba a saber que mintió. Tenía a sus seguidores comiendo de la palma de su mano; todo lo que él decía, aunque contradijera lo que había dicho antes, era una verdad indiscutible. Lo peor de todo el episodio post electoral del 2006 es que a pesar de que AMLO gritó y juró que habían hecho fraude en su contra, nunca presentó una denuncia formal. Claro, para presentarla tenía que tener pruebas, y las únicas pruebas que había eran de inconsistencias, no de fraude. Impugnó actas, lo cual no es lo mismo que denunciar, y cuando se revisaron “no fueron determinantes para anular la elección”. Este tema es también importante: oficialmente, López Obrador no pedía que se le diera por ganador, y no afirmó que habían sido fraudulentas, lo que pedía era que se anulara la elección y se llevaran a cabo nuevas elecciones. Esto es algo que mucha gente no sabe, AMLO no aportó pruebas del supuesto fraude, solo señaló inconsistencias que a su parecer eran motivo suficiente para desechar la elección. 

Ahora López Obrador utiliza los mismos métodos de propaganda que los peores países autoritarios; jamás aceptar la culpa, jamás aceptar errores, descalificar a quién los acuse o los cuestione llamándolos traidores, y alabar a quienes los apoyen, aunque esté demostrado que son delincuentes. La gente en su hartazgo por la situación actual está dispuesta a aceptar lo que sea sin cuestionar ni un ápice, y Andrés Manuel sabe esto. Aunque el gobierno haga algo bueno en favor de la sociedad, Andrés Manuel solo tiene que criticarlo para que la gente que le cree esté en contra del gobierno. Aunque haga pactos con políticos corruptos, solo basta con que los acepte en su partido para que la gente se convenza de que ya no son corruptos (si AMLO los acepta es prueba suficiente de su reformación). Y es esto lo más peligroso que veo en estas elecciones. Estamos en un momento en que los seguidores de López Obrador ni siquiera escuchan razones, no quieren saber que AMLO pueda ser una mala opción, solo quieren que sea presidente, para ver a “los malos” caer. No se dan cuenta que para que esos “malos” caigan, primero se va a caer en pedazos el país, y los menos beneficiados serán ellos. Quienes lo apoyan no quieren cuestionar a Andrés Manuel. La gente quiere creer que cuando él gane las elecciones México va a ser mejor; la corrupción se va a acabar; los delincuentes dejarán de delinquir; los políticos van a trabajar desinteresadamente por el pueblo. Y cuando esto no suceda, Andrés Manuel solo tiene que culpar a alguien para justificar el fracaso. Cuando la pobreza no termine, solo tiene que apuntar a Estados Unidos y a la clase alta de la sociedad mexicana para que la gente tenga un nuevo enemigo a quién responsabilizar de su situación y tengan una razón para apoyar las ideas más disparatadas del autoritario líder. No importa que los hijos de Andrés Manuel vivan en opulencia, la gente no lo cree: AMLO no lo permitiría. No importa que su familia tenga un salario que pagamos todos los mexicanos y no sepamos lo que hacen, Andrés Manuel sí sabe y él dice que está bien. No están dispuestos a reclamarle absolutamente nada, y por eso AMLO va a poder hacer todo lo que quiera. 

Al igual que en la Unión Soviética, la verdad absoluta va a ser propiedad del líder. Aunque todas las pruebas y el sentido común apunten hacia otro lado, cuestionar al mandatario es sinónimo de traición, y nadie quiere ser traidor al pueblo; nadie quiere cuestionar al que habla por nosotros; y si alguien lo cuestiona, dirán que se vendió a los represores del pueblo, a los oligarcas, al imperio. Esto no es una predicción del futuro, es un hecho hoy en día. Ninguno de sus simpatizantes cuestiona las incoherencias de Andrés Manuel. Son fieles seguidores, ciegos creyentes. Ese es el verdadero peligro para México.

