Disney y su falta de variedad

Con gran tristeza me entero que fueron canceladas las últimas dos series de Marvel que quedaban en Netflix. No está claro si fue Disney quién presionó a Netflix para quedarse con los personajes que pudieran ser parte de su universo cinematográfico y sumarse a la lista de superhéroes que ya les dejan muchos millones de dólares anualmente, pero lo que sí es un hecho es que tras anunciarse que Disney lanzará su propia plataforma de streaming, Netflix no tenía mucho interés en seguir produciendo material de personajes que no le pertenecen del todo. 

Realmente me parece una desgracia porque después de que Disney absorbiera a Fox y con ellos a los personajes que le pertenecían (X-Men y Los Cuatro Fantásticos) ya no quedaba ninguno fuera del gran universo que han creado, exceptuando los que tenia Netflix. Y justamente Fox y Netflix entregaban un producto diferente al que vemos en el universo cinematográfico de Marvel (MCU, por sus siglas en inglés). Disney se caracteriza por hacer películas para todo el público, pero se enfoca en los niños. A Fox y en particular a Netflix, les importa poco que los niños no puedan ver sus entregas; y presentaban historias para adultos. Historias oscuras con violencia y erotismo que no estamos acostumbrados a ver en el cine de Disney. 

Pero el dinero manda en esta industria y Disney quiere acaparar todo lo que esté a su alcance. Y gracias a esa avaricia perdimos dos lineas creativas que era de lo que más me gustaba ver (y no solo a mí, claramente). 

No quiero decir que no me gusten las películas del MCU. Con sus contadas excepciones, creo que las películas de superhéroes que produce Disney son mucho mejores de lo que necesitan ser y estoy muy contento y agradecido por el esfuerzo que han hecho durante 11 años para producir historias con la calidad y respeto que quienes somos fans de los cómics creemos que merecen. Pero si bien disfruto esas historias, también me gusta que haya variedad, y las series de Netflix también son producciones dignas de quitarse el sombrero. Daredevil, Jessica Jones y The Punisher cuentan historias de una manera que Disney jamás se va a atrever a hacer. Y aunque tal vez me guste lo que haga Disney con esos personajes, no creo que llene ese espacio que va a quedar vacío tras la cancelación de estas series en las que los superhéroes sufren, se equivocan, los personajes mueren sin que revivan, y los villanos logran ser personajes estelares. Nada de eso tiene Disney ahorita, y al parecer no quiere que nadie lo tenga. 

Me pregunto qué va a pasar con Deadpool. Qué va a pasar con los X - Men y Los Cuatro Fantásticos. Supongo que van a forzar una historia que los incluya en el universo que lleva 11 años desarrollándose. Y si lograran incluirlos sin que se viera como un parche en la línea que tiene tantos años en proceso, dudo que tengan algo muy diferente qué contar que lo que ya hemos visto en las 20 películas que han estrenado hasta hoy. 


Veremos qué nos muestran. Tal vez supere mis expectativas. Lo único con lo que lo lograrían sería respetando el estilo y el tipo de películas que le dieron el éxito a esas franquicias. Historias y personajes más oscuros, más humanos, villanos mejor escritos , villanos con quienes te puedas identificar. Aunque en realidad no sé cuánto tiempo le quede a las películas de superhéroes, que comienzan a cansar, pero ese es otro tema. 

Sacerdotes Pederastas

La pederastia en la Iglesia Católica es una realidad. Los casos de niños abusados desde los años  50’s salieron a la luz décadas después, y nuevos testimonios siguen apareciendo todos los años. 

Mucha gente intenta defender a la Iglesia alegando que se trata de una minoría, lo que en términos reales, es cierto. Pero que sea una minoría de sacerdotes que incurre en abusos a menores no quiere decir que son pocos los casos que suceden. Y lo que es peor, tratar de defender al sacerdocio alegando que hay más casos de pederastia fuera de la iglesia que dentro de ella, lo que es absolutamente lógico: si en el mundo hay solo 400,000 sacerdotes católicos, y solo en México hay 90 millones de personas mayores de 18 años, si se toma el porcentaje promedio de pedófilos en una población general (entre 1% y 4%, según algunos estudios) por estadística hay más pedófilos mexicanos que sacerdotes en el mundo. Sin embargo esto no es razón para sentir alivio por lo que sucede en la Iglesia. 

En primer lugar, los sacerdotes son personajes con autoridad sobre la gente que confía en ellos. Al igual que maestros, entrenadores y familiares de las víctimas, estos utilizan su influencia sobre los menores para abusar de ellos. Obviamente todos los casos de pederastia son repugnantes, escandalosos y reprobables, pero se entiende que viniendo de sacerdotes católicos, sea más grave la falta. Ellos representan a Dios en el mundo. Ellos toman el papel de guías para los menores y sus padres. Ellos son quienes deberían de defender y cuidar a estos niños de los males del mundo. Esa es la razón por la que su falta es peor, y querer defenderlos es un insulto a las víctimas.

Más de una vez he escuchado que el porcentaje de sacerdotes pederastas es menor al 1%. Hace poco creo haber descubierto de dónde salió esa información. En un articulo publicado en catholic.net, la entonces directora de este portal, Lucrecia Rego de Planas, absurdamente intenta minimizar el escándalo que refiere que sacerdotes católicos sean capaces de pervertir a menores de edad y abusar de ellos (incluido un niño de 4 años). Toma como referencia una entrevista que le hicieron al fiscal del Vaticano en 2010 donde afirma que ha recibido 3,000 casos referentes a delitos de pederastia en los últimos 50 años, cometiendo el error de asumir que estos tres mil casos son los únicos que han sucedido en los últimos 50 años. En vez de salirse de su burbuja católica, toma como única referencia a la institución acusada de tener miembros criminales. Luego intenta otra vez minimizar la gravedad de los delitos diciendo que en el 60% de los casos se trató de abuso de adolescentes “mayorcitos" (y no de niños) que “ya son plenamente conscientes y están de acuerdo con lo que está sucediendo”. Leer esto me hace sentir una rabia por la falta de respeto y falta de empatía con personas cuyas vidas fueron totalmente destruidas por sacerdotes que no deberían de tener derecho de caminar libremente por la calle. No creo que sepa esta señora que un adolescente es muy manipulable, y que es por eso que la ley prohibe a adultos tener relaciones sexuales con menores de 18 años. Es increíble el fanatismo que puede tener una persona al punto de culpar a las víctimas por los delitos de sus agresores. 

