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Nadie en casa

Me había quedado solo en casa ese fin de semana porque mi familia  estaba de viaje. Yo tenía partido un de football americano al que no podía faltar, por lo que a pesar de ser fin de semana largo, por algún asueto oficial, me quedé en casa. No salí muy tarde el viernes por la noche porque tenía que abrirle a la muchacha que iba a limpiar la casa en la mañana. Normalmente si era la muchacha de confianza, la de toda la vida, le hubiéramos dado llave, pero esta era una nueva, por lo que tenía que levantarme temprano cuando llegara para abrir la puerta. 

Salí con mis amigos como normalmente lo hacía, pero cuando regrese a la casa, la puerta estaba abierta. Quiero decir que estaba sin llave, no que estuviera totalmente abierta. Pero yo recordaba haberla cerrado antes de irme, lo que me llamó la atención. En un inicio supuse que mi abuela pudiera haber llegado a la casa por alguna razón; yo sé que a veces tiene llave de la casa, pero la llamé varias veces en voz alta y nadie contestó. En realidad no estaba alarmado. Mi mente estaba tratando de hacer sentido que la puerta estuviera sin llave. Tal vez se me olvidó cerrarla y la dejé abierta las varias horas que me fui con mis amigos, aunque yo recordaba haberle puesto seguro; por lo que era posible que alguien hubiera abierto la puerta.

Lo siguiente que se me ocurrió fue que si alguien hubiera entrado, tendría que ser a robar, y faltaría algo, por lo que me puse a revisar que no faltara nada de valor. En realidad nada estaba fuera de su lugar. Tranquilamente revisé que no faltaran televisiones, o la computadora o algo en la sala. No faltaba nada. 

Por último revisé todas las puertas y todas las ventanas. De una por una, que todas estuvieran cerradas. Empecé por la lavandería que tiene dos puertas con acceso al exterior. Luego revisé la ventana de la cocina y los balcones. Bajé a la segunda planta a ver que la puerta del jardín tuviera llave, y todas las ventanas. Todo estaba en orden. Me despreocupé por completo y me fui al cuarto de la computadora a chatear un rato antes de dormir. 

Me metí al ICQ (sí, al ICQ, esto sucedió hace mucho tiempo) y me puse a platicar. Le conté a un amigo que estaba conectado lo que me acaba de pasar; lo de la puerta sin seguro, lo de que no había nadie en la casa y que al parecer no había pasado nada. Pero que seguía con una pequeña duda, porque yo estaba seguro de haberle puesto llave a la puerta cuando me fui. Mi amigo empezó a jugar diciéndome que seguramente sí había alguien en la casa, pero que estaba escondido. Que cuando me fuera a dormir iba a salir y me iba a matar. Yo respondía con jajaja's y uno que otro "pendejo".  Pero la verdad es que me empecé a asustar. Ciertamente la casa de mis papás, que es donde vivía entonces, es muy grande, y hay muchos lugares para esconderse. Ciertamente no revisé cada una de las esquinas de la casa. Mi menté empezó a imaginarse cosas. Mi amigo continuaba  escribiéndome tonterías para alarmarme. "Cuidado con los ruidos que escuches", "ponle seguro a la puerta de tu cuarto", "¡cuidado! está atrás de ti". Respondí al último comentario con un jajaja más, pero después volví la cabeza hacia atrás solo para verificar que en realidad no hubiera nadie. 

Después de un rato me fui a la cama. Pero seguía un poco intranquilo. Cada ruido me alarmaba. Estuve muy atento a cualquier sonido que me resultara extraño.  Me dio miedo. Pero al final, me dormí. 

