El reflejo en The Catcher in the Rye

Hace algunos años encontré en EBay una copia de la primera edición de The Catcher in the Rye de J.D. Salinger, de 1951, la compré de inmediato. Aparte de ser uno de mis libros favoritos, muy famoso desde que se publicó, se puede considerar un nuevo clásico. El personaje principal, Holden Caufiled, es reconocido por casi cualquier persona que sepa de literatura universal. Esa copia la guardo como un tesoro.

Leí la novela por primera vez en el 2010 sin esperar mucho. En ese entonces había comprado varios clásicos de la literatura para aumentar mi historial cultural. Uno identifica los clásicos más por lo que se dice de ellos que por lo que se conoce de primera mano, así que decidí arreglar eso e incluir de tanto en tanto un clásico en mi lista de lectura.

No resultó como yo esperaba, no por ser clásicos significa necesariamente que sean del gusto personal de todo mundo, aparte de que algunos eran muy antiguos y en la época en la que fueron escritos usaban estilos a los que yo no estaba acostumbrado, así que pronto me fui arrepintiendo de mi propio encargo y dejé de comprar ese genero. Pero me quedaban algunos, incluido The Catcher in the Rye, y eventualmente decidí darle una oportunidad.

Sabía muy poco de esta novela: el personaje principal era antihéroe, había sido a la vez uno de los libros más censurados y más asignados en escuelas de Estados Unidos, que era visto como un llamado a la rebelión, y que el asesino de John Lennon había leído algunos versos de esta novela en el momento del asesinato. Nada de eso aumentaba mi interés. Pero comencé a leer y no pude parar hasta terminarlo. Me gustó muchísimo; terminando fui a buscar ensayos que examinaran a profundidad la novela. Quería encontrar material que alargara mi experiencia con ese libro.


Lo que más me impresionaba era que la historia fuera tan sencilla: un muchacho recorre varios puntos de Nueva York después de ser expulsado de su escuela. El personaje principal, efectivamente un antihéroe, no solo era de lo más normal, sino que a veces se mostraba odioso, perdedor; incluso como un cretino. Pero al mismo tiempo, siendo también el narrador de la historia, vemos un lado comprensivo, autocritico y hasta altruista. En sí es un adolescente tan normal que cualquiera se puede identificar con su actitud.

Una ventaja mía, creo, es que tenía 27 años al momento de leerlo. Ya había pasado por esa etapa de inmadurez extrema (seguía sin madurar, claro), y pude evaluar mi comportamiento de ese entonces comparándolo con el de Holden Caufield. Tal vez si lo hubiera leído en prepa no me hubiera impactado tanto y hubiera negado tener algo que ver con ese personaje tan antipático. Pero con la distancia de la edad, mi experiencia fue de reconocimiento, aunque rechazo, de ese personaje si bien agrio, también incomprendido por la sociedad a la que pertenece.

Unos meses después, todavía en 2010, lo volví a leer. Quería saber si era tan bueno en una segunda leída, o había sido el factor sorpresa lo que le daba la ilusión de obra maestra. Pero mi gusto aumentó. Efectivamente era uno de las mejores novelas que había leído. Lo comentaba con quien estuviera dispuesto a escucharme y busqué mercancía relacionada con el título, algo que no me sucedía desde que le había agarrado cariño a El Principito. Años después encontré la edición original en EBay.

Después de 12 años de recomendárselo a quien me preguntara por un título qué leer, volví a tomar mi copia y lo leí por tercera ocasión el mes pasado. De nuevo disfruté la odisea del buen Holden, con la diferencia que en esta ocasión pude identificar por qué me gusta tanto esta novela.

No tiene qué ver con la rebeldía de Holden, con sus disparatadas ideas o con sus nobles intenciones. No son las citas citables que te hacen reflexionar, o la originalidad del relato. Lo que me atrae del libro es reconocerme en los sentimientos del personaje. No es la situación con lo que me identifico, sino la reacción del narrador. La repulsión que siente hacia algunos personajes (muchos) que le parecen hipócritas, o la perdida de interés por la chica que muestra interés por él. La frustración de sentirse estafado hasta romper en llanto, o el desconcierto cuando siente su privacidad violada por un adulto con intenciones dudosas. Durante toda la novela J.D. Salinger crea el ambiente justo para que sintamos lo que proyecta Holden. Su forma de ver el mundo puede ser absurda, tanto que cae en lo cómico, pero la manera en que se expresa de otras personas revela quién es por dentro, y creo que todos los que nos identificamos con el personaje, en algún momento de nuestras vidas (seguramente durante nuestra adolescencia), tuvimos esas sensaciones; quisimos ser importantes, evitar el ridículo, dejar todo e irnos a un lugar lejano donde nadie nos conociera para volver a empezar, creímos que no éramos falsos ni mojigatos aunque tal vez lo fuimos. Pero al final sabemos que teníamos buenas intenciones; que los errores que cometimos no fueron por mala voluntad. Simplemente éramos jóvenes inmaduros; más ecuánimes que otras personas, más tontos que muchas otras, pero al final tratando de descubrirnos.

Eso es lo que hallé en esta tercera visita a este apreciado libro. Pienso que por eso me costaba tanto explicar qué hacía tan especial a The Catcher in the Rye. Anteriormente, cuando me preguntaban, contestaba que eran los personajes y la manera en que el narrador se expresaba de ellos. Lo divertida que era la novela. El desenlace satisfactorio o la "redención" de Holden. Pero no era nada de eso. En realidad era la manera en que te hace caer en cuenta de quiénes fuimos; como ir excavando sin saber lo que encontrarías para luego encontrarte a ti mismo. Un espejo donde vi mis sentimientos. 




39

Una galleta de cumpleaños. Eso es todo por este 2021. Y está bien. Este año llego tan agradecido que no necesito nada más. 39 años. Segundo aniversario de pandemia. Casado. Dos hijos. Sin covid. Nunca me ha dado. Con salud, con amigos, con dinero (algo). Antes, 39, casi 40, parecía muy lejano, ya para viejos. Ya no, ja.

