el privilegio de la educación

Si fueras una persona promedio viviendo en el siglo XIX lo más seguro es que no sabrías leer ni escribir. En ese entonces solo el 20% de la población mundial sabía leer y escribir, lo que convertía al alfabetismo en un privilegio. ¿Quiénes gozaban de ese privilegio? Solo los ricos, los religiosos y los políticamente poderosos; la gente común no tenía acceso a información de libros y escritos. La mayoría de las personas conocía solo lo que tenía al alcance de primera mano; todo lo demás lo tenían que escuchar de alguien más, y ya sabemos cómo funciona el teléfono descompuesto. Hasta hace poco más de un siglo, la mayoría de las personas no tenían oportunidad de ser educados. 

En la década en la que vivimos afortunadamente este ya no es el caso. Solo el 14% de la población mundial es analfabeta, y en México la población mayor de 15 años que no sabe leer ni escribir es solo 6%. Pero lo alarmante ahora es la cantidad de información falsa con la que somos bombardeados todos los días, y pero aun, la cantidad de gente que no se preocupa por verificar la información que le llega, sobre todo por facebook o twitter. Desde hace 10 años conocemos un aparato que cabe en los bolsos de nuestros pantalones con el cual podemos acceder a una inmensa cantidad de información cuando queramos. Hoy en día ese aparato nos avisa en el minuto en que sucede alguna noticia importante para informarnos de lo que está pasando en el mundo y podemos compartir esas noticias con todos nuestros conocidos segundos después de recibirla. Sin embargo esto no nos ha ayudado a ser más educados. La información solo es benéfica para la sociedad si es veraz. De nada sirve tener mucha información si esta nos engaña, y existe mucha gente a la que le interesa engañar a la población. 

Creer que algo es verdad no lo hace verdad, incluso si millones de personas creen que es verdad. Creer cualquier cosa sin revisar si es verdad, es algo muy peligroso, y en estos tiempos parece que a la gente no le importa si lo que le dicen es cierto o no, más bien lo que les importa es si les conviene o no. La gente cree lo que quiere creer, por lo tanto si la noticia que leen o escuchan va de acuerdo a sus convicciones, la creen, sin cuestionar, y si no va de acuerdo con sus ideologías la descalifican sin chistar. Y cuando a esto se le suman políticos que quieren el apoyo incondicional de la población, se llega a lo que estamos viendo actualmente. 

El mejor ejemplo de este fenómeno es sin duda Donald Trump. Como nunca antes estamos viendo a un presidente mentir constantemente sobre cualquier tema. Indiscriminadamente miente sobre estadísticas de violencia, economía, desempleo, etc. Sin tener pruebas afirma que 3 millones de personas votaron ilegalmente en las elecciones pasadas (convenientemente el numero de votos con el que perdió el voto popular), y se defiende de esto diciendo que mucha gente lo cree. Parece totalmente absurdo, pero es verdad. No repara en las consecuencias de lo que escribe en su cuenta de twitter y publica lo que ve en televisión. Esto es muy peligroso. No es un empresario cualquiera. No es un político cualquiera. Es el presidente de los Estados Unidos, la nación más poderosa y más peligrosa del planeta. Y cuando alguien con tanto poder tiene la facilidad de mentir una y otra vez, se esperaría que las personas sensatas dejaran de creer en lo que dice, o que no se le tomara en serio, pero esto no está sucediendo. La gente sigue creyendo lo que escucha de voz de Donald Trump solo porque quiere confiar en él. Es un fenómeno increíble. Incluso tengo el pequeño placer culpable de disfrutar lo que está pasando, porque es un experimento social en extremo interesante. Ver cómo la gente cree datos absolutamente ridículos solo porque alguien que apoyan los dice; es aterrador, pero muy interesante. 

Esto me preocupa aun más porque es un fenómeno mundial. Las personas no están verificando si lo que leen en facebook es real, y comparten las noticias a otras personas que tampoco lo hacen. Hay muchos portales de noticias que se dedican a esparcir rumores para desinformar a la población. Incluso medios serios han publicado noticias falsas, intencionalmente o no, pero esto no ha alentado a las personas a verificar lo que leen o a evitar compartir cualquier noticia. Sin embargo debemos esforzarnos en hacerlo. 

Es difícil saber si alguna estadística que leemos es veraz o no, las personas mienten a diestra y siniestra por diferentes motivos. Pero podemos empeñarnos en tratar de desmentir lo que leemos, empezando por lo más sencillo: debemos usar el sentido común. Me asusta ver cómo hay gente que cree las noticias más ridículas que se pueden encontrar en la red como que la primera dama de México haya sido captada diciendo que odia a los mexicanos, o que Mike Pence estaba analizando la posibilidad de cancelar las visas mexicanas; aunque son noticias que no nos parecen extrañas porque los personajes implicados nos caen mal, no quiere decir que está bien creer las noticias de buenas a primeras para satisfacer nuestra apetito de odiarlos aun más. 

