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Fábulas de AMLO

Cuando queremos explicar algo que puede resultar complicado, es normal recurrir al ejemplo; la metáfora que ilustra lo que queremos decir. Pero es necesario encontrar un ejemplo que realmente se parezca a lo que queremos explicar, o de lo contrario puede resultar contraproducente. 

El presidente López Obrador lleva todo su mandato comparándose y poniendo como ejemplo a personajes históricos para explicar su situación y sus decisiones. Su base electoral evidentemente no le cuestiona absolutamente nada, pero los que sí lo hacemos nos parece ridículo lo que dice. Se ha comparado con Madero, con Benito Juárez y recientemente con Jesucristo. Cualquiera que sepa de historia sabrá que ninguno de los casos con los que López se compara son adecuados, pero uno en particular me sorprende que no sea un escándalo: la comparación con Juárez, un presidente que se reeligió hasta su muerte. Para fortuna de López, la gente que lo apoya no conoce los detalles de la historia de esos personajes y quienes sí los conoce, los pasan por alto para no tener que criticarlo. 

Otro ejemplo de metáforas mal utilizadas se dio cuando hace algunos días en su conferencia de prensa mañanera, los periodistas, cansados de que no les dieran la palabra y que solo los periodistas chayoteros pudieran hablar, comenzaron a hacer preguntas sin esperar el micrófono. Lo cuestionaron severamente, algo a lo que no está acostumbrado el presidente; no eran preguntas a modo que dan pie a que explaye sus sermones de propaganda que es para lo que está hecha esa conferencia diaria. El presidente no se sintió cómodo y lanzó una dura crítica a la prensa. Les reclamó que “mordieran la mano que les quitó el bozal”, dejando claro que él piensa que fue quien liberó a la prensa de la “opresión en la que vivían”. 

En primer lugar, no se puede jactar López de ser el progresista que dejó hablar a la prensa. Ese fue, aunque le pese a mucha gente, Fox. Él sí fue el primer presidente que soportó todo tipo de críticas de la prensa sin represalias. López ni por error es un vanguardista en ese aspecto, y menos cuando descalifica a quien sea que se atreva a criticarlo.

En segundo lugar, y más importante: pedir que no cuestionen a quién les “quitó el bozal” ¡es sí mismo poner un bozal! ¿Qué quiere López? ¿Que no le exijan explicaciones? ¿Que solo lo alaben? ¿Cómo es eso apoyar la libertad de prensa? Si estás a favor de la libertad de prensa no puede ser solo cuando te conviene lo que dicen. Sobre todo cuando los cuestionamientos son 100% legítimos. 

Evidentemente el presidente deja mucho qué desear con sus declaraciones. Cuando tiene que defender corruptelas se excusa en que la ley lo permite, y cuando no le conviene dice que la moral debe de estar sobre la ley, y así siempre tiene una manera de excusar su actuar. 

Pero el peor ejemplo de falta de claridad en sus ideas nos lo dio en un tuit donde recomendó leer una fábula de Esopo llamada "Las ranas pidiendo rey". La historia resumida va así: 

Un grupo de ranas le pide a Zeus que les envíe un rey porque reconocen que no hay orden en su comunidad. Zeus les envía un tronco para que les sirva de rey. El tronco no hace absolutamente nada y las ranas se quejan con Zeus; quieren otro rey, uno más activo. Zeus entonces les envía una serpiente, que las devora y las elimina a todas.

La moraleja en la narración dice: Para elegir un gobernante es mejor que sea compasivo y honesto que uno corrupto y malvado, aunque sea emprendedor. 

Después de leer la historia no estoy seguro qué es lo que López quería que entendiéramos. No recuerdo alguna otra fábula que me haya hecho sentir tanto desprecio. Con todo respeto a Esopo, en este ejemplo falló rotundamente. Sí, es mejor para las ranas tener un tronco que no hace nada a una serpiente que las engulla, pero comparar eso con un gobernante me parece absurdo. Un tronco inanimado no es compasivo ni honesto. Un tronco es el equivalente a nada. Y una serpiente no es emprendedora solo porque se puede mover; una serpiente es un depredador. Ninguno de los dos es "mejor", solo que uno es menos nocivo para las ranas. 

Ahora, López no escribió esa fábula; él la leyó y decidió que era conveniente recomendarla, por lo que cabe cuestionar ¿con qué rey se identifica él? ¿Con el tronco que no hace absolutamente nada y que las ranas exigen cambiar porque les da igual tener un rey tronco que no tener rey? ¿O con la serpiente? Que llega con mucho dinamismo y demuestra que es activa (tal vez entablando juntas de trabajo a las 6 de la mañana) pero que lo que hace es eliminar por completo a la población de ranas.

Un mandatario inteligente no pone ejemplos que puedan generar más dudas de las que supuestamente quiere aclarar. Pero López nos da dos opciones, o un mandatario inútil pero inofensivo, o uno emprendedor pero depredador. ¿Qué tal si no queremos ninguno de los dos? ¿No se le ocurre a López que lo que queremos es un presidente hábil, astuto, honesto y que no nos asesine?



Las fábulas pueden ser muy efectivas, si se utilizan adecuadamente. Cuando eres torpe, si tienes suerte, solo causarás confusión.


Solo los traidores abuchean


Del abucheo hacia López Obrador el sábado pasado en la inauguración del estadio de béisbol de los Diablos Rojos se pueden tomar varias posturas. Quienes lo apoyan incondicionalmente dicen que los abucheos fueron pagados; organizados por un grupo de detractores que nada tiene que ver con la realidad del pueblo. Sus opositores están más que contentos y lo toman como una victoria contra el presidente; hacen viral el video del abucheo y se congratulan por la "perdida de popularidad" de Lopez Obrador. Los que conocen cómo se comporta la gente en un evento como estos saben que es algo normal: los presidentes nunca tienen el apoyo total de la población y en eventos culturales, deportivos o de entretenimiento nunca es bien visto que vaya un político a presentarse como lo hizo AMLO. Siempre hay opositores al gobierno, y siempre hay personas inconformes; le pasó a Felipe Calderón, le pasó a Enrique Peña Nieto y era de esperarse que le pasara a AMLO. 

Lo interesante a analizar en esta situación no es la falta de apoyo de un grupo de personas que asistió a un evento, sino la reacción del presidente ante lo que sucedió. El presidente llamó "porra fifí" a la gente que le gritaba y comenzó a dar un discurso político digno de una campaña presidencial en un evento deportivo. ¿Sorprende esto? Claro que no. Es AMLO siendo AMLO. No le gusta ir a lugares donde la gente no lo apoya; ya lo demostró al no ir a Puebla cuando falleció la gobernadora y al no ir a Aguascalientes porque no había "las condiciones de ánimo ciudadano". Pero justamente esto lo que el presidente no acaba de entender, a nadie le gusta un presidente en campaña electoral constante. Para quienes tienen la incertidumbre de que AMLO se pueda convertir en un dictador del estilo de Hugo Chávez esto solo justifica sus miedos. Que el presidente no permita ninguna critica fuera de sus adversarios es lo que lo convierte en un totalitario. No admite que pueda existir alguien que lo abucheé si no es conservador, fifí, neoliberal y mafia del poder. Pero se equivoca. 