Tengo que aceptar: más de una vez dudé que llegaría a esta edad. Cuando tenia 25 años creía que ya había vivido suficiente; que mi vida era demasiado completa  para exigir más. Y tal vez en ese entonces sí lo era. Pero volteando a ver todo lo que me faltaba por vivir, ahora parece tan poco…

Tengo un techo, comida, transporte, lujos que cualquier documental sobre pobreza te hace sentir millonario: café caliente recién hecho por la mañana, calentador para el frío, aire acondicionado para el calor, Internet, plataformas de streaming, alimentos en mi refrigerador (y con muchas opciones), un asador para hacer carnes asadas, botellas de licor que no es barato.

Llego a los 39 más completo de lo que hubiera pensado hace tiempo. Más fragmentado de lo que hubiera pensado hace años. Con más planes de los que tenía hace una década. Con menos energía para festejar también.

Llego feliz. Contento. Emocionado. Curioso de saber cuánto tiempo me queda. Esperando que sean muchos años más. Pero preparado por si no.

Beso a mi esposa. Pienso en mis hijos. Me como mi galleta de cumpleaños. Y me voy a dormir.
Feliz cumpleaños a mí.

La Lección de León



CONTEXTO:





Leon Economista es un twittero totalmente a favor del capitalismo y del libre mercado. Critica fuertemente al gobierno, y en especial los asistencialistas con tintes socialistas.



Suele criticar los programas sociales gubernamentales y los derechos de los trabajadores como el aguinaldo, la antigüedad, el reparto de utilidades y el pago del seguro. Asegura que obligar al empresario a pagar esas prestaciones nos vuelve menos competitivos.




Frecuentemente argumenta que muchos problemas se resolverían privatizando los servicios básicos o al menos cobrándolos para evitar los impuestos del gobierno.





Y también ha expresado su negativa de ayudar a quien pide dinero sin ofrecer nada a cambio.









Hace dos días publicó este twit en su cuenta. --------->








Y luego pidió ayuda a la comunidad, compartiendo una lista de amazon que incluía un iPad Pro y una macBook, por un valor en conjunto de $40,000.




Las criticas y las burlas no se hicieron esperar. 



Lo que le pasó a León Economista es una lección de vida. León es chavo; entiende muchas cosas, pero le falta vivir mucho. Tal vez nunca había pasado por esto que le sucedió y por eso le parecía muy sencillo criticar a quienes llegan a su casa a pedir dinero.

León no está equivocado en sus juicios, simplemente tiene visiones limitadas. Es cierto que mucha gente prefiere estirar la mano y pedir dinero antes que ponerse a trabajar, pero también hay muchos casos en los que quienes piden limosna son víctimas de la situación en la que están. Suponer que todos partimos del mismo nivel o que tenemos la misma suerte es errado y acorta nuestra visión.

Él dice que la ayuda y la solidaridad no deben ser obligación sino voluntarias, sin embargo cuando criticó a quienes iban a su casa a pedir dinero lo hacía como si lo estuvieran obligando a ayudarlos. ¿Por qué se quejaba de ellos entonces? ¿Porque le molesta que pidan sin ofrecer un servicio a cambio? 

¡Eso fue justamente lo que él hizo cuando se vio en la necesidad! De hecho así lo dijo él, solo porque estaba realmente necesitado fue que se atrevió a pedir ayuda a cualquiera en twitter, pero de igual manera le hicieron ver que probablemente esa gente que acude a su casa a pedir dinero esté en la misma situación que él cree justificable.

Por eso pienso que León no está equivocado ni tiene mala intención, solo que no conoce de cerca las carencias que pueden llevar a alguien a pedir dinero gratis. Cuando se conoce la situación precaria en la que viven tantas personas, y el abuso al que se exponen, entonces se entiende la necesidad de apoyarlos y defenderlos para que puedan salir adelante. Si solo conocemos nuestro circulo cercano, es normal que creamos que nuestra situación es similar a la de los demás.

Los problemas del país y del mundo son demasiado complicados como para resolverlos en Twitter o con doctrinas de derecha o izquierda. La empatía, la solidaridad, la generosidad tendrían que nacernos a todos. Como no sucede así, algunos piensan que debería de ser obligatorio. Pero no se puede exigir libertad obligando a las personas a hacer lo que no desean. Por eso las respuestas no están en en ninguna ideología, sino en cada uno de nosotros. Pensar por uno mismo es mucho más valioso que seguir recetas para vivir bien. Entender que ni Marx ni Smith tienen las respuestas correctas. Que la realidad de cada persona es muy diferente de una ciudad a otra, de un estado a otro, de un país a otro. Que somos mucho más complejos de lo que algunas personas nos quieren hacer creer.

Al final, solo espero que León haya aprendido de este incidente. Si no fue así, entonces ése es el peor escenario de todo esto. 

La nieve por un dia


Pasa cada ocho o nueve años. Nieva un día, amanece todo blanco. Sacamos nuestras ropas más calientes, las que nunca usamos en Monterrey, y salimos al lugar donde haya más nieve. Chipinque era nuestro lugar favorito de niños.

No vas a la escuela, juegas todo el día con la nieve, y luego, al día siguiente solo queda un poco de blanco en las montañas. Sobre alguno que otro techo se ve un poco de hielo, pero ya no hay nada con qué jugar. En el periódico aparecen las notas que nos avisan lo que acabamos de ver todos. Y un día después es como si nunca hubiera nevado; tienes que esperar otros ocho o nueve años para que vuelva a suceder. 

Por eso somos la burla de otros cuando salimos a tomar fotos en la nieve. Pero cuando algo sucede tan infrecuentemente, es obvio. De chico, si no sales de Monterrey a vacacionar en invierno, has visto nevar dos veces máximo antes de cumplir quince años.

Es bonito que nieve solo por un día. Nos divertimos, la aprovechamos y la extrañamos inmediatamente. Van marcando tu vida: todos nos acordamos qué hicimos los días que nevó en Monterrey. (En cambio es imposible recordar todos los días que estamos a 40 grados, sea primavera, verano u otoño).

Ayer nevó en Monterrey. Hoy ya no hay nieve ni en las montañas. Y a esperar ocho años. Tal vez nueve. 




AMLO: el mejor presidente que ha tenido México.