Después de reflexionar si la noticia pudiera ser real, antes de pensar en tomarla en serio, debemos de buscar otras fuentes que reporten lo mismo. Es muy fácil, todos los medios están hambrientos de contar noticias impactantes, lo lógico será que si alguien lo reportó y es verdad, más medios estarían muy interesados en contar esa historia. Hace algunos días vi publicado en facebook un reportaje (obviamente falso) sobre un muro que México construyó en la frontera con Guatemala. Aunque nos sorprenda, la gente creyó que era verdad. Y ni siquiera era nueva esa noticia falsa, llevaba ya en el internet un año aproximadamente. 

Por último debemos cuestionar todas las noticias que nos lleguen. Aunque hayamos verificado más de una fuente (la noticia del muro México Guatemalteco estaba en 3 medios diferentes), debemos ir más allá, y cuestionar lo que se nos dice. Si leemos que alguien dijo algo, busquemos el vídeo, revisemos que no hayan tergiversado el dicho, leamos el comentario completo. Si leemos que una ley se aprobó, busquemos las fuente oficiales para verificarlo. Si leemos que a alguien le quitaron la visa en la frontera, preguntemos quién ha ido recientemente a Estados Unidos y si le ha pasado algo fuera de lo normal. 

El escepticismo ayuda mucho para no caer en trampas. Usémoslo. No hablo de no creer en nada, simplemente de no creer todo lo que nos llega. La educación es un arma muy poderosa, no seamos mediocres, no nos conformemos con saber leer y escribir. Si queremos jactarnos de ser mejores que Trump, un buen punto donde empezar es evitar ser presas fáciles de la desinformación.


qué tanto es tantito


Hay preguntas tan generales y ambiguas, que son prácticamente imposibles de contestar acertadamente ¿Es malo fumar? ¿Es malo ver televisión? ¿Es lo mismo robar mucho que robar poco? Para esta última pregunta tal vez deberíamos definir primero cuánto es poco y cuanto es mucho. Y tal vez no se pueda definir de una manera universal, sino que se deba de comparar lo que se está considerando. La moral humana no tiene fronteras bien definidas y las culturas influyen mucho en lo que las personas consideran moralmente bueno o moralmente malo. 

Robar es malo, sin lugar a dudas. Pero ¿cómo castigas a quien robó? ¿No se debe de preguntar primero qué fue lo robado? Para empezar a considerar este punto, podemos poner como ejemplo a los políticos. ¿Se merece el mismo castigo alguien que robó cinco millones de pesos que quien se robó cinco mil millones de pesos? Yo creo que no. Igual que no se merece el mismo castigo quien se roba 500 pesos contra quien se roba 100 mil pesos. Y si comparas quien se robó 500 pesos contra el que robó cinco mil millones de pesos, no queda duda que el castigo no puede ser el mismo para ambos ladrones. Pero ahora pongamos otra perspectiva: hace poco sucedió que el ex gobernador de Veracruz, Javier Duarte, fue acusado de robar 35 mil millones de pesos y obviamente todo mundo estaba muy enojado; pero luego salió a la luz que no solo se había robado esa mayúscula cantidad de dinero, sino que en su administración se había medicado a niños que padecían cáncer con agua destilada en vez de quimioterapia. Esto fue lo que finalmente desató la indignación de todo el país y la gente exigió que le cayera todo el peso de la ley. Ya no se trataba solo de robar sino de jugar con la salud de los niños. Este acto ya se trataba de delitos de lesa humanidad. Y a esto, vuelve la pregunta ¿se merece el mismo castigo? Para mí la respuesta es un rotundo no. 

Este tipo de dilemas son muy comunes cuando uno trata de buscar una respuesta absoluta. Pero bien sabemos que cuando se habla de personas, no hay absolutos. Hace poco, con la tragedia del Colegio Americano del Noreste, en donde un muchacho disparó una pistola contra 3 compañeros y una maestra, comenzaron a circular las fotos y el video de lo sucedido. Mucha gente estuvo en contra de eso, pero hubo algunos conocidos, que si bien no defendían el hecho (compartir fotos y el video de la masacre) cuestionaban qué diferencia había entre compartir ese vídeo y compartir fotos pornográficas o de mujeres semidesnudas en el teléfono celular; acusaban que era el mismo morbo en ambos casos. Aunque para mí y otras personas la respuesta era lógica, para estos dos amigos no lo era. Lo que yo defendía era que a pesar de ser ambas situaciones actos inmorales, había una diferencia muy clara entre las dos: las modelos porno saben que las están fotografiando para ser exhibidas, los muchachos afectados en la masacre no. Incluso defendí el hecho de que solo era diferentes los dos casos si la persona exhibida había consensuado el acto. Hace algunos años se volvió común exhibir a muchachas que se habían grabado sin ropa para mostrárselas a alguien en particular, mas no para que se compartiera con otras personas, y ahí sí, era igual de grave compartir esas imágenes como las de la masacre; porque la afectada no estaba de acuerdo con ello. Ahí sí existía morbo. El morbo en sí recae en querer ver algo prohibido. Las fotos pornográficas que envían en casi todos los grupos de hombres de whatsapp, son solo para entretener, no por morbosidad.