No todos los que votaron por AMLO son fervientes creyentes de sus discursos y sus políticas. El hartazgo hacia los últimos gobiernos dejó planchada la elección para que AMLO solo tuviera que volver a prometer lo de siempre, acabar con la corrupción, y ganara con amplia mayoría. Pero no deja de ser el presidente de la república al que como a los anteriores se le culpa de todo lo malo que suceda en el país. Al ningunear a la gente que lo abucheó López Obrador demuestra que se siente muy incómodo con las criticas. Para él solo los traidores a la patria tienen razón de quejarse por lo que no pierde oportunidad para dejar claro a sus seguidores que no le crean a nadie que se pronuncie en contra del gobierno. Y esto es lo que preocupa. 

Lamentablemente sabemos que mucha gente no se interesa por la política y mucho menos por crear un razonamiento crítico imparcial. Preferimos escoger un bando y creer todo lo que nos digan. Basta ver las redes sociales o los debates entre amigos en una elección para darse cuenta que la mayoría de la gente defiende lo indefendible con tal de apoyar a "su candidato". Y que el presidente suscite este tipo de pensamientos es muy peligroso. Nunca había visto yo a un presidente en México que descalificar a quienes le reclamaran algo; menos dividir a la sociedad en los que están conmigo y los que están contra "nosotros". Está de más afirmar que esto es lo peligroso del nuevo gobierno. Quienes le temen no lo hacen sin razón. 

Este gobierno tiene una línea muy clara: no aceptar la culpa ni la critica de lo que suceda en el país. Lamentablemente esto no es nuevo, y me llama la atención que es justamente lo que sucedía cuando el PRI tenía la hegemonía en el país. Preocupa que no solo el gobierno quiera hacer creer que no existen personas inconformes, sino que los mismos simpatizantes de AMLO se esfuercen por denostar a quienes osen oponerse a lo que haga o diga el gobierno, sea lo que sea. Siempre es bueno que una sociedad sea critica de sus gobernantes. Los presidentes siempre serán encarados por alguna parte de la sociedad, nada de esto es nuevo, no debería de sorprendernos. Querer justificar los descontentos de la gente no ayuda en nada mejorar el desempeño del gobierno, y además abona al clima de desconfianza que existe actualmente en el que nadie cree nada y todo lo que contradiga nuestra opinión se convierte automáticamente en fake news.

Si el gobierno afirma que los abucheos a los gobernadores son espontáneos y justificados, bien haría en aceptar los abucheos contra él y no descalificarlos o acusar que estuvieran pagados. Si sigue haciendo esto, que no se sorprenda cuando lo comparen con gobiernos como los de Venezuela, Bolivia, Ecuador y Cuba, porque es justamente lo que sucede en esos países. 

La Cartilla Moral


Esta es mi opinión sobre la decisión de López Obrador de imprimir y distribuir la cartilla moral. He leído muchas criticas en internet acusando de adoctrinamiento al gobierno. En primer lugar, creo que antes de criticar la decisión deberíamos de leer el documento. No nos llevará mucho tiempo hacerlo y es importante conocer lo que se está promoviendo para entender si lo que nos molesta (en caso de ser así) es el hecho de que se reparta una cartilla que promueva los valores, o en sí los valores que esta cartilla promueve. Lo que intento discernir es si esto se llevó a cabo con una intención paternalista y propagandista del gobierno, o es un esfuerzo por exaltar valores morales que indudablemente hacen mucha falta en nuestro país desde hace décadas. Después de haber leído en su totalidad el documento difundido por el gobierno, que difiere en algunas cosas con el original de Alfonso Reyes de 1944, puedo decir que, a pesar de admitir que el texto tiene valor, me inclino más a pensar en la primera situación. El gobierno busca más hacer propaganda del presidente y su administración que de difundir los valores morales, y a continuación explico por qué pienso esto. 

La cartilla empieza con una presentación escrita por Andrés Manuel en la que, para mi gusto, desafortunadamente utiliza la frase "no solo de pan vive el hombre", frase bíblica, adjudicada a Jesús en el evangelio de Mateo y Lucas, y tomada del libro de Deuteronomio. Digo 'desafortunadamente' porque utilizar una frase a todas luces religiosa en un documento que intenta promover la moralidad desde el Estado en un país con gobierno laico, genera mucha suspicacia sobre el interés real de la difusión de este documento. Se presta el presidente a la critica de sus detractores que lo acusarán de creerse un mesías. Los que no vamos de acuerdo con él, sin llegar a despreciar todo lo que haga solo por dar la contra, nos llega a molestar esta frase que alude a la fe en un texto que habla de moral, cosa que ni es necesario ni aporta nada. Desgraciadamente la población de México, mayoritariamente cristiana  y con bajo nivel educativo, es muy manipulable, y una de las maneras más eficientes de hacerlo es la utilizando la religión. Esa frase lo que me dice es que AMLO pretende establecer un vinculo con la gente y quiere compararse con lo que ellos identifican como algo bueno, la religión. 

Continuando con la presentación, dice también que lo que pretende la difusión de la cartilla es iniciar una reflexión nacional sobre los principios y valores que pueden contribuir a una conveniencia armónica. ¿Quién en su sano juicio puede estar en contra de esto? ¿Habla acaso el presidente de un acuerdo para cumplir lo que dice la cartilla? Nada cercano a eso. Solo invita a la reflexión. No me parece en absoluto una imposición, como muchos han querido aludir. Y lo que dice la cartilla en su totalidad vale la pena analizarse. No es un documento indispensable, pero al igual que muchos otros, promueve la buena conducta y la sana convivencia. Quien critique el texto debería de igual forma criticar la Biblia, la cual contiene muchísimo más contenido condenable y es respetada como guía moral por millones de personas. Estoy seguro que la cartilla moral puede ayudar a mucha gente a considerar sus acciones y tratar de mejorar. 

Imagen eliminada de la
versión digital de la
Cartilla Moral
Pero hay algo que sí me llamó la atención desde el principio. En la cuarta página aparecía (ya fue eliminada de la versión digital) una fotografía de AMLO. En mi post anterior critiqué la enorme irresponsabilidad del gobierno de tratar de personalizar la propaganda utilizando el nombre del presidente. También expliqué por qué esto es algo que no se debe de permitir y que incluso está prohibido por la Constitución. En este documento vuelven a utilizar la personalidad del presidente mostrando su imagen y convierten el documento en una cartilla de propaganda gubernamental. Lo que debe de ser una sugerencia para tratar de ser mejores ciudadanos, se vuelve una herramienta del gobierno para promocionar a Andrés Manuel. Esto sí es algo reprobable. Como dije, en la versión digital que se encuentra en internet, la fotografía del presiente fue retirada, pero dudo que hayan vuelto a imprimir los ejemplares para quitarles esa página y dudo más que no se hayan entregado cartillas con la foto de AMLO. Con esto evidencian el verdadero propósito de la distribución de la cartilla moral, y esa es la razón por la que, a mi parecer, debería ser reprochada. 