Continua el articulo con más mentiras, ya que afirma que un 30% de los casos no fue de abusos homosexuales sino heterosexuales mayores de 18 años. De nuevo asume que las víctimas que acusaron a los sacerdotes eran mayores de edad, lo que no queda para nada claro en la entrevista que dio el fiscal. En ella el solo dice que el 30% fueron casos heterosexuales, no que no hayan sido menores de edad; ¿de dónde saca Lucrecia esta información? no queda claro. Después se atreve a decir que quitando el 90% de los casos (60%+30%) “solo quedan 300 casos de sacerdotes acusados de pederastia”. ¡¿Solo 300?! ¡Vaya! Habría que darles un premio a los sacerdotes por respetar a los niños, al parecer. 

Es indignante este tipo de comentarios, y me sorprende (aunque pensándolo bien, no) que la Iglesia siga aceptando a este tipo de personas como parte de su organización.

Concluye la autora que es menos del 0.1% de sacerdotes pederastas en 50 años. Y que en 180 de los casos ni siquiera se investigó a fondo porque los sacerdotes su avanzada edad, por lo que solo se les pidió que se retiraran de la vida sacerdotal. Me imagino a las víctimas sobrevivientes de estos depravados sexuales festejando en sus casas porque el sacerdote que les tiró la vida a la basura ya no va a poder oficiar misa. Es ridículo. Lo que merecían era que los metieran a la cárcel. Solo con sentir el miedo de ser violados ahí se hubiera resarcido un poco el daño. 

Para la mala fortuna de Lucrecia, en 2014 el papa Francisco aceptó que 1 de cada 50 sacerdotes ha incurrido en la pederastia. ¡¿Cómo?! ¿Al menos 2% de los sacerdotes y no menos de 0.1%?  Me pregunto qué dirá Lucrecia al conocer este dato. Porque algo que no menciona ella ni nadie que defiende a la Iglesia, es que los sacerdotes pederastas no son los únicos culpables de estos crímenes. La mayoría (si no es que todos) estuvieron protegidos por la misma Iglesia. Sus superiores sabían de los delitos que cometían y no hicieron nada para detenerlos. Cambiarlos de parroquia, su solución favorita,  no es proteger a la población, solo mover al criminal a un nuevo territorio donde nadie lo conocía y por lo tanto la gente era más vulnerable. Todo eso se debe de tomar en cuenta cuando se cuentan a los sacerdotes abusivos. No son solo los que realizan el acto sin quienes lo esconden. 

¿Por qué les importa tanto proteger la reputación de la Iglesia? ¿Por qué no se interesan más por el bienestar de los niños que por la investidura que representan? Dudo que sea por alcanzar la vida eterna, ya que de ser así harían exactamente lo contrario. Yo creo que buscan mantener su influencia y el poder que esta les otorga. Vamos, el hecho de que el numero de sacerdotes pedófilos esté de acuerdo al porcentaje de la población general, no normaliza el hecho, lo único que demuestra es que los sacerdotes católicos no tienen ninguna ayuda divina o especial que quienes llevan una vida alejada de Dios. Por lo tanto necesitan fingir que sí la tienen, de otra manera por qué alguien se acercaría a cualquiera de ellos. 


Hablar de porcentajes y estadísticas nos puede hacer perder el enfoque. El hecho de que niños, ¡niños! fueran abusados por sacerdotes que deberían estar enseñándoles lo que está bien y lo que no, deja mucho que pensar sobre Dios. Un informe de la BBC de 2004 afirma que fueron 4000 sacerdotes quienes abusaron de niños y adolescentes, ¡solo en Estados Unidos! Pero las víctimas no son 1 cada 1, no, cada sacerdote abusaba  de más de un menor, algunos de decenas de jóvenes. Y esos son solo los casos que se denuncian. Faltan muchos más, ya sea porque el agresor murió o porque la víctima murió o porque la Iglesia amedrentó al joven o porque compró su silencio. Tratemos de visualizar el numero de vidas destruidas gracias a que la Iglesia prefirió no manchar su nombre. Y ahora sí podemos preguntarnos si la prensa exagera, cuando habla de los sacerdotes pederastas. 



La Cartilla Moral


Esta es mi opinión sobre la decisión de López Obrador de imprimir y distribuir la cartilla moral. He leído muchas criticas en internet acusando de adoctrinamiento al gobierno. En primer lugar, creo que antes de criticar la decisión deberíamos de leer el documento. No nos llevará mucho tiempo hacerlo y es importante conocer lo que se está promoviendo para entender si lo que nos molesta (en caso de ser así) es el hecho de que se reparta una cartilla que promueva los valores, o en sí los valores que esta cartilla promueve. Lo que intento discernir es si esto se llevó a cabo con una intención paternalista y propagandista del gobierno, o es un esfuerzo por exaltar valores morales que indudablemente hacen mucha falta en nuestro país desde hace décadas. Después de haber leído en su totalidad el documento difundido por el gobierno, que difiere en algunas cosas con el original de Alfonso Reyes de 1944, puedo decir que, a pesar de admitir que el texto tiene valor, me inclino más a pensar en la primera situación. El gobierno busca más hacer propaganda del presidente y su administración que de difundir los valores morales, y a continuación explico por qué pienso esto. 

