La calma en las historias


Creo que todos estamos de acuerdo en que la última temporada de GoT fue un mugrero. Pero tengo que aceptar que el segundo episodio, el  previo a la batalla de la noche larga es uno de mis favoritos de toda la serie. No es exageración. Todo lo que pasa en el capítulo me gustó. Y obviamente todo tiene que ver con que sabía (sabíamos) que era el episodio previo a la gran batalla contra los muertos que se libraría en el siguiente capítulo. Era la calma antes de la tormenta.

Estamos ante lo que puede ser la última noche en la vida de los personajes, y los vemos convivir de manera diferente entre ellos. Unos se acomodan en un salón frente al fuego y platican. Otros llevan a cabo sus tareas y obligaciones. Otros hacen el amor. Todos tienen momentos íntimos, y es eso lo que me atrae tanto del episodio, la intimidad que tenemos con los personajes que ya conocemos. Verlos reaccionar no en el peligro o la felicidad o la tristeza, sino en la calma, que saben que va a concluir dentro de poco, y ver cómo utilizan su tiempo. Hay cierta belleza en lo cotidiano. Como cuando pasas la noche con amigos frente a una fogata, hablando de todo y de nada. O las noches solitarias que se disfrutan porque es uno mismo el protagonista, solo con tus pensamientos. Cuando logras que esos momentos en los que no pasa nada sean interesantes eres un buen narrador de historias.











También existe un cómic, de los X-men, que me encanta. Se publicó en 1996, fue el numero 337 de The Uncanny X-Men, y es la primera publicación después del final de una saga que se llamó Onslaught, en el universo de Marvel. En la batalla final de esa saga murieron la mayoría de los personajes de Marvel. Fue un épico final y este cómic relataba lo que sucedió inmediatamente después a eso. Era la calma después de la tormenta. Yo tenía 13 años cuando leí ese cómic y desde esa primera vez me provocó una sensación de bienestar que no puedo describir fácilmente. Se muestra a los superhéroes en una mañana lluviosa, despertándose para desayunar. Es así de sencillo. Hacen referencia a lo que acaba de pasar, a algunos personajes que murieron, a la nueva situación en la que se encuentran... y conviven. Eso es todo. Pero por alguna razón me hablaba a mí. 

Me gusta releer el cómic y volver a sentir que pudiera estar ahí. Sentir esa confianza con los personajes y con la situación. Ese momento de intimidad familiar. De pausa entre batallas. Un momento de descanso con el que nos podemos identificar.

No sé por qué pero me llaman mucho la atención esos episodios en las historias. Creo que son momentos diferentes en los que puedes conocer otro rostro de los personajes. En ambos ejemplos conocemos detalles de la vida de los participantes. En ambos ejemplos la historia no avanza mucho, simplemente nos revelan otra parte de las vidas que vamos siguiendo.

Los momentos de euforia, o de peligro o de triunfo son muy necesarios en los relatos, pero no son las únicas situaciones que nos pueden develar a un personaje; también los momentos de paz, de serenidad. Al fin la vida misma transcurre mucho tiempo en ese estado. No vivimos en peligro constante, o con la adrenalina al máximo todos los días. Es en la calma cuando se moldea nuestra personalidad. Es en la reflexión que desciframos quiénes somos, y aprendemos de las decisiones que tomamos cuando estuvimos en esas situaciones catalizadoras. 

En la calma nos preparamos para un futuro inmediato. En calma reflexionamos sobre lo que acaba de pasar. Tal vez nunca escribimos sobre lo que sucede cuando estamos en paz, pero es cuando estamos en paz que escribimos sobre los episodios buenos o malos que nos marcaron. 

Las historias con final feliz no terminan en caos. Nadie termina un relato en medio del cambio, en medio de la pelea o en medio de una carrera. Llega la calma y entonces podemos decir “fin”, mas no significa que ahí termina todo. Tal vez por eso me gustan los episodios de tranquilidad, porque se revela el interior de un personaje sin que algún factor externo lo obligue. Es el paisaje que se deja ver tal como es, después de la guerra. Con cicatrices, o limpio, o accidentado, pero en calma.

Opiniones sobre el aborto

Desde hace meses tenía la intención de escribir sobre el aborto de nuevo. Ahora con la despenalización del aborto en Oaxaca me dieron una buena excusa. 

Hablar del aborto crea polémica, sobre todo en un país como el nuestro, profundamente católico, religioso, “conservador”. Lo de conservador va entrecomillado porque aunque nos duela aceptarlo, somos una sociedad muy hipócrita: nos asusta el divorcio, pero tenemos un índice creciente de estos; condenamos las relaciones prematrimoniales, pero las llevamos a cabo a escondidas; condenamos la poligamia, pero todos conocemos las escapadas de nuestros conocidos. En fin somos muy contradictorios. Y aún así me sorprende la manera de defender la penalización del aborto. Una cosa es estar en contra del aborto. Otra muy diferente es querer que sea un crimen abortar.

Desde hace tiempo que creo que el aborto (sobre todo antes de las 12 semanas, como se estipula en la ley) no es ningún crimen. Hay muchas situaciones que lo amerita, pero aun la simple razón de no querer tener un hijo para mí es suficiente para permitirle a una mujer abortar sin ponerla en el nivel de un criminal que merezca estar en la cárcel. Pensemos en eso, una mujer que decide interrumpir su embarazo merece un castigo como cualquier ladrón, asaltante,  defraudador, asesino, secuestrador. ¿Hace sentido? ¿En ese nivel se encuentran? No lo creo. Pero desde hace algunos meses, mi perspectiva sobre el aborto sufrió una ligera alteración. 

Hace no mucho tiempo (a principios de año, para ser más específico) mi esposa y yo perdimos un bebé en la novena semana de embarazo. El corazón simplemente dejó de latir. Digo ‘perdimos’ porque era nuestro, pero en realidad debería decir mi esposa perdió un bebé. Yo solo estaba ahí para apoyarla, pero la que sufrió lo peor de esa situación fue ella.

Perdimos un embarazo que ambos deseábamos menos de dos meses después de que sucedió y no fue una situación fácil. En primer lugar el golpe emocional y anímico fue fuerte. Pero el proceso para expulsar el producto fue peor. Solo puedo imaginar lo que mi esposa tuvo que soportar durante más de 10 días. Tengo que aceptar que durante el proceso me asusté mucho. No le deseo eso a nadie. 

Después de ver lo que pasó, no puedo más que sentir el mayor respeto hacia las mujeres que tienen que soportar un embarazo, sea cual sea la edad y sea cual sea su situación. Pero en especial las que tienen que pasar por un aborto, espontáneo o intencional. No es nada fácil. La decisión de aceptar un aborto es difícil; y la decisión de continuar con el embarazo lo es aún más. Desde entonces entendí que no soy nadie para decirle a una mujer lo que puede o no puede hacer con su cuerpo.