Lic. Alfonso Reyes Ochoa
Por otro lado, habiendo aclarado esto, y después de leer lo que dice Alfonso Reyes en su ensayo, el presidente parece estar más interesado en promover la ética imprimiendo cartillas que con su ejemplo diario. A pesar de que expresó su admiración por el autor, Andrés Manuel no parece haber leído la cartilla que distribuye, y de haberlo hecho, no parece darle mucha importancia a lo que dice. Mucho bien le haría a AMLO seguir al pie de la letra lo que dice la cartilla sobre el respeto a los demás, sobre controlar los impulsos, la superación de la sociedad, el respeto a las obras de los demás, afrontar la derrota, entre otros conceptos que dejan mucho que desear de nuestro actual presidente. 

Por supuesto que predicar con el ejemplo es mucho más difícil que hacerlo de palabra. Claro ejemplo son los sacerdotes o cualquier político mexicano que se haga llamar católico (te estoy hablando PAN). Incluso los MORENOS que a pesar de tener ahora la obligación moral de leer y seguir lo que dice la cartilla, no dejan de insultar en las redes sociales e incluso de amenazar a algunas personas. Tal vez sea por esto que los críticos de AMLO tienen herramientas para atacar su Cartilla Moral. Pero si somos objetivos, nada tiene de malo contar con un documento más que nos haga reflexionar. Tan válido como la Biblia, los textos de Platón o Aristóteles, o cualquier libro de ética. Creemos que nadie nos debe de imponer una forma de pensar, y es cierto, pero rechazar un texto antes de conocerlo es justamente una  razón para preocuparnos por la falta de valores en la sociedad. 



Aqui pueden encontrar la Cartilla Moral. 
https://www.gob.mx/cms/uploads/attachment/file/427152/CartillaMoral_.pdf



El problema no es la decisión sobre el aeropuerto

Una pregunta sesgada es una pregunta formulada de tal manera que favorece a una respuesta particular sobre otra. Desconfiamos de inmediato cuando identificamos una pregunta sesgada porque nos damos cuenta que nos quieren engañar. No importa si es importante o no el tema del que se nos pregunta, simplemente sospechamos que hay algo más allá de la respuesta que demos. Ya sea que se quiera favorecer una respuesta o que se pueda tergiversar lo que se conteste. 

La consulta famosa que AMLO mandó hacer es una de esas preguntas de las que vale la pena desconfiar. Todos estamos de acuerdo, incluso quienes la defienden, que la consulta tiene nula validez por diferentes razones, y sin embargo se va a tomar en cuenta para decidir un tema muy importante para el país. Quienes están a favor de la consulta (morenistas y votantes de AMLO) claman que por fin le están preguntando al pueblo lo que piensa y lo que quiere. Los que lo criticamos es porque no creemos que el pueblo, con menos de 25% de la población adulta con estudios superiores, pueda decidir sobre un tema tan complejo como la factibilidad de construcción de un aeropuerto. 

Pero también criticamos la falta de compromiso de un presidente electo. No lo elegimos para que nos preguntara qué pensamos de temas de economía, infraestructura, seguridad, inversión, etc.  y sobre eso basar sus decisiones. Se supone que su plan para el país ya lo explicó en su campaña y si ganó es porque la mayoría de la gente confió en él. Dicen que solo hace la consulta para el aeropuerto porque es un problema heredado de la administración que termina en diciembre de este año, sin embargo ha dicho en más de una ocasión que él piensa gobernar consultando al pueblo, por lo que no deja duda que no es solo para temas que decidió la administración saliente.

La población no puede educarse en todos los temas que interesan al país, es por eso que elegimos representantes para que las decisiones sean tomadas ágilmente. El trabajo de los políticos es justamente ese. No veo por qué tendrían que preguntarnos algo para lo que no estamos preparados y luego, seguramente, justificar cualquier falla diciendo que el pueblo fue quién decidió. Lo políticos deben asumir responsabilidad de sus acciones. El PRI decidió ser igual de corrupto de lo que ha sido siempre y pagó las consecuencias quedando en un humillante tercer lugar; pero no por eso vamos a poner a votación si se tira a la basura la totalidad del dinero invertido en el aeropuerto, eso lo debe de decidir el presidente entrante asesorando con expertos y evaluando si vale la pena continuar o no. 

Pero lo que más preocupa de esta consulta no es su legalidad ni lo que se decida con ella, sino que siente un precedente  que se pueden tomar decisiones de esta manera, lo que, dejemos claro, ¡no es correcto! Una consulta popular no puede ser la manera en que se resuelvan temas importantes en un país que no sobresale por su educación. Una medida necesaria que afecte a corto plazo a la mayoría de la población jamás ganará en una consulta democrática, sin embargo los políticos, como expertos en la materia, deben ser responsables y tomar medidas impopulares por el bien de la nación; ese es su trabajo, hacer lo mejor para todos. ¿Qué sería de los homosexuales si sus derechos se pusieran a consulta democrática? ¿Cuánto dinero tendría el gobierno si se pusiera a consideración del pueblo el pago de impuestos? (Pista: hay una razón por la que se les llama “impuestos”.)

Esta consulta lo que está presentando es una manera incorrecta de hacer las cosas. La cantidad de personas que pueden participar es menos de 1.5 millones, simplemente porque no hay más boletas. Esto representa menos de 2% de los votantes registrados en el padrón electoral. La gente que avala esta consulta, piensa que menos de 2% de la población puede decirdir sobre un tema tan importante como el destino de miles de millones de pesos. 

Para mí lo preocupante es que AMLO esté haciendo creer que la muestra es representativa y que vale la pena saber lo que piensa ese 1.6% de la población. Y con ese mismo argumento pueda llegar a consultar lo que quiera, incluso (cómo no) la reelección de su mandato. 

Ya escribí sobre cómo AMLO ha usado los mismos discursos que Hugo Chávez, diciendo que no se reelegirá y que inclusive someterá a consulta la revocación de su mandato cada dos años (bueno, primero aseguró que sería cada dos años, y ahora, cada tres). Ya sabemos que Hugo Chávez se reeligió hasta su muerte y encarceló a opositores políticos ¿que detendrá a AMLO de someter su reelección a una consulta con la votación del 2% de la población?

Algunas personas evidenciaron lo que ya todos sabíamos: que la consulta carecía de la mínima confiabilidad: las boletas no tienen candados, las urnas se resguardan en casa de alguno de los organizadores, y estos, todos, atienden a las necesidades del único partido político que organizó la consulta. Afuera de las casillas hay gente aleccionando en alta voces lo que se debe de votar. En sí la consulta es una burla. Y nadie que no tenga intereses de por medio la daría seriedad alguna. Sin embargo es preocupante que el presidente electo salga a menospreciar la vulnerabilidad de la consulta diciendo que ellos no son corruptos y por eso no deben de desconfiar de lo que están haciendo. Dice que nunca han hecho fraude y que nadie se atreve a alterar los resultados y nadie lo va a hacer porque el proceso es limpio y democrático. Debe de recordar el señor López Obrador que las cosas no suceden solo por decreto. Cabe mencionar que en septiembre los senadores de MORENA negociaron con el gobernador de Chiapas, miembro de uno de los partidos políticos más corruptos del país, 5 diputaciones a cambio de su licencia para que pudiera ser gobernador y senador al mismo tiempo, todo con el fin de tener mayoría absoluta en la cámara de diputados, ya que no pudieron lograr eso en las elecciones. Si eso no es corrupción y menosprecio a la democracia, no sé a qué se refiere entonces Andrés Manuel. 