La cartilla empieza con una presentación escrita por Andrés Manuel en la que, para mi gusto, desafortunadamente utiliza la frase "no solo de pan vive el hombre", frase bíblica, adjudicada a Jesús en el evangelio de Mateo y Lucas, y tomada del libro de Deuteronomio. Digo 'desafortunadamente' porque utilizar una frase a todas luces religiosa en un documento que intenta promover la moralidad desde el Estado en un país con gobierno laico, genera mucha suspicacia sobre el interés real de la difusión de este documento. Se presta el presidente a la critica de sus detractores que lo acusarán de creerse un mesías. Los que no vamos de acuerdo con él, sin llegar a despreciar todo lo que haga solo por dar la contra, nos llega a molestar esta frase que alude a la fe en un texto que habla de moral, cosa que ni es necesario ni aporta nada. Desgraciadamente la población de México, mayoritariamente cristiana  y con bajo nivel educativo, es muy manipulable, y una de las maneras más eficientes de hacerlo es la utilizando la religión. Esa frase lo que me dice es que AMLO pretende establecer un vinculo con la gente y quiere compararse con lo que ellos identifican como algo bueno, la religión. 

Continuando con la presentación, dice también que lo que pretende la difusión de la cartilla es iniciar una reflexión nacional sobre los principios y valores que pueden contribuir a una conveniencia armónica. ¿Quién en su sano juicio puede estar en contra de esto? ¿Habla acaso el presidente de un acuerdo para cumplir lo que dice la cartilla? Nada cercano a eso. Solo invita a la reflexión. No me parece en absoluto una imposición, como muchos han querido aludir. Y lo que dice la cartilla en su totalidad vale la pena analizarse. No es un documento indispensable, pero al igual que muchos otros, promueve la buena conducta y la sana convivencia. Quien critique el texto debería de igual forma criticar la Biblia, la cual contiene muchísimo más contenido condenable y es respetada como guía moral por millones de personas. Estoy seguro que la cartilla moral puede ayudar a mucha gente a considerar sus acciones y tratar de mejorar. 

Imagen eliminada de la
versión digital de la
Cartilla Moral
Pero hay algo que sí me llamó la atención desde el principio. En la cuarta página aparecía (ya fue eliminada de la versión digital) una fotografía de AMLO. En mi post anterior critiqué la enorme irresponsabilidad del gobierno de tratar de personalizar la propaganda utilizando el nombre del presidente. También expliqué por qué esto es algo que no se debe de permitir y que incluso está prohibido por la Constitución. En este documento vuelven a utilizar la personalidad del presidente mostrando su imagen y convierten el documento en una cartilla de propaganda gubernamental. Lo que debe de ser una sugerencia para tratar de ser mejores ciudadanos, se vuelve una herramienta del gobierno para promocionar a Andrés Manuel. Esto sí es algo reprobable. Como dije, en la versión digital que se encuentra en internet, la fotografía del presiente fue retirada, pero dudo que hayan vuelto a imprimir los ejemplares para quitarles esa página y dudo más que no se hayan entregado cartillas con la foto de AMLO. Con esto evidencian el verdadero propósito de la distribución de la cartilla moral, y esa es la razón por la que, a mi parecer, debería ser reprochada. 

Lic. Alfonso Reyes Ochoa
Por otro lado, habiendo aclarado esto, y después de leer lo que dice Alfonso Reyes en su ensayo, el presidente parece estar más interesado en promover la ética imprimiendo cartillas que con su ejemplo diario. A pesar de que expresó su admiración por el autor, Andrés Manuel no parece haber leído la cartilla que distribuye, y de haberlo hecho, no parece darle mucha importancia a lo que dice. Mucho bien le haría a AMLO seguir al pie de la letra lo que dice la cartilla sobre el respeto a los demás, sobre controlar los impulsos, la superación de la sociedad, el respeto a las obras de los demás, afrontar la derrota, entre otros conceptos que dejan mucho que desear de nuestro actual presidente. 

Por supuesto que predicar con el ejemplo es mucho más difícil que hacerlo de palabra. Claro ejemplo son los sacerdotes o cualquier político mexicano que se haga llamar católico (te estoy hablando PAN). Incluso los MORENOS que a pesar de tener ahora la obligación moral de leer y seguir lo que dice la cartilla, no dejan de insultar en las redes sociales e incluso de amenazar a algunas personas. Tal vez sea por esto que los críticos de AMLO tienen herramientas para atacar su Cartilla Moral. Pero si somos objetivos, nada tiene de malo contar con un documento más que nos haga reflexionar. Tan válido como la Biblia, los textos de Platón o Aristóteles, o cualquier libro de ética. Creemos que nadie nos debe de imponer una forma de pensar, y es cierto, pero rechazar un texto antes de conocerlo es justamente una  razón para preocuparnos por la falta de valores en la sociedad. 



Aqui pueden encontrar la Cartilla Moral. 
https://www.gob.mx/cms/uploads/attachment/file/427152/CartillaMoral_.pdf



Instituciones, no personalidades


En 1911 Porfirio Díaz renunció a su cargo como presidente de México después de casi tres décadas de gobernar este país. Cuando fue derrocado de la silla presidencial la paz que se había mantenido durante tantos años se esfumó de repente. En mayo de ese año el presidente partió hacia el exilio en Europa y en octubre Francisco I. Madero gana la presidencia. Pero lo asesinaron 16 meses después. Tuvieron que pasar años para que otro presidente pudiera terminar su mandato; décadas para que la violencia cesara y hubiera orden. 