Si va a haber un debate sobre el aborto, sobre cuándo se puede abortar o en qué circunstancias, debe de ser evaluado por mujeres, siempre apoyadas con evidencia científica, pero a nosotros los hombres no nos compete en absoluto la decisión (a menos que seamos responsables del embarazo en cuestión, y aún en esa situación, nuestra opinión nunca estará sobre la de la madre). Al final son ellas las que van a pasar por un proceso incómodo, doloroso y a veces traumático. Y si decidieran continuar con el embarazo no deseado, todavía merecen más respeto y apoyo, porque esos nueve meses no pasan rápido. 

A pesar de haberlo omitido, espero haber dejado claro que ya no estoy hablando ni siquiera de si el feto antes de las 12 semanas es un ser humano o no. Para mí eso ya no es ni siquiera un tema de debate. En un mundo en el que nos multiplicamos exponencialmente, cada vez vivimos más años y tenemos problemas sociales tan importantes, traer más personas al planeta claramente no es una prioridad.

Pero pasando a otra parte de la discusión, donde todavía pienso que cabe mi opinión, hay algunos bemoles que se deben atender. Aclaro que lo que sigue lo escribo solamente porque creo que el aborto, aparte de ser legal, debe ser gratuito; lo que me lleva a pensar en la responsabilidad de cada persona. Yo no creo que el aborto gratuito deba de ser un derecho para una mujer en su tercer embarazo no deseado. Esto es considerando la obvia situación de que se tiene acceso a métodos anticonceptivos. No estoy hablando de la muy improbable situación de que quedara embarazada una tercera ocasión por una violación. Pero creo que si se va a invertir dinero de los contribuyentes para el beneficio de las mujeres que desean abortar, entonces podemos exigir que sean responsables. 

Yo no veo el aborto como una solución a la deficiente educación sexual. Lo veo simplemente como una opción para no crear una situación peor, que sería un niño que no tiene oportunidades, educación ni atención de su familia. No creo que sea peor interrumpir el desarrollo de un feto, antes de que tenga corteza cerebral, y que probablemente pudiera resultar comoquiera en un aborto espontáneo, que condenar a niños a una vida sin oportunidades como millones de niños en este país, o las mujeres que de la noche a la mañana tienen que ponerse a trabajar, dejar sus estudios, y perder la oportunidad de desarrollarse en lo que hubieran querido. Pero tampoco deseo una invitación a la irresponsabilidad. Si una mujer paga el aborto que se practique, por mí que haga lo que quiera cuantas veces quiera. No lo veo correcto, no lo veo saludable, pero no soy yo quien le diga que hacer con su cuerpo y con su vida. Pero si quieres que el gobierno te pague tu falta de sensatez, entonces no mereces ese derecho. Ya lo he escrito antes, no creo que todos tengan derecho a tener hijos si eso representa una carga para los demás. Si no eres capaz de controlarte, probablemente necesites que te limiten.

No veo nada de malo en evitar que mujeres que no quieren embarazarse, se les pida usar un DIU. Es reversible, es seguro, y lo único que evita es más costo a la sociedad. 

Para mí el debate del aborto es para construir una mejor sociedad. Si vemos con objetividad, es peor para todos traer niños al mundo que no son deseados. Y a los que están en contra intransigentemente, les pido que se preocupen por los niños que ya están en este mundo y que no tiene familia u oportunidades, antes de ver por los que solo les van a preocupar hasta el momento en que salgan del vientre de sus madres.


F1 y... pigmentocracia, pff

¿Quién gana con el espectáculo de la F1 en México? ¿Los que gastan su dinero para acudir? ¿O los que hacen negocio con el espectáculo? ¿A dónde llega el dinero de la derrama económica que genera la F1? ¿A los fifís? ¿A los pirrurris?

El racismo en México existe. El clasísmo existe. La discriminación es real. Pero ¿es la F1 una muestra de todas esas fallas? ¿De verdad somos tan miopes? Como dijo el filósofo estadounidense Sam Harris, cuando las acusaciones no están bien fundadas, fallan y se vuelve contra ti. Si Estefania Veloz quería señalar el racismo en el país, una de las peores maneras de hacerlo fue como lo hizo, señalando que a la Formula 1 asisten, en su mayoría, “güeritos de ojo verde”. ¿Eso es racista? ¿Eso es clasista? A la Formula 1 puede acudir quien sea que compre un boleto. Sí, los boletos son caros, pero no por eso se le niega a nadie la entrada. Menos por su color de piel.

Trescientos treinta y siete mil espectadores en 2017, y 335 mil en 2018 ¿de verdad piensa Estefania que “todo mundo” es como ella los describió? Realmente me parece patético el comentario de esta panelista que claramente solo busca provocar a una parte de la sociedad a la que parece tener cierto resentimiento. No entiende que la F1 es muy popular en México, y no solo los que asisten al evento están contentos de tener el Gran Premio en nuestro país. Ya sabemos de la derrama económica que genera este evento, y es por la gente rica (rubios y morenos, nacionales y extranjeros por igual), a la que tanto critica Estefania, por la que esto es un éxito. Pero al ser el gobierno quien patrocina el evento, era el gobierno el encargado de proporcionar los empleos temporales a la sociedad, y es la marca MEXICO la que era exhibida en todo el mundo. Ahora serán las marcas de las compañías que patrocinen el evento quienes tengan el beneficio, por cierto, muy “neoliberal”, algo con lo que también Estefania tiene una fijación.

Pero lo frustrante es que aquí nos tienen a todos hablando de la “pigmentocracia” en la F1. Este es el nivel de debate que proporcionan los ridículos panelistas políticos que tenemos en este país. Nada de investigar las razones por las que la proporción de las posiciones de mayor jerarquía en los trabajos es mayoritariamente de tez blanca; nada de investigar el clasísmo en la sociedad (que no tiene que ver con el color de piel), obviamente nada de presentar investigaciones sobre las tendencias sociales en todo el mundo, nada que represente un esfuerzo mental. Se van directo a lo que causa polémica, lo que enciende a las masas. Dudo que les interese lo que piense la gente gente sobre la “pigmentocracia”. La distracción y la polarización, ése  es su objetivo. Mientras tanto, los políticos, felices, mueven lo que quieren, a su antojo. A ellos sí les importa muy poco la “pigmentocracia”.


A nadie le gusta ser novato.


Tenía 24 años. Compré una consola después de mucho tiempo de no jugar nada cuando iba a nacer mi primer sobrina porque no quería ser un tío que no supiera jugar videojuegos. No necesito decir que se convirtió en mi vicio favorito. Nunca antes de esa consola había jugado en línea y era de mis pasatiempos más divertidos. Pero como no llevaba mucho tiempo jugando era obvio que no era tan bueno como muchos otros jugadores del mundo con los que me tocaba competir. 