 2024:

Andrés Manuel Lopez Obrador deja la presidencia con un crecimiento promedio del PIB de 4%. La corrupción disminuyó significativamente y hoy el país ocupa el lugar número 25 en ranking de corrupción mundial, con 68 puntos, adelante de países como Chile y España; cercano a Estados Unidos.

Los programas para impulsar el deporte nos dieron 15 medallas en las olimpiadas de Japón, incluyendo 4 de oro, y 21 medallas en Paris; 6 fueron de oro. Tuvimos 3 campeones mundiales en atletismo y México pasó por primera vez a semifinales en la copa del mundo.

MORENA expulsó de su partido y denunció funcionarios públicos acusándolos de corrupción. Muchos fueron encarcelados. Otros fueron inhabilitados. El caso más sonado fue el de Manuel Bartlett quien después de tantas pruebas, por fin pisó la cárcel, y debido a su avanzada edad se espera que muera ahí. 

Se convirtió en tendencia elegir servidores públicos que no pertenecieran a algún partido antes de las elecciones o a candidatos independientes. La mayoría nunca había tenido algún cargo público y había trabajado en el sector privado antes de postularse. El partido MORENA, con mayoría relativa, incluyó en sus estatutos que ningún funcionario podía competir por otro puesto sin terminar el periodo para el que habían sido elegidos por lo que el llamado chapulineo era prácticamente cosa del pasado.

El presidente por fin cumplió su promesa de vivir en su casa particular y después de un largo proceso logró obtener un avión presidencial que respondía a las necesidades básicas de transporte para el ejecutivo: sin lujos, sin excesos. 

Se capturaron o abatieron al 60% de los capos del país. Se desmantelaron la mitad de las organizaciones criminales, las más fuertes hasta entonces. Cientos de funcionarios y militares fueron extraditados o encarcelados por formar parte de dichas organizaciones. La confianza en las autoridades nunca había tenido un nivel tan alto.

Se metió en cintura a las empresas para no solo persuadir el pago justo de impuestos sino impulsar la competitividad en el mercado. Empresas grandes se vieron obligadas a pagar salarios justos, bancos tuvieron que reducir sus comisiones, pequeñas y medianas empresas comenzaron a crecer al volverse altamente competitivas, y la inversión extranjera creció como nunca.

Uno de los logros más importantes del presidente Lopez Obrador fue la destitución de líderes sindicales. Tanto Pemex como los electricistas y los maestros pudieron finalmente eliminar la corrupción que tanto había dañado esos sectores. Por fin se eliminó la venta de plazas, se privilegió la eficiencia y el esfuerzo. Se acabaron los paros. La educación tuvo un avance evidente y significativo.

Y por último, la pobreza se redujo. Veinticinco millones de personas salieron de la pobreza extrema. La clase media aumentó otro tanto. Mexico tiene ahora 500 mil millonarios cuya fortuna supera 1 millón de dólares. Las universidades se duplicaron. Los hospitales privados y públicos se triplicaron. Y lo más impresionante: el número de emigrantes se redujo a 1.8 millones de personas en el último año de su mandato. 



Si al menos cinco cosas de lo que dice este texto se cumplieran, no dudaría ni un segundo en llamar a López el mejor presidente que ha tenido México.

Los dueños del buen gusto

El debate en twitter explotó hoy. Que si la comida gourmet no se puede tocar ni con la gota de un limón por ser obra de arte del chef y estar preparada al punto justo para deleitarse. Que si es un insulto al esfuerzo del chef que escoge los ingredientes perfectos para preparar su comida. Que si los incultos no saben apreciar la comida gourmet no deberían de ir a esos restaurantes. Que si el cliente no siempre tiene la razón. En fin.

Aquí mi humilde y sesgada opinión que nadie pidió:

En gustos se rompen géneros, ya sabemos todos eso. Lo que para unos es arte, para otros es fantochería; pero se necesita de un ojo educado para que una opinión tenga validez. Pero ¿qué pasa si se paga por el arte que se va a consumir? ¿Tiene derecho el artista sobre esa pieza? (Ya he hablado sobre por qué el cliente no siempre tiene la razón. Pero este no es el caso).

Trabajo en la construcción, y he tenido muchos clientes que quieren construir su casa. Es común que el cliente tenga sus propias ideas sobre el diseño y quiera imponer sus gustos; obvio, es su casa. Sin embargo no es raro escuchar a un arquitecto enojarse porque su diseño se ve alterado por un "ignorante". A veces es el experto, que trata de persuadir al desinformado de las razones o las bases sobre las que se diseña un espacio; pero otras veces es el arrogante y soberbio que exige que el diseño no sea contaminado por mentes menos competentes.

El arquitecto puede tener razón en lo que propone; vamos, puede ser hasta lógico lo que expone. Sin embargo, el cliente es quien está pagando por el diseño que quiere, y si algo no le gusta, lo va a cambiar. Existen muchos tipos de casas y y muchas ideas para proyectos: distribución, acabados, funcionalidad... fantochería. Pero al final quien va a vivir ahí y quien va a pagar es quien tiene la última palabra. Al arquitecto puede darle rabia, pero no es él quien va a sufrir día con día, el cliente sí.

Yo pienso que en el ámbito culinario es lo mismo. Sí, el chef te da un consejo sobre cómo debe de consumirse su producto. Sí, es mejor confiar en el chef y probar la comida justo como la preparó, sin "meterle mano". Y yo abogo por que, quien pague los ridículos precios que cobran en esos restaurantes,  pruebe la comida tal y como se la sirvieron. Pero si al cliente no le gusta o no le satisface el sabor de la comida que recibió: ¿hay razón para sentirse insultado porque quiere ponerle más sal a la comida? O ponerle limón a la carne, o salsa a un taco. ¿Quién se va a comer el platillo, el cliente o el chef? 

El chef está en su derecho de pensar lo que quiera del cliente: inculto, ignorante, iletrado, corriente, naco. Lo que quiera. Pero quién es él para decirle que su gusto está equivocado, si al final quien lo consume es el ignorante, el naco. A final de cuentas pagó la cantidad que le dijeron que tenía que pagar. El alimento es suyo. 

