Se les olvidó otra vez

Enrique Peña Nieto está pasando por sus peores momentos como presidente. No parece dar pie con bola. Si bien cualquier cosa que haga es motivo de critica por quienes se oponen a él, ha tenido una serie de desafortunadas decisiones que lo dejan muy mal parado y expuesto a una gran cantidad acusaciones. Cierto es que no todo lo que hace lo hace mal, pero ha dejado mucho que desear, y creo que el problema principal radica en el partido que lo puso en el poder. El PRI durante muchas décadas se acostumbró a que la sociedad mexicana, a quienes gobernaban, era completamente pasiva y sumisa. No se quejaban de nada y si se quejaban sabían cómo lidiar con el problema: desaparécelos, mételos a la cárcel, cómpralos, distráelos con algún espectáculo.  Esa era la manera de gobernar durante los 70 años que duró el PRI en el gobierno. Y lo peor del caso es que lo hicieron una cultura. Los partidos políticos que se oponían a estas prácticas terminaban siendo iguales. La forma absolutamente corrupta de ganar elecciones la inventó el PRI. 

En el año 2000 perdieron por primera vez las elecciones presidenciales, y no volvieron a ver la casa de Los Pinos sino hasta después de 12 años. Regresaron con la mercadotecnia de “el nuevo PRI”, que de nuevo solo tenía el adjetivo, y ganaron la presidencia con la más descarada corrupción que se puede ver. Ayudados por la televisora más importante del país y comprando votos como nunca se había visto. Les resultó de tal manera que creyeron que de la misma manera iban a poder gobernar. Creyeron que habían vuelto a los 70’s. Esa niña gorda que estuvo a dieta por 12 años no podía esperar a tener de nuevo el pastel enfrente para acabar con él. Y vaya que no se midieron. Pero se les olvidó que el país ya cambió. Poco. Algo. Pero ya no es el mismo país al que le daban atole con el dedo. 

El PRI se parece a las personas de avanzada edad que no saben usar el internet. Están aferrados a no cambiar sus practicas ni sus métodos; no aprenden a usar la tecnología y creen que no existen ventajas de usar computadoras entonces siguen haciendo todo a mano. El PRI no se da cuenta que ya no pueden esconder sus cochinadas tan fácilmente; la gente se entera de todo, y existen periodistas que se dedican a asegurarse de que la gente se entere de todo. En un mundo tan globalizado ya no puedes matar a 43 personas y esperar a que a la gente se le pase la conmoción como si fuera nada. Ya no puedes comprar casas de 86 millones de pesos y esperar que la gente lo comprenda y no cuestione el origen de ese dinero. Siguen saliendose con la suya y robando cuanto pueden, pero ya no se van limpios. Y Enrique Peña Nieto en su cuarto año de gobierno no ha entendido en qué época está gobernando. 

Mientras sigan creyendo que la sociedad les cree todas sus mentiras no van a cambiar sus formas, y menos credibilidad van a tener. El presidente piensa que pidiendo perdón por el escándalo de la casa blanca basta para tener una mejor imagen. El muy torpe provoca su propia burla invitando a Donald Trump al país y tratándolo como huésped de honor en vez de reclamarle las ofensas que de él recibimos, y luego se defiende diciendo que solo está pensando en el bienestar del país. Si eso fuera, metería a la bola de corruptos que están en su gabinete. Hubiera exigido la renuncia del titular de la CONADE. Habría ya enfrentado al sindicato de PEMEX y a los gobernadores ineptos de su partido. 

La sociedad no perdona por el puro hecho de que le pidan perdón. Necesita ver hechos. Y aunque se tarden en aceptarlos, porque nadie le va a dar el beneficio de la duda así sin nada más, y lo van a seguir criticando aunque haga cosas buenas, eventualmente ganará adeptos que le crean y su imagen mejorará. Dicen que la burra no era arisca, y así somos los mexicanos. Por más que haya críticos, que siempre va a haber, la realidad prevalecerá. Si el presidente hace más cosas buenas que malas, aunque lo critiquen, su imagen va a ser aceptada; pero si la corrupción del presidente es más desastrosa que su buena administración, no hay manera de defenderlo en absoluto. 


El presidente que tenemos no es muy brillante, no inspira orgullo y es blanco de burlas constantes. Carece de carácter firme, lo que lo hace ver muy débil; solo sobresale cuando tiene escenarios arreglados. No sabe que hacer ante situaciones que le sean adversas o cuando no cuente con el apoyo de su equipo, cuando no haya practicado antes. Un presidente así no puede darse el lujo de ser un ratero. Si tuviera tantita decencia, empezaría a comportarse mas coherentemente, acorde con sus discursos, y se preocuparía por su imagen real ante la sociedad. Si recordara cuanto cambió el país probablemente tomaría mejores decisiones. Si fuera más inteligente… Pero bueno, soñar no cuesta.  


2 comentarios:

Quetzalli Gonzalez dijo...

Yo no voté por él no quería que ganara, una vez que se sentó en la silla pensé" ok, pues ya es nuestro presidente, merece nuestro respeto y apoyo". Conmigo lo perdió casi instantáneamente...

José María Hdz dijo...

Pues yo no voté por él y la verdad nunca le tuve mucho respeto. Pero el poco que le tenía se fue diluyendo durante el primer año. Ahorita ya me da pena agena. Y la verdad al PRI lo sigo odiando muchisimo.