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Mi de vez en cuando. 10 Años


Hace 10 años empecé a escribir mi blog. Me di cuenta este mes. En 2009 leía algunos blogs de gente conocida, y decidí abrir uno personal donde pudiera compartir ideas que hasta ese entonces solo escribía en mi libreta y que eran solo mías. Aunque siguen siendo solo para mí, claro que me enorgullece compartir lo que escribo y recibir mensajes de personas que les gusta leerme. 

Lo que escribo son ideas que me parecen dignas de recordarse. Por eso me pareció interesante escribir lo que he aprendido en diez años y cómo he cambiado mi forma de escribir y de ver las cosas. 

Primero escribía para dar continuidad a "mi de vez en cuando" que es mi libreta donde escribía mis pensamientos. Mis primeros posts son ideas breves desarrolladas en algunos párrafos, justo como escribía en mi libreta. La dificultad que representa escribir con papel y lápiz me invitaba a escribir ideas concretas y no ensayos de muchos párrafos. Me entretuve durante un tiempo escribiendo así, ideas concisas y sin prisa por llenar una entrada; si caía una idea, la escribía, si no, me quedaba con mis propios pensamientos. 

Esto cambió cuando me entró la inquietud de escribir una novela. Ese proyecto consumía mi interés por la escritura y estancaba mis aspiraciones, no quería concentrarme en otra cosa, y junto con el trabajo, la lectura y mis otras actividades, no tenía tiempo para escribir nada más; pero tampoco avanzaba como quería. Entonces decidí escribir ensayos con los que pudiera practicar mi redacción y así no estar dependiendo del desarrollo de mi novela que no tenía muy claro si la iba a poder terminar. Así comencé a escribir sobre temas que surgían de las platicas del día a día: noticias que generaban polémica o que simplemente me parecía que merecían una explicación más amplia o diferentes puntos de vista desde dónde analizarse, reseñas de películas o libros, preguntas interesantes que me llegaban directamente o de rebote, situaciones personales, etc. Todo lo que ameritaba una reflexión se volvía interesante para mi blog. 

Siempre fui claro en que lo que quería lograr con este blog era simplemente desarrollar mis propias ideas del mundo. No intento otra cosa que dejar escrito lo que pienso. Si hay posts que parecen persuasivos no es porque quiera convencer a alguien más que a mí mismo. Es la manera que encontré de darme cuenta si lo que pienso es porque tengo razones para opinar así o porque estoy siendo influenciado por mis propios paradigmas, mi cultura o mi sociedad. Algunas veces he tenido que investigar temas que desconocía o que no tenía muy claros para poder formar una opinión o para constatar que las razones que exponía tenían fundamentos; más de una vez me llevé sorpresas al aprender que lo que yo creía estaba equivocado. Más de una vez dejé de escribir al darme cuenta que mi argumento no tenía sentido. 

Tampoco he podido escribir todo lo que quisiera. No son pocas las ideas que perdí en la almohada y que jamás logré incluir en mi blog. Y, frustrantemente, tengo más de 80 posts inconclusos que mantengo en una lista de "ideas para blog" en mi espacio de trabajo. Son ensayos truncos que no he logrado terminar o que perdieron relevancia entre el día que lo escribí y el día que debí publicarlos. Los mantengo ahí, porque siempre pienso que llegará el día en que madurarán lo suficiente para cambiar de espacio. Por lo menos algunos de ellos. Porque al final siguen siendo ideas que alguna vez me parecieron dignas de recordar. 

Al pasar el tiempo me propuse acanzar metas para no abandonar el blog. No es raro que me suceda que pierda el interés en algún proyecto por no darle seguimiento. Por eso, en su momento, me propuse escribir mínimo 2 veces al mes. No siempre he cumplido esta meta. Sobre todo si hablamos en sentido estricto. Desde que me lo propuse, en 2011, la mitad de los años he escrito 24 posts o más. Pero a veces no escribo ni siquiera un post al mes. En 2012 dejé de escribir durante 6 meses porque a mi mamá le detectaron cáncer de mama, y eso me mantuvo muy alejado de la redacción. Y el año pasado otra vez  escribí solo 17 posts, incluso menos que en 2012. No sé si al igual que en aquella ocasión, la tragedia familiar que vivimos el año pasado haya sido la razón de mi apatía para escribir. Pero hasta este post, tengo escritos 230 posts, en 10 años, lo que me da un promedio de 23 posts al año, o sea 1.91 posts por mes. No está tan mal, ¿cierto?