Mis juegos favoritos eran los de guerra. Las competencias eran lo mejor, sobre todo cuando era por equipos. Pero ser el peor del equipo nunca ha sido divertido, menos para tus compañeros que tienen que soportar tu mal juego. Una vez, estábamos protegiendo algún tipo de bandera del otro equipo, y yo queriendo ser útil para mi equipo lancé una granada que aturdía a los jugadores pero, torpe como era, la lancé cerca de mí y de un compañero y nos aturdió a ambos y a nadie más. Todavía recuerdo a mi compañero decir “Chema, you’re terrible”. Desde mi sillón me sentí aliviado que nadie podía ver mi cara. Me avergonzaba ser tan malo. Pero no me quedaba duda que no había nada más que hacer que seguir jugando, seguir fallando y seguir aprendiendo. 

No recuerdo el momento exacto que me di cuenta que ya era un buen jugador. Pasó más de un año antes de que tuviera la suficiente confianza de llamar a alguien “noob”. Pero recuerdo perfectamente una partida, en la que no conocía a nadie de mi equipo; la modalidad no te dejaba reaparecer después de que te mataban, por lo que una vez que morías, solo podías ver a los otros jugadores de tu equipo jugar hasta que un equipo vencía al otro. Al final el único que quedaba de mi equipo era yo, por lo que todos los demás estaban viéndome jugar. Del otro equipo solo quedaba un jugador también, y yo tenía que defender una bomba para que no lograra desactivarla. Me escondí cerca del objetivo y esperé a que llegara el otro jugador. Sabía que tenía que venir y tenía que hacerlo pronto ya que había límite de tiempo. Estaba nervioso, la victoria de mi equipo dependía de mí. Tenía miedo que el rival me sorprendiera por algún punto ciego, pero de repente lo ví entrando por una ventana frente a mí, y sabía que no me había visto. Entonces lancé una granada que aturdía dentro del cuarto en el que estaba, y corrí para entrar por una puerta detrás de él. El arma que traía conmigo no tenía balas, pero no importaba, no alcanzaría a reaccionar antes de que pudiera acercarme lo suficiente para acuchillarlo. Esperé a que detonara la granada y entré en la habitación para eliminarlo. Y así ganamos la partida. 

Al final de cada partida, en ese juego, mostraban la repetición de los últimos segundos del juego, la última jugada que había determinado la victoria. Cuando eso sucedía ya podías escuchar otra vez a todos los jugadores que antes quedaban silenciados para que no intervinieran en la partida. Escuché a un jugador contrario preguntar en forma de burla qué pensaba hacer yo con mi arma si no tenía balas, y recuerdo perfectamente a un jugador de mi equipo contestarle engreídamente y en defensa mía: “kick your ass, apparently”. No era un noob ya. Mi equipo, al que no conocía, me defendía de las burlas contrarias. Estaban contentos de tenerme en su equipo. 

Hasta ahora no encontrado otra manera de dejar de ser novato. No he encontrado otra manera de aprender que no sea practicando. Lo peor es que no es fácil dar el primer paso que es aceptar que se es novato, que eso no va a cambiar de la noche a la mañana, y que en el transcurso podemos llegar a frustrarnos muchas veces. Por eso hay que recordar todas las veces que hemos sido noobs antes, y que ahora no lo somos. Aprender a conducir un coche. Aprender otro idioma. Aprende nuestro oficio. Aprender a cocinar. Siempre se empieza de cero; y es solo practicando e intentando que llegamos a hacer algo bien hecho. Puede tomarnos días, o semanas o meses o años. Pero si nunca comenzamos, nunca aprendemos, aun así pasen décadas. 

Recordar cuando eramos novatos nos ayuda a motivarnos. Sabemos que no sabemos, y eso también es una ventaja contra los que sí saben: podemos ver las cosas de manera diferente, lo que otros dan por hecho. No es malo no saber, lo importante es no conformarse con lo que se sabe. La inercia que nos impide avanzar rápido, pronto se vuelve inercia que nos mantiene en movimiento y adquiriendo velocidad. Y cuando vemos hacia atrás, recordando nuestros inicios, sentimos orgullo. Y de pronto, ya no somos novatos.




Mi de vez en cuando. 10 Años


Hace 10 años empecé a escribir mi blog. Me di cuenta este mes. En 2009 leía algunos blogs de gente conocida, y decidí abrir uno personal donde pudiera compartir ideas que hasta ese entonces solo escribía en mi libreta y que eran solo mías. Aunque siguen siendo solo para mí, claro que me enorgullece compartir lo que escribo y recibir mensajes de personas que les gusta leerme. 

Lo que escribo son ideas que me parecen dignas de recordarse. Por eso me pareció interesante escribir lo que he aprendido en diez años y cómo he cambiado mi forma de escribir y de ver las cosas. 

Primero escribía para dar continuidad a "mi de vez en cuando" que es mi libreta donde escribía mis pensamientos. Mis primeros posts son ideas breves desarrolladas en algunos párrafos, justo como escribía en mi libreta. La dificultad que representa escribir con papel y lápiz me invitaba a escribir ideas concretas y no ensayos de muchos párrafos. Me entretuve durante un tiempo escribiendo así, ideas concisas y sin prisa por llenar una entrada; si caía una idea, la escribía, si no, me quedaba con mis propios pensamientos. 

Esto cambió cuando me entró la inquietud de escribir una novela. Ese proyecto consumía mi interés por la escritura y estancaba mis aspiraciones, no quería concentrarme en otra cosa, y junto con el trabajo, la lectura y mis otras actividades, no tenía tiempo para escribir nada más; pero tampoco avanzaba como quería. Entonces decidí escribir ensayos con los que pudiera practicar mi redacción y así no estar dependiendo del desarrollo de mi novela que no tenía muy claro si la iba a poder terminar. Así comencé a escribir sobre temas que surgían de las platicas del día a día: noticias que generaban polémica o que simplemente me parecía que merecían una explicación más amplia o diferentes puntos de vista desde dónde analizarse, reseñas de películas o libros, preguntas interesantes que me llegaban directamente o de rebote, situaciones personales, etc. Todo lo que ameritaba una reflexión se volvía interesante para mi blog. 

Siempre fui claro en que lo que quería lograr con este blog era simplemente desarrollar mis propias ideas del mundo. No intento otra cosa que dejar escrito lo que pienso. Si hay posts que parecen persuasivos no es porque quiera convencer a alguien más que a mí mismo. Es la manera que encontré de darme cuenta si lo que pienso es porque tengo razones para opinar así o porque estoy siendo influenciado por mis propios paradigmas, mi cultura o mi sociedad. Algunas veces he tenido que investigar temas que desconocía o que no tenía muy claros para poder formar una opinión o para constatar que las razones que exponía tenían fundamentos; más de una vez me llevé sorpresas al aprender que lo que yo creía estaba equivocado. Más de una vez dejé de escribir al darme cuenta que mi argumento no tenía sentido. 