No estoy en contra de que si piden limón, o chile, o salsa, o mayonesa o mostaza, en el restaurante les contesten "no tenemos"; pero ¿ofenderse porque alguien prefiere aderezar su comida..? ahí está la petulancia de quién ve clientes como indignos de sus facultades, aunque puedan pagarlas. 

Se creen dueños del buen gusto. 



La noche triste medio milenio después


1520.

Cortés mantiene a Moctezuma preso. Tratando de calmar los ánimos de los mexicas, que comenzaba a levantarse en armas al ver a sus líderes prisioneras de los españoles, le pide al tlatoani que salga a tranquilizar a su pueblo. Moctezuma es asesinado por la multitud enfurecida; al salir al balcón, su propia gente desconfía de su lealtad. Hernán Cortés y sus soldados, acorralados, deciden que deben huir. Blas Botello, un astrólogo (adivino), convence a Cortes que la noche del 30 de Junio es el día que deben fugarse o de lo contrario todos morirán; Cortés lo escucha y planean la retirada.

Tenochtitlán no está conquistada, no está sometida. Los españoles que acompañan a Cortés tienen ya joyas y oro, pero no han logrado su objetivo. Por miedo a perder la riqueza de la que ya se habían hecho, huyen con ella, y es por ella que encuentran la muerte. Las joyas y las armaduras pesan demasiado y dificultan la huida. El terreno está rodeado de agua; el estrecho camino que recorren es una trampa mortal para los avaros. Los guerreros locales los persiguen, los alcanzan y los matan. Hernán Cortés logra escapar, pero al ver que pierde a la mitad de su ejercito, llora. 

Quinientos años después nos encontramos en un país dividido, tan dividido como el territorio en 1520. Españoles aliándose con enemigos de los mexicas para conquistar su gran ciudad. Mexicas desconfiando de su líder por salir a dialogar con ellos. El líder español escuchando al adivino sobre la mejor fecha para escapar de la furia del pueblo. Soldados prefiriendo la muerte antes que perder sus joyas robadas.

Hoy ya no somos un conjunto de pueblos en guerra. Somos un país buscando reconciliación entre sus habitantes. Desconfiamos del tlatoani. Linchamos a los contrarios. Preferimos la muerte antes de perder nuestras joyas (robadas o no). Atendemos a quienes nos dicen lo que queremos escuchar, aunque no tengan sustento sus palabras. Permanecemos divididos; casi queremos delimitar territorios y separarnos en pueblos independientes. 


La guerra y la sangre que nos hizo un solo pueblo, rico en cultura y tradiciones, parece no importarnos, porque no hay confianza en las intenciones del que tenemos a un lado. Y nos hundimos con nuestras armaduras. Cómo no llorar.

Elegir ser Dr. Manhattan


Piensa en esto. Si te dieran la opción de tener los poderes de Superman ¿la tomarías? La decisión no es tan fácil. Sobre todo si una condición es que, si aceptas, no puedes nunca volver a tu vida normal otra vez; y claro, no puedes saber qué tipo de persona serás o qué tipo de vida tendrás una vez que seas Superman. Ahora, ¿aceptarías?

Si no se analiza la respuesta puede parecer muy sencilla de tomar. Después de todo ¿a quién no le gustaría tener los poderes de un superhéroe? Sin embargo, no consideramos lo que conlleva esa elección porque no tenemos la experiencia para evaluar las desventajas de una situación que nunca hemos vivido, y no tenemos la experiencia ajena tampoco. No vemos las desventajas de ser famoso por ser casi invencible; o de lo que se esperará de nosotros al tener tanto poder. Puede no aparentarlo, pero resultaría muy inconveniente ser tan superior a todas las demás personas.

A pesar de lo poco realista que puede parecer esta reflexión, es una alegoría de una situación mucho más común. Es el mismo dilema que uno toma cuando (y si) decide ser padre. No puedes saber qué tipo de padre vas a ser hasta que lo eres. Y una vez que decides serlo, no te puedes echar para atrás (sí, puedes ignorar tus responsabilidades, más no puedes dejar de ser padre de alguien).

Aceptar una responsabilidad tan grande debería tomarse con mucha seriedad, pero no mucha gente lo ve así. Ser padre o madre debería de conllevar una gran evaluación previa.

El ejemplo de convertirse en Superman es el más común, sin embargo puede que el personaje no represente ese dilema tan bien. Hay otro que para mi gusto nos llevaría a reflexionar más sobre esa decisión que en un inicio parece fácil de tomar. El Dr. Manhattan, de la novela gráfica Watchmen, es un personaje más adecuado para esta situación hipotética. Es básicamente un dios. Puede hacer lo que quiera. Para él el tiempo no es lineal: está en el presente, en el futuro y en el pasado simultáneamente. Es indestructible y puede hasta crear vida si lo desea. Es un individuo muy particular. En la novela lo presentan como alguien indiferente, ya que, claro, al ser todopoderoso no logra ser empático con las personas; sabe que a pesar de ser omnipotente no puede cambiar la perspectiva pequeña de los humanos, pierde el interés en ellos; no se puede relacionar con las personas. La gente lo odia porque creen que debería de usar sus poderes para el beneficio de los demás, y sin embargo él solo se siente incomprendido.

Dr. Manhattan al final es un superhéroe frustrado y frío. No puede mantener relaciones amorosas, personales, porque no envejece como todos los demás. Él se interesa por muchas cosas, y sus parejas por cosas mundanas: no se entienden.

De una forma parecida, uno se convierte en padre sin saber cómo esto le va a cambiar la vida; arriesgando la tranquilidad de no ser responsable de un ser completamente dependiente. A pesar de no poder ver el futuro, es ilógico pensar que no se atravesará por situaciones difíciles, tristes, o incluso trágicas. Tampoco podemos estar cien por ciento ciertos de que nuestro hijo o hijos serán personas de bien; a pesar de nuestros esfuerzos nadie nos garantiza que la educación que les demos será suficiente, o que estaremos ahí para ellos en momentos cruciales. Nadie nos garantiza que viviremos lo suficiente para asegurar su bienestar.