La razón por la que sucedió esto fue porque la estabilidad del país dependía de un solo hombre. Lo que Porfirio Díaz logró no se soportaba en la sociedad ni en las leyes, era él quien soportaba al país. Si se enfermaba el presidente, temblaba la economía porque los inversionistas confiaban únicamente en la palabra del presidente, en nadie más. Ese fue su gran error y por lo que la historia lo condenó. Cuando su lugar quedó vacante, las disputas por el poder acabaron con el progreso que se había logrado hasta entonces. La falta de madurez de la política mexicana, acostumbrada a obedecer al líder, se quedó acéfala. Al no tener una mano dura que castigara al que se portaba mal, salió a la superficie la “novatez” de los ciudadanos y se mataron entre todos. México vivió años de anarquía que después llamarían “revolución” para evitar llamarle fratricidio y para tener un culpable a quien señalar. En realidad Porfirio Díaz fue derrocado en unos cuantos meses, la guerra que se desató después nada tuvo que ver con ninguna revolución. 

En contra parte, los Estados Unidos entendieron desde su autocreación que no podían confiar en personas individuales para desarrollarse como nación, sino que necesitaban instituciones independientes para que no hubiera una sola cabeza que pudiera derrumbar todo. Si uno de los poderes fallaba, los otros podían intervenir y garantizar estabilidad. Ese es el gran éxito de los Estados Unidos, entender que entre más plural sea la decisión que se tome hay menos posibilidades de que se llegue a una mala decisión. 

En México nunca sucedió eso. Desde que llegaron los españoles a conquistar los pueblos originarios de la región, cada uno jalaba para su propio lado. Parece que mucha gente no sabe o no recuerda que fue gracias a la ayuda de los tlaxcaltecas que Hernán Cortés pudo conquistar Tenochtitlán. Tampoco se menciona con la frecuencia necesaria que Miguel Hidalgo fue fusilado menos de un año después de su levantamiento, y que la guerra de independencia duró 10 años sin progreso, y que no fue hasta que se unieron dos ejércitos enemigos que se logró independizar y crear al nuevo país. Aunque inmediatamente comenzaron a pelear para imponer una manera de hacer las cosas y tuvieron que pasar décadas de guerras, inestabilidad, invasiones extranjeras, pérdida del territorio y decenas de presidentes hasta que se logró la paz (con Porfirio Díaz).

Culto a la personalidad de Stalin en la Unión Soviética
Nuestra historia nos demuestra que existen personajes que pueden lograr cambios importantes, pero que al final ningún individuo es más fuerte que las organizaciones. Y que las instituciones garantizan que los gobernantes no sean indispensables. Si alguien muere, o delinque, o simplemente renuncia, será suplantado por alguien más. Las personas son corruptibles. Si una sola persona tiene todo el poder, y esta falla, no hay más que hacer. Las instituciones también son corruptibles, pero sus integrantes pueden ser separados del cargo, pueden ser juzgados, pueden reemplazarse. Confiar en que una sola persona lleve a cabo un cambio es muy peligroso. No digo que no se deba de admirar a las personalidades, de hecho me parece importante exaltar los triunfos de líderes connacionales. Pero eso es muy diferente a tener un culto a la personalidad, a idealizar a una persona y crear mitos en un servidor que debe de dar cuentas claras por su desempeño. 

Se debe más bien apostar por las instituciones; robustecerlas, mejorarlas, vigilarlas y cuidarlas. Sin estas, la estabilidad de un país es tan frágil como la salud de un anciano.

Esta imagen fue compartida en Twitter por la Secretaria de 
Relaciones Exteriores. Viola la constitución ya que en el 
articulo 134 se prohíbe la propaganda personalizada a favor 
de cualquier servidor público.


Divide y ¿vencerás?

Dicen que cada quien cosecha lo que siembra, y es por eso que debemos estar conscientes de cómo nuestras acciones puedan repercutirnos en el futuro. No mientas, porque las mentiras te persiguen, tarde o temprano vienes pagando la confianza que generas o desechas. Claro ejemplo de esto es nuestro actual presidente Andrés Manuel López Obrador, quien durante los últimos 18 años se ha dedicado a desprestigiar a sus oponentes y a generar discordia entre quienes lo apoyan a él y quienes lo critican. Siendo jefe de gobierno de la Ciudad de México no perdía oportunidad en criticar a Vicente Fox, entonces presidente de la República. Cada tropiezo (y vaya que Fox tuvo incontables errores) eran un deleite para AMLO que lo exhibía diariamente en sus conferencias matutinas achacándole todo lo malo del país al presidente. Y así, durante la campaña electoral del 2006, a diestra y siniestra en los sexenios de Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto acusó de vendida a la prensa, a Calderón de robar la elección (cosa que nunca probó ni denunció oficialmente), descalificó a las instituciones, llamó culpable de la desaparición de 43 estudiantes normalistas a Peña Nieto y fundó su propio partido por estar en desacuerdo con el partido que lo postuló dos veces a la presidencia, a quienes llamó corruptos. Incluso en 2006 vimos cómo una chica que fue observadora de casilla por parte del PRD (partido del que era candidato AMLO) fue acusada por el mismo López Obrador de haberse vendido por haber afirmado que en su casilla no habían hecho fraude. La chica, indignada, respondió que ella ni siquiera conocía a López Obrador y había participado como observadora para dar certeza a la elección, que la acusación era falsa y que exigía una disculpa de parte del candidato. Esta disculpa, como era de esperarse, nunca llegó, así como tampoco llegó la prueba de que la chica hubiera sido beneficiada por su declaración. 

Y el problema de desprestigiar a quien no esté de tu lado, de atacar a tus contrincantes polarizando a la población, y culpar a todos de tus propias fallas, es que cuando suceden accidentes que nada tiene que ver contigo, eres el principal sospechoso. Si has evidenciado tu obsesión por quitar el poder a gobernadores contrarios a tu movimiento, ¿qué puedes esperar que hagan tus enemigos cuando uno de estos muere en un accidente? Cuando promueves que la gente no crea en la versión oficial del gobierno, eres responsable de que no te crean cuando siendo gobierno ocurran eventualidades sospechosas.