Pensar que todo esta mal, y que no hay grados para calificar los crímenes, y que todos deben de ser castigados por igual me deja pensando, ¿cómo se llega a esto? En el libro de George Orwell, 1984, el país descrito busca la total dominación del pueblo, y busca que la gente no piense. El gobierno represor intenta manipular la historia, los hechos y los pensamientos de los habitantes, y una manera en la que intenta esto es decretando que prácticamente todo acto para vincularse entre las personas sea un delito. El sexo, el amor, la intimidad, la afinidad familiar, todo es malo para el sistema. Nadie debe de sentirse a gusto. Esto, a pesar de ser una exageración, no difiere mucho de la historia real, incluso hoy en día. Yo no puedo entender por qué la Iglesia católica alguna vez fue tan estricta con respecto a los actos sexuales de las personas, pero ahora puedo entender cómo hay personas que no pueden diferenciar entre un acto sumamente repugnante y uno recreativo, dado que ambos se catalogan como inmorales. Y siguiendo la misma línea, agradezco que crecí en un ambiente poco riguroso y severo, porque aunque parezca que eso no es un lujo,  existen personas que piensan que las mujeres deben de ir tapadas de pies a cabeza y que no deben de dejarse ver nada más que los ojos, todo por el bien mayor y para evitar tentaciones. Y eso no quiere decir que yo abogo por el libertinaje sexual, o que deseo que las mujeres se exhiban sin su consentimiento, pero lo que se busca es un punto medio, y la burka es claramente un extremo.

Hay muchas situaciones controvertidas donde es difícil decidir si se está cayendo en una inmoralidad, sobre todo cuando no queda claro si afecta a un tercero o no. Saber discernir donde se cruza una raya muy fina y no muy clara requiere de mucha sabiduría, que no creo poseer yo, todavía. Pero no creo que ser tan inflexible y satanizar toda acción ayude a crear una conciencia sana... es justo así como se llega al fanatismo.


Un soldado en cada hijo

No creí que sucedería. Desde que era candidato a la presidencia jamás tuve una razón para sentir aprecio hacia Enrique Peña Nieto. Y no era un desprecio gratis; todas las decisiones que tomaba gritaban corrupción, y sus declaraciones demostraban su ineptitud y su falsedad. En un inicio le di el beneficio de la duda, pero jamás le regalé ni un comentario positivo que no se mereciera. Hasta el jueves pasado, 26 de enero. Por fin sentí orgullo por alguna decisión que haya tomado, y esto para mí es muy importante. Ningún gobernante se merece el apoyo incondicional e incuestionable del pueblo que representa. Ni Felipe Calderón ni el Bronco, a quienes yo he apoyado mucho, están libres de criticas merecidas por malas decisiones; ni Obama, ni Merkel, ni Mandela ni nadie. Su trabajo no es ser populares, sino gobernar eficientemente; por mejorar al pueblo. Peña Nieto, por primera vez en 4 años dio una muestra de valentía y también de inteligencia. Todos sabemos que no es fácil enfrentarte a un bully, y menos al más poderoso de todos. Pero enfrentarte, delante de todos, y ganarle a un bully te merece respeto. 

El nuevo presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, trató de amedrentar al presidente mexicano Enrique Peña Nieto, y a todo México usando su cuenta de twitter, y expresando que si México no estaba dispuesto a pagar por el muro que quiere construir, entonces no tenía caso que se llevara a cabo la junta entre los dos mandatarios. Esto lo hizo con la intención de poner presión y de provocar al gobierno mexicano para que accediera a sus ridículas demandas. Pero el presidente Peña Nieto, en vez de dejarse intimidar, e incluso, adelantándose a los planes de Trump, contesta con un twit en el que cancela su reunión con el presidente. Y con esto levantó la dignidad de los mexicanos, nos represento con valentía y nos dio una razón para sentirnos orgullosos. Creo que nunca me había sentido así fuera de los partidos de futbol de la selección nacional, o las olimpiadas o los logros de connacionales de trascendencia mundial. Más sorprendentemente, nunca me había sentido ni en lo mínimo contento con Enrique Peña Nieto. Sus decisiones nunca me habían hecho sentir representado. 

Por eso escribo esto. Estoy contento de poder sentir empatía con mi presidente. Aunque
mucha gente no me crea, no me gusta sentirme avergonzado de tener un presidente como Peña Nieto. Quiero sentirme parte de un país unido, donde defendemos lo nuestro y “saltamos” cuando ofenden a nuestros representantes. Y esta es la primera vez que siento que quiero estar detrás de mi presidente señalando al enemigo y amenazando con atacar si se atreve a ofendernos. 

Y algo que todavía me da más gusto es ver como nos unimos. Por fin. Nunca había visto tanta unidad entre los mexicanos fuera de desastres naturales y partidos de fútbol. Nunca había visto a políticos de diferentes partidos apoyarse en contra de un enemigo común. Eso me da orgullo y esperanza. 

Tal vez la elección de Trump haya sido algo bueno para nosotros. Después de todo, si nos ayuda a olvidarnos de nuestras ideologías para pensar en el bien común del país, y nos devuelve el patriotismo tan necesario en México, pues le agradezco a Estados Unidos por elegir a un presidente tan estúpido.