Nadie nos asegura tampoco que nuestra idea de un buen padre sea la correcta. Nuestras mejores intenciones nos pueden engañar. Tratamos de prepararnos para ser buenos padres basándonos en la experiencia ajena, así, para la paternidad en general, para ser un padre genéricamente bueno, sin embargo nadie nos puede preparar para ser el mejor padre para nuestros hijos en particular, todo es una estimación, tratamos de tener buena puntería, a nuestra manera.  

Bien. Conociendo todos los contras, (de ser padre o de ser el Dr. Manhattan) ¿lo serías?

Yo no quisiera ser el Dr. Manhattan. No quisiera vivir eternamente. No quisiera ver el tiempo como un mapa del cual no puedes cambiar detalles, solo observarlo. No quisiera soportar muchas cosas que tiene que soportar. Pero sí quise ser papá, a pesar de todos los dilemas que pude evaluar.

Tomé una decisión ciega basada en un futuro incierto. Quise ser papá para poder tener a Lucas sin haberlo conocido. No sé lo que pasará, y no voy a poder cambiar las malas situaciones que puedan llegar a suceder. De igual manera, acepté ser padre, sabiendo que voy a sufrir, sabiendo que voy a gozar, sabiendo que no soy inmortal, sabiendo que me puedo llegar a arrepentir en algún momento, pero confiando en que al final de todo vale más la pena intentar ser la mejor versión de mí para esa personita que acaba de llegar, que vivir el resto de mi vida pensando qué hubiera sido si hubiera tomado esta decisión. Acepté una responsabilidad que me da un poder al que voluntariamente voy a renunciar en beneficio de alguien que tal vez me llegue a odiar alguna vez. Acepté poner mi mayor esfuerzo en educar a alguien que tal vez rechace mis enseñanzas. Quiero ser padre de alguien que probablemente me va a hacer sufrir como ninguna otra persona puede hacerlo... pero espero que no. 

Es la esperanza la que nos mueve  tomar este tipo de decisiones que parecen ilógicas. Espero ser el mejor padre que Lucas pueda tener. Espero ser la mejor versión de mí mismo siempre. Espero que cuando no sea esa mejor versión, sea mi esposa la que me ayude a mejorar. Espero ayudar a este mundo trayendo a una buena persona en la sociedad. Quiero disfrutar de los buenos momentos que se comparten solo con un hijo y sentir su amor. Para eso me esfuerzo; para eso me arriesgo.

Al final no hay certeza en nada, lo único que uno puede hacer es tener una buena actitud, confiar en que mi mejor versión saldrá a flote, y esforzarme por evitar mis demonios. Esa decisión de ser papá ya la tome, ahora estoy aprendiendo a tomar las mejores decisiones para Lucas.



Cicatriz abierta

Caminando sobre hojas secas desperté de mi sueño

Mi mano apretó el aire y mi pecho se hizo nieve

El cielo apenas se dejaba ver, no había ruido

Tal vez era octubre o tal vez mayo; tal vez llovía o solo era yo

¿De dónde vino ese espejismo? ¿No estaba ya lejos? ¿Seco? ¿Flaco?

Flotando fui al jardín, buscando alivio... descifrando memorias ¿de dónde llega acaso la nostalgia?

Me pareció ver su silueta; en el espejo, o en el balcón. 

Eran risas, seguramente. Pero tal vez no.

Eran rostros parecidos. Sí, hacía sentido. Las flores se asemejan entre sí.

Aun dudaba. 

¿Qué trae de vuelta a los retoños cada primavera? Hay cielos que solos llegan.

Hay mareos que te tumban, mas no por debilidad 

Es porque somos vulnerables, es inevitable, no se puede defender uno de todo

No se cura uno de todo

Ignoro qué me trajo de vuelta al camino ese, lleno de hojas, hojas secas

Pero eso ya no me importa; aquí sigo, desintegrándome en ceniza, pétalo por pétalo 

Sonó un eco; caí en cuenta:

Música, eso había sido; no me pude escapar (y tal vez no quería)



Vi el jazmín y tenía flores, sí, era Mayo




Amores

Una vida entera,
Oliendo rosas de un jardín.
Una vida entera.

Una sombra eterna,
Sin ver el sol de abril.
Una sombra eterna.

Un suspiro tuyo,
Una vida muy feliz.
Un suspiro tuyo.

Mariposa en un capullo,
Vida vivida y sin vivir.
Mariposa en un capullo.

Una estrella lejana,
Que no se puede alcanzar.
Una estrella lejana.

Una vida soñada,
Que no será realidad.
Una vida soñada.

Tormentosa sed saciada
Por un hermoso manantial
Valiosa joya encontrada

Flor engalanada
Tan frágil como cristal
Marchita por una helada.

Un lazo de hierro,
Imposible de vencer,
Un lazo del Cielo.

De Dios el sentimiento
Siendo enteramente El
Dar mas del cien por ciento

Un regalo sin defecto,
desear hacer el bien
El sol, el agua, el viento.

Lo que te hace ser correcto
Árbol que crece con la fe,
Un sincero “yo te quiero.”







En el día internacional de la poesía quise compartir uno de mis primeros poemas que me atreví a compartir.

Dra. Matilde Montoya


Lunes 9 de Marzo. Prometí no mencionar a López Obrador en mi cuenta de twitter todo el día para dar más énfasis a las mujeres que ese día realizaban un paro nacional. Entonces decidí publicar nombres de mujeres ejemplares para conmemorar el esfuerzo feminista. 

Publiqué a Meryl Streep, luego a Frida Kahlo, y pensé que debería enfocarme mujeres mexicanas poco reconocidas; así encontré nombres como Elva Carrillo, Andrea Cruz y María Izquierdo. Pero un personaje me llamó la atención más que los demás: Matilde Montoya, la primera mujer mexicana en recibir el título de Médico. No solo fue conocer lo que logró, sino la época en la que lo hizo. Las mujeres del siglo XIX no estudiaban. Vamos, pocos hombres lo hacían: para 1895, el 80% de las personas adultas en México eran analfabetas. Una mujer,  con la cultura machista en contra, logrando lo que pocas personas lograban, merece un reconocimiento mayúsculo. Sobre todo porque (y que no le sorprenda a nadie) hubo muchos profesores que estaba en contra de que una mujer entrara a la escuela de medicina. 