Y más preocupante aún es que diga que así es como se va a llevar a cabo su gobierno, preguntándole a la gente. Es increíble que se atreva a decir eso al mismo tiempo que acepta que puede haber errores y falta de seguridad en la consulta pero que no importa porque el pueblo va a ser honesto. En ningún país que se respete se puede aceptar algo así. Que sea el partido en el poder quien organice y revise la consulta democrática es lo que llevó a México perder toda credibilidad en las elecciones presidenciales del siglo pasado. No entiendo cómo la gente que defiende esto no lo ve. Consultas sesgadas, sin observadores de ninguna institución, con pésimos métodos de conteo y verificación de los votantes. 

Lo que importa de esta consulta no es el resultado, es el hecho que se vuelva algo normal. No debemos confiar en esta consulta. No debemos aceptar que se tome una decisión de esta manera. Y no debemos acostumbrarnos a pensar que la mayoría siempre tiene la razón. 


Como dijo Benjamin Franklin, la democracia son dos lobos y una oveja votando cuál será la cena. Pero en el caso de México son millones de bueyes decidiendo si deben arar la tierra o seguir pastando.  



El cambio de AMLO

Ya estoy viendo los papeles invertidos. Los que antes criticaban al PRI por postular a Peña Nieto, por casarlo con La Gaviota para darle circo al pueblo, y por postular a candidatos tan limitados y ridículos como Carmen Salinas o Ivonne Álvarez, ahora salen a defender a los candidatos igual de ridículos y sin preparación que postuló MORENA. Su argumento, el más fácil de todos, “antes no te quejabas de aquellos, no exijas nada ahora”. El chiste se cuenta solo. 

Somos muchas las personas que jamás apoyamos las candidaturas absurdas de los partidos políticos; ni falta hace decir que tampoco les dimos el voto. Es absurdo defender a un actor de telenovela como diputado, o a un exfutbolista como gobernador, o a un ex boxeador para cualquier puesto de política. ¿Por qué si se quejaban de Carmen Salinas no se quejan de Sergio Mayer? ¿No es un cambio lo que querían? ¿Por qué ahora sí se conforman con basura?

El argumento más razonable sería “votamos por quien mejor va a combatir la corrupción, aunque no sea lo mejor, aunque tenga muchas fallas”; si esa fuera la respuesta, se entendería. Pero no, la respuesta es la defensa de la decisión absurda: no te quejes, ustedes votan por sus ineptos, y nosotros por los nuestros. Ante esta situación dan ganas de llorar de frustración. ¿No somos capaces de exigir lo correcto? ¿Tenemos que conformarnos con miserias? ¿Cómo esperamos realmente salir adelante cuando el empleado al que le pagamos hace un mal trabajo y en vez de reclamarle, lo protegemos ante las críticas, solo porque nosotros lo escogimos? 

Si somos tan miopes para reconocer lo malo solo cuando no es de nuestro equipo, no podemos aspirar a triunfar. En las elecciones pareciera que los ciudadanos nos dividimos en equipos según por qué partido votemos, sin entender que los verdaderos equipos son los políticos contra los ciudadanos. Nosotros los escogemos, nosotros les pagamos, nosotros les exigimos que hagan bien su trabajo. Si no nos atrevemos a criticarlos, que no nos sorprenda que nos sigan metiendo goles.

La razón por la que el PRI postuló a un candidato “ciudadano” y con mucha preparación, en lugar de un chango salido de su camada, fue por un intento desesperado de ganar confianza ante la sociedad. Sabían que los odiamos, sabían que si no hacían eso no tenían ni un ápice de oportunidad de ganar votos. Conocían el descontento de la ciudadanía y trataron de engañarnos mostrando una fachada limpia. Afortunadamente la menor parte del electorado les creyó.  Parece que no nos damos cuenta del enorme poder que tenemos como votantes. Gracias al desastroso trabajo del PRI fue que MORENA no tuvo que hacer más que el mínimo esfuerzo para arrasar en las elecciones. El PRI y el PAN no aprendieron del ejemplo de Nuevo León, donde el Bronco arrasó con 48% de las preferencias. Los ciudadanos estamos completamente hartos de los políticos que tienen secuestrado el poder y no hacen nada para mejorar las cosas. Y sin embargo, AMLO tampoco parece estar preocupado por la imagen de su partido. Al postular a personajes mediáticos en vez de personas preparadas no muestra el mismo interés que tenía en presentar a un gabinete destacado. Al no lanzar ni una crítica a Layda Sansores ni delinearse de ella, parece no importarle que se manche la imagen de MORENA. Siempre que la gente siga descontenta con el PRI y el PAN, él no tiene necesidad de hacer grandes cambios a la clase política actual.

Dicen que chango viejo no aprende maroma nueva. Si MORENA no aprende de lo que hundió al PRI a un lejano tercer lugar,  no puede aspirar a seguir triunfando como lo hizo el domingo. AMLO se supone que representa el cambio, pero todavía falta que lo demuestre con los hechos, si no, lo único que logró fue cambiar el nombre del partido en el poder. 


Pero ¿y los ciudadanos? ¿Aprenderemos maromas nuevas? ¿Aprenderemos a defendernos de nuestras propias decisiones? Si no nos atrevemos a exigir buenos candidatos, sin importar qué tan malo sea el del partido opositor, nunca podremos aspirar a deshacernos de la corrupción, sin importar qué redentor nos prometa venir a salvarnos.  


AMLO Fraude 2006


La estrategia de AMLO para engañar a la gente es mentir por adelantado. Lo hizo en el 2006 y le funcionó muy bien. Ahora lo está haciendo de nuevo. En 2006 salió a decir que de acuerdo a sus datos él había ganado la presidencia de la República por al menos quinientos mil votos (aquí el video de los dichos) , y que como él se había comprometido a aceptar la derrota, aunque fuera por un solo voto, exigía que respetaran su victoria. No habían pasado ni treinta minutos cuando salió a advertir que le querían “escamotear el resultado electoral”. También afirmó que iba a ser respetuoso del IFE y que iba a esperar a que hicieran el recuento, pero que iba a estar pendiente para que se respetara su triunfo. Quién pueda entender esto, que me lo explique. AMLO afirma que ganó según SUS datos. Luego dice que va a esperar a que el IFE dé los resultados, pero espera que le den el triunfo. ¿Cómo? Si los resultados no eran los que él decía tener, ¿tenían que ser fraudulentos?
Ya en campaña lo anunciaba a todas luces; decía que las encuestas que lo ponían justo por debajo de Felipe Calderón estaban amañadas, y que en las encuestas que él tenía llevaba al menos diez puntos de ventaja. Sin embargo, cuando le preguntaban quién había realizado esas encuestas se negaba a contestar. Con esto intentaba engañar a la gente que creía en él. Al decir que otros mentían y asegurar que él era honesto, se protegía de cualquier ataque: si yo no miento, quiere decir que los otros deben de mentir para poder acusarme. Una y otra vez le demostraron que faltaba a la verdad, y una y otra vez contestaba con la misma cantaleta: lo que más valoro yo es mi integridad, por lo tanto no miento y por lo tanto es falsa la acusación que me hacen. Y la gente que lo seguía le creía. Poco a poco se volvió un mesías poseedor de la verdad absoluta.

