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La estupenda vida de los inadaptados

Si vieron alguna vez la película de Rodolfo el Reno de 1964, se acordarán de un lugar a donde llegaban todos los juguetes que no encajaban en el mundo. Estos juguetes no funcionaban para lo que estaban hechos: había un avión que no volaba y un tren con llantas cuadradas. Este lugar se llamaba La isla de los juguetes inadaptados. Rodolfo el reno llegaba ahí con su amigo el duende que quería ser dentista. En la historia ellos querían quedarse ahí, porque se sentían a gusto entre otros personajes que tampoco encajaban en la sociedad. 

En nuestra sociedad, la tecnología nos dio nuestra propia isla de los inadaptados: Facebook. Pero en vez de ser un lugar donde pudieran encajar los que no encajan en ningún lugar siendo como son y escondiéndose de los demás, este es un espacio donde todos los inadaptados pueden hacer creer a los demás que no lo son. O por lo menos intentar hacer creer.  Usan Facebook como un disfraz en el que se sienten cómodos porque la gente no puede ver lo que realmente hay dentro de la botarga. Pero, lo que al parecer que no se dan cuenta es que nadie confunde un disfraz con la realidad. Aunque no se puede saber cómo es la persona dentro del disfraz, sabemos con certeza que no es realmente así como la vemos. Al final los únicos que lo creen son los mismos inadaptados que se esfuerzan por engañar a los otros. 

No se necesita Facebook para ser de esas personas. Antes del Facebook ya existían todos los que mentían sobre su vida para hacerla más interesante para los demás. Pero ahora con esta red social, es más fácil para ellos aparentar lo que no son. Con fotos y estados publicados en su muro, se esfuerzan por mostrarle a todos lo estupenda que es su vida. Y ¿cómo es que nos damos cuenta del disfraz que están usando? Porque no dejan de hablar de su estupenda vida todo el día, todos los días. Si platicas con tus amigos un sábado por la noche con cerveza te vas a dar cuenta que nadie platica que se compró dos camisas en el cetro comercial, y nadie presume que haya manejado su coche, a menos que se haya subido a un Audi R8  o algo por el estilo; porque ese es el ambiente en el que te mueves. Si le platicas eso a un albañil, te va a tachar de presumido, engreído y mamón, porque para ellos comprar camisas en el centro comercial es un lujo que no se pueden dar, y simplemente no tienen carro, no puede ni conducir uno económico. Por eso mismo, cuando platicas con alguien que tiene mucho dinero, no te presume que se compró ropa carísima en alguna tienda europea o en Nueva York, porque para ellos eso es normal. Cuando te lo presumen es cuando te das cuenta que es especial para esa persona. Por lo tanto, cuando entras a Facebook y ves que alguien publica todos los días que se fue de compras a no sé dónde, que se va de viaje a aquí y a allá, y hasta publica su ubicación para que sepas que estuvo en el aeropuerto, te das cuenta que aunque quieren aparentar que su vida tiene un nivel, en realidad eso que presumen es algo especial para ellos, no lo normal.




Y lo más triste de la vida de los inadaptados es cuando alguno quiere demostrarle a todos cuánto quiere a su novio o novia, o a su esposo o esposa. Cuanto más cyber-afecto se demuestran, menos creo que estén enamorados. El cariño se nota con muchas otras cosas que no son el falso “te amo con todo mi corazón” del cuál esperan recibir 100 ‘likes’. Esas personas se parecen a los que practican los cursos de autoayuda y repiten mil veces soy rico, para ver si así se les cumple.


Tratar de hacer creer a los demás que tienes una estupenda vida cuando no la tienes me recuerda a la escena de The Devil Wears Prada, cuando la asistente se da cuenta de que no quiere convertirse en su jefa, y la jefa (Meryl Streep) le dice que no sea ridícula, que todos quieren la vida que ellas tienen. La asistente se da cuenta que efectivamente, todos quieren esa vida, pero solo porque no saben lo que conlleva. En esa escena, Meryl Streep termina la frase y se acomoda los lentes oscuros, como poniéndose la máscara que todos quieren ver para salir del coche hacia los periodistas que le toman fotos y que todos la vean y la envidien, aunque su vida esté por los suelos. Y nosotros como espectadores de la película sabemos su realidad. Lo mismo pasa cuando en Facebook la gente trata de engañar publicando exageraciones de su estupenda vida.

 

La ignorancia está más cerca de la verdad que el prejuicio.


Alguien, una vez, me llamó ignorante por no saber el significado de una palabra que mencionaron en una conversación. Cuando la escuché pregunté enseguida qué significaba; el reproche de ignorante no se hizo esperar y por un momento me dieron ganas de retirar la pregunta. En verdad me sentí ofendido. Ser ignorante abarca mucho; es una palabra fuerte. En ese momento no dije nada para defenderme, sólo pregunté y me quedé callado, aguantando la humillación de aquella persona.

No solo me ofendí por haber sido catalogado como un ignorante, que para mi orgullo ya es demasiado, sino porque quien me lo dijo es alguien muy pedante y que está muy lejos de sobresalir por ser culto. Aun así, con el coraje que me dio, me quedé callado y no contesté a su crítica.

No me considero ignorante, para nada. De hecho, cuando estuve solo, y todavía enojado, me puse a pensar en razones para probarme a mí mismo que no soy un ignorante. Enlistando mis conocimientos: puedo hablar tres idiomas, conozco de música, deportes y cine; tengo un título universitario y he vivido en tres países diferentes. He visitado muchos lugares y leo al menos 12 libros al año.

Luego me sentí ridículo tratando de demostrar que sé mucho. Después de todo una hay una frase muy interesante que Einstein dijo: "Todos somos muy ignorantes, lo que pasa es que no todos ignoramos las mismas cosas." ¡Cuánta razón tiene! Por más que uno quiera conocer temas, definiciones o términos, nunca vamos a saber todo. Somos demasiado limitados. La vida entera no nos alcanzaría para conocer todo lo que existe.

La única prueba que puedo mostrar para refutar que no soy ignorante es que me gusta aprender cosas nuevas. Me gusta siempre saber más; conocer otras culturas, nuevos temas; abrir mi mente. Por eso me gusta tanto leer. Por eso escribo. Creo que eso identifica a alguien culto. La ignorancia radica en no interesarse por saber más, en dar por hecho que se conoce lo suficiente. ¡Nunca sobra saber algo más!

Ignorante hubiera sido yo si no hubiera preguntado el significado de esa palabra que no conocía. No se puede juzgar a alguien de ignorante por no saber una palabra.

Decidí desde entonces no llamar a nadie así. Especialmente sin saber qué es lo que puede llegar a conocer esa persona. Que una persona no sepa algo no es prueba de ignorancia solo porque yo sí, y a veces hasta llegas a darte cuenta de la ignorancia de alguien por su ánimo de aparentar conocimiento. Cuando se habla sin saber lo que se dice llegas a dar lástima, porque si hay alguien más presente que sí sepa de eso, ¡ay de aquel que habla! en verdad es peor ridículo que admitir que no se sabe y que necesitaríamos estudiar sobre aquello o escuchar con atención a un experto. Porque la verdad es que no importa cuánto sabes, "lo importante es nunca dejar de preguntar" -Albert Einstein.