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Dos mujeres ejemplares que hay que celebrar

Imagina no poder ver y no poder escuchar. Ahora imagina que desde la edad de un año y medio no pudieras ver ni escuchar. ¿Cómo hubieras aprendido a hablar? ¿Cómo te hubieras comunicado con los demás sin poder repetir las señas que otros utilizan para expresarse? Imagina que esto te hubiera pasado en el siglo XIX.

En 1880 nació una niña quien a la edad de 19 meses sufrió una enfermedad que la dejó sorda y ciega. Helen Keller es mundialmente famosa porque a pesar de no poder ver ni escuchar desde esa tempranísima edad, gracias a una maestra, Anne Sullivan, aprendió a comunicarse a través de señas. Y no solo eso, se graduó de la universidad, escribió libros, y se convirtió en una activista política. 

Evidentemente Helen Keller era un mujer muy inteligente y capaz, sin embargo fue gracias a Anne Sullivan que logró ser reconocida en todo el mundo. Fue Anne Sullivan quien con dedicación instruyó a una niña de 7 años que vivía haciendo lo que quería sin poder entender a nadie ni ser entendida. Fue ella quien le dedicó todo su tiempo y esfuerzo para mostrarle el mundo solo con el tacto. 

Cuando Anne conoció a Hellen, esta era una niña sin educación y con un muy mal genio. Nadie podía comunicarse con ella y, por lástima, la dejaban hacer lo que quería. Pero afortunadamente la madre de Helen decidió contratar a una instructora que la ayudara. Anne se comprometió a sacarla de la oscuridad y con una paciencia ejemplar, logró que esa niña que comía con las manos y se paseaba por cualquier lugar a su gusto, lograra comer con cubiertos, usar una servilleta y comportarse como una niña normal. 

La gran victoria de Anne fue mostrarle a Hellen que existía una palabra por cada objeto y cada verbo. Cuando por fin Hellen entendió que podía referirse a diferentes cosas llamándolas por su nombre, entendió que podía “ver” aún siendo ciega. Entender su entorno la convirtió en una persona totalmente diferente. Su humor mejoró radicalmente. Se propuso metas y las cumplió. Conocer el mundo en el que vivía le dio ventajas que la pusieron al nivel de cualquier otro niño, y con el tiempo aprendió muchas cosas más. 

Escribió catorce libros durante su vida, además de muchos artículos y ensayos. Expresó sus ideas ante una sociedad a la que ella consideraba más ciega que ella. Luchó por los derechos de los trabajadores y las personas discapacitadas. Llegó a hablar en público después de aprender cómo emitir sonidos partiendo del tacto de la garganta para imitar las vibraciones. Y todo esto, gracias a que su maestra tuvo la fortaleza de enseñarla a percibir el mundo. 


Estas dos mujeres, vanguardistas, son ejemplo de perseverancia, de entusiasmo por la vida, de pasión por lo que se hace. Son ejemplo, no solo para las personas con dificultades, sino para todos los que perseguimos metas que pueden parecer imposibles de alcanzar. Las dos mujeres son ejemplo de generosidad, virtud que no se ve comúnmente en estos tiempos. Y en el día internacional de la mujer, recordarlas es una buena manera de celebrar a las mujeres y su indudable capacidad para mejorar este mundo. 


"La seguridad es más que nada una superstición. La vida es una aventura atrevida o no es nada."


 - Helen Keller




La maratón de Boston de 1967

A raíz de lo sucedido en el maratón de Boston hace algunos días, me entero de otro suceso en ese mismo maratón pero en 1967. El suceso, a pesar de ser negativo inicialmente (aunque ni remotamente cercano a lo trágico de las bombas que explotaron el 15 de Abril), resultó ser muy positiva su consecuencia. 

En ese año de 1967 la carrera de maratón era exclusiva para hombres, como había sido desde 1896, en las primeras Olimpiadas modernas. No puedo entender por qué no dejarían a las mujeres correr carreras como esa, supongo que había muchos paradigmas e ideas equivocadas en la cultura mundial (al parecer se creía que hacer ejercicio afectaba  alas mujeres en su capacidad reproductiva y en su feminismo), pero el hecho era ese, estaba prohibido que las mujeres corrieran la maratón. Pero en esa carrera de Boston, una mujer, Kathrine Switzer de 20 años en ese entonces, se atrevió a inscribirse a la carrera y correrla. Utilizó sus iniciales, K. V. Switzer, para que no supieran que era mujer; nadie lo notó y obtuvo su numero. Ella quería demostrar que las mujeres podían correr maratones y que no había nada de malo en ello. El día de la carrera, portando su numero 261, fue a la linea de salida rodeada de puros hombre y nadie la detuvo ni la delató. Fue hasta la segunda milla cuando uno de los jueces se dio cuenta que había una mujer corriendo y se volcó sobre ella para sacarla. "Get the hell out of my race and give me those numbers!" (¡Sal de mi carrera y dame esos números!) le gritó el juez empujándola en un inicio y jalándola después. En ese momento los hombres que estaban corriendo con ella, incluidos su novio y su entrenador, la defendieron para impedir que la sacaran. El novio de Switzer, Tom Miller, un jugador de football americano empujó fuertemente al juez y lo mandó volando a un lado, y Kathrine Switzer terminó la carrera. 

Su tiempo fue de 4 horas y 20 minutos, pero lo que logró Kathrine ese día fue algo insuperable. Cinco años después, luego de un trabajo de persuasión importante, la Asociación Atlética de Boston permitió por primera vez que mujeres corrieran en la carrera de maratón. Diecisiete años después  en 1984, en las Olimpiadas de Los Ángeles, fue la primera vez que se incluyó esta competencia para mujeres en los juegos olímpicos.

En una entrevista que le hicieron a Katrhine Switzer en 2008 le pedían su opinión sobre el hecho de que, a pesar de lo sucedido en la carrera de Boston, se habían tardado casi 20 años en incluir la prueba de maratón para mujeres en las olimpiadas, ella mencionaba que había aprendido a sacar lo positivo de las situaciones negativas; así como lo sucedido en la carrera, el infortunado evento que le pudo haber sacado lo peor de ella y pudo haber salido indignada y enojada de la carrera, y sin embargo decidió terminar y demostrar que podía completar una maratón, de la misma manera veía la otra situación, en vez de enfocarse en la tardanza de aceptar a las mujeres en la carrera, resaltaba más bien el logro de que después de 17 años se hubiera cambiado la inflexible visión del comité olímpico que tardaba mucho en adoptar nuevas posturas. Esto es algo muy interesante, ya que resalta de la misma manera que si se hubiera enfocado en la frustración de no poder lograr que el comité olímpico incluyera a las mujeres, hubieran tardado muchísimo más en que esto sucediera. 

Creo que esta historia nos deja muchas enseñanzas: desde la valentía de Kathrine Switzer, a la solidaridad de aquellos hombres que participaban en la carrera y la defendieron, a la reflexión sobre la intolerancia absurda y la discriminación injustificada. Ahora, 46 años después, otro evento muchísimo peor, mancha esta carrera tan famosa; al parecer es otra reacción de intolerancia y fanatismo. Espero que no se quede solo en lo negativo y podamos aprender a ser más considerados con los demás, y rechazar lo que resulta de la ignorancia humana.