La causa principal por la que López Obrador logró engañar a tanta gente es por la reputación que tiene la gran mayoría de los políticos quienes se han dedicado a robar descaradamente durante décadas. Cualquiera que sea tan siquiera un poco menos corrupto que el político tradicional se puede jactar de no ser igual que ellos. Al no robar dinero directamente como lo hacen todos y, más aun, utilizarlo para mejorar la situación en que se encuentra una población, es lógico que mucha gente comience a confiar en él y a tenerlo en alta estima. Sin embargo, esto resultó en que las personas empezaran a verlo como una persona incorruptible, lo que muy pronto comenzó a comprobarse que no era así. 
Andrés Manuel, al sentirse moralmente superior a todos los demás, empezó a descalificar a quienes lo contradecían. Empezó a agrupar a las personas como “a favor” y “en contra” suyo. Quienes estaban con él eran quienes querían eliminar la corrupción, quienes estaban en contra debían estar a favor de la corrupción; y como mucha gente le creía (y le cree todavía) que este señor solo busca el bien para México, no cabía en sus cabezas que pudiera tener intenciones ocultas. Tal vez López Obrador no robe dinero, sin embargo eso no significa que no sea corrupto. Al descalificar a las instituciones cuando estas no le daban la razón, se veía a sí mismo como un revolucionario, pero no dudaba en estirar la mano para recibir recursos de esas mismas instituciones a quienes criticaba. Al no tener el respaldo del partido que lo postuló en dos ocasiones por la presidencia, salió de este para formar su propio partido, donde él tuviera el control absoluto, y poder obtener recursos de los impuestos que pagamos todos, igual que los partidos que él tanto criticaba. Aprovechar tu popularidad para engañar a la gente y salirte con la tuya también es corrupción. 
Cabe mencionar que los mayores culpables de que AMLO tenga tanta popularidad son justamente los otros partidos políticos, sobre todo el PRI y el PAN, quienes ganado la presidencia nunca combatieron la corrupción del estado ni de sus partidos. No hay excusa que puedan poner para justificar sus pésimas administraciones. Si bien el PAN fue considerablemente menos corrupto que el PRI, le sucede lo mismo que con AMLO, ser menos corrupto no significa ser buen gobernante, solo menos malo. Y a pesar de demostrar una y otra vez que los mismos problemas de corrupción que tienen el PRI y el PAN los tienen también los partidos que han representado a Andrés Manuel (PRD, PT, MORENA), la gente solo quiere saber que López Obrador está en contra del PRI y del PAN; para ellos eso es suficiente. 
Cuando en 2006 López Obrador perdió las elecciones no tuvo más que salir a decir que le robaron para que sus seguidores gritaran sin si quiera pedir argumentos que lo corroboraran. Todo lo que tenían que saber es que alguna vez hubo fraudes, eso es suficiente para creer en que esta vez también lo hubo. Cuando desmentían las pruebas que López Obrador había mostrado para demostrar el fraude, él decía que estaban corrompidos por la mafia del poder. Cuando acusó a una chica de su propio partido de traidora, esta salió a defenderse y a reclamarle la difamación, y tuvo que retractarse diciendo que ella no era la corrupta solo que había mucha corrupción; y nadie cuestionó el hecho. Acusaba sin fundamento porque sabía que eso es lo que importaba, la gente no iba a saber que mintió. Tenía a sus seguidores comiendo de la palma de su mano; todo lo que él decía, aunque contradijera lo que había dicho antes, era una verdad indiscutible. Lo peor de todo el episodio post electoral del 2006 es que a pesar de que AMLO gritó y juró que habían hecho fraude en su contra, nunca presentó una denuncia formal. Claro, para presentarla tenía que tener pruebas, y las únicas pruebas que había eran de inconsistencias, no de fraude. Impugnó actas, lo cual no es lo mismo que denunciar, y cuando se revisaron “no fueron determinantes para anular la elección”. Este tema es también importante: oficialmente, López Obrador no pedía que se le diera por ganador, y no afirmó que habían sido fraudulentas, lo que pedía era que se anulara la elección y se llevaran a cabo nuevas elecciones. Esto es algo que mucha gente no sabe, AMLO no aportó pruebas del supuesto fraude, solo señaló inconsistencias que a su parecer eran motivo suficiente para desechar la elección. 

Ahora López Obrador utiliza los mismos métodos de propaganda que los peores países autoritarios; jamás aceptar la culpa, jamás aceptar errores, descalificar a quién los acuse o los cuestione llamándolos traidores, y alabar a quienes los apoyen, aunque esté demostrado que son delincuentes. La gente en su hartazgo por la situación actual está dispuesta a aceptar lo que sea sin cuestionar ni un ápice, y Andrés Manuel sabe esto. Aunque el gobierno haga algo bueno en favor de la sociedad, Andrés Manuel solo tiene que criticarlo para que la gente que le cree esté en contra del gobierno. Aunque haga pactos con políticos corruptos, solo basta con que los acepte en su partido para que la gente se convenza de que ya no son corruptos (si AMLO los acepta es prueba suficiente de su reformación). Y es esto lo más peligroso que veo en estas elecciones. Estamos en un momento en que los seguidores de López Obrador ni siquiera escuchan razones, no quieren saber que AMLO pueda ser una mala opción, solo quieren que sea presidente, para ver a “los malos” caer. No se dan cuenta que para que esos “malos” caigan, primero se va a caer en pedazos el país, y los menos beneficiados serán ellos. Quienes lo apoyan no quieren cuestionar a Andrés Manuel. La gente quiere creer que cuando él gane las elecciones México va a ser mejor; la corrupción se va a acabar; los delincuentes dejarán de delinquir; los políticos van a trabajar desinteresadamente por el pueblo. Y cuando esto no suceda, Andrés Manuel solo tiene que culpar a alguien para justificar el fracaso. Cuando la pobreza no termine, solo tiene que apuntar a Estados Unidos y a la clase alta de la sociedad mexicana para que la gente tenga un nuevo enemigo a quién responsabilizar de su situación y tengan una razón para apoyar las ideas más disparatadas del autoritario líder. No importa que los hijos de Andrés Manuel vivan en opulencia, la gente no lo cree: AMLO no lo permitiría. No importa que su familia tenga un salario que pagamos todos los mexicanos y no sepamos lo que hacen, Andrés Manuel sí sabe y él dice que está bien. No están dispuestos a reclamarle absolutamente nada, y por eso AMLO va a poder hacer todo lo que quiera. 