A la mañana siguiente me levanté apurado. Eran las 9:30 de la mañana, y yo tenía que abrirle la puerta a la muchacha a las 8 en punto que iba a llegar. Me puse rápido unos shorts y salí de mi cuarto casi corriendo, preocupado que la muchacha llevara una hora y media afuera esperándome. Pero cuando salí la vi ya, en el pasillo que lleva a la entrada, barriendo. Me sorprendió, porque no pensé que mi mamá le hubiera dado una llave para entrar, pero me alivié de que no estuviera afuera esperando o que se hubiera regresado a su casa pensando que no había nadie. Me di la vuelta para volver a mi cuarto y dormir un poco más, pero me ganó la curiosidad y le pregunté '¿cómo entraste a la casa?' A lo que ella muy despreocupada me respondió: ah, la puerta estaba abierta. 


El viajero



Cuando me gradué de la carrera, en el 2006, me fui de viaje 25 días a Sudamérica. Me fui con un amigo brasileño que conocí en Italia, se llama Rapha. Decidimos que íbamos a ir a Argentina, y luego a Chile (en Viña del Mar nos íbamos a ver con unos amigos chilenos) y luego yo me iba  a ir a Brasil con él de regreso; así mi viaje iba a ser un poco más largo que el de él.

Viajé el 25 de diciembre a Buenos Aires. Yo llegaba a la una de la tarde y Rapha llegaba hasta las diez de la noche. Tenía nueve horas para matar el tiempo. Entonces lo primero que hice fue buscar un hostal donde quedarnos porque no teníamos reservación en ningún lugar. Llegué a uno que me recomendaron en el aeropuerto y pedí dos lugares. Justamente había una litera libre en un cuarto donde solo había dos literas. La recepcionista me recomendó tomar ese cuarto ya que los otros eran dormitorios con decenas de literas; el cuarto era más privado, porque máximo íbamos a tener a dos viajeros más durmiendo con nosotros. Acepté y pagué el anticipo de Raphael para no perder el lugar.

Cuando llegué al cuarto había alguien ahí. Estaba alguien dormido en una de las literas. Como las otras tres camas estaban libres puse parte de mis cosas en las dos camas de la litera desocupada para que esa fuera para Rapha y para mí; la cuarta cama estaba libre. Me pareció raro que estuviera dormido el otro muchacho (ya había visto que era hombre), porque ya era tarde. No hice mucho caso y salí a comer porque tenía mucha hambre. Había pasado una hora o una hora y media cuando regresé para lavarme los dientes. El huésped seguía en su cama, dormido. Me pareció muy raro que alguien estando de viaje se despertara tan tarde, 'pero bueno', pensé, 'cada quién, tal vez salió y agarró buena fiesta un día antes y estaba crudeando o algo así'.  Luego bajé a buscar una computadora con internet para enviarle el email a Rapha diciendo en qué hostal estaba  y la dirección, para que no fuera a irse a otro y perder yo mi dinero del anticipo. Después de un rato de enviar emails avisando a mi familia que estaba bien, que había tenido un buen viaje y todo, me salí a la calle a conocer algo yo solo. Caminé hasta el obelisco, recorrí tiendas, y paseé un rato. Sólo quería ubicarme.

Eran como las seis de la tarde cuando volví a mi cuarto a tomar mi libro para leer algo, y vi que el huevón seguía dormido. No lo podía creer, llevaba todo el día así, acostado en una cama del hostal. ¿Qué clase de viaje era ese? Para dormir, pensé, te puedes quedar en tu casa. Ya estaba bajando el sol y este güey no se ha levantado en todo el día.

Me fui otra vez, a la sala a leer mi libro, y a ver si lograba conocer a alguien del hostal. En realidad solo estaba haciendo tiempo esperando a Rapha, no lo había visto desde que regresamos de Italia, en el 2004.

Ya era tarde cuando me dio hambre otra vez y decidí salir a cenar. Antes de eso fui a dejar mi libro al cuarto para no estarlo cargando. La persona inconsciente seguía ahí. Esta vez hasta me asusté, dije este güey está muerto, no es posible que no se haya levantado en todo el día. Me acerqué para checar que estuviera respirando; no me quería ver muy acosador, pero quería revisar que no hubiera problemas. El tipo estaba vivo, entonces lo dejé sin hacer ruido, como todo el día y me fui a cenar.