No me gustan las teorías de conspiración, de hecho me molestan mucho. Una de las razones por las que me volví ateo fue porque no me gusta creer en cosas que no tienen fundamento. Creer en las conspiraciones me parece desgastante. Cuando he sido suspicaz con las explicaciones recibidas es por la falta de información, por la omisión de datos o por la poco clara evidencia mostrada. Mas no pretendo nunca saber una verdad que los demás no conocen y nunca presumo tener pruebas que los demás no tienen, que demostrarían que lo que nos dicen es mentira. Simplemente expongo mis dudas, preguntas y aclaraciones omitidas en explicaciones que nos dan. Y entre más evidentemente omitan información más crece mi suspicacia.

En el caso del accidente en el que murieron el senador Rafael Moreno Valle y su esposa, la gobernadora de Puebla Martha Érika Alonso, sobra decir que no creo ni tengo razón para creer que haya sido un asesinato orquestado por el gobierno (ni por nadie). Lo que creo es que fue un accidente como han sucedido otros en el pasado. No tengo ningún argumento para pensar que hubo un complot para eliminarlos ni por parte del gobierno ni por parte de alguien cercano a ellos que se pudiera beneficiar con su muerte. Y no creo que, de no tratarse de un accidente, haya sido AMLO quien ordenó el atentado. Así como tampoco creo que Peña Nieto haya ordenado la matanza de Ayotzinapa, ni que Felipe Calderón tuviera algo que ver con los dos accidentes aéreos donde perdieron la vida dos de sus secretarios de gobernación en funciones.

Hay muchas dudas que quedan en este tipo de accidentes y que la gente siempre va a aprovechar para señalar falsas culpas hacia personas que al final no pueden comprobar y por lo tanto quedan siempre en posibles causas. Por eso mismo insisto en el peligro de acusar sin probar confiando en la mala reputación de una persona. Se pueden suponer muchas malas acciones de los políticos, lo que no significa que sea cierto. No importa que AMLO sea capaz de asesinar a alguien, eso no es prueba de que lo hizo. No importa que Felipe Calderón fuera capaz de organizar un fraude electoral, eso no significa que lo hizo. No importa la reputación de los políticos, es muy peligroso acusarlos sin tener ni siquiera una prueba confiable. Y no quiero decir que si no hay una investigación formal y un juicio no se pueda determinar si algo es cierto o no, simplemente se trata de tener un criterio más educado antes de creer en cualquier cosa; sobre todo si sabemos que tenemos prejuicios de las personas.

También tengo que decir que me molestan mucho las declaraciones de todos los twiteros a favor y en contra de la teoría de conspiración, y en especial las personas que están en contra de AMLO que lo acusan de asesino sin ninguna prueba. Pero también me queda claro que AMLO se benefició muchísimo de promover la desconfianza en el gobierno, y ahora mucha gente se lo está cobrando. Y el hecho de que haya peleado tan firmemente en contra de la elección en Puebla donde su candidato quedó en un cercano segundo lugar, y la acusación de fraude, no ayudan en nada a quien quiera defender su inocencia.

Las acusaciones sin pruebas y el ataque agresivo a las personas únicamente profundizan la polarización de la sociedad. Las personas reaccionan a sus sentimientos (o intereses) y no a las evidencias. Si está en contra de AMLO, no pierde tiempo en lanzar acusaciones, si es partidario del presidente, piden pruebas inobjetables y etiquetan de ridículos los señalamientos. Otros cuántos de estos últimos no pierden tiempo en señalar que, aunque no le desean la muerte a nadie, el senador y la gobernadora lo tenían bien merecido, o que fue el karma quien les cobró factura, o que simplemente no dejan de ser unos criminales corruptos. Y todo esto solo evidencia el bajo nivel del debate que estamos entablando.

Fue este año que volví a utilizar twitter activamente. A pesar de que ya sabía de los usuarios falsos, las personas que apoyan a quien sea por dinero o hueso, y de los fanáticos obsesionados que no escuchan razones lógicas, como quiera me sorprendí por la manera en que la gente se expresa por este medio. Como no conocía a muchos tuiteros, fui escogiendo las opiniones que me parecían más atinadas e imparciales; opiniones críticas y educadas. Evité seguir a personajes con opiniones unilaterales (fuera de políticos e informadores que sigo por estar enterado de lo que dicen) o que solo comparten información sin verificar si es real o no. Es muy frustrante darse cuenta que personas que parecían objetivas y serias sean exactamente iguales que las personas a las que critican. No hay diferencia entre la ceguera de los fans de AMLO y la ceguera de sus detractores. Parece que repiten mantras, adoctrinados por sus propios prejuicios, y buscan quién esté de acuerdo con ellos para sentir que tienen la razón. 

Repito, la razón por la que dejé de creer en dios y la religión es justamente que le temen a la confrontación de ideas: es pecado dudar, cuestionar, sospechar. La religión es lenta para identificar sus errores y aun más lenta para redimirlos. Mi decisión fue la de tratar de ser objetivo al buscar la verdad; cuestionar todo lo que me digan; aceptar que se puede estar equivocado y que más vale reconocer el error que tratar de defenderlo. Tener tendencias, ideologías y prejuicios no nos impide ser objetivos cuando recibimos información nueva. No importa cuánto queramos creer en AMLO, si lo que dice contradice a todas luces lo que hace ¿por qué defenderlo? Si no nos gustan las ideas de AMLO y creemos que lo que plantea está equivocado ¿qué nos impide aceptar sus aciertos? No tenemos que estar de acuerdo con él para aceptar que ha tomado buenas acciones que el anterior presidente no se atrevió ni a plantear como posibilidad. No tenemos que ser opositores para reclamar las tonterías que ha dicho y hecho. No tenemos que exagerar los aciertos ni los fracasos. Eso dejémoselo a los políticos, los únicos payasos que sí ganan dinero por apoyar o criticar a uno u otro gobernante. A nosotros eso no nos conviene, y cuando los políticos se dan cuenta que las personas no los apoyan incondicionalmente mejoran su desempeño. Mientras, solo utilizan para su beneficio a esos que incondicionalmente les dan su voto de confianza, y todos perdemos.