Al igual que en la Unión Soviética, la verdad absoluta va a ser propiedad del líder. Aunque todas las pruebas y el sentido común apunten hacia otro lado, cuestionar al mandatario es sinónimo de traición, y nadie quiere ser traidor al pueblo; nadie quiere cuestionar al que habla por nosotros; y si alguien lo cuestiona, dirán que se vendió a los represores del pueblo, a los oligarcas, al imperio. Esto no es una predicción del futuro, es un hecho hoy en día. Ninguno de sus simpatizantes cuestiona las incoherencias de Andrés Manuel. Son fieles seguidores, ciegos creyentes. Ese es el verdadero peligro para México.

AMLO en avioneta

Por fin tengo un ejemplo claro para explicar por qué pienso que Andrés Manuel Lopez Obrador no es el mesías por el que se quiere hacer pasar. El pasado lunes 16 de abril, pudimos ver en diferentes medios las fotos de AMLO bajando de una avioneta privada cuando realizaba un viaje de Mexicali, Baja California a Nogales, Sonora. Esto nunca debió de haber sido noticia, ya que Andrés Manuel se encuentra en campaña electoral; el problema es que hace algunas semanas el mismo Andrés Manuel aseguró que no utilizaría aviones privados ni helicópteros, según él, "porque no ofendería así al pueblo de México". Esta absurda promesa es fruto de una crítica que hizo hace varios años cuando se anunció que el gobierno iba a comprar un nuevo avión presidencial; según Andrés Manuel este avión costó 7 mil 500 millones de pesos (según la SEDENA el costo fue de 2 mil 169 millones de pesos, y otras fuentes lo valúan en 3 mil 600 millones de pesos), por lo que desde entonces lo utilizó como arma para exhibir el despilfarro del gobierno a expensas del pueblo. Si bien esto no es absurdo, el problema fue cuando para contrastarse con ese gobierno prometió que de llegar a ser presidente vendería ese avión, y a la pregunta expresa de cómo se transportaría para los viajes que necesita realizar un presidente, dijo que utilizaría aerolíneas comerciales. Hasta ahí todo bien, exceptuando que es absurdo pensar que el presidente de un país se atenga al horario de las aerolíneas comerciales. Los que lo criticamos jamás le creímos, pero la gente que lo sigue sí (o tal vez no, pero eso no evitó que usaran esa bandera para defender a AMLO). Entonces, volviendo al lunes pasado, AMLO fue captado bajando de una avioneta privada, y las criticas no se hicieron esperar. 

Primero quiero exponer los argumentos de quienes lo defienden: “cómo esperan que llegue a comunidades alejadas donde solo se puede llegar en avioneta”, “critican a AMLO por el uso de una avioneta vieja, y no critican al presidente por el uso de aviones privados”, “no es una avioneta privada, es un taxi aéreo”, “ahora resulta que AMLO no puede usar avioneta privada pero los otros candidatos sí”, “él nunca dijo que no iba a utilizar avionetas privadas, solo que iba a vender el avión presidencial”. Los que lo defiendan jamás van a aceptar que AMLO les mintió, y los argumentos que usaron para defenderlo son falsos. Quienes criticamos a AMLO no es por usar una avioneta privada, sino porque dijo que no lo haría y utilizaría aerolíneas comerciales. Ni Mexicali ni Nogales son comunidades alejadas, pero aunque lo fueran, eso no lo exculpa de hacer promesas que no puede cumplir. Quienes lo criticamos ya sabemos que el presidente es peor que AMLO (o eso pensamos) pero eso no justifica que rompa sus promesas sin que se le critique. La avioneta no era un taxi aéreo, era privada y costó al menos 13,200 pesos por pasajero utilizarla, y AMLO explícitamente dijo que no iba a utilizar aviones privados o helicópteros. Y por último: efectivamente, AMLO no debería utilizar avionetas privadas porque así lo prometió, y si otros candidatos hacen lo mismo sin ser blanco de ataques es porque ellos no prometieron algo que no podían cumplir (de momento). Y ese es el detalle, AMLO desde un inicio no podía cumplir esa promesa de no utilizar transporte privado, jamás, lo que me dice que solo prometió para engañar a la gente. 

Anteriormente en este blog critiqué a Andrés Manuel porque no cumplía su palabra. Decía una cosa y hacía otra, cada vez. Y por otro lado le apuntaba a su falta de estrategia, hace promesas absurdas, como la de acabar con la corrupción siendo íntegro, siendo honrado “si el presidente no es corrupto, el pueblo no va a ser corrupto”, lo que es totalmente ilógico. Ahora con esta noticia de la avioneta puedo poner el ejemplo claro de cómo Andrés Manuel será igual o peor (y me inclino más por “peor”) que los otros presidentes. Sus ideas no tienen manera de llevarse a cabo.Yo no lo culpo por haber utilizado una avioneta privada, lo culpo por haber hecho una promesa tonta. Es lógico que no puede contar únicamente con aerolíneas comerciales, estas no tienen vuelos para todos los lugares; estas dependen de otros vuelos, y sobre todo por la seguridad que debe de tener el presidente de un país. Es ridículo pensar que el presidente de México no tenga un avión privado que esté a su disposición para realizar viajes importantes. Esa es la critica real, no el uso de una avioneta.

En lo que fallan sus seguidores es en aceptar lo que diga AMLO sin cuestionarlo. Ese es un verdadero peligro. Cuando diga que no va a utilizar aviones privados, hay que exigir respuestas a la pregunta ¿entonces cómo va a viajar? Cuando diga que va a regalar dinero a los jóvenes, que diga de dónde va a sacar ese dinero, y si se van a pedir cuentas de cómo se gasta. Cuando dice que extraer petróleo no tiene ciencia y que es como sacar agua, hay que criticarlo y exigir que se eduque en la materia. 


Todos los candidatos, siempre, hacen promesas que no piensan cumplir, pero nunca he visto uno que antes de ser electo haga evidente que sus ideas son disparatadas. No importa a quién apoyemos, deberíamos de tratar a todos por igual. Corruptos ya sabemos que son; mentirosos, rateros y cínicos, pero defender a cualquiera evita que identifiquemos cuando nos engañan.  


Cualquiera menos AMLO... o Meade (segunda parte)

(Primera parte)...

Bueno, algo tengo claro, no voy a votar por el PRI y no voy a votar por Andrés Manuel. 

Hay algo que debe de quedar claro para entender por qué me rehuso a apoyar a un candidato que promete un cambio verdadero en el país: Andrés Manuel López Obrador no representa el cambio. Los que dicen que PRI y PAN son más de lo mismo deberían de tener claro que Andrés Manuel también es más de lo mismo. Tal vez la corrupción sea en otra forma, pero no va a hacer absolutamente nada para tratar de mejorar al país. Va inventar instituciones, va a inventar programas de ayuda, va a inventar propuestas, pero no va a mejorar al país. Los más pobres van a seguir siendo los más pobres. Los ricos van a seguir siendo los más ricos, tal vez solo se vayan a otro país, o tal vez solo sean menos ricos, pero seguirán siendo los mismos. Los políticos van a seguir haciendo de las suyas, y los que sean parte de su circulo cercano, esos sí se van a enriquecer. Esto lo tengo claro, el país no va a mejorar, solo va a cambiar de villano. 