AMLO en avioneta

Por fin tengo un ejemplo claro para explicar por qué pienso que Andrés Manuel Lopez Obrador no es el mesías por el que se quiere hacer pasar. El pasado lunes 16 de abril, pudimos ver en diferentes medios las fotos de AMLO bajando de una avioneta privada cuando realizaba un viaje de Mexicali, Baja California a Nogales, Sonora. Esto nunca debió de haber sido noticia, ya que Andrés Manuel se encuentra en campaña electoral; el problema es que hace algunas semanas el mismo Andrés Manuel aseguró que no utilizaría aviones privados ni helicópteros, según él, "porque no ofendería así al pueblo de México". Esta absurda promesa es fruto de una crítica que hizo hace varios años cuando se anunció que el gobierno iba a comprar un nuevo avión presidencial; según Andrés Manuel este avión costó 7 mil 500 millones de pesos (según la SEDENA el costo fue de 2 mil 169 millones de pesos, y otras fuentes lo valúan en 3 mil 600 millones de pesos), por lo que desde entonces lo utilizó como arma para exhibir el despilfarro del gobierno a expensas del pueblo. Si bien esto no es absurdo, el problema fue cuando para contrastarse con ese gobierno prometió que de llegar a ser presidente vendería ese avión, y a la pregunta expresa de cómo se transportaría para los viajes que necesita realizar un presidente, dijo que utilizaría aerolíneas comerciales. Hasta ahí todo bien, exceptuando que es absurdo pensar que el presidente de un país se atenga al horario de las aerolíneas comerciales. Los que lo criticamos jamás le creímos, pero la gente que lo sigue sí (o tal vez no, pero eso no evitó que usaran esa bandera para defender a AMLO). Entonces, volviendo al lunes pasado, AMLO fue captado bajando de una avioneta privada, y las criticas no se hicieron esperar. 

Primero quiero exponer los argumentos de quienes lo defienden: “cómo esperan que llegue a comunidades alejadas donde solo se puede llegar en avioneta”, “critican a AMLO por el uso de una avioneta vieja, y no critican al presidente por el uso de aviones privados”, “no es una avioneta privada, es un taxi aéreo”, “ahora resulta que AMLO no puede usar avioneta privada pero los otros candidatos sí”, “él nunca dijo que no iba a utilizar avionetas privadas, solo que iba a vender el avión presidencial”. Los que lo defiendan jamás van a aceptar que AMLO les mintió, y los argumentos que usaron para defenderlo son falsos. Quienes criticamos a AMLO no es por usar una avioneta privada, sino porque dijo que no lo haría y utilizaría aerolíneas comerciales. Ni Mexicali ni Nogales son comunidades alejadas, pero aunque lo fueran, eso no lo exculpa de hacer promesas que no puede cumplir. Quienes lo criticamos ya sabemos que el presidente es peor que AMLO (o eso pensamos) pero eso no justifica que rompa sus promesas sin que se le critique. La avioneta no era un taxi aéreo, era privada y costó al menos 13,200 pesos por pasajero utilizarla, y AMLO explícitamente dijo que no iba a utilizar aviones privados o helicópteros. Y por último: efectivamente, AMLO no debería utilizar avionetas privadas porque así lo prometió, y si otros candidatos hacen lo mismo sin ser blanco de ataques es porque ellos no prometieron algo que no podían cumplir (de momento). Y ese es el detalle, AMLO desde un inicio no podía cumplir esa promesa de no utilizar transporte privado, jamás, lo que me dice que solo prometió para engañar a la gente. 

Anteriormente en este blog critiqué a Andrés Manuel porque no cumplía su palabra. Decía una cosa y hacía otra, cada vez. Y por otro lado le apuntaba a su falta de estrategia, hace promesas absurdas, como la de acabar con la corrupción siendo íntegro, siendo honrado “si el presidente no es corrupto, el pueblo no va a ser corrupto”, lo que es totalmente ilógico. Ahora con esta noticia de la avioneta puedo poner el ejemplo claro de cómo Andrés Manuel será igual o peor (y me inclino más por “peor”) que los otros presidentes. Sus ideas no tienen manera de llevarse a cabo.Yo no lo culpo por haber utilizado una avioneta privada, lo culpo por haber hecho una promesa tonta. Es lógico que no puede contar únicamente con aerolíneas comerciales, estas no tienen vuelos para todos los lugares; estas dependen de otros vuelos, y sobre todo por la seguridad que debe de tener el presidente de un país. Es ridículo pensar que el presidente de México no tenga un avión privado que esté a su disposición para realizar viajes importantes. Esa es la critica real, no el uso de una avioneta.

En lo que fallan sus seguidores es en aceptar lo que diga AMLO sin cuestionarlo. Ese es un verdadero peligro. Cuando diga que no va a utilizar aviones privados, hay que exigir respuestas a la pregunta ¿entonces cómo va a viajar? Cuando diga que va a regalar dinero a los jóvenes, que diga de dónde va a sacar ese dinero, y si se van a pedir cuentas de cómo se gasta. Cuando dice que extraer petróleo no tiene ciencia y que es como sacar agua, hay que criticarlo y exigir que se eduque en la materia. 


Todos los candidatos, siempre, hacen promesas que no piensan cumplir, pero nunca he visto uno que antes de ser electo haga evidente que sus ideas son disparatadas. No importa a quién apoyemos, deberíamos de tratar a todos por igual. Corruptos ya sabemos que son; mentirosos, rateros y cínicos, pero defender a cualquiera evita que identifiquemos cuando nos engañan.