El problema no es la decisión sobre el aeropuerto

Una pregunta sesgada es una pregunta formulada de tal manera que favorece a una respuesta particular sobre otra. Desconfiamos de inmediato cuando identificamos una pregunta sesgada porque nos damos cuenta que nos quieren engañar. No importa si es importante o no el tema del que se nos pregunta, simplemente sospechamos que hay algo más allá de la respuesta que demos. Ya sea que se quiera favorecer una respuesta o que se pueda tergiversar lo que se conteste. 

La consulta famosa que AMLO mandó hacer es una de esas preguntas de las que vale la pena desconfiar. Todos estamos de acuerdo, incluso quienes la defienden, que la consulta tiene nula validez por diferentes razones, y sin embargo se va a tomar en cuenta para decidir un tema muy importante para el país. Quienes están a favor de la consulta (morenistas y votantes de AMLO) claman que por fin le están preguntando al pueblo lo que piensa y lo que quiere. Los que lo criticamos es porque no creemos que el pueblo, con menos de 25% de la población adulta con estudios superiores, pueda decidir sobre un tema tan complejo como la factibilidad de construcción de un aeropuerto. 

Pero también criticamos la falta de compromiso de un presidente electo. No lo elegimos para que nos preguntara qué pensamos de temas de economía, infraestructura, seguridad, inversión, etc.  y sobre eso basar sus decisiones. Se supone que su plan para el país ya lo explicó en su campaña y si ganó es porque la mayoría de la gente confió en él. Dicen que solo hace la consulta para el aeropuerto porque es un problema heredado de la administración que termina en diciembre de este año, sin embargo ha dicho en más de una ocasión que él piensa gobernar consultando al pueblo, por lo que no deja duda que no es solo para temas que decidió la administración saliente.

La población no puede educarse en todos los temas que interesan al país, es por eso que elegimos representantes para que las decisiones sean tomadas ágilmente. El trabajo de los políticos es justamente ese. No veo por qué tendrían que preguntarnos algo para lo que no estamos preparados y luego, seguramente, justificar cualquier falla diciendo que el pueblo fue quién decidió. Lo políticos deben asumir responsabilidad de sus acciones. El PRI decidió ser igual de corrupto de lo que ha sido siempre y pagó las consecuencias quedando en un humillante tercer lugar; pero no por eso vamos a poner a votación si se tira a la basura la totalidad del dinero invertido en el aeropuerto, eso lo debe de decidir el presidente entrante asesorando con expertos y evaluando si vale la pena continuar o no. 

Pero lo que más preocupa de esta consulta no es su legalidad ni lo que se decida con ella, sino que siente un precedente  que se pueden tomar decisiones de esta manera, lo que, dejemos claro, ¡no es correcto! Una consulta popular no puede ser la manera en que se resuelvan temas importantes en un país que no sobresale por su educación. Una medida necesaria que afecte a corto plazo a la mayoría de la población jamás ganará en una consulta democrática, sin embargo los políticos, como expertos en la materia, deben ser responsables y tomar medidas impopulares por el bien de la nación; ese es su trabajo, hacer lo mejor para todos. ¿Qué sería de los homosexuales si sus derechos se pusieran a consulta democrática? ¿Cuánto dinero tendría el gobierno si se pusiera a consideración del pueblo el pago de impuestos? (Pista: hay una razón por la que se les llama “impuestos”.)

Esta consulta lo que está presentando es una manera incorrecta de hacer las cosas. La cantidad de personas que pueden participar es menos de 1.5 millones, simplemente porque no hay más boletas. Esto representa menos de 2% de los votantes registrados en el padrón electoral. La gente que avala esta consulta, piensa que menos de 2% de la población puede decirdir sobre un tema tan importante como el destino de miles de millones de pesos. 

Para mí lo preocupante es que AMLO esté haciendo creer que la muestra es representativa y que vale la pena saber lo que piensa ese 1.6% de la población. Y con ese mismo argumento pueda llegar a consultar lo que quiera, incluso (cómo no) la reelección de su mandato. 

Ya escribí sobre cómo AMLO ha usado los mismos discursos que Hugo Chávez, diciendo que no se reelegirá y que inclusive someterá a consulta la revocación de su mandato cada dos años (bueno, primero aseguró que sería cada dos años, y ahora, cada tres). Ya sabemos que Hugo Chávez se reeligió hasta su muerte y encarceló a opositores políticos ¿que detendrá a AMLO de someter su reelección a una consulta con la votación del 2% de la población?

Algunas personas evidenciaron lo que ya todos sabíamos: que la consulta carecía de la mínima confiabilidad: las boletas no tienen candados, las urnas se resguardan en casa de alguno de los organizadores, y estos, todos, atienden a las necesidades del único partido político que organizó la consulta. Afuera de las casillas hay gente aleccionando en alta voces lo que se debe de votar. En sí la consulta es una burla. Y nadie que no tenga intereses de por medio la daría seriedad alguna. Sin embargo es preocupante que el presidente electo salga a menospreciar la vulnerabilidad de la consulta diciendo que ellos no son corruptos y por eso no deben de desconfiar de lo que están haciendo. Dice que nunca han hecho fraude y que nadie se atreve a alterar los resultados y nadie lo va a hacer porque el proceso es limpio y democrático. Debe de recordar el señor López Obrador que las cosas no suceden solo por decreto. Cabe mencionar que en septiembre los senadores de MORENA negociaron con el gobernador de Chiapas, miembro de uno de los partidos políticos más corruptos del país, 5 diputaciones a cambio de su licencia para que pudiera ser gobernador y senador al mismo tiempo, todo con el fin de tener mayoría absoluta en la cámara de diputados, ya que no pudieron lograr eso en las elecciones. Si eso no es corrupción y menosprecio a la democracia, no sé a qué se refiere entonces Andrés Manuel. 