Espero todavía que este sentimiento se permee y nos haga querer ser mejores. Que nos haga pensar en nosotros como país y no como individuales. Escuchar con atención nuestro himno, y sentir hacia nuestra nación que “si osare un extraño enemigo profanar con su planta tu suelo, piensa ¡oh, patria querida! que el cielo, un soldado en cada hijo te dio”. Que nos haga querer combatir juntos a los esos enemigos, que casi todos están entre nosotros: corruptos que no nos dejan avanzar; y por fin empezar a trabajar como equipo, como país.  


La ventana rota y el video viral

Hoy nos despertamos con la terrible noticia del muchacho que disparó contra sus compañeros y su maestra en una escuela de Monterrey. La escuela está cerca de mi casa, por lo que antes de escuchar las noticias sabíamos que algo había pasado porque la calle estaba cerrada al tránsito. Pronto las noticias empezaron a hablar de lo sucedido e inmediatamente los chats de whatsapp explotaron con información. En un inicio se dijo que había muertos, pero después se desmintió esto para decir que había heridos de gravedad, lo que detonó un debate porque existían fotos de los sucesos. Alguien comentó que estaba claro que había habido muertos y que si queríamos nos enviaba las fotos que tenía. Varios participantes, incluido yo, nos negamos a recibir fotos y exigimos que no lo hiciera, pero más tarde otro miembro del chat envió las fotos sin avisar; y ahí empezó el verdadero debate. 

Inmediatamente 3 personas se salieron del chat en forma de protesta. Otros reclamaron al que envío las fotos, y otros dijeron que si no las queríamos ver, que simplemente no las viéramos, pero que no reprocháramos nada. Yo estoy en contra de que se compartan esas imágenes y el vídeo y no creo que deba de ser cuestión de criterio personal si se quiere compartir o no ese tipo de información. De hecho me alarma mucho que haya personas que piensen que no nos debemos de quejar: "si no quieres verlo, no lo veas". Porque el hecho es que no se queda simplemente en eso. Compartir ese tipo de imágenes afecta no solo a los familiares, que se ven afectados por ver la tragedia de sus hijos mostrada como espectáculo, sino que no sabemos a quién le pueden llegar las fotografías: pensemos que si le llega a 1000 personas, y de esas mil, novecientas noventa y nueve son personas sanas y normales, puede ser que solo se sientan indignadas, sorprendidas o asustadas y no pase a más. Pero si hay una persona que tenga alguna tendencia a realizar estos actos de violencia, puede llegar a ser un catalizador para realizar algo que si no tuviera un antecedente tal vez no lo haría nunca. 

Existen una teoría, en el campo de la psicología, que indica que cuando una persona se siente acompañada es más fácil que se comporte de una manera que estando sola no se atrevería. La teoría de la psicología de masas analiza el comportamiento de grupos colectivos, donde los individuos se dejan influenciar por el comportamiento de los demás. De esta manera, si hay alguien que tuviera tendencias a realizar un acto violento pero no ha tenido el valor, pudiera encontrarlo si sabe que alguien más ya ha realizado un acto parecido. Por eso es tan importante que no compartamos indiscriminadamente las fotografías y el vídeo de la masacre del día de hoy, porque no sabemos si pudiera detonar una idea en alguien peligroso. 

Ya sé que es muy ingenuo de mi parte pedir que el vídeo no se viralice, ya que esto es inevitable, pero sí podemos poner de nuestra parte para evitar que jóvenes y niños tengan acceso a él, ya que estos son los más vulnerables en casos como este. En 1982 se publicó un articulo donde se explicaba un experimento realizado en la ciudad de Nueva York, el famoso experimento de los vidrios rotos, que analiza la tendencia de la sociedad a continuar un acto vandálico una vez que este comienza: si se rompe el vidrio de un edificio y no se repara, los vándalos tienden a romper más vidrios. O el ejemplo de no recoger basura de la banqueta: la gente tiende a tirar más basura; por lo tanto es importante reparar los daños lo más rápido posible, o en este caso,  evitar que las personas se familiaricen con una masacre en una escuela.

En Estados Unidos, solo el año pasado hubo 15 tiroteos en escuelas. Es fácil entender que los jóvenes se sientan alentados a recrear estas masacres, porque quieren ser parte de ese grupo de personas. Esto que sucedió hoy en Monterrey me preocupa muchísimo, porque puede ser el evento que detone más eventos trágicos de este tipo. Ya tenemos un antecedente. Ahora los chicos tienen alguien a quien copiar, o peor aun, superar; y esto es muy muy grave.

En estos tiempos no acostumbramos darnos el tiempo para analizar las consecuencias de nuestros actos en las redes sociales. Compartir una foto polémica o una noticia sin verificar si es verdad o no puede parecer que no afecta en nada, pero se nos olvida que vivimos en una sociedad y que lo que hacemos nos afecta a todos. Tenemos muy poco sentimiento de responsabilidad por la información (verdadera o falsa) que mostramos a los demás. Creemos que no tiene consecuencias inventar una mentira. Pero no nos damos cuenta que es como dejar rota una ventana e invitar a que otros rompan más vidrios. 