Cuando regresaba de cenar, por ahí de las 11 de la noche, justo llegaba Rapha al hostal. Lo saludé, platicamos, le pregunté si quería cenar, dijo que sí, dejamos sus cosas en la recepción y nos fuimos otra vez al restorán. Ya sentados platicamos mucho, era obvio, no nos habíamos visto en dos años. Le platiqué, como era de esperarse, del muertito que teníamos en el cuarto del hostal. El se rió pero no hizo mucho caso. Cuando regresamos, claro, todavía seguía dormido nuestro compañero de cuarto.

A la mañana siguiente me desperté, y aunque no lo crean, seguía el individuo dormido en su cama. No era muy tarde que digamos, eran como las 9 de la mañana, pero para alguien que durmió todo el día y toda la noche, era demasiado. Me metí a bañar y cuando terminé siguió Rapha. Fui al cuarto a tomar mi cepillo de dientes y la pasta para ir a lavarme la boca y ¡oh, sorpresa! el muertito no estaba. ¡Por fin! se había levantado. Fui, me lavé los dientes, y cuando regresé ¡estaba el muerto otra vez dormido en su cama! Me parecía imposible, yo creo que se levantó para ir al baño nada más. Yo solo pensaba ¡estás en Buenos Aires! Levántate y vete a conocer algún bar, aunque sea.

Salimos Rapha y yo a ver qué hacíamos en Buenos Aires. Nos fuimos a turistear. Desayunamos en el hostal, y luego salimos a dar la vuelta. En la tarde que regresamos el muerto ya estaba despierto y hasta cambiado. Por fin podía preguntarle si todo estaba bien. Me dijo que era inglés y que llevaba un mes de viaje por Sudamérica. Había empezado creo que en Uruguay, no recuerdo bien. Y luego había ido a otro lugar y luego ya había llegado a Buenos Aires. Le pregunté si había salido de fiesta la noche anterior a algún lugar. Me dijo que no, pero que lo más probable era que ese día tampoco saliera porque al día siguiente iba a ir a un concierto. Me quedé aun más sorprendido. Así que no había salido antes y como quiera se había dormido todo el día en el hostal. No me pude aguantar preguntarle por qué había dormido tanto. Él simplemente me respondió que llevaba mucho tiempo de viaje y estaba muy cansado. Yo solo pensé, por más cansado que esté yo no desperdicio un día entero durmiendo.

Después de eso ya no vi mucho al muerto. Salí con Rapha a un viaje a un rio, organizado por la gente del hostal. Conocimos a unas muchachas y pasamos los días conociendo bares y lugares turísticos de Buenos Aires. Luego, el 31 de diciembre nos fuimos a Chile a pasar el año nuevo con mis amigos. El muerto había quedado ya solo como una anécdota del viaje.

En Chile pasamos cinco días también. Pasamos el año nuevo muy festejados. Al otro día me levanté hasta las seis de la tarde. Pensé en el muerto del hostal, pero me justifiqué con la excusa de que no dormimos en toda la noche de año nuevo. Al otro día visitamos muchos lugares de Valparaiso y Viña del Mar. Dos días después estábamos en Santiago y al otro día volé a Brasil con Rapha.

En Brasil iba a estar dos semanas, era mi viaje más largo. Volé a São Paulo y de ahí nos fuimos Rapha y yo en autobús hasta Batatais, que es el pueblo donde viven los papás de Rapha. Estuvimos yendo a Ribeirão Preto y de regreso. Luego viajamos a São Paulo otra vez porque Rapha tenía que trabajar. Ahí estuve turisteando con la hermana de Rapha, y me llevó a muchos lugares de la ciudad. Al quinto día de haber llegado a Brasil me fui a Rio de Janeiro. El viaje lo hice solo y en autobus. En Rio estaba Virgilio, que fue mi roomy en Italia. Iba a pasar una semana con él antes de volver por dos noches a São Paulo y regresar a México. Ya llevaba poco más de dos semanas viajando, de Argentina a Chile a Brasil. De Buenos Aires a Santiago, a Viña del Mar y de regreso a Santiago, a São Paulo, a Batatais, a Ribeirão Preto, a São Paulo a Rio de Janeiro. Habían sido muchas horas de viaje en autobús. Me sentía cansado, pero emocionado de conocer Rio y de volver a ver a mi roomy después de dos años.