Y más preocupante aún es que diga que así es como se va a llevar a cabo su gobierno, preguntándole a la gente. Es increíble que se atreva a decir eso al mismo tiempo que acepta que puede haber errores y falta de seguridad en la consulta pero que no importa porque el pueblo va a ser honesto. En ningún país que se respete se puede aceptar algo así. Que sea el partido en el poder quien organice y revise la consulta democrática es lo que llevó a México perder toda credibilidad en las elecciones presidenciales del siglo pasado. No entiendo cómo la gente que defiende esto no lo ve. Consultas sesgadas, sin observadores de ninguna institución, con pésimos métodos de conteo y verificación de los votantes. 

Lo que importa de esta consulta no es el resultado, es el hecho que se vuelva algo normal. No debemos confiar en esta consulta. No debemos aceptar que se tome una decisión de esta manera. Y no debemos acostumbrarnos a pensar que la mayoría siempre tiene la razón. 


Como dijo Benjamin Franklin, la democracia son dos lobos y una oveja votando cuál será la cena. Pero en el caso de México son millones de bueyes decidiendo si deben arar la tierra o seguir pastando.  



Tranquilo, no hay prisa


Paciente, paciente
no tardo, te espero
no corras, no hay prisa
me canso, no puedo

estoy solo, no hay nadie
no veo, me asfixio
no hay lumbre, no hay aire
no hay cielo, no hay piso

camina, descansa
piensa, coordina
salida, esperanza
empieza y termina

ya ves… nada pasa
paciente, tranquilo
carnal, nada falta
y yo estoy contigo

aquí esta el sendero
aquí esta el camino
no salgas te pierdes
no sé estar perdido

una luz a lo lejos
ya veo, que alivio
allá voy; si tropiezo

me levanto y camino



José María Hernández Díaz
4 de Abril del 2002

Nadie escucha

Vivimos en el momento de la historia que tiene el récord de mayor número de opiniones escuchadas por el mayor numero de personas. Prácticamente cualquiera que tenga acceso a internet tiene la posibilidad de publicar sus ideas y que estas lleguen a un número de personas que era inimaginable hace un cuarto de siglo. Y sin embargo, no hemos aprendido a escuchar mejor. Claramente estar en comunicación con otras personas no es sinónimo de entablar una conversación. El emisor y el receptor parecen estar completamente negados a entender lo que se dicen. La información existe, pero todos prefieren ignorarla. Estamos en contacto, pero estamos desconectados.

Los síntomas de la desinformación son muy evidentes: sociedades divididas, pleitos entre familiares por polémicas sociales, debates sobre la garantía de derechos fundamentales a cierto grupo de personas, miedo colectivo por noticias falsas, reacciones masivas ante especulaciones, etc. Sin embargo las razones de la desinformación no lo son tanto. Si bien es fácil encontrar las fallas en la comunicación y los intereses detrás de estas, la falta de disposición de las personas por conocer la verdad es preocupante. No se trata de que haya quien quiera engañarnos, sino que muchos quieren ser engañados. Más que desear el intercambio de ideas, procuramos amplificar los sentimientos que tenemos hacia temas en especifico. Más que debatir, queremos reñir.

El debate de ideas es común desde hace milenios, y es parte importante para crear conocimiento confiable. Se debe dudar de lo que se nos dice, debemos de poner a prueba las teorías, debemos proponer nuestras propias hipótesis y dejar que el contrario también las ponga a prueba. La confrontación de ideas es buena, desconfiar de la información que recibimos es bueno, pero ¿hasta qué punto nos beneficia nuestro escepticismo? O más bien dicho, ¿en qué momento confiamos en lo que nos dicen sin ser ingenuos? A nadie nos gusta aceptar ideas que contradigan nuestras creencias, pero es peor conformarnos con nuestra ignorancia que aceptar que podemos estar equivocados. Encontrar la verdad es la meta y cuando hay tantas fuentes de información y se contradicen unas a otras, es difícil determinar cuál nos miente y cual no. A nadie nos gusta que nos engañen, y estamos tan acostumbrados a que se manipule la información que recibimos que ahora dudamos de todo. Las ‘fake news’ están de moda, pero no debemos caer en llamar a todo lo que no nos gusta ‘feas news’. Por eso debemos de intentar formar un criterio educado para no caer en discusiones absurdas. (Como por ejemplo el debate sobre si la Tierra es plana.)

Entonces, ¿cuando podemos confiar en los datos que nos muestran? cuando nuestra lógica razonada nos indique que la información que recibimos tiene sentido. No hay más. Podemos tratar de comprobar por nuestros propios medios todo lo que nos cuentan, pero ciertamente esto es desgastante y hasta imposible. Siempre debemos de mantenernos escépticos, no importa qué tan confiable sea la fuente, y someter al mismo escrutinio todas las noticias que nos lleguen, tanto las que nos gustan como las que no. Pero tenemos que tener suficiente criterio para evaluar si creemos o no en lo que nos dicen. El precio de nuestra tranquilidad mental es la falta de la certeza total. Si creemos que todo lo que sucede en el mundo es un complot de los altos mandos para controlar a la población mundial, jamás dormiremos a gusto. Recordemos que tenemos la capacidad de aceptar que estábamos equivocados cuando lleguen nuevas noticias o nuevos datos que refuten lo que creíamos anteriormente.