Matilde Montoya nació en la ciudad de México el 14 de Marzo de 1859. Desde pequeña mostró mucha capacidad para aprender.  A los 4 años sabia leer y escribir; a los 12 terminó su educación escolar. Y para la edad de 16 años obtuvo el título de partera. Pero todo esto no fue suficiente para impresionar a algunos hombres de su época que se opusieron a que obtuviera educación superior. La acusaron de masona y protestante por lo que tuvo que posponer sus estudios.

Vuelve a intentar ingresar a la Universidad en la ciudad de México y vuelven a atacarla y a desprestigiar su nombre alegando que no había acreditado ciertas materias; la verdad era que les molestaba que fuera la única mujer en la universidad. Pero en esta parte de la historia, Matilde tuvo suerte, ya que después de buscar apoyo en diferente instancias, fue nada menos que el presidente Porfirio Díaz quien envió un decreto para que pudiera presentar su examen, entrara a la escuela de medicina y eventualmente recibiera su título. 

El legado de Matilde Montoya no termina ahí. No solo abrió la puerta para que más mujeres pudieran ser médicos, sino que trabajó en pro de la educación de las mujeres en México, fundo una escuela para hijas de obreras, fue parte de la Liga Medica Humanitaria, fundó la Asociación de Médicas Mexicanas, y logró que el término de partera dejara de usarse de manera despectiva, entre muchos otras cosas. Es ejemplo de feminismo, qué mejor manera de representar a las mujeres que luchando por su educación. Me sorprende no escuchar más de ella por parte de las feministas de estos tiempos, me parece una imagen que representa perfectamente su movimiento. Es un ejemplo, no solo para las mujeres, sino para todo mundo. 

En el aniversario de su nacimiento, que viva Matilde Montoya.



El amor es trabajo

Muchas veces le pregunté a parejas casadas cómo le hacían para no aburrirse uno del otro. Nunca fue con la intención de ofender, era realmente curiosidad mía saber cómo lograba alguien vivir durante años con la misma persona y no caer en la rutina. Esto fue cuando era joven y mi relación más duradera no rebasaba un año. De las muchas respuestas que recibí ninguna superó un diálogo muy sencillo que vi en una película que pasó sin pena ni gloria del año 2005. En ella, una madre, interpretada por Meryl Streep, le dice a su hijo: “El amor no siempre es suficiente. No cuando hablas de matrimonio, e hijos y juntar cuentas de banco. Las relaciones personales son trabajo, los hijos son trabajo. Y no estoy diciendo que el amor no sea importante, lo es, pero a veces amas, aprendes y sigues adelante”.

Desde entonces reflexioné mucho en esa frase. Estoy de acuerdo, el amor no siempre es suficiente. Confiar en la atracción hacia otra persona y lo agradable estar con ella no garantiza una relación duradera, la costumbre normaliza hasta a la persona más especial a pesar de nuestras mejores intenciones. Y claro, mantener una relación y una familia exige esfuerzo, trabajo, sacrificio. No puedes esperar que sea el amor lo que resuelva todo. Al final, no es con amor que se solucionan problemas (ni se compra una casa ni se paga una escuela). Se tiene que trabajar para fortalecer lo que nos une. Conocerse, entenderse. Desvelarse para alimentar bebés. Cuidar de la pareja cuando se enferma. Explicar con paciencia, incluso cuando es la décima vez que se hace. Eso es trabajo, no amor. 

Sin embargo, creo que más bien, el amor ES trabajo. El amor se trabaja día con día, semana tras semana. Sí, existe el amor como un sentimiento, pero el amor puede ser muy fugaz, el amor es frágil, el amor se pierde, el amor se acaba. El amor duradero, el amor genuino se trabaja. El amor es estar ahí para la persona que se ama. No puedes amar a tu pareja y esperar que esta soporte tu indiferencia, tu apatía, tu agresividad. Amar es contener tu agresividad, sobreponerte a la apatía, olvidar la indiferencia. ¿Quién puede decir que ama a su hijo, mas no lo cuida? ¿Quién se aleja de la persona amada cuando esta la busca?

El amor es sonreír cuando no tienes ganas. Levantarte cuando estás cansado. Hacer, cuando quisieras no hacer nada. El amor no es solo disfrutar (y claro que se disfruta); el amor también es soportar los malos días, pero no solo eso, sino hacerlo con la mejor cara.

No es que el matrimonio o una familia sea solo trabajo, sino que el amor nos obliga a trabajar. El amor nos obliga a sacrificarnos por nuestra pareja, por nuestros hijos. Si el amor no se trabaja, se esfuma con cualquier descuido. Y no se puede trabajar por alguien sin algún interés de por medio. El esfuerzo que ponemos por alguien más es el amor que le tenemos a esa persona.

Sí, las relaciones son trabajo, pero es el amor lo que nos da motivo para realizar ese trabajo, que al mismo tiempo alimenta al amor y lo hace fuerte.

Pienso en la ocupación que realizó para ganarme el pan de cada día. El esfuerzo que invierto es lo que me da el resultado por el que cobro dinero. Son las ganas de hacer las cosas bien lo que le da valor a mi trabajo. Es saber que nadie te da nada gratis, y que tienes que ganarte el sueldo logrando metas. Y así es el amor también. 

Cuando me canso de levantarme en la madrugada, cuando llego a un lugar al que no quiero ir, cuando me visto en vez de quedarme en pijamas como preferiría, pienso que el trabajo que me está constando está abonando méritos a mi relación, y la hace más valiosa y más resistente. Y me doy cuenta que todo lo hago por el amor que doy y que recibo. Entonces el esfuerzo me cuesta menos; en mi mente solo repito: el amor es trabajo.

México Liendre

Con tal de quitar un pésimo gobierno estamos dispuestos a escoger otro igual o peor. México Libre obtuvo su registro como partido y pues bueno, ahora tenemos un partido más en México, el octavo, sin contar a Nueva Alianza ni a Encuentro Social. Otro partido que va a recibir dinero público sin rendir cuentas. Y lo peor, fundado por el expresidente Felipe Calderón y su esposa Margarita Zavala, quienes por su berrinche hicieron el camino más fácil para que López Obrador llegara a la presidencia (sin olvidar que lograron también que el PRI volviera al poder en 2012). 