Fin de año, año nuevo y una reflexión

A principio de año iba a escribir una entrada que llevaría por titulo “El año que comienza” como segunda parte de la entrada que había escrito justo al terminar el año titulada “El año que termina”. En esa entrada, la que hice a finales del 2015, hacía un recuento de cosas importantes que sucedieron en ese año, para poder compararlos con el 2016; poner en perspectiva lo que nos sucede creo que ayuda a identificar cómo va cambiando nuestra vida a través del tiempo: los compromisos de cada año nuevo, los sucesos importantes que marcaron ese año en particular y lo que esperamos ver en los siguientes años. Al volver a leer nuestras perspectivas, podemos sorprendernos con lo que pensábamos en ese entonces, recordar cómo veíamos ciertas cosas o revivir experiencias que nos marcaron y cambiaron nuestra forma de entender el mundo. Pero volviendo al inicio del 2016, esa entrada, la del año nuevo, nunca la escribí, porque el 2 de enero de este año nos cayó una noticia que cimbró nuestra familia. Mi sobrina, que se había sentido mal los meses anteriores, tuvo una crisis mientras estaban en San Antonio, donde habían pasado el año nuevo. La llevaron al hospital y después de varias horas de espera, le comunicaron, a mi hermana y mi cuñado, la terrible noticia de que mi sobrina tenía un tumor maligno incurable e inoperable. Nos quedamos pasmados. No lo podíamos creer. Nunca parece que una tragedia como estas va a llegar a tu familia, y sin embargo, ahi estaba. Mi sobrina de 4 años (en ese momento) tenía, según los doctores, menos de un año de vida. 

Es curioso pensar cómo todos tus planes en ese momento pierden absolutamente toda relevancia. El dinero que gasté para ir a verla esa semana no importaron para nada. Los días de trabajo que pedí, los pendientes que dejé era lo que menos ocupaba mi cabeza. Fue como recibir un golpe en la cara que te deja aturdido durante unos instantes y que te inhibe la realidad que estas viviendo. Pero cuando te sacudes y vuelves a dirigir tu mirada hacia el frente te preguntas: ¿qué sigue? ¿Cómo llegamos a esto, y qué sigue?

Todos estábamos muy enojados con los hospitales mexicanos y con la medicina mexicana en general, porque ya había ido al hospital aquí en México en mas de dos ocasiones, y no le habían dado el diagnostico correcto. Estaban suponiendo que los síntomas que tenía estaban siendo causados por otro problema. Reprochábamos el hecho que tuvo que suceder una crisis en Estados Unidos para que el tumor fuera descubierto, y que de no haber estado allá, probablemente nunca hubiéramos sabido qué tenía hasta los últimos instantes. Pero después un amigo mío, que es medico, aquí en México me explicó cómo trabajan los médicos en México y en Estados Unidos y la razón por la que aquí en México no detectaron el tumor inmediatamente como sí sucedió en Estados Unidos. Existen dos enfoques para llegar a un diagnóstico: el enfoque europeo y el enfoque estadounidense. En el método europeo, el médico examina al paciente, observa los síntomas que tiene, identifica las causas más comunes de esos síntomas y los trata. Dependiendo de lo que el médico vea, decide si pedir estudios o no. Se tratan los síntomas y si el paciente se sigue sintiendo mal o cambian estos síntomas el médico descarta la causa más común y continua con la segunda causa más común para esos síntomas y así sucesivamente hasta que eventualmente trata el mal que aqueja al paciente. En Estados Unidos, cuando alguien llega al hospital con un malestar del que no se saben las causas, lo primero que hacen es realizar estudios del cuerpo completo, haciendo diversos análisis, realizando tomografías o resonancias para identificar de primera instancia qué puede estar ocasionando el malestar, sin suponer nada. Después se interpretan esos estudios, y se determina el problema. O sea que en el momento en que llegas con el doctor, este ya sabe exactamente qué tienes. Ya no te hace ni preguntas, solo te informa de tu situación y si se puede arreglar y cómo. Por eso en México no encontraban la razón real del problema: el tumor que afectaba a mi sobrina causaba síntomas que a simple vista nada tenían que ver con el problema real.

Pero ahora, para no descalificar ni satanizar al sistema mexicano de salud, tengo que reflexionar sobre la manera de trabajar en Estados Unidos contra lo que sucede en México. A mi sobrina la llevaron con 3 médicos diferentes en 3 ciudades diferentes de Estados Unidos. El diagnóstico fue el mismo: no hay nada que hacer, le queda menos de un año de vida, este tumor no tiene cura. Esto es porque en Estados Unidos, la medicina avanza a paso lento, pero seguro. Cuando descubren un mal, no se avientan a tratar de resolver cada caso individualmente, sino que toman a todos los pacientes con el mismo mal, y tratan de curarlos a todos de la misma manera, independientemente de que algunos pacientes mejoren o empeoren, tratan a todos de la misma manera hasta que se curan o se mueren. Si se mueren entonces descartan esa cura y continúan con otra, y vuelven a empezar, a tratar a todos los pacientes hasta que se curan o se mueren. Y así sucesivamente hasta que encuentran la causa que cura a todos o a la mayoría de los casos. Esto sin importar que haya pacientes que empeoren a pesar de que los demás estén mejorando. Tienen que continuar con el tratamiento experimental hasta el final, y esto es para poder realmente identificar si lo que se está utilizando está dando resultados o no, y tomar nota de absolutamente todos los casos y todos los resultados, sean los que sean. Si el tratamiento está todavía en fase experimental, no pierden recursos ni esfuerzo tratando de curar a pacientes individualmente, solo te dicen "lo siento mucho, este cáncer no es tratable".