Aunque escribo sobre cualquier idea, los temas políticos abundan en mi blog, y sinceramente no estoy orgulloso de eso. A pesar de que he recibido comentarios positivos por mis ensayos sobre política, considero que los temas que más me gustan y que me parecen más interesantes son los que se enfocan en conocimiento, ya sea personal o científico. Me gusta enforcarme en temas positivos, o que invitan a cuestionarnos a nosotros mismos. Cuando hago introspecciones o análisis de temas históricos o culturales, siento que desarrollo mi mente mucho más que cuando hago criticas que a mi parecer son obvias y redundantes: un político no debe de robar, o mentir. ¿No debería de ser así desde un principio? Pero creo que esos temas políticos no solo son un análisis de la situación que vivimos, sino una manera de dejar control sobre lo que sucede. Los políticos desgraciadamente hacen carrera de vivir del dinero del pueblo, y es interesante evaluarlos a través de los años. Dejar registro de lo que dicen o hacen, ayuda mucho para exhibirlos en el futuro. Pero ciertamente es agobiante escribir tanto sobre López Obrador, particularmente (algo parecido a lo que sucede en Estados Unidos con Trump; es imposible no hablar de él).

Pero lo bueno es que no han faltado ideas sobre las cuales escribir. Libros, películas y sobre todo la vida, me dan mucho material para desarrollar mis pensamientos y escribirlos en este espacio, invitando siempre a la reflexión, a abrir la mente. Las pláticas se vuelven más interesantes cuando puedo compartir una idea a la que le dediqué tiempo para analizarla. Los conceptos se vuelven más claros, los recuerdos, más vívidos. Los sentimientos, más nítidos. 

Me queda mucho por escribir, y espero nunca dejar de hacerlo. Siento todavía una barrera que necesito romper para sentirme satisfecho con la calidad, cantidad y variedad de mis ensayos. Y no pierdo la esperanza en que algún día llegue a sorprenderme a mí mismo.



"La verdad sobre el caso Harry Quebert" - reseña

Empezando el 2014. Terminé hoy una novela que no pude soltar durante 16 días que me tardé en leerlo. La verdad sobre el caso de Harry Quebert, de Joel Dicker, me gustó mucho por varias razones. Lo disfruté bastante sobre todo porque el autor habla sobre la escritura literaria. El personaje principal es un escritor que, antes de cada capítulo, comparte las lecciones que le dio su mentor, otro escritor (Harry Quebert) sobre cómo se debe de escribir un libro. Esto para mí de entrada ya es atrayente por mi gusto por la escritura, pero aparte de eso, los personajes que se desenvuelven a través de la historia son muy interesantes: no hay personajes planos ni unilaterales, y algunos son muy complicados. Los giros que da la historia son muy creíbles, te enganchan de inmediato. Hasta el final te quedas pegado al libro.

La verdad sobre el caso Harry Quebert trata sobre un escritor, Marcus Goldman, que ha ganado fama internacional con su primer libro, y que se ve envuelto, en el 2008, en la investigación de un asesinato sucedido en 1975. El principal sospechoso es su profesor y mentor, Harry Quebert, quien en 1975 publicó un libro por el que se hizo famoso, basado en su relación, hasta el 2008 desconocida, con Nola, la chica asesinada meses después de conocer al escritor.

Marcus es un escritor de 30 años que dos años antes publicó su primer libro y fue un éxito inmediato. Después de eso, no logra escribir nada durante 2 años, que es cuando regresa a visitar a su profesor de la universidad para pedirle consejos y tratar de inspirarse, ya que la editorial con la que tiene contrato lo está presionando mucho. Días después de su reencuentro, el profesor llama a Marcus desde la cárcel, donde está detenido por ser acusado de matar a Nola Kellergar, cuyo cuerpo fue encontrado enterrado en su jardín. A partir de entonces el autor nos cuenta la historia a dos tiempos: lo que sucede en el 2008 con la investigación reabierta del caso, y lo que sucedió en 1975, cuando desapareció la chica sin dejar rastro. Poco a poco vamos enterándonos de las vidas de los habitantes de Aurora, New Hampshire, un pueblito muy tranquilo donde todo mundo se conoce y no hay muchas novedades, que es donde sucede todo el enredo. A medida que el relato avanza empezamos a sospechar de los personajes que nos vamos enterando que estuvieron involucrados en mayor o menor medida en la desaparición de Nola Kellergar. Recuerdos de cada uno de los personajes nos van desvelando un pasado sombrío de la familia Kellergar, de Harry Quebert y de los personajes con los que interactúan.