Tampoco he podido escribir todo lo que quisiera. No son pocas las ideas que perdí en la almohada y que jamás logré incluir en mi blog. Y, frustrantemente, tengo más de 80 posts inconclusos que mantengo en una lista de "ideas para blog" en mi espacio de trabajo. Son ensayos truncos que no he logrado terminar o que perdieron relevancia entre el día que lo escribí y el día que debí publicarlos. Los mantengo ahí, porque siempre pienso que llegará el día en que madurarán lo suficiente para cambiar de espacio. Por lo menos algunos de ellos. Porque al final siguen siendo ideas que alguna vez me parecieron dignas de recordar. 

Al pasar el tiempo me propuse acanzar metas para no abandonar el blog. No es raro que me suceda que pierda el interés en algún proyecto por no darle seguimiento. Por eso, en su momento, me propuse escribir mínimo 2 veces al mes. No siempre he cumplido esta meta. Sobre todo si hablamos en sentido estricto. Desde que me lo propuse, en 2011, la mitad de los años he escrito 24 posts o más. Pero a veces no escribo ni siquiera un post al mes. En 2012 dejé de escribir durante 6 meses porque a mi mamá le detectaron cáncer de mama, y eso me mantuvo muy alejado de la redacción. Y el año pasado otra vez  escribí solo 17 posts, incluso menos que en 2012. No sé si al igual que en aquella ocasión, la tragedia familiar que vivimos el año pasado haya sido la razón de mi apatía para escribir. Pero hasta este post, tengo escritos 230 posts, en 10 años, lo que me da un promedio de 23 posts al año, o sea 1.91 posts por mes. No está tan mal, ¿cierto?

Aunque escribo sobre cualquier idea, los temas políticos abundan en mi blog, y sinceramente no estoy orgulloso de eso. A pesar de que he recibido comentarios positivos por mis ensayos sobre política, considero que los temas que más me gustan y que me parecen más interesantes son los que se enfocan en conocimiento, ya sea personal o científico. Me gusta enforcarme en temas positivos, o que invitan a cuestionarnos a nosotros mismos. Cuando hago introspecciones o análisis de temas históricos o culturales, siento que desarrollo mi mente mucho más que cuando hago criticas que a mi parecer son obvias y redundantes: un político no debe de robar, o mentir. ¿No debería de ser así desde un principio? Pero creo que esos temas políticos no solo son un análisis de la situación que vivimos, sino una manera de dejar control sobre lo que sucede. Los políticos desgraciadamente hacen carrera de vivir del dinero del pueblo, y es interesante evaluarlos a través de los años. Dejar registro de lo que dicen o hacen, ayuda mucho para exhibirlos en el futuro. Pero ciertamente es agobiante escribir tanto sobre López Obrador, particularmente (algo parecido a lo que sucede en Estados Unidos con Trump; es imposible no hablar de él).

Pero lo bueno es que no han faltado ideas sobre las cuales escribir. Libros, películas y sobre todo la vida, me dan mucho material para desarrollar mis pensamientos y escribirlos en este espacio, invitando siempre a la reflexión, a abrir la mente. Las pláticas se vuelven más interesantes cuando puedo compartir una idea a la que le dediqué tiempo para analizarla. Los conceptos se vuelven más claros, los recuerdos, más vívidos. Los sentimientos, más nítidos. 

Me queda mucho por escribir, y espero nunca dejar de hacerlo. Siento todavía una barrera que necesito romper para sentirme satisfecho con la calidad, cantidad y variedad de mis ensayos. Y no pierdo la esperanza en que algún día llegue a sorprenderme a mí mismo.



Del Castillo, a Los Pinos, al Palacio

Andrés Manuel Lopez Obrador está obsesionado con equipararse a Benito Juárez. Lo idolatra, lo pone como ejemplo para todo y lo menciona a cada oportunidad. Quiere que la gente lo identifique con él, de nuevo confiando en la ignorancia del pueblo, ya que como todos los personajes de la historia, Benito Juárez tiene sus claroscuros y para nada se puede defender como un ejemplo de presidente (de hecho fue Porfirio Díaz quién lo enalteció para poder tener un héroe a quién venerar, por necesidad de una identidad nacional). El otro presidente que escogió para definir el nivel de líder al que aspira fue a Lázaro Cárdenas. Por tanto sus dos referencias de un buen presidente son Juárez y Cárdenas.

Por eso, desde antes de la campaña presidencial, ya anunciaba que de llegar a la presidencia dejaría de utilizar Los Pinos como residencia oficial, y se cambiaría a vivir en Palacio Nacional. Esto tenía dos objetivos: el primero, imitar a Benito Juárez quien vivió en Palacio Nacional durante su presidencia, y el segundo, imitar a Lázaro Cárdenas quien cambió la residencia oficial del presidente del Castillo de Chapultepec por una residencia menos ostentosa. 

Castillo de Chapultepec
Desde que anunció que dejaría Los Pinos dijo que lo convertiría en un espacio para la cultura y para que todos los mexicanos pudieran visitar la casa; justo como dijo Lázaro Cárdenas cuando anunció que no viviría en el Castillo de Chapultepec y lo convertiría en un museo para que la gente pudiera visitarlo. El problema es que Lázaro Cárdenas cambió el fastuoso Castillo de Chapultepec, justamente por Los Pinos. Por lo tanto, pareciera que López critica a su ídolo Cárdenas por vivir en una lujosa residencia. Pero lo más importante es que López Obrador cambia una residencia tradicional ¡por el Palacio Nacional! Y falta todavía saber cuánto van a costar las adecuaciones para que la familia presidencial viva ahí. 

Los Pinos
El otro tema del que López no hace comentario es que si bien Benito Juarez vivió en Palacio Nacional, también lo hicieron los presidentes anteriores, incluido López de Santa Anna, a quien López Obrador aborrece. Por lo tanto, ¿no hubiera sido más fácil ahorrarse tiempo, dinero y esfuerzo y continuar con Los Pinos como residencia oficial? Sabemos que López toma decisiones más por cómo se ven al ojo popular que por eficiencia o practicidad, pero creo que en este caso se le pasó la mano. 


Si bien yo hubiera preferido que se quedara en su casa particular, como dijo en algún momento que haría, entiendo lo incómodo que es para el presidente de la república tener que trasladarse todos los días de su casa a su oficina, pero justamente esa era la ventaja de residir en Los Pinos. Y ahora que se da cuenta que no es nada conveniente, pues tiene que arreglar un problema que antes no existía. Y claro, aguantar las criticas de parte de quienes nos damos cuenta de sus pifias. 