Aquí en México, en cambio, les importa poco si se encuentra una cura general para el tumor. Contra todo pronóstico, mi sobrina fue sometida a diversas cirugías para intentar frenar el crecimiento del tumor y eventualmente disminuirlo hasta deshacerse de él. Pero el tratamiento es experimental. Le proporcionan diferentes medicamentos conforme avanza el tratamiento. Cuando se dan cuenta que no están teniendo resultados, cambian de medicamento. Incluso le han proporcionado otros tratamientos paralelamente, que al parecer han dado más y mejores resultados. Por consecuencia, no sabemos exactamente cuál ayuda más, o si es el resultado de los tratamientos combinados; y tienen que seguir utilizando todos los métodos por temor a quitarle el que en realidad la ayuda.

Para no extenderme mucho. Mi sobrina sigue viva. Y mejor aún, está mejorando. No solo sobrevivió al año que le dieron de expectativa, sino que está ganando la lucha contra el tumor que se creo en su cabecita. En México la están curando. En Estados Unidos la dieron por muerta. ¿Qué método es mejor? No estoy en posición de opinar. Yo lo que quiero es que mi sobrina siga con nosotros y siga viva, pero no solo eso, sino que se pueda desarrollar de manera normal. En México tenemos una muy real esperanza de que esto sucederá, y me duele pensar que si viviera en Estados Unidos, esta Navidad la hubiéramos pasado sin ella.

Esta desgracia ocupó buena parte de mi tiempo el año pasado. Estar con mi sobrina, apoyar a mi hermana y mi cuñado, estar al pendiente de todo lo que pasaba e incluso investigar por nuestra cuenta, a ver qué podíamos aprender del tumor para buscar opciones. Fue una experiencia muy fuerte que no nos ha dejado tranquilos todavía, pero que vamos superando poco a poco, y creo que es algo esencial que tenía que escribir para dejar registro de lo que pasamos y como lo sobrellevamos; porque no estamos exentos de que vuelva a suceder algo parecido.

Pensando en esto, recordé una anécdota de Sergio de Regules que compartió en su blog. Rescato esa anécdota para esta entrada porque me parece que muestra muy bien los beneficios de registrar eventos (aunque es un ejemplo totalmente diferente):

"...Norman Cole era experto en espejos de telescopio. Los espejos de telescopio se pulen a partir de un tejo de vidrio al que se le va quitando lo que le sobra para ser una parábola por la parte superior, un poco como esculpía Miguel Ángel: tomaba una piedra y le quitaba todo lo que no era la escultura. Los telescopios profesionales requieren espejos grandes -desde un metro hasta ocho de diámetro- y se pulen a partir de tejos muy pesados y frágiles pese a lo flexibles que son las pastillas de vidrio de esos tamaños. Hay que escoger muy bien el material con que se hacen: tiene que ser un vidrio muy especial y una de las características más buscadas es que no se rompa fácilmente.

Norman Cole estaba de visita en una fábrica de tejos de vidrio para espejos de telescopio (creo que Owens Illinois). En la fábrica tenían la costumbre de echar a la intemperie los tejos fallidos y dejar que las inclemencias del tiempo (y especialmente el vaivén del calor al intenso frío del invierno illinoisiano) los fueran fragmentando para luego recoger los pedazos y volverlos a usar en otra colada. Cole salió al solar de los tejos muertos y lo encontró sembrado de cadáveres vítreos. Pero había un tejo que no se había roto. "Tenía un error de composición y lo tiramos", le dijeron. "Pero no se ha roto", observó Cole. "No, no se ha roto", le dijeron. Entonces Cole volvió a decir con más énfasis: "¡Pero no se ha roto!"

Norman Cole pidió todos los registros de esa colada. "Y como allá no se ocultan los errores como en México, sino que se escriben...", me contó Pepe de la Herrán.

Se probó la composición que se había considerado errónea y dio espejos mucho más resistentes. Desde entonces y durante mucho tiempo se usó ese tipo de vidrio para fabricar espejos de telescopio."

La importancia de registrar eventos se evidencia en muchos ámbitos. Yo no soy un científico, pero escribir mis propias ideas me ha ayudado más de una vez, pasado el tiempo. Y este año quería dejar otra vez escrito parte de lo que sucedió que marcó mi vida.


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*Nota: Esta entrada la escribí el 30 de diciembre del 2016, pero al modificarla cambió la fecha al 5 de enero del 2017.


10 años (y razones para ver): El Laberinto del Fauno



El Laberinto del Fauno es una película que se estrenó en el año 2006. Desde la primera vez que la vi en el cine una tarde de viernes, se convirtió en una de mis películas favoritas. Y lo mejor es que cada vez que la volvía a ver me gustaba más y más. Guillermo del Toro se supera a sí mismo como director y escritor con esta obra de arte que merece la pena disfrutar. 