Llegué a la estación de autobuses y ya estaba Virgilio esperándome. Nos saludamos con mucho gusto, y me llevó a tomar el camión para llevarme a un hostal donde podía quedarme. Esta vez iba a estar solo porque, claro, Virgilio dormiría en su casa. Llegamos al hostal, me registré y dejé mis cosas. En el dormitorio donde me iba a quedar había cinco literas, pero solo una de las camas estaba ocupada. Escogí la que fuera y dejé mis cosas. Salí a conocer Rio. Virgilio me había advertido antes, me iba a llevar a conocer todos los bares que valía la pena conocer en Rio. Me dijo que en cada bar que fuéramos íbamos a tomar una caipirinha, porque se tenía que probar la caipirinha de cada lugar, pero primero íbamos a tomar una caipirinha en el mar. Me llevó a un lugar ambulante donde vendían comida y también, obviamente, bebidas. Pedí la caipirinha y nos la tomamos frente al mar. Luego nos fuimos a un bar-restorán muy rico. Otra caipirinha, tal vez dos, por qué no, estaba rica. Y de ahí a otro bar. Otra caipirinha. Y después a comer-cenar, hacía hambre, y claro si íbamos a un lugar donde servían caipirinhas, tenía que probar la de 'la casa'. Y yo bien obediente le hice caso a Virgilio.

Cuando regresé al hostal estaba ya ebrio. No totalmente pedo, pero si tenía ya mucho alcohol en la sangre. Estaba cansado, me entró el sueñito de después de comer. Llegué al hostal, me tiré en mi cama y quedé dormido súpito.  Eran las siete de la tarde.

Escuché ruidos y abrí los ojos. Estaba demasiado cansado y dormido para poner atención a lo que pasaba. Solo vi a gente entrando y paseando en el cuarto y luego reconocí al encargado del hostal que me volteaba a ver y pedía disculpas con un gesto, por el ruido que hacían. A mí en verdad no me molestaba, me quedé dormido otra vez. Me desperté tiempo después, estaba todo oscuro. Vi mi reloj, apenas eran las diez de la noche. Tomé agua y me quedé dormido otra vez. A la mañana siguiente me despertó el ruido de maletas moviéndose dentro del cuarto. Yo no hice caso y seguí durmiendo, qué cansado estaba. Seguía oyendo el ruido de cosas moviéndose pero no quería ni siquiera voltear. Me quedé dormido otra vez. Cuando por fin me pude levantar vi que el cuarto estaba lleno de maletas. Casi todas las camas estaban ocupadas, pero no había nadie. Bajé al comedor. No había nadie, ya habían dejado de servir el desayuno. Compré algo de comer justo afuera y regresé a mi litera. Me quedé acostado y me volví a dormir.

Cuando por fin pude recuperar mis fuerzas fue cuando me despertó una pareja que estaban en el dormitorio. Finalmente ya no estaba cansado, pero me dio mucha pena que me vieran acostado. Eran las dos de la tarde.

No pude evitar pensarlo. Me había convertido en el muertito inglés que conocí al inicio de mi viaje. Saludé a la pareja, eran suecos. La muchacha con el pelo a rape muy bonita y el muchacho alto, también pelón se portaron muy agradables. Platicamos un rato y no me resistí las ganas de pedirles que no pensaran mal de mí, desperdiciando mi viaje. Obviamente les conté del muerto de Buenos Aires, y les causó mucha gracia. Yo llevaba menos de veinte días de viaje, apenas. El inglés llevaba un mes. Entonces aprendí lo mucho que te puede cansar estar de nómada. Y aprendí que es necesario un día de descanso, cuando le quieres hacer al viajero.