Las decisiones que toman los personajes no son del tipo blanco o negro, sino la escala de grises que hacen a los sucesos más interesantes y reales. En realidad no se sabe sino hasta veinte páginas antes de terminar la novela (de 660 paginas) lo que en realidad sucedió con la chica, y antes de eso los relatos que se cuentan son importantes para entender cómo y por qué sucedió. El misterio no llega a ser agotador, y el interés por el 'qué va a pasar' no se pierde. El autor no deja cabos sueltos.


Lo que más me llamó la atención personalmente es que en el último capitulo, Harry Quebert le dice a Marcus que son 31 consejos los que le dio acerca de cómo escribir un libro, y que el numero 31 también corresponde a una edad, una edad importante en la que uno se convierte en hombre... o no. Y como el mes pasado cumplí 31 años, me llama muchísimo la atención que haya leído este libro ahora.

Le di a este libro un 10 de 10. No es que sea mi libro favorito, pero sí uno de los que más me han gustado, por muchas razones. Lo recomiendo ampliamente. Hace algunos meses critiqué el libro 'La Sombra del Viento' y hubo quien no estuvo de acuerdo con mi critica. Ahora puedo decir que justamente en lo que falló 'La Sombra del Viento', acertó Joel Dicker en 'La verdad sobre el caso Harry Quebert'; me parece bueno comparar estos dos libros, son el ejemplo de lo que busco y lo que no busco en una novela.


El arte de escribir


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escribir

(Del lat. escribĕre).
1.     tr. Representar las palabras o las ideas con letras u otros signos trazados en papel u otra superficie. 



La escritura es una forma muy práctica de transmitir un mensaje, sobre todo porque no es necesario estar frente a la persona a la que va dirigido este. Pero es necesario escribir bien lo que se quiere decir para evitar malos entendidos, lo que en algunos casos puede ser peligroso. Los signos de puntuación son indispensables para dejar claro el texto escrito. Estos signos pueden dar significados muy diferentes a lo que queremos expresar. Una vez un grupo juvenil de una iglesia (templo) aquí en mi ciudad, escribió una carta para pedir permiso a una universidad de utilizar sus instalaciones, en la carta se presentaban a ellos mismos como "un grupo religioso, independiente de la Iglesia católica", y la universidad, con justa razón pensó que el grupo era de otra religión diferente a la católica, por lo que el grupo tuvo algunos problemas con un sacerdote de esa universidad. Los integrantes del grupo se indignaron diciendo que era un simple error. El problema es que no era un simple error, y es por eso que hay que tener mucho cuidado cuando se redacta un texto. Lo que ellos en verdad querían decir era "un grupo religioso, independiente, de la Iglesia católica", pero estaba mal escrito, y por lo tanto dieron información equivocada. ¡Hasta llegaron a catalogarlos como una secta! Pero yo estoy de acuerdo con la universidad, lo que ahí decía textualmente era que no formaban parte de la Iglesia católica; el error, por mínimo que sea, tenía consecuencias muy grandes. Como este ejemplo hay muchísimos, seguramente todos conocemos alguna anécdota parecida. Es por eso que hay gente que cobra por revisar textos, corregirlos, aclararlos y hasta editarlos.

Por otra parte, hay ciertas fallas en la actividad de escribir. Algunas oraciones que se escriben exactamente igual pueden tener significados diferentes con solo cambiar el tono de voz, para lo cual no existen indicaciones. Por eso es común que después de una oración encontremos palabras, a veces entre paréntesis o separadas por una coma, tales como 'sarcasmo' o 'jeje'. Esto suaviza el comentario que las precede, y determina que no se debe de tomar muy en serio. También por eso en los programas de mensajería instantánea (msn messenger, yahoo, icq, BBM, Hello!) existen dibujos de gestos que indican expresiones y el tono en que debe ser entendido el mensaje. Yo todavía suelo tener algunos problemas con los mensajes de messenger, porque se entienden muy diferente a como yo los quiero decir. 