El día de hoy, 29 de diciembre, esta película cumple 10 años de haberse estrenado, y aunque me encantaría escribir 10 extensos posts para poder describir por qué esta película es tan aclamada, preferí escribir un post más breve y describir 10 razones por las cuales se merece todos los reconocimientos que recibió y por qué la recomiendo ampliamente:

1) El Laberinto del Fauno es el regreso de los cuentos de hadas como originalmente fueron concebidos. Antes de que Disney nos invadiera con sus dibujos animados donde recontaba los clásicos cuentos de hadas a su manera, diluyéndolos para que no fueran tan crudos y los niños los pudieran disfrutar más, los cuentos de hadas eran historias que no se retraían con el uso de violencia y crueldad hacia los personajes. Esta película vuelve a esos orígenes y cuenta una historia donde los personajes sufren fisica y psicologicamente dándoles un toque más humano y más creíble al desarrollo de estos. No esperen ver una princesa que termina con un príncipe azul; y el final es al mismo tiempo muy trágico y muy feliz. 

2) La cinematografía es impecable. Mucho se puede  decir de la forma en que Guillermo del Toro cuenta una historia, y tiene que ver con su artística forma de hacerlo. No pierde oportunidad para hacer de cada escena una obra de arte. Esta película tiene belleza en cada toma. Los paisajes, las criaturas, la iluminación, los colores. Todo lo que vemos conlleva un gran esfuerzo detrás para haberse hecho bien. Guillermo Navarro, encargado de la fotografía, se ganó el oscar por esta película.

3) Las actuaciones. Los actores, en su mayoría españoles, se llevan mucho crédito del éxito de esta película. Ivana Baquero, Sergi López, Maribel Verdú, todos hacen un excelente trabajo. Pero yo en particular doy un reconocimiento especial a Doug Jones, quien interpreta al Fauno y al Hombre Pálido. Doug Jones que es estadounidense no habla español, pero si no lo sabes no lo notas en su actuación, pero no aprendió el idioma, memorizó los diálogos de la pelicula; aparte, en todas sus escenas tuvo que utilizar complejos vestuarios y maquillaje que limitaban su movilidad y su visibilidad, sumando a esto los extraños movimientos que tenía que realizar para en verdad parecer una extraña criatura, se necesita de un gran talento que acertadamente Guillermo del Toro vio en él.

4) La historia que cuenta. Que en realidad son dos historias que se unen por un personaje, Ofelia. Ella es quien ve el mundo real en el que vive, y el mundo mágico al que también pertenece pero que tiene que ganarse el derecho de habitar en él. Esta historia se mueve como los engranes de un reloj, con armonía y con ritmo, desarrollandose con elegancia y sin dejar al final cabos sueltos, aunque deja al espectador inseguro si lo que sucedió era realidad o no. 

5) La música. No por nada esta película fue nominada al oscar por mejor banda sonora. Javier Navarrete hace un excelente trabajo dándole un tono muy particular al filme. La banda sonora no es algo que pasa desapercibido y más aun, aporta, como toda buena música, emociones a la historia. 

6) Los personajes. Pudiera pasarme horas hablando de los personajes de esta película. Cada vez que la veo puedo encontrar algo que no conocía del alguno de ellos. Mucho se puede especular de cada uno. Desde el despiadado capitán Vidal, hasta el breve y mudo hombre pálido. De todos puedes inferir un pasado de donde viene. La pequeña Ofelia, quien tiene el arco más importante y es la protagonista de toda esta historia, es un personaje femenino, fuerte, con motivaciones importantes, ya que es la única en la historia a quien le importa lo que suceda en los dos mundos, el real y el fantástico. 

7) El diseño de producción y los efectos visuales. Desde los vestuarios de los monstruos, las hadas, y la manera en que la magia se manifiesta durante la historia, esta película con 10 años de antigüedad sigue muy vigente. Ganadora del oscar por mejor maquillaje, lo que vemos en la pantalla es el resultado de un gran esfuerzo y de ambición por la perfección de parte del director.

8) Las referencias a otros cuentos de hadas. Guillermo del Toro no desperdicia oportunidades de mostrarnos que a pesar de la crueldad y violencia que vemos durante la película, esta sigue siendo un cuento de hadas. Ver al personaje principal referenciando a Alicia en el país de las maravillas, o a Dorothy, o los rebeldes que se asemejan al cazador de Caperucita Roja, esta película está llena de guiños a otras historias que la hacen más interesante. 

9) La narratvia de la película. El laberinto del Fauno no deja de ser un laberinto durante la película. En realidad no es hasta el final que logramos descifrar cómo va a concluir la historia. Guillermo del Toro no tiene miedo de incluir magia inexplicable a su cuento, ni hacer dudar a la audiencia si lo que ven los personajes es real o no. Nos cuenta una historia de manera que no conecta todos los puntos por nosotros, nos deja descubrir y decidir algunos detalles dentro del desenlace final. Y si volvemos a ver la película  podemos ir descubriendo que la manera de contarnos la historia es tan importante como la historia en sí, y que dependiendo de nuestro punto de vista, cualquiera que sea, la historia no deja huecos sin llenar.