Pero entonces si creo que no va a cambiar nada, ¿por qué no darle una oportunidad? Si como quiera son solo 6 años y luego podemos intentar con algún otro villano ¿por qué no votar por él? El problema es que Andrés Manuel es realmente un dictador en potencia. No repito lo que alguien más me dijo, evaluó lo que veo. Andrés Manuel no acepta que alguien lo contradiga. No acepta sus errores, descalifica a quién lo critique. Esto es lo que veo en él y cualquiera que lo conozca puede darse cuenta. Y cuando una persona no acepta sus errores y culpa a todos los demás por sus propias fallas jamás va a mejorar ni va a realizar un cambio, porque está seguro de que si algo no funciona quien tiene que cambiar es alguien más, no él, no su estrategia, no su ideología. No tiene autoridad moral para criticar a los demás porque no trata con respeto a nadie que dude de su palabra. Cuando alguien contradice lo que él asegura, lo descalifica, y la gente que lo sigue le cree ciegamente. Él sabe esto y lo usa a su favor, engaña a la gente porque sabe que confían en él. Su candidatura ya se volvió una religión, los hechos no importan, solo importa lo que él diga. 

Otra razón por la que no quiero que sea presidente es que no tiene ideas razonables. Cuando le preguntaron qué iba a hacer con la gente que robaba combustible su respuesta fue “vamos a llamar a los mexicanos a un acuerdo por la honestidad, esto va a cambiar, si el presidente es honesto los gobernadores van a ser honestos y todo el pueblo", "[¿eso va a desaparecer a la gente que se roba la gasolina?] claro que sí, porque no van a tener necesidad”. Esa fue su respuesta, la gente va a cambiar porque él no va a robar. Eso no es un plan, eso es un deseo, y ni siquiera él puede cumplir algo solo porque lo desea. De hecho se contradice a sí mismo, porque el fue jefe de gobierno de la ciudad de México del 2000 al 2005 y aunque dicen que hizo un buen trabajo no acabó con la corrupción (claro que él alegará que el presidente sí era corrupto y por eso no podía evitar la corrupción en su ciudad); pero veamos a su partido, donde él manda: la gente de su partido es corrupta, queda claro que si él no es corrupto no ayuda a que otros no lo sean, aunque en realidad yo pienso que sí es muy corrupto, tal vez por eso no le sale su plan. Y ese es el tipo de ideas ilógicas con las que Andrés Manuel responde cuando le hacen preguntas de fondo. Repite y repite que él es congruente y que no es corrupto, pero las evidencias hablan por sí solas; quienes le creen es porque lo idolatran y no quieren ver lo malo.

Desde el año pasado propuso una amnistía para los delincuentes, con lo que abre una ventana muuuuy grande para poder escapar cuando le cuestionen su incongruencia al aceptar a políticos corruptos o cuando no pueda acabar con el narcotráfico. Con cada idea descarrilada que menciona se puede ver un plan con el cual justificar algún acto de corrupción futuro o alguna política fallida. Se niega a aceptar que la universidad que creó solo sirvió para mantener a más personas desempleadas y mantenidas por el gobierno, y lo peor es que lo quiere implementar a nivel nacional cuando sea presidente. Todo bajo una ideología socialista, y es aquí donde entra mi miedo.

Está comprobado que el socialismo no funciona; el país que salió adelante siendo comunista (China) no lo hizo siguiendo las políticas económicas del comunismo, sino que se abrió al capitalismo. Regalar dinero a las personas no funciona y no dejo de escuchar a Andrés Manuel repetir eso. Y lo peor de todo es que conocemos en América un caso donde se implementaron ideas muy parecidas a las de Andrés Manuel. Venezuela lleva 18 años bajo el mismo régimen Chavista que los ha dejado hundidos en una crisis económica y social de las peores que hemos visto en las ultimas décadas. Yo no quiero poner en riesgo lo que tenemos (por más criticable que pueda ser) eligiendo al único candidato que tiene tintes de dictador. Y si no lo creen, busquen videos de Hugo Chavez antes de ser elegido presidente, escuchen lo que dice, es prácticamente Andrés Manuel. 

Los que critican a los partidos políticos, deben de criticar a Andrés Manuel, es lo mismo que todos. Salió del PRI, luego estuvo en el PRD y fue parte de la peor tribu de este partido, que ahora lo siguen en MORENA. Si pudiera cambiar algo, ya lo habría hecho. 

Y el otro candidato por el que jamás votaría es Jose Antonio Meade, y no porque él sea un mal candidato, sino por el partido que lo postuló. El PRI para mí representa lo peor que tenemos en este país. El PRI para mí es sinónimo de corrupción, de avaricia, de saqueo, de asco. Son los peores políticos en los que puedo pensar (y vaya que ya es decir mucho porque los odio a todos). En los gobiernos del PRI cambiaron los tratamientos de quimioterapia por agua destilada para los enfermos y se robaron el dinero que ahorraron. El PRI pacta con el crimen organizado y los dejan hacer lo que quieran. El PRI roba decenas de miles de millones de pesos cada sexenio en diferentes estados para financiar las campañas presidenciales o las de otros estados. Son el escaño más bajo en el que puede caer un político mexicano. Ellos inventaron las trabas en los trámites para poder pedir dinero al que necesite que sean eficientes. Se mueven solo por intereses y nada más. Jamás van a mover un solo dedo por algo que no les traiga algún beneficio personal y no se preocupan en absoluto por la gente necesitada del país. Para mí los priístas no valen nada. 

Por el PRI no voy a votar jamás, pero eso no me preocupa porque Meade empieza con el pie izquierdo, abajo de Ricardo Anaya. Ricardo Anaya, al día de hoy, 20 de febrero, es el candidato por quien votaría si hoy fueran las elecciones.

Creo que queda claro que odio a los políticos, y no defiendo a ninguno; pero yo creo que votar es lo correcto y que anular mi voto ayuda a los malos, prefiero votar por el menos peor, y ese es hoy Ricardo Anaya; en algunos meses veremos qué pasa y puede que mi decisión cambie, pero el PAN en esta ocasión no me parece mala opción, y si son la esperanza para que Andrés Manuel Lopez Obrador no sea presidente, entonces los voy a apoyar con mi voto. 

De los independientes no tengo muchas ganas de perder tiempo hablando de ellos. Margarita Zavala, la niña chiflada que se enojó porque quería ser la maestra y no la dejaron entonces se fue a jugar sola. El Bronco, un mentiroso que dejó su puesto de gobernador tirado sin importar sus promesas ni su dignidad (mi único consuelo es que lo más probable es que la gente que vote por él, votaría por Andrés Manuel de no estar en la boleta). Y a Armando Ríos Piter no lo conozco, no puedo dar una opinión de él. Recuerdo haber escuchado algo sobre él en las noticias el año pasado que me molestó, mas no sé nada de su trayectoria más que formó parte del PRD. 


En conclusión, la política de mi país es una burla. Los políticos son corruptos, todos. La gente que apoya a uno u otro o está negada a aceptar la realidad en la que viven, o van a recibir algún beneficio por su apoyo. Tengo esperanza en que un día llegue un político desinteresado que no pueda ser comprado con dinero o favores. Pero también tengo mucho miedo de que sigamos los pasos de Venezuela y perdamos la poca democracia que tenemos.  