Por lo tanto, cuando uno quiere dedicarse a escribir, ya sea por placer o por oficio, es muy importante tener en cuenta que quien lee el texto, muy probablemente no va a poder preguntar qué sentido se le está dando al escrito, y por eso es muy importante escribir claro y correctamente. 

Hace poco tuve un problema de este tipo, lo que finalmente motivo esta entrada. Yo escribí en un tablero de comentarios un sarcasmo, pero lo escribí mal. En el mensaje yo echaba de menos un comentario de otra persona, pero en realidad no era así. El problema fue que a quien mencioné, y otra persona más, no se enteraron que era sarcástico el comentario y las dos personas me lo hicieron saber. A mí me dio vergüenza hacer la aclaración porque eso requería hacer ver que no era un cumplido sino que más bien me estaba burlando del mencionado, y no quise verme, digámoslo con palabras burdas, mamón. Podrán pensar 'si no querías verte mamón, ¿por qué lo escribiste en un principio?' y la respuesta es que, en un principio no me importaba verme mamón, pero una vez que a quien mencionaba pensó que le estaba haciendo un cumplido, pensé que era demasiado aclararle que en realidad me estaba burlando de él. No sé, dije 'ya la regué, ni modo', para mí era demasiado continuar. 

Todo lo que podamos escribir, ya sean mensajes, comentarios, textos, etc., debe estar bien escrito; pero cuando se está debatiendo algún tema, es indispensable dejar claro lo que queremos comunicar. Por eso importa muchísimo las palabras que usamos, a quién nos dirigimos y lo que decimos; o sea el fondo y la forma. El fondo es el contenido del mensaje, lo que estamos diciendo, y la forma es cómo decimos eso y lo que utilizamos para referirnos a cada cosa. Si escribimos un mensaje correctamente nos sirve para dos cosas, primero para que nos entienda quien lo lee, y segundo para poder defendernos si es que quien lo lee lo interpreta de alguna manera distinta a la intencionada. Yo en lo personal intento siempre protegerme en los mensajes escritos. Y también trato de leer bien lo que escriben los demás, sobre todo si voy a contestar el mensaje. Esto es porque es muy común inferir información omitida en un texto (ya sea escrito u oral). Hace unos días se desató una discusión en un tablero de comentarios, y yo dejé una crítica escrita. En ese comentario que escribí no mencioné nombres, pero aun así me llegó un reclamo, haciendo referencia al mensaje sarcástico mal escrito que había publicado antes. En el mensaje de critica que dejé yo mencionaba a 'los creyentes' y como en ese tablero solo hay una persona que defiende la religión a morir, hubo alguien que supuso que me refería a esa persona, sin embargo yo escribí claramente 'los creyentes' para evitar señalamientos personales. Hubo otro que hasta me respondió con una 'traducción' de mi mensaje. En su comentario venía lo que yo escribí y abajo decía "traducción:…" y eso sí ya me pareció que estaba fuera de lugar. Uno mismo no puede afirmar que alguien quiso decir algo diferente a lo que está literalmente escrito en un texto. Lo más que uno puede hacer es preguntar qué quiso decir, o cuestionar si se refería a tal o cual cosa, pero nunca recriminar que en el mensaje está oculto otro mensaje, porque entonces la comunicación es deficiente y, la discusión, ridícula. 

Por lo tanto, desde un punto de vista personal, el arte de escribir también tiene que ver con saber leer, y tomar en cuenta que muchas cosas pueden afectar el mensaje final, incluso la percepción del lector. Por eso antes de publicar algún escrito hay que leerlo varias veces, tratando de detectar errores que se pudieran entender mal, y nos pudieran ocasionar algún problema. 

Opino que se deberían de inventar signos de puntuación para indicar el tono de voz con que deben de entenderse los mensajes escritos, (sarcasmo).

Saludos a Matalote.   ;-)