En tiempos antiguos se formularon teorías de la estructura del universo que eran totalmente erradas. Sin embargo el hecho de que fueran suposiciones incorrectas no afectaba las predicciones que se sugerían basadas en esas teorías. Por ejemplo, creer que el sol daba la vuelta a la tierra y no al revés, no afectaba la predicción de que el sol saldría la mañana siguiente. En la antigua Grecia, astrónomos podían predecir eclipses lunares con exactitud, sin embargo creían que la luna y el sol estaban acomodados en esferas concéntricas a la Tierra. La falta de información no los hacía menos inteligentes, solo más ignorantes. No poder comprobar sus teorías los obligaban a creer lo que proponían. 

¿Qué pasaría si un griego del año 2000 AC apareciera de repente en nuestra época y comenzará a defender el hecho de que el sol, la luna y todos los planetas y las estrellas eran quienes giraban alrededor de la Tierra? Podriamos explicar la evidencia de su error: las fases de la luna, el cambio de posición de las estrellas, las estaciones del año, en fin, explicaríamos cómo hace sentido el universo según todo lo que sabemos ahora. El griego antiguo probablemente tardaría en entendernos, pero seguramente terminaría por aceptar que todas las evidencias apuntan a que tenemos la razón nosotros, y bastaría con preguntarse cómo explicaría todos los fenómenos que observamos con la teoría Geocéntrica. No podría. Al final la manera en la que se explica con contundencia los fenómenos que vemos solo hace sentido si suponemos que la Tierra gira sobre su eje y alrededor del sol. 

De la misma manera, nosotros hoy en día, deberíamos de cuestionarnos lo que creemos, sobre todo cuando llega a nosotros evidencia nueva. Deberíamos, pero no lo hacemos. Y no estoy hablando de teorías sobre el funcionamiento del universo, sino de las más simples noticias que nos llegan. Sabemos a ciencia cierta que lo que se publica en Facebook o en Twitter no es digno de confianza, y sin embargo seguimos compartiendo las noticias más absurdas solo porque nos llaman la atención. Desconfiamos de la autoridad, y cuando nos muestran una declaración que confirma nuestras sospechas, sin importar si es falsa o no, la tomamos como verdadera y comenzamos a compartirla. No nos importa la verdad, nos importa que nos den la razón. No desconfiamos de nuestro conocimiento, primero definimos lo que queremos creer, y luego buscamos evidencia que justifique esa creencia. Empezamos al revés, y al hacer esto, bloqueamos lo que no queremos escuchar, y ponemos atención a aquello que nos haga sentir sabios. 

El problema de la desinformación no es la falta de información, es la negación a infórmanos. Es un problema complejo, porque hay mucha gente que se beneficia con esto. Hay muchos intereses económicos en mantener a la gente ignorante, y no siempre es por tener control o poder sobre ellos, ahora es muy común que lo hagan por negocio: “¿quieres seguir escuchando que la Iglesia Católica es corrupta y malvada? Dale click a esta página y yo te doy una noticia que satisfaga tu necesidad”. No les interesa lo que pienses, o que estés bien o mal con tus juicios. Lo que quieren es tu “like”.

¿Cual es el mejor remedio para salir de ese círculo vicioso? Escuchar otras ideas; otros puntos de vista. Cuestionar las ideas propias. Verificar absolutamente todo lo que leemos o escuchamos. Poner atención en los argumentos que se usan en discusiones, no en la persona ni las credenciales de esta. Buscar diferentes fuentes. Y esto es para disminuir las posibilidades de ser engañados. Pero hay una tarea más importante, entender a las personas que tienen opiniones diferentes a las nuestras. 

Una manera de desinformar a la población es inventar diferentes bandos dentro de la sociedad. Cuando logran convencernos efe que debemos escoger entre el equipo bueno y el equipo malo, siempre lograrán hacernos creer que luchamos por la causa justa y los otros solo buscan intereses personales a costa de nuestra desgracia. En vez de vernos como parte de una sociedad que lucha contra el control de unos cuantos, nos vemos como aliados de quienes nos controlan. Caemos en una ilusión que nos atrapa. Si analizamos bien esto es posible que descubramos los hilos en nuestras extremidades.

Lo más importante, a mi parecer, que debemos practicar es escuchar a los demás; de verdad escucharlos y poner atención a lo que dicen. Conocer las razones que tienen de pensar cómo piensan. El problema de hoy es que nadie quiere escuchar a otros, pero todos queremos ser escuchados. Lo que hacemos en vez de eso es buscar quién piensa igual que nosotros, encontrar razones para justificar nuestra opinión y excusas para desechar otras ideas. Organizamos grupos de Facebook para reclutar a más seguidores y sentirnos bien porque somos muchos y exigimos que se nos respete porque tanta gente no puede estar equivocada. Etiquetamos a quien no opine como nosotros, desvirtuamos cualquier cosa que digan y los culpamos de todos los males de la humanidad. 



Escuchando a otros es como podemos encontrar coincidencias. Encontrando coincidencias se puede discutir sobre la mejor manera de solucionar un problema, y llegar a acuerdos. No es fácil quitarnos las telarañas mentales y aceptar que el de enfrente puede ser un aliado e incluso tener razón en lo que dice, pero estoy seguro que es la mejor manera de superar nuestras diferencias. Todos tenemos derecho a opinar lo que queramos, pero si no argumentamos con solidez nuestras ideas, no podemos esperar que nos tomen en cuenta. Si no escuchamos las razones del otro para pensar lo que piensa, nunca podremos contrastar las ideas. Y si creemos todo lo que nos dicen solo porque suena bien y va acorde a nuestra ideología, perdemos completamente nuestra capacidad de formar un juicio propio, para terminar pensando como a otra persona le conviene que pienses.