Niños de falda


El debate empezó por la distorsión de información que se dio en las noticias. Ahora en las escuelas de la Ciudad de México no es obligatorio que las niñas usen falda. Para esto se usó el termino de "uniforme neutro", dijeron que "la falda no es exclusiva para las mujeres", y comenzó la polémica.

Hay que dejar claro una cosa: la intención principal de modificar el reglamento del uniforme es permitir que las mujeres puedan usar pantalón si lo prefieren. Eso es lo importante. Todo lo demás, en mi opinión, es una excusa para atacar al gobierno en turno.

La polémica comienza porque, al permitir que las niñas utilicen pantalón, se debe de permitir, por tanto, que los niños utilicen falda si así lo quisieran. No se exige que los niños usen falda, no se pide que los niños usen falda y no se alienta a que los niños usen falda. Lo que se está alentando es la libertad de decisión. ¿Que por qué lo tienen que especificar? Para que no haya duda de que no se está restringiendo ningún derecho a nadie: tanto las mujeres tienen derecho a vestir como quieran como los hombres tienen derecho a lo mismo. Si alguien no puede entender eso, necesito argumentos que expliquen por qué piensan que se está haciendo algo incorrecto. 

Dudo que alguien esté a favor de que las mujeres sean obligadas a usar faldas para asistir a la escuela, y partiendo de ese supuesto, la pregunta sería ¿por qué estamos tan en contra de que los hombres usen falda? Tanto hombres como mujeres comparten prendas similares como sombreros, camisas, cinturones, bufandas, etc. Normalmente se adecuan las prendas para ser usadas por uno u otro sexo. ¿Por qué debería limitarse el uso de la falda a las mujeres? Me parece ilógico que se satanice esto, y tengo algunas razones para creerlo, pero todas llevan a lo mismo: la falda es solo una prenda, usarla es una moda o un estilo personal.

Las razones por las que creo esto son las siguientes:

  1. Antes las mujeres no utilizaban pantalón. Tuvieron que remar contra corriente para que por fin se les permitiera este lujo exclusivo de los hombres. Las ventajas de usar pantalón son diversas, entre ellas, proteger su intimidad. Ahora es normal ver a una mujer con pantalón, a nadie le escandaliza esto. Hasta hace poco más de un siglo era mal visto que una mujer usara pantalones y en algunos países estaba prohibido por ley. Los paradigmas cambian. 
  2. En algunos países es normal que los hombres usen falda. No es solo la cultura escocesa, aunque es la más conocida. En Indonesia, en Perú, incluso en México se puede decir que algunas culturas, como los huicholes, usan una variante de falda en su vestimenta. Y no solo en la cultura sino en la religión. ¿Alguien diría que las sotanas de los sacerdotes son muy masculinas? Los ropones de bautismo ¿son muy diferentes los de los niños que los de las niñas?
  3. Las modas cambian con el paso del tiempo. Siempre. Hasta hace relativamente poco tiempo, los hombres poderosos vestían ropas coloridas y llamativas. En la naturaleza es común que los animales machos tengan pieles o plumaje más llamativo que las hembras, por lo que en las culturas esto se emuló a través de vestimentas pomposas. No fue sino hasta hace dos siglos que esto comenzó a cambiar y los hombres de muchas culturas comenzaron a vestir más sobriamente.
  4. Los estereotipos de cómo se debe de ver un hombre o una mujer existe solo en nuestra cabeza. La masculinidad no depende de la manera en la que vestimos. Si existen tradiciones de vestimenta es solo eso, tradición. No existen tradiciones que no puedan cambiar, incluir nuevos elementos o incluso desaparecer.

Por último es importante entender que la mayoría de los hombres nunca van a ir de falda a la escuela. Ya sea porque ellos no quieren, por miedo a la burla y el rechazo, o porque sus padres no los dejan. Que no se nos olvide que nadie está obligando a nadie a educar a sus hijos de cierta manera. Pero sí se están quitando trabas para que si alguien así lo decide, se sienta con derecho de vestir diferente.

No hay que olvidar que la normalidad la creamos nosotros. Creer qué hay prendas de vestir que están prohibidas porque nadie las usa es tan absurdo como creer que todos deberíamos de vestir exactamente igual, y peor aun, creer que ese es el fundamento de la felicidad. 

Magia mágica


En 2007 compré el DVD (no había BluRays todavía) de El Laberinto del Fauno, una de mis películas favoritas, y vi la versión con el comentario del director, Guillermo del Toro. En él habló de algo que me llamó la atención: en una escena, la protagonista de la historia huye de su padrastro, y en el laberinto, un muro de piedra se abre por sí solo para dejarla pasar al tiempo que se cierra de nuevo cuando llega su padrastro. En esa parte de la película Guillermo del Toro afirma que no hay una explicación para que eso sucediera fuera de la magia misma. En un mundo donde queremos que todo haga sentido y tenga una explicación, a veces nos olvidamos de disfrutar la fantasía.

Recientemente me enteré que J. K. Rolling, famosa escritora autora de Harry Potter, ha decidió explicar durante los últimos años las dudas que los fans tienen acerca del mundo de ficción de sus novelas. La obsesión es sorprendente; ha llegado a explicar como satisfacían los magos sus necesidades fisiológicas antes de que adoptaran los sanitarios en su vida cotidiana. Y las explicaciones obviamente no se limitan al universo de Harry Potter, en todas las sagas de ficción existen fans que quieren explicaciones a inconsistencias producto de circunstancias ajenas a la historia ficticia y piden respuestas a huecos en las tramas para las que los autores no tenían pensado profundizar.

Esto me lleva a reflexionar que a veces es válido y satisfactorio quedarnos con la explicación más simple: no hay explicación. Hay cosas que pasan “porque sí”. No es necesario saber absolutamente todos los mecanismos que hacen funcionar una historia de ficción, por la obvia razón que ese universo no existe. 

Aceptar algo imposible como posible no tiene nada de malo si entendemos que la ficción en sí es imposible. Por ejemplo, querer que James Bond reaccione como una persona normal cuando cae en un lago de agua congelada es desperdiciar el momento de disfrutar de una película. ¿Por qué querríamos que James Bond sufriera una hipotermia que lo dejaría inmovilizado por horas al menos, si eso arruinaría el clímax de la escena? Casi siempre se necesitan libertades literarias para escribir una buena historia. Incluso las películas basadas en hechos reales distorsionan un poco la verdad para hacerla más atractiva al público.

Hay una línea delgada y borrosa entre la ficción ridícula y la medida adecuada de fantasía en una historia que hace que las inconsistencias pasen a un segundo plano y no nos interese si se apega estrictamente a la realidad o no. Aprender a dejar la fantasía en el mundo fantástico ayuda a disfrutar más ese momento en que no vivimos en el mundo real.