¿Son oposición al presidente? Sí. ¿Son lo mejor que hay en este momento? Es muy cuestionable. Pero aunque lo fueran, que sean la única opción para quitar a MORENA del poder no quiere decir que son una buena opción. Es el mismo problema en el que nos metimos para quitar al PRI y al PAN de la presidencia. Votamos (yo no) por la opción que podía quitarlos, pero resultó lo mismo, solo que con poder absoluto para hacer lo que quiera.

Difícilmente Calderón y Zavala van a lograr lo que logró López. Pero es para preocuparse que no entendamos como país que los extremos no son buenos, y que la experiencia que tuvimos con un político debe de contar para algo. Calderón no  fue un pésimo presidente, pero está muy lejos de ser lo que necesitamos para progresar. En su sexenio no combatió la corrupción, ni en el gobierno y mucho menos en su partido.

¿Para qué quiere volver al poder Calderón a través de su esposa? Lo que no hizo cuando era presidente no lo va a hacer ahora. ¿No nos quejamos de que López vive de nuestros impuestos desde siempre? ¿Por qué querríamos cambiar a la extrema izquierda por la extrema derecha? ¿De verdad no hay mejores opciones? Y lo peor es que veo a gente muy contenta porque piensan que con tal de quitar a López del poder, es justificable dar un cheque en blanco a quien sea.

Me da tristeza ver cómo no se distingue lo que hizo un demagogo ignorante como López Obrador, de lo que hace alguien mucho más inteligente y capaz como Calderón. Ambos quisieron ser obedecidos por todos en su partido, ambos renunciaron a quienes impulsaron sus candidaturas presidenciales, y ambos formaron su partido para no tener que rendir cuentas a nadie. 

Si somos honestos, no es escandaloso culpar a Calderón de que López esté en la presidencia. Su obsesión por llevar a su esposa al poder lo cegó. Sus errores en 2018 costaron muy caro; ¿y ahora vuelve con la bandera de "soy oposición"? Es patetico. Su imagen y la de su esposa están muy deterioradas; no puede quitarse la losa de corrupción que conocimos en su sexenio. No podemos borrar esos destellos de autoritarismo al no aceptar la derrota por la candidatura del PAN. No está en posición de pedir un cargo público cuando ya demostró durante 6 años lo que puede y no puede hacer.

Me queda claro que lo mejor que pueden hacer los expresidentes es callarse y olvidarse de la vida pública. 

Qué lástima de país. 

Fin de año y temas pendientes

Cada año me quedo con muchas ideas que me gustaría desarrollar en entradas de este blog y que por diferentes razones se quedan truncas. Es un poco frustrante, sobre todo cuando las ideas no maduran y se quedan en la lista de "notas por publicar ". Este año dejé pendientes varios temas por desarrollar: desde el consumismo desde un punto de vista catastrófico, pasando por villanos empáticos y cómo se traducen en personajes reales que gente admira a pesar de ser criminales, hasta observaciones sobre si pedir disculpas realmente importa hoy en día ya que tanta gente quiere ver hundidas a celebridades que se expresan incorrectamente a pesar de exigir (y recibir) disculpas de parte de ellos.

Pero al final lo que más mal sabor de boca me dejó fue dejar pendiente una entrada sobre una reflexión de la mini serie Chernobyl, de HBO. Después de ver esta extraordinaria producción medité mucho sobre las mentiras colectivas; la manera en que el Estado engaña al pueblo, y cómo al pueblo le gusta estar engañado. La falta de responsabilidad que esto implica, y las catástrofes que pueden llegar a ocurrir debido a eso.

Después de ver la serie leí dos libros sobre el tema y vi varios documentales en internet. La tragedia de Chernóbil fue un evento de mucha importancia. No solo evidenció la corrupción en la Unión Soviética, sino que expuso los riesgos de manejar una planta nuclear sin las debidas precauciones. Los relatos de las personas que vivieron ese accidente son tristes, conmovedores, admirables y trágicos. Hay mucho que aprender de ese episodio de la Historia; sobre todo porque con mucha preocupación veo que estamos repitiendo los mismos errores que llevaron a la implosión de esa economía.

La manera de torcer la realidad por parte de las autoridades soviéticas era inigualable. El modo de mantener dormidos a sus habitantes y oprimirlos de manera que se acostumbraran a no pensar y obedecer instrucciones siempre, era deprimente, y entre más estudio este fenómeno me causa más repugnancia. Ningún sistema político es perfecto; ningún país tiene un gobierno idóneo; pero la Unión Soviética, no tengo dudas, fue uno de los peores experimentos.

Hay mucho qué decir sobre esto. Tal vez debería haber escrito varias entradas para lograr desglosar los diferentes ángulos desde los que se puede explorar este tema. Lamentablemente varios de estos ángulos resultan en comparaciones con el actual gobierno que tenemos en México. En especifico la manera de ignorar la ciencia y a los expertos que son acusados de fatalistas o traidores, y el aborrecible método de culpar a otros de las fallas propias. 

No quería dejar terminar el año sin recomendar esta serie, este tema, estas reflexiones. El final de un año y el inicio del siguiente son buenos momentos para hacer pausas, ver hacia el pasado para evaluar, y hacia el futuro para planear.  

Este año que comienza en algunas horas será muy importante para mí, pase lo que pase. Tendré muchas situaciones qué reflexionar, y poco tiempo para hacerlo. Pero espero poder por lo menos darme un espacio, de vez en cuando, para escribir mis pensamientos, y dejar evidencia de lo que me parece digno de recordarse. 

Feliz 2020. 

Treinta y siete años, y un dia

Cumplir años ya da hueva. Nada más te haces más viejo y menos gente te da regalos. Cada año prefiero festejarme más modestamente. Ya no me agradan las fiestas llenas de gente en las que el objetivo final es alcoholizarse.

Cada año hay menos fiesta pero utilizo más mi cumpleaños para hacer un balance de lo que es mi vida, de lo que busco, de lo que he hecho y de lo que haré. Como nací muy cerca al fin de año, me queda bien para ese tipo de reflexiones.