10) Porque es una obra maestra de arte puro. Todo en esta película está bien hecho. Se pueden admirar detalles en cada fotograma. Este filme se puede analizar desde muchos puntos de vista: los movimientos de la cámara, los colores en las escenas, lo que representa cada personaje, el momento por el que pasa cada uno, sus arcos, sus diálogos  absolutamente toda la película es digna de análisis.

Esta pelicula no tiene desperdicio. Y a diez años de su estreno vale la pena volverla a ver.





quien sabe ver, ve más

Ir a ver una película al cine en estos tiempos es un volado. Hay tanta basura importada de Estados Unidos y de los grandes estudios, y tanta urgencia por hacer dinero con esas películas que sacrifican los elementos que realmente hacen que valga la pena pagar para ver una película. El problema es que las personas comunes y corrientes no podemos distinguir entre una buena historia y una mala porque los productores se enfocan en impresionar al espectador con costosos efectos visuales que inhiben el buen gusto del consumidor. Desde que somos chicos aprendemos a ver películas en la forma de caricaturas en carne y hueso. Generamos un gusto al ver efectos visuales o maquillajes impresionantes que solo podemos ver en los filmes, cuando en realidad el buen cine se enfoca primordialmente en la historia que nos narra y la manera en que nos la narra. Al perder enfoque en esos dos aspectos dejamos de notar los detalles que hacen que ver una película sea realmente una experiencia. 

Un comercial publicitario de una cadena de cines en México (muchos sabrán a cuál me refiero) que aparece antes de cada película, muestra una secuencia en la que aparecen referencias a muchas películas recreadas en la escena. Durante el movimiento de la cámara alcanzamos reconocer diferentes personajes o escenas de películas, pero solo si conocemos las películas. Aparecen alrededor de 30 referencias en el minuto y medio que dura el comercial, pero estoy seguro que mis papás no reconocerían ni 15; y el slogan del comercial dice “donde los que saben ver, ven más”. Esto es muy cierto, y no solo aplica al cine a donde vayamos a ver alguna película, sino en general. Tener conocimientos previos nos ayuda a apreciar mejor lo que observamos. 

El conocimiento es poder. Esta es una frase que nos alienta a educarnos. El conocimiento sobre algo nos ofrece alternativas para sacar provecho de situaciones que se puedan presentar, y también nos ayuda a disfrutar de las experiencias. Discernir entre buena música y mala música puede ser muy subjetivo si no sabemos nada sobre ritmo, armonía y melodía.  Lo mismo sucede con filmes, literatura, arquitectura, teatro, pintura, etc. Si no se tiene conocimiento, aunque sea básico, cualquier cosa que nos presenten nos puede impresionar, o también podemos quedarnos indiferentes ante una obra maestra. La diferencia entre un critico y un  aficionado es justamente el conocimiento que uno tiene sobre el otro. Al ir a un museo podemos pasar por alto un gran numero de obras maestras, porque no sabemos identificar lo que las hace especiales. Es solo cuando nos explican que nos damos cuenta lo valiosas que son. 

El conocimiento se puede obtener de dos maneras: por el estudio o por la experiencia. Es difícil que una persona promedio tenga el tiempo para estudiar cada tema que le interese, pero es por eso que es importante leer, informarse y buscar experimentar cuanto más se pueda acerca de aquello que disfrutamos. Incluso existen videos en youtube que intentan ayudarnos a ser más perceptivos del arte en diferentes versiones. Pero la experiencia ayuda mucho. Entre más películas vemos podemos comparar lo que nos gusta y lo que no de cada una, y es más fácil identificar cuando un trabajo es mejor que otro. La propia experiencia puede ayudarnos a discernir entre una buena película y una que no vale la pena volver a ver. Lo mismo pasa con los libros. Entre mas leemos, creamos un criterio para evaluar lo que nos gusta, y si encima leemos sobre lo que hace que una obra tenga elegancia y cautive a los lectores, podemos identificar este tipo de cualidades en los ejemplares que llegan a nosotros. Apreciar el arte únicamente se alcanza conociendo de arte; y aunque el arte es muy subjetivo, entre más conocemos mejor podemos explicar por qué nos gusta algo y otras cosas no. Ser experto en arte no es para todos, pero teniendo un mínimo de conocimiento podemos disfrutar mucho más lo que vemos cotidianamente.

La importancia de esta idea que me interesé en escribir radica en la calidad de productos que estamos recibiendo como consumidores. Vivimos en una época en la que los XV años de Rubi genera más ganancias a los medios que noticias sobre éxitos de jóvenes mexicanos en eventos mundiales. Películas de la talla de Pixels, que tiene pésimas reseñas de críticos y público en general, genera mucho más dinero que Birdman, una película en la que podemos apreciar muchísimo arte bien hecho. En nuestra realidad existe mucha ignorancia que limita nuestra capacidad de apreciación. Algo de lo que disfruto mucho es escuchar a alguien que me cuente temas sobre los que no sé tanto. Aprender nos ayuda a poner atención de nuestro alrededor.  Si podemos ver la belleza en las cosas, despertamos el interés en ellas. Entre más cultos somos, más apreciamos el mundo. Creo que esa es la mejor manera de incentivar a alguien a leer, a aprender, a conocer más.