Cualquiera menos AMLO... o Meade

Las elecciones este año arrancaron antes de lo que yo quisiera. Arrancaron el año pasado. Tres candidatos ÚNICOS se registraron como “pre-candidatos” para poder utilizar el tiempo de “pre-campaña” en el que se supone que deben de convencer a los militantes de su partido para que voten por ellos como candidatos a la presidencia. Los descarados  y corruptos políticos encontraron una manera legal de alargar las campañas y gastar más dinero del que se necesita, como si no fuera suficiente lo que ya despilfarran cada 3 años. Y entonces llegamos así al inicio de las campañas presidenciales con tres candidatos representando a los partidos políticos y tres más con la falsa bandera de independientes. 

De los tres candidatos representando a los odiados partidos políticos uno de ellos lleva haciendo campaña desde el 2005, o desde el 2000 si se quiere ver así. Andrés Manuel Lopez Obrador está contendiendo por tercera vez por la presidencia de la república, ahora con un nuevo partido, el suyo. No ganó en 2006 con el PRD, no ganó en 2012 con el PRD, y cuando se cansó por no poder controlar a los militantes de ese partido, fundó el suyo. ¿Alguien tenía alguna duda de quién iba a ser el candidato presidencial por ese partido cuando obtuvo su registro en 2014? Claro que no, iba a ser él y nadie más que él. 

En 2006 era el favorito para ganar la presidencia durante casi toda la campaña. Fue en los últimos meses que Felipe Calderón le arrancó la presidencia. Con una campaña de desprestigio en contra de Andrés Manuel y vendiendo el miedo de elegir a un dictador en potencia, las elecciones fueron las más cerradas de la historia de nuestro país. Estoy 100% seguro de que si Andrés Manuel hubiera sido un poco, solo un poco, más moderado, hubiera ganado la presidencia ese año. Pero ¿qué hizo? Despreció a los empresarios, a los medios de comunicación (¿les recuerda a alguien?) descalificó al organismo electoral y cada vez que alguien lo criticaba descalificaba a esa persona también. 

Cuando perdió las elecciones, en vez de moderar su forma de hablar y esperar 6 años, incitó a sus seguidores a organizar un plantón en la avenida Reforma de la Ciudad de México durante tres meses que afectó a miles de personas. Después se autoproclamó presidente de la república y mandó al diablo a las instituciones. Cuando se dio cuenta de que eso no funcionaba lo dejó por la paz (sinceramente no recuerdo qué hizo como “presidente legítimo”, creo que se fue a pasear por todo el país). Y después, contendió de nuevo por la presidencia en 2012. 

Ese año, 2012, no iba como favorito. El favorito era Enrique Peña Nieto, a quien Televisa le venía haciendo una campaña de imagen; el entonces gobernador del Estado de México tenía el completo apoyo de la televisora más importante del país. Peña Nieto, con números positivos inalcanzables por cualquier otro personaje político que quisiera contender contra él, comenzó la campaña en primer lugar con alrededor de 20 puntos de ventaja contra su siguiente competidor. No terminarían así las preferencias.

En esas elecciones solo el PAN realizó una elección interna para definir a su candidato, por lo que en diciembre de 2011 y hasta febrero de 2012 solo escuchamos spots del PAN en la radio y televisión. Andrés Manuel y Enrique Peña no podían hacer campaña; y por eso se entiende que esta vez los tres se hayan proclamado precandidatos, en vez de candidatos, y hayan hecho la faramalla de la precampaña, cuando claramente no tenían adversario contra quién competir. 

Josefina Vazquez Mota fue la candidata ganadora del PAN en 2012, y no fue su mejor carta; aunque sí era la única, me queda claro. Sus dos contrincantes no tenían nada qué hacer contra el desgastado gobierno de Felipe Calderón. Era Josefina o nadie. Ella empezó la campaña electoral en segundo lugar, pero su forma de hablar y la poca presencia que mostró pronto le cobró factura y empezó a perder simpatía rápidamente. El PAN la dejó prácticamente sola, de tal modo que fue la única que no rebasó los topes de campaña (aparte de Quadri, claro, quién acabo con 3% de los votos). No solo no los rebasó sino que se quedó corta por 100 millones de pesos. Quedó en tercer lugar. Andrés Manuel en segundo. Enrique Peña Nieto ganó las elecciones con 38.2% de la votación electoral, solo 6 puntos arriba del segundo. Pero esta vez Andrés Manuel por lo menos no exigió el recuento de votos como lo hizo seis años atrás ni hizo un plantón en Reforma (que porque la gente no quería). 

Un año antes de las elecciones Andrés Manuel había fundado una asociación civil llamada Movimiento Regeneración Nacional, formando el acrónimo MORENA. Esta asociación ganaría su registro en 2014 como partido político (uno más). Y así, Andrés Manuel Lopez Obrador, que había mandado al diablo a las instituciones 8 años antes, ahora estiraba la mano y exigía que le dieran recursos para hacer campañas electorales. El partido tuvo mucho éxito sus primeros años, creció en varios estados del centro del país y arrastró a los políticos de siempre a sus filas. Todo estaba listo para competir en el 2018. 

Ahora sí, Andrés Manuel llega en primer lugar (otra vez) con el 33% de la preferencia de electores según la mayoría de las encuestas. El PRI en un intento desesperado por recuperar algo de credibilidad con la población después de 6 años de saqueos y corrupción, nombra como su candidato a Jose Antonio Meade quien no está afiliado a ese partido. Creen y tienen la esperanza que al romper su tradición de escoger uno de los suyos tendrán la oportunidad de distanciarse de todos los militantes con cargos políticos que no hacen otra cosa que robar. Terminando las precampañas, Meade está en tercer lugar. A pesar de todos sus esfuerzos, el PRI no puede limpiar su imagen, y parecen sorprendidos, no están acostumbrados a eso. 

El PAN, desde hace dos años, libra una guerra civil que lo deja cada vez peor parado como partido. Sin embargo su candidato no es una mala carta. Ricardo Anaya logró nombrarse candidato a pesar de tener en contra a un personaje muy poderoso, la esposa del ex presidente Felipe Calderón. Margarita Zavala desde el 2015 anunció que iba a contender en las elecciones de 2018. Sin preguntarle a nadie lanzó su campaña por la candidatura y armó su ejercito para imponerse como candidata. Cuando no lo logró, se lanzó como independiente (cositas). El PAN se quedó resquebrajado y muchos militantes empezaron a saltar. La más mencionada, Gabriela Cuevas, quien después de más de 20 años de pertenecer a ese partido, renuncia y se integra ¡a MORENA! Al lado del candidato que llamó un fraude a las elecciones que dieron vencedor a su partido en 2006. Más panistas se unirían a Andrés Manuel. También priistas. También perredistas. Así son los políticos en este país: no trabajan para nadie más que para ellos mismos. Cuando huelen que algo se cocina tiran todo y se acercan con su plato en la mano. 


Entonces llegamos a las campañas del 2018 con un claro puntero y dos segundos lugares; uno mejor posicionado que el otro. Y la pregunta es ¿por quién voy a votar…?