Qué se contesta a un berrinche


¿Se puede tratar de razonar con quien no quiere hacerlo? En mi experiencia no es posible. Cada vez que quiero discutir algún tema con alguien que no está dispuesto a escuchar me doy cuenta que pierdo mi tiempo. No importan las razones que se expongan cuando el objetivo de la otra persona sea estar en contra a como de lugar. 

Donald Trump escupe amenazas e insultos en twitter no para confrontar a quien amenaza o insulta, lo hace para engañar a sus electores y hacerles creer que busca el bien de su país. Claramente las decisiones que toma no ayudan al propósito que presuntamente busca, por lo tanto solo podemos asumir que su intención es crear faramalla y espectáculo, no dar resultados. Cuando el día de ayer, 30 de Mayo, Trump publicó en twitter que iba a imponer aranceles a los productos importados por su país provenientes de México para obligar a nuestro país a frenar el flujo migratorio, dejó claro que no entiende cómo funciona la economía y el mercado. Pero también quedó claro que su base electoral tampoco entiende nada de eso, y le aplaudieron que defendiera a Estados Unidos (por que eso es lo que creen que hizo).
La carta que envió Andrés Manuel como respuesta al tuit de Trump no sorprende más que en el contraste del tono con el que el presidente gringo ataca. López Obrador invita a Trump al dialogo, a la diplomacia y al respeto. En ningún momento se humilla ante el bully estadounidense, aparte de que le recrimina la postura de su gobierno para con los inmigrantes quienes, le recuerda, son bienvenidos en ese país según su misma tradición. También le señala que el slogan utilizado, America First, no aplica para un país que se jacta de procurar la justicia. Y finalmente le pide resolver cualquier desacuerdo en lo privado y con los funcionarios de los gobiernos de ambos países. Esto último es lo que más me gustó de la carta, hacer énfasis en evitar los señalamientos en twitter o en los medios. 

Pero es claro que, al igual que Trump, López le habla a su electorado. Empieza la carta mencionando al "mejor presidente de México", Benito Juárez, cuya mención no aporta absolutamente en nada al mensaje que envía. Luego menciona a Cárdenas y a Roosevelt como ejemplo de presidentes que se entendieron a pesar de los desacuerdos que tuvieron, como si los conflictos entre ellos hubieran sido simples discusiones que terminaron en un apretón de manos. López intenta compararse con estos dos presidentes que si bien la historia los evaluó bien, no se puede decir que fueron ejemplares, en especial Benito Juárez. Pero López, al igual que Trump, confía en la ignorancia de la gente. Y para rematar le deja claro "a Trump" que él es muy valiente y no es timorato, que al aclararlo casi casi suena como una afirmación de lo contrario, pero pues como digo, la carta es para los mexicanos más que para Trump.

A final de cuentas, yo creo que esta carta de López es un acierto. Si bien es muy suave en su reclamo a Trump, sobre todo por el nivel de amenaza que lanza el presidente del país vecino, el nivel tan pueril de Trump no se debe de contestar de la misma manera. Cuando un niño hace un berrinche exigiendo algo ¿qué se le contesta? ¿se pone uno a hacer un berrinche que lo iguale? El berrinche no obedece a una razón lógica, sino a una reacción por algo que no gusta. Eso es lo que está haciendo Trump. No está a gusto con la situación en la que lo tienen en su país: el reporte de Mueller lo tiene señalado por corrupción ante todos. El tuit de ayer es un esfuerzo por distraer a los ciudadanos; ataca a México para aparentar fortaleza. Hace apenas algunas semanas que Trump felicitó a López por su esfuerzo en detener a los migrantes en nuestro país, ¿ahora nos castiga por no detenerlos? 

Si López le hubiera contestado con más amenazas o con agresividad, solo le daría armas a Trump para seguir distrayendo al público general. Y más aún, con esto se cuelga una medalla con sus simpatizantes en México. Creo que esta reacción es de lo poco que puedo contarle a López como un movimiento medianamente inteligente. Si aprendiera más de historia, si no fuera tan condescendiente y si fuera mas conciso en lo que dice, la carta tal vez hubiera tenido un mayor impacto.  


 


Una vida plena

“Si alguien ama una flor de la que existe solo un ejemplar en millones y millones de estrellas, basta que las mire para ser dichoso.” - El Principito

Ya lo decía Séneca hace como dos mil años: No tenemos escaso tiempo, sino que perdemos mucho. No recibimos una vida corta, sino que nos la hacemos. Y así es. La vida no es corta, la vida es tan basta como nos alcanza nuestra propia razón. El tiempo se consume a pesar de nuestros mejores deseos. Ya sea que estemos durmiendo o trabajando, o corriendo o danzando, el tiempo pasa. Pero si ponemos atención, el tiempo rinde más. La misma flor que ayer estaba y hoy no está, para alguien fue perfume y color, y para otros ni siquiera fue. Si no disfrutamos y aprovechamos el tiempo que tenemos, bien pudiéramos no tenerlo y sería lo mismo.

No tiene caso guardar tiempo para después, como si pudiéramos congelarlo mientras se hace algo más; el tiempo no se recicla, se escapa entre las manos y nunca lo volvemos a ver. Nosotros no gastamos el tiempo, es el tiempo el que nos desgasta a nosotros. De nada sirve encender una vela para después salir del cuarto. Y tampoco nos sirve una vela nueva si nunca nos atrevemos a encenderla. En ambos casos, la vela se desperdicia. En ambos casos nos negamos la luz. 

Pasó un año ya desde que se apagó tu brillo. Y entre más pienso en ti, más me doy cuenta de que tu tiempo con nosotros bastó para que dejaras una hermosa marca que llevo a todos lados. La manera que viviste tu vida fue una lección que poca gente puede instruir. La fuerza que mostrabas, a pesar de tu delicado cuerpecito, me hacía sentir tan humilde que me obligaba a reflexionar si yo hubiera soportado eso, si yo hubiera aprovechado, como tú, cada segundo. 

Ahi es donde estás ahora. No hay momento de duda en el que no piense en ti y me hagas cambiar mi actitud. No hay alegría que no se acreciente al pensar en ti. Haces que cada momento tenga una energía especial, porque pienso en ti y me esfuerzo por disfrutar como tú lo hubieras hecho. Recuerdo tu risa, tu sencillez, tus palabras amorosas que me decías, los juegos que te gustaban, y mi vida se vuelve más hermosa. Mis segundos se vuelven más valiosos. Recuerdo que no estas conmigo y me nace el ánimo para gozar cada instante que estoy viviendo. Cada malestar que tengo que soportar se vuelve ligero, porque tú me enseñaste que no es tan grave; que no vale la pena desgastarse con pequeñeces, porque tengo tiempo, tengo vida. No hay manera de que no me duela un poco tu recuerdo, pero aprendí de ti a convertirlo en amor. 


