‘Gravedad’ desde mi microscopio, Parte 3:

Detenernos para poder avanzar

Cuando llevo mucho tiempo escribiendo normalmente me detengo, para revisar si hace sentido lo que quiero decir o si le falta un poco de orden a las ideas. Para mí es necesario detenerme un momento y releer las palabras para saber si tengo que poner más ejemplos, si necesito explicar más alguna idea o, si suena muy repetitivo algún párrafo reescribirlo. Después de asegurarme que lo que ya tengo escrito hace sentido, continuo. Esa pequeña pausa cada ciertos párrafos me ayuda mucho, para detectar nudos y deshacerlos antes de que sean más grandes y se hagan cada vez más complejos.

No solo para escribir me sirve hacer pausas. Muchas veces, cuando tengo algún problema y estoy desesperado, me acuerdo de hacer una pausa, tranquilizarme, descansar, y pensar; y curiosamente se me ocurren opciones nuevas para resolver mi problema. No soy el único al que le pasa esto, estoy seguro. En la película de Gravedad vi varios ejemplos.

Ryan Stone sale disparada después de soltarse del brazo mecánico que la sujetaba. Está girando sin poder sujetarse de nada, entra en pánico, gritando, despavorida. Matt le pide referencias para poder ubicarla, pero Ryan no se puede concentrar para ver ningún punto que le sirva de guía; sigue girando y respirando con espasmos, la voz de Matt se deja de escuchar y entra en shock; de repente se queda quieta por algunos segundos, sin hablar, sin respirar, con los ojos desorbitados, y así se queda hasta que, segundos después, se recupera, empieza a respirar de manera más calmada, se tranquiliza y empieza a pedir ayuda ya sin hablar aterrorizada como antes. Reconoce diferentes objetos y se ubica con respecto a la Tierra. Sigue pidiendo ayuda sin saber si alguien la escucha, pero ya no grita y ya no se le escucha alterada como antes; y momentos después Matt entra en su frecuencia de radio, logra ubicarla y la rescata.

Este tipo de pausas se repiten durante la película. Cada vez que hay un problema en la película, a este le sigue una pausa, y luego las cosas empiezan a salir bien. Es el momento, en medio de cualquier crisis, en el que te separas un poco del problema para poder verlo en perspectiva. Ordenas tus ideas, retomas fuerza, y vuelves a los golpes, pero con una visión más clara, y por alguna razón, por lo menos en mi experiencia muy personal, si no encuentras una solución por tu cuenta, llega la respuesta de algún otro lugar, o la ayuda o aparece otra alternativa. Son las pausas, por más pequeñas que sean, las que nos dan oxígeno para poder seguir.

Cuando Ryan se está quedando sin oxígeno en el traje, y Matt ya no está con ella porque no pudo sostenerse a nada, ella entra mareada a la Estación Espacial Internacional, con la poca fuerza que le queda cierra la compuerta, abre los tanques para que la cámara se presurice con aire, y se quita el traje para poder respirar. Y en ese momento se queda flotando unos segundos, con los ojos cerrados, y gira lentamente sin mover su cuerpo. En la siguiente toma, está buscando una manera de contactar a Matt para tratar de ir a buscarlo. El descanso después de un gran esfuerzo para poder continuar y poder hacer un esfuerzo mayor; el famoso segundo esfuerzo. 

Cuando estamos estancados en algún brete, sirve mucho detenernos a pensar. Estar alterados nos puede ciclar en el problema y estancarnos aún más. Esto se nota específicamente en la película cuando Ryan, frustrada por darse cuenta que su último recurso para llegar a la estación china no tiene combustible decide apagar todo y cerrar los tanques de aire, para morirse. Cuando de pronto llega Matt, que en realidad es una alucinación de Ryan, y la ayuda a descifrar una solución para seguir adelante. Cuando despierta de su sueño, toma una nueva actitud, ya con la respuesta a su problema, y se dispone animadamente a llegar a la estación china. Siempre podemos notar el cambio en el estado de ánimo de Ryan después de que sucede una pausa.


No se trata de detenernos en seco, ni de hacer un alto total. Pero esas pequeñas interrupciones en medio de una dificultad parecen debilitar la mala situación dándonos una ventaja, que si sabemos aprovechar, nos puede resultar en la superación de un obstáculo.






2 comentarios:

Mayra Yolanda Garza Cisneros dijo...

Muy bien Chema, lo entendí perfectamente. Jesús, antes de iniciar algo importante siempre se detenía a orar como cuando se fue al desierto por 40 días para empezar la evangelización.

José María Hdz dijo...

Tienes razón tia. De hecho hay muchos ejemplos, incluso en la literatura se ve mucho esto. Y me fijé mucho en eso cuando vi la película. Saludos tía, gracias por leer.