Antes esperaba impaciente mi cumpleaños; el fin del semestre, las vacaciones, la peda, las posadas. Deseando que mis amigos se quedaran en Monterrey para que asistieran a mi fiesta. Cada año diferentes anécdotas, aunque al fin todas iguales. No es que me arrepienta, la verdad reflexiono y pienso qué buenos recuerdos me dejaron. Pero sospecho ya la edad me pegó un poco, la "madurez".

Ahora ya le pienso en cuanto voy a gastar en esos chistecitos. Ya busco no desvelarme tanto. Ya no busco el desmadre, la pachanga. El esfuerzo para hacerlo pesa más que la gratificación. Aparte ya no tengo vacaciones como antes. Ahora hay que trabajar sí o sí al siguiente día.

Pero así es la vida, supongo. Vamos dejando atrás costumbres que nos gustaban, y vamos adquiriendo nuevas. En mi caso fui invitando cada vez a menos gente, hasta que ahora solo busco algo tranquilo con unos cuantos amigos cercanos. Y si todo sale bien, el próximo cumpleaños será diferente a todos los anteriores, porque ya tendremos un bebé en casa a quien atender.

En esta edad se hace un parteaguas en mi vida, supongo. Aquí pongo una marca que se va a volver referencia en el futuro. A los 37 años empieza otra cuenta. Cumpliré 37 años más uno de papá. Ya se acabaron las reflexiones de mi vida como individual, ahora tendré una nueva evaluación.

En febrero (o enero) que llegue ya sea Lucas o Camila, dejo de ser solo yo.

Por lo pronto, sigo celebrando un año más. Un otoño más. Un cambio más.

Feliz cumpleaños... a mí.

Marcha Feminista

Es ridículo pedir un alto a la violencia utilizando la violencia. No se puede exigir un alto a la impunidad utilizando la impunidad. Eso es lo que concluyo después de escuchar a quienes defienden a las feministas que vandalizaron la ciudad de México en días pasados. 

La manifestación de las mujeres es completamente legítima, no digo lo contrario. Lo que critiqué desde el principio (y no soy el único) es el daño a propiedad pública y privada para llamar la atención de las autoridades. Nadie niega que hay un problema grande de machismo en este país, pero eso no se va a solucionar con manifestaciones, sino con educación. Y no va a cambiar en un año ni en un sexenio; esto va a llevar décadas. La cultura (buena o mala) no se puede eliminar en el corto plazo. Se necesitan varias generaciones de educación y una marcha no hace diferencia en los lugares alejados, donde el problemas es más serio.

Pero de eso no se trata la marcha. Lo que realmente están pidiendo es que se termine con la impunidad que las autoridades le otorgan a los asesinos y violadores de mujeres; pero lo hacen exigiendo impunidad para poder hacer destrozos en la ciudad. Y no estoy comparando ambos delitos; sin duda un feminicidio o una violación hacen ver el vandalismo como un juego de niños, por más radical que este pueda ser, pero es impunidad al fin y al cabo, justo lo que exigen que no suceda.

Las manifestaciones generan más impacto cuando se llevan a cabo de manera inteligente. Sean agresivas o pacíficas, el objetivo debe de tener fundamentos y simbolismo. En Chile las feministas hicieron una coreografía y una canción que interpretaron en una plaza pública; el día de hoy esto se replicó en varios países; sin rayar ni un solo muro. ¿Cuál de los dos métodos habrá acaparado más reflectores?  La respuesta es obvia.

Las mujeres mexicanas brillan por su inteligencia y por su esfuerzo. Me rehuso a pensar que el vandalismo sea su última propuesta para ser escuchadas. Estoy seguro que algo se les puede ocurrir para causar un mayor impacto que imitar estupideces dignas de fanáticos de fútbol.

Y yo no estoy en contra de que una manifestación tome medidas extremas, pero siempre tienen que ser llevadas a cabo con inteligencia para no desvirtuar el fin de estas. Si buscan justicia para las víctimas, ¿por qué no presentarse ante los jueces? Si buscan llamar la atención con violencia, ¿por qué no al menos dirigirla a quienes deberían escuchar sus demandas? Acaban de matar a una mujer que denunció sentir que corría riesgo su vida. El presunto responsable salió libre gracias a la decisión de dos jueces y un magistrado, ¿por qué no dirigir las protestas a esos personajes? 

No se pueden negar los logros que han tenido estos movimientos. Las mujeres tienen mucho más poder de lo que tenían quienes vivieron hace 100 años. Hay mujeres ya en todos los niveles de gobierno: diputadas, senadoras, gobernadoras, jueces, ¿por qué no les dirigen la protesta a ellas? ¿Por qué no exigirles con nombre y apellido que se unan a su causa? Ellas sí pueden hacer algo. Y si piensan que eso no funciona, pediría que demostraran que el vandalismo tiene efectos positivos.

La discusión en redes sociales estuvo muy apasionada estos últimos días. Pero nunca fue sobre si tenían razón en manifestarse o no, sino sobre si la violencia era efectiva y necesaria. A cada reclamo sobre el uso de violencia llegaba la acusación “te importa más un monumento que una vida”. O  el alegato “los monumentos se limpian, las víctimas no regresan”.  Tuve que resistir las ganas de preguntar irónicamente si las víctimas ya habían resucitado después del vandalismo feminista. No quise echar más leña al fuego, pero esa fue mi reacción; no, no importa más un monumento que la vida de una mujer, sin embargo no tengo que elegir entre una y otra. 


No puedo estar a favor de que vandalicen monumentos o edificios porque no veo la lógica en ello. Menos en los argumentos que usan para defender estos actos. Si me aseguraran que destrozar estatuas soluciona el problema, no dudaría en apoyarlo, pero no es así. En vez de demostrar lo que son capaces de destruir para ser escuchadas, yo preferiría demostrar lo que estoy dispuesto a construir para apoyar a las víctimas y ser ejemplo para la sociedad. Cuesta trabajo, y mucho. No es fácil, pero tampoco es fácil acabar con este problema tan profundo. Se requiere de mucho sacrificio y mucho más esfuerzo que el necesario para rayar muros.