Esa eres tú. El ejemplo de carácter, de valentía, de entusiasmo, hasta el final. Por ti aprendi a estar tranquilo con mi conciencia. Por ti tengo los brazos abiertos a la muerte. Por ti siento alegría de saber que si este fuera mi último momento, no sentiría pena de dejar la vida, porque la hice valer. Eres tú, Constancita, mi gran ejemplo de amor por la vida. Tengo la esperanza que sea lo que sea que me quede de vida, me alcance para que se parezca al menos un poco a la tuya, sin desperdicios, llena de amor, llena de pasión, plena. Desde hace un año ya no eres la niña hermosa que conocí; eres amor puro en mi corazón. 


Cuestionar las noticias no hace daño

Filosofía no era mi clase favorita en la preparatoria. Y aunque muchas veces pienso que debí hacer un esfuerzo más grande cuando estudiaba por interesarme y entender lo que me querían enseñar, en este caso no creo que haya sido mi culpa. La clase de filosofía más bien era “historia de la filosofía”. Hubiera preferido que me motivaran a filosofar, a cuestionar, a reflexionar sobre causas y efectos de lo que nos sucede en el mundo y en nuestra vida. Ahora me doy cuenta de cuánta falta hace aprender filosofía, y lo importante que es hoy en día, más que nunca. Estamos conectados, el mundo entero, con un aparato que podemos llevar a todos lados; y lo que digo yo, o el presidente de Estados Unidos puede ser escuchado al momento por quien sea que tenga uno de estos aparatos. Las noticias abundan, son instantáneas. Las declaraciones son indelebles. La difusión de datos tiene un alcance sin precedentes. Y sin embargo no podemos asegurar que estamos mejor informados que antes. Las mentiras y los engaños también multiplicaron su propagación.

Recientemente estuvo circulando en Twitter y en Facebook un meme que decía que en Dinamarca si recibes apoyo social quedas inhabilitado para votar en las elecciones. Esto, a pesar de ser desmentido por la embajada de Dinamarca en Argentina, sigue circulando en las redes sociales. Algunas personas para defenderse al verse evidenciados por compartir información falsa como esta lo que dicen es ‘no importa que no sea verdad yo apoyo esa propuesta’. No se trata de que apoyes o no algo que es falso, o no, se trata de la manera en que te quieren engañar haciéndote creer que un país democrático con finanzas sanas, limita a sus ciudadanos que usan apoyo gubernamental para evitar clientelismo electoral.  Como ya he explicado antes, la verdad importa y mucho.  

La idea de inhabilitar a votantes que reciben un apoyo gubernamental se puede discutir ampliamente, pero no debe de estar basado en una falacia. Aunque no lo quieran aceptar los que cayeron en el engaño, creer que Dinamarca lleva a cabo esta política influye en nuestra aceptación de adoptar esta idea. Y aunque puede parecer inofensivo compartir este tipo de datos falsos, no es así. Acostumbrarnos a dar por hecho que la información que recibimos es confiable nos vuelve manipulables. 

Si el meme en vez de decir Dinamarca, hubiera dicho Venezuela, el impacto del meme no hubiera sido el mismo; o por lo menos no hubiera imantado a las mismas personas. Los de derecha, capitalistas, antiobradoristas, no hubieran tomado en serio la publicación, porque no hace lógica. Sin embargo, tampoco es lógico que en Dinamarca sucediera esto. Allá muchísima gente recibe apoyo del gobierno, simplemente porque pagan muchísimos impuestos, pero esto no lo ven como algo ilógico y hasta se atreven a decir que apoyan la propuesta. Nuestra capacidad de discernir lo que hace sentido se ve afectada por los patrones que vamos formando en nuestra mente. Perder esa capacidad nos puede meter en problemas. 

Tenemos una obsesión de recibir y compartir información lo más rápido posible constantemente, y esto nos lleva a no identificar la posibilidad de que sea falsa. Pero lo peor es el poco interés de verificar la información; estamos tan deseosos de que nos den la razón que aceptamos cualquier cosa que nos guiñe el ojo. Nos volvemos adictos al placer que nos causa “descubrir” el motivo absoluto por el que "nuestra democracia no es de primer mundo, como la sociedad de Dinamarca: desarrollada, amable, progresista y opulente". Nos engañan y nos dejamos engañar. Preferimos creer que tenemos la razón a descubrir si en realidad es así, y nos encerramos en nuestra burbuja, buscando quién piense como nosotros para sentirnos acompañados. Y cuando alguien nos muestra datos que contradicen lo que pensamos, terminamos enojados al grito de ¡fake news!


Urge hacer un hábito de verificar la información que nos llega, sobre todo en una época en que estamos inundados de datos, estadísticas, reportajes y noticias. Nos acostumbramos a evitar la fatiga, a leer solo los encabezados, a absorber sin filtro todo lo que está al alcance, a satisfacer esa necesidad de ratificación del mundo. Necesitamos ser más exigentes con lo que consumimos, hacernos preguntas que impliquen razonar si lo que estamos leyendo o escuchando tiene lógica. Es mejor saber que confiar. No debe de importar la cantidad de datos que procesamos, debemos preocuparnos por la calidad. Y preocupantemente hay quién piensa que la filosofía no sirve para nada.



Ateo

Esta es la respuesta a un comentario que me llegó en la entrada de "El niño ateo". 

No quise escribir el comentario en la entrada por la extensión de este, por eso decidí escribir un post entero para contestar. 

Agradezco de antemano a Rebeca, que escribió en mi blog. 



Hola! Me acordé de tu blog y dí con este texto porque en varios haces referencia a tu ahora ateísmo. Sentí cierta confusión de leerte, principalmente porque los argumentos que das son de la existencia de Dios ligados 100% a la fe y creo que ahí es donde hace falta mas estudio. Recientemente tuve una charla con una persona Ex-masona convertida al catolicismo, como me imagino sabrás, la masonería se creó en principio para atacar a la iglesia católica porque la iglesia no aceptaba los avances de la ciencia. Platicando con ella me dí cuenta de que cuestionar las prácticas de la iglesia, los mandamientos que “te hacen” seguir, juzgar a sus sacerdotes, etc. no tienen nada que ver con la existencia teológica de un Dios. Esta persona, después de mas de 5 años de estudios teológicos y filosóficos (obviamente no tenía nada que hacer mas que estudiar), encontró que Dios existe, un Dios personal, no un bien supremo como algunas religiones lo hacen ver. Pero lo que te convierte en alguien con o sin fe es precisamente eso: LA FE, la cual no es racional. 

Enseñarles o no a tus hijos sobre Dios es algo muy personal, y como bien lo explicas tomaste la decisión de ser ateo a los 26 años, pero muy seguramente hubo situaciones de las cuales te ayudó creer en algo. El papá Francisco hace poco dijo que no tiene nada de malo dudar, sino no ir mas allá para buscar una respuesta. Sé que nada de lo que diga va a hacerte cambiar de opinión, entiendo tu hartazgo y lamento mucho no hayas encontrado una mejor forma de vivir tu fe en su momento y que no hayas encontrado a alguien más preparado para contestar tus dudas. Definitivamente les faltó explicarte que Dios te creó libre, libre para dudar, para estudiar, para hacer bien o mal. Ojalá encuentres lo que busques y no te quedes con una posición ta mediocre como el no creer en nada. 

Saludos!



Hola Rebeca. Decidí escribir una entrada de blog para contestar a tu comentario. No estoy seguro de entender del todo lo que me quieres decir, pero algunos puntos me llamaron la atención y decidí que merecían una explicación amplia, que en un comentario puede ser tedioso, pero en una entrada de blog hace más sentido. Así que voy a tratar de contestarte lo más claro que pueda, tratando de hacer el mayor sentido posible. 

Creo que mi respuesta se resume en esta idea: mi ateísmo nace de lo absurdo de la idea de dios. No necesito creer en “algo”, como mucha gente me dice. Alguien una vez me dijo, igual que tú, que era mediocre no creer en nada; la frase que usaron, irónicamente, fue “¿no te parece que no creer en nada es como ser tibio?”. No, no me parece en absoluto mediocre no creer en nada. Sobre todo porque ser ateo no significa que no creo en nada, solo significa que no creo en dios. Yo creo en muchas cosas, y en muchas ideas. Principalmente creo en mí. ¿Dejo de ser ateo porque creo en algo? No. En realidad, es al contrario. A mí me parece muy mediocre creer en dios, en mayor o menor categoría dependiendo de cuánta responsabilidad se le otorga al dios en el que se cree. Pero sí, me parece mediocre creer en algo que no sabemos si existe o no. 

Yo hablo de mi ateísmo y de cómo dejé de creer en el dios judío, cristiano, católico, mas eso es solo porque YO era católico. Pero en realidad dejé de creer en todas las supersticiones e ideas ilógicas que existen en nuestra cultura. Como dije en la entrada que comentaste, dejé de creer en las ideas que no tenían sustento. En verdad te lo digo, creo que es de lo mejor que he hecho en mi vida. Dejé de creer en fake news: o me das una fuente confiable o pruebas que sustenten tus dichos, o no te creo lo que me digas. Me olvidé de ovnis, fantasmas, mala suerte, correos engañosos, pseudo ciencia, medicina alternativa, homeopatía y todo lo que no tuviera pruebas contundentes con las cuales sostener los argumentos. 

Esto no quiere decir que solo creo en aquello que puedo probar por mis propios medios. Por ejemplo, no puedo entender como funciona el aire acondicionado; tiene algo que ver con comprimir fluidos y reducir su temperatura con la bajada de presión, pero no lo entiendo completamente y jamás sería capaz de construir un aire acondicionado que funcionara. Sin embargo los uso, y les creo a los fabricantes cuando me dicen que funcionan, ¡porque funcionan! No creo que la tierra sea plana aunque nunca he ido al espacio a verificarlo. Pero cuando me hablas de dios y sus métodos funcionan al asar, con probabilidades que no demuestran la existencia de un dios, pues no creo en él. 

Me hablas de un dios personal, pero en realidad no entiendo lo que quieres decir. Dios existe o no existe, si cada quien tiene un dios personal, pues es casi como decir que cada quien tiene conciencia. Claro, la conciencia existe, pero si eso es dios, pues se queda muy cortito a lo que la gente piensa que es dios: cada quién decide qué es dios para cada uno, y por lo tanto pues dios puede ser todo o nada. Si la idea de “dios” es tan vaga como eso, no me interesa ni siquiera pensar en dios. Luego dices que me faltó hablar con gente más preparada que me explicara que “dios” me creo libre para dudar de él. Primero que nada tengo que decir que esas personas más preparadas no me faltaron en mi vida. Eso me lo explicaron muy bien cuando era joven. Pero lo que no entiendo de tu comentario es la diferencia entre un dios personal, lejano del dios católico, pero que al mismo tiempo me creó libre. ¿Quién es ese dios personal del que hablas? ¿Cómo sabes que te creó? Si es personal, pues es un dios diferente del de cualquier otra persona, ¿no?

Creer en algo que no existe puede ser útil, sí estoy de acuerdo, así es justamente como funcionan los placebos. Pero yo creo que es mucho más peligroso que útil. Que me haya “ayudado” creer en dios en alguno de los 26 años que creí que existía, no lo dudo. Mas sin embargo creo que hubiera sido más útil encontrar otra alternativa que la fe ciega en algo inexistente. ¿Cómo puedo saber qué hubiera hecho en aquella circunstancia si no hubiera creído en dios? Tal vez hubiera encontrado alguna solución a mi problema en vez de aceptarlo porque "los planes de dios son perfectos y tiene algo mejor preparado para mí". 

Pudiéramos decir que creer en Santa Claus es algo bueno ¿cierto? ¿Por qué no seguimos creyendo en Santa Claus ahora? ¿Qué nos limita a creer en un personaje ficticio y no en otro? Y algunos dirán “a mí sí me gusta creer en Santa Claus” “me gusta creer en personajes fantásticos”, perfecto, muy bien, pero te aseguro que ninguna de esas personas toman decisiones serias basadas en Santa Claus. 

Creer en algo porque te puede ayudar en algunas circunstancias no me parece una razón suficiente para hacerlo. Mi argumento más fuerte es que gracias a que personas creen en algo que no existe y que no pueden comprobar, terminan creyendo que ese dios les pide estrellar aviones contra edificios, o estar seguros que los homosexuales son una aberración, o conformarse con su pobreza porque al fin y al cabo, cuando mueran tendrán un paraíso bellísimo para habitar en él eternamente. 

Creer en ideas ilógicas es muy peligroso, y no creo que pesen más los buenos sentimientos que “dios” provoca, a los infames crímenes que se cometen en su nombre y gracias a una plena confianza en que se realizan porque él así lo quiere. No hay persona más peligrosa que aquella que está convencida de que un ser de quien no tiene pruebas de su existencia le exige llevar a cabo una atrocidad. ¿Sabes por qué? Porque no hay manera de convencerlo de lo contrario. No pueden convencerlo de que es falso lo que piensa, porque sus creencias no están basadas en evidencia. 

A mí me gusta saber, no creer. Prefiero meditar mis decisiones y mis convicciones, a esperar que lo que esté haciendo sea lo correcto, confiando en lo que alguien más dice. Prefiero ser dueño de lo que hago, sin justificarme culpando a otros. Por eso no creo en dios. 

Pero para que no quede duda que ser ateo no es no creer en nada, aquí te dejo un credo que escribí, después de convertirme en ateo, cuando me pregunté a mí mismo en qué creía, ya que dios estaba fuera de la lista. Esto